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Banco de alimentos: ¿Comprar las sobras para alimentar a los pobres?

OPINIÓN de Xavier Montagut.- Nadie duda que el Banco de los Alimentos no va a a provocar cambios estructurales ni a atacar las causas profundas ni del hambre ni del desperdicio alimentario. De hecho ni él mismo lo pretende.

Sin embargo, a menudo, se escucha que mientras no se aborden las necesarias medidas estructurales el Banco de los Alimentos es, por lo menos, una solución inmediata a los problemas de la pobreza alimentaria. Se propone, por tanto, re-utilizar unos alimentos que si no serían desperdiciados . ¿Existen fundamentos para defender esta posición?

En primer lugar para ver la utilidad paliativa de unas u otras medidas es necesario analizar algunas características de la pobreza alimentaria que se pretende combatir combatir.

El perfil de los sectores en riesgo de exclusión incluye un fuerte sentimiento de culpabilización que genera desmotivación y una profunda desconfianza en sus propias posibilidades para salir del pozo al que se han visto impelidos. Hay consenso entre los trabajadores de los servicios sociales en que esta situación emocional es la principal dificultad para que la gente empobrecida pueda salir a medio plazo de la situación en la que está sumida. Generar autonomía a las personas, empoderarlas, combatir el sentimiento de fracaso... requiere prácticas activas con participación de las propias personas empobrecidas para recuperar la confianza en las propias fuerzas.

La cultura de la dependencia propia del reparto de alimentos complementa y profundiza el sentimiento de fracaso de atribuir la pobreza a causas individuales. El complemento ideal para desarrollar este asistencialismo creador de dependencia son organizaciones privadas verticales, donde el voluntario esta separado respecto del “usuario” en roles diferenciados y jerarquizados que a menