Por Carlos Migu茅lez Monroy
Nuevas alternativas a la pesca como la captura de pl谩sticos, en tiempo de veda, pueden ser soluciones alternativas para sanar los mares, pero debe ir acompa帽ado de un cambio de modelo consumista y despilfarrador.
La Uni贸n Europea propone la captura de pl谩sticos como alternativa a la pesca. Para impulsar la iniciativa, cada pa铆s podr铆a utilizar su parte correspondiente del Fondo Europeo para la Pesca. En opini贸n de la comisaria europea en la materia, la medida ayudar谩 a mantener puestos de trabajo en un sector menguado por la crisis, por la sobrepesca y por la contaminaci贸n, a fomentar el reciclaje del pl谩stico con su correspondiente creaci贸n de empleo, y contribuir谩 a la limpieza de los mares.
El a帽o pasado se recogieron hasta 1.000 toneladas, pagadas cada una a 375 euros. Para evitar capturar peces y mermar a煤n m谩s la fauna marina, se necesitar谩n redes de pl谩stico que cuestan entre 15.000 y 40.000 euros. Depende del tama帽o.
En varios pa铆ses, el sector del reciclaje de pl谩sticos aplaude el plan, que necesitar铆a multiplicarse por mil para recoger menos de una sexta parte de lo que acaba cada a帽o en toda la inmensidad del mar: 6,4 millones de toneladas. Sin cuestionar los efectos positivos y el potencial de la iniciativa, el creciente consumo y despojo de pl谩sticos en los mares la convierten en una tirita para contener una hemorragia mundial. Ya no basta con limpiar los mares ni se puede abordar la contaminaci贸n desde enfoques nacionales; a diferencia de la tierra, al aire y a los mares no se les pueden trazar fronteras. Las corrientes marinas convierten los restos que se generan en las costas de un pa铆s en el problema de otro, o en la asfixia de gaviotas, de tortugas, de peces y de grandes depredadores que mantienen el equilibrio del ecosistema marino y que afecta a toda la humanidad.
Algunos defensores del pl谩stico argumentan que se degrada en los mares a una velocidad muy superior que en vertederos inc贸modos y malolientes. Ese cinismo les impide reparar en que el plancton del que se alimentan millones de especies marinas – que luego acaban en nuestros men煤s –, absorben micro-part铆culas sint茅ticas y en que los pl谩sticos liberan toxinas cuando se degradan.
El reciclaje puede generar ingresos y crear empleo, pero no contribuye en la limpieza de los mares si muchos de los productos reciclados vuelven a los oc茅anos. Plantear un reciclaje total de los pl谩sticos conduce a la pregunta de qui茅n cargar铆a con los costes y la responsabilidad de reciclar residuos de industrias privadas. Mientras los gobiernos conceden subvenciones p煤blicas, podr铆an limitar de forma progresiva la utilizaci贸n de pl谩sticos por medio de leyes; promover la investigaci贸n para encontrar alternativas, as铆 como una necesaria educaci贸n medioambiental que incida en llevar al mercado bolsas reutilizables, comprar lo que no est茅 empaquetado en pl谩stico y consumir productos de temporada. De esta forma, la fresa viaja menos kil贸metros desde su recogida hasta que se sirve en el plato.
Cuando la comunidad cient铆fica alert贸 de la dificultad que tienen los pl谩sticos para desintegrarse, ya se hab铆a instalado desde hace d茅cadas modelos de consumo basados en la compra de productos con poca vida 煤til. Esto ha generado un frenes铆 de consumo que dispara la cantidad de desperdicios que ni mares, ni tierra ni aire pueden digerir. Tambi茅n se sabe que la creciente escasez del petr贸leo, con la que se fabrican los pl谩sticos, infla los precios y fomenta el estallido de conflictos entre Estados para hacerse con las 煤ltimas reservas.
A pesar de esta conciencia, en los pa铆ses “desarrollados” se sostiene el nivel de consumo de pl谩stico, mientras los pa铆ses emergentes exigen su “derecho” a alcanzar el mismo nivel de “desarrollo”. En la confusi贸n de los t茅rminos consumo y bienestar, se ha extendido la imitaci贸n de un modelo de usar y tirar, que incorpora cada vez m谩s la producci贸n y consumo de pl谩sticos: los electrodom茅sticos, la vivienda, el turismo, los medios de transporte, la ropa y el calzado, por ejemplo. Pero uno de los sectores que dependen cada vez m谩s de los pl谩sticos es el de la alimentaci贸n. La proliferaci贸n de grandes superficies de supermercado ha consolidado la dependencia en este material, que los r铆os llevan a los mares cuando no son incinerados o enterrados.
Mientras iniciativas como la del sector pesquero contribuyen a la limpieza y la revitalizaci贸n de la vida en los mares, los sectores cient铆fico y educativo est谩n llamados a ofrecer propuestas para reducir el uso de los pl谩sticos. En la ciudadan铆a queda cambiar el chip consumista.
*Coordinador del CCS y Periodista
Nuevas alternativas a la pesca como la captura de pl谩sticos, en tiempo de veda, pueden ser soluciones alternativas para sanar los mares, pero debe ir acompa帽ado de un cambio de modelo consumista y despilfarrador.
La Uni贸n Europea propone la captura de pl谩sticos como alternativa a la pesca. Para impulsar la iniciativa, cada pa铆s podr铆a utilizar su parte correspondiente del Fondo Europeo para la Pesca. En opini贸n de la comisaria europea en la materia, la medida ayudar谩 a mantener puestos de trabajo en un sector menguado por la crisis, por la sobrepesca y por la contaminaci贸n, a fomentar el reciclaje del pl谩stico con su correspondiente creaci贸n de empleo, y contribuir谩 a la limpieza de los mares.
El a帽o pasado se recogieron hasta 1.000 toneladas, pagadas cada una a 375 euros. Para evitar capturar peces y mermar a煤n m谩s la fauna marina, se necesitar谩n redes de pl谩stico que cuestan entre 15.000 y 40.000 euros. Depende del tama帽o.
En varios pa铆ses, el sector del reciclaje de pl谩sticos aplaude el plan, que necesitar铆a multiplicarse por mil para recoger menos de una sexta parte de lo que acaba cada a帽o en toda la inmensidad del mar: 6,4 millones de toneladas. Sin cuestionar los efectos positivos y el potencial de la iniciativa, el creciente consumo y despojo de pl谩sticos en los mares la convierten en una tirita para contener una hemorragia mundial. Ya no basta con limpiar los mares ni se puede abordar la contaminaci贸n desde enfoques nacionales; a diferencia de la tierra, al aire y a los mares no se les pueden trazar fronteras. Las corrientes marinas convierten los restos que se generan en las costas de un pa铆s en el problema de otro, o en la asfixia de gaviotas, de tortugas, de peces y de grandes depredadores que mantienen el equilibrio del ecosistema marino y que afecta a toda la humanidad.
Algunos defensores del pl谩stico argumentan que se degrada en los mares a una velocidad muy superior que en vertederos inc贸modos y malolientes. Ese cinismo les impide reparar en que el plancton del que se alimentan millones de especies marinas – que luego acaban en nuestros men煤s –, absorben micro-part铆culas sint茅ticas y en que los pl谩sticos liberan toxinas cuando se degradan.
El reciclaje puede generar ingresos y crear empleo, pero no contribuye en la limpieza de los mares si muchos de los productos reciclados vuelven a los oc茅anos. Plantear un reciclaje total de los pl谩sticos conduce a la pregunta de qui茅n cargar铆a con los costes y la responsabilidad de reciclar residuos de industrias privadas. Mientras los gobiernos conceden subvenciones p煤blicas, podr铆an limitar de forma progresiva la utilizaci贸n de pl谩sticos por medio de leyes; promover la investigaci贸n para encontrar alternativas, as铆 como una necesaria educaci贸n medioambiental que incida en llevar al mercado bolsas reutilizables, comprar lo que no est茅 empaquetado en pl谩stico y consumir productos de temporada. De esta forma, la fresa viaja menos kil贸metros desde su recogida hasta que se sirve en el plato.
Cuando la comunidad cient铆fica alert贸 de la dificultad que tienen los pl谩sticos para desintegrarse, ya se hab铆a instalado desde hace d茅cadas modelos de consumo basados en la compra de productos con poca vida 煤til. Esto ha generado un frenes铆 de consumo que dispara la cantidad de desperdicios que ni mares, ni tierra ni aire pueden digerir. Tambi茅n se sabe que la creciente escasez del petr贸leo, con la que se fabrican los pl谩sticos, infla los precios y fomenta el estallido de conflictos entre Estados para hacerse con las 煤ltimas reservas.
A pesar de esta conciencia, en los pa铆ses “desarrollados” se sostiene el nivel de consumo de pl谩stico, mientras los pa铆ses emergentes exigen su “derecho” a alcanzar el mismo nivel de “desarrollo”. En la confusi贸n de los t茅rminos consumo y bienestar, se ha extendido la imitaci贸n de un modelo de usar y tirar, que incorpora cada vez m谩s la producci贸n y consumo de pl谩sticos: los electrodom茅sticos, la vivienda, el turismo, los medios de transporte, la ropa y el calzado, por ejemplo. Pero uno de los sectores que dependen cada vez m谩s de los pl谩sticos es el de la alimentaci贸n. La proliferaci贸n de grandes superficies de supermercado ha consolidado la dependencia en este material, que los r铆os llevan a los mares cuando no son incinerados o enterrados.
Mientras iniciativas como la del sector pesquero contribuyen a la limpieza y la revitalizaci贸n de la vida en los mares, los sectores cient铆fico y educativo est谩n llamados a ofrecer propuestas para reducir el uso de los pl谩sticos. En la ciudadan铆a queda cambiar el chip consumista.
*Coordinador del CCS y Periodista
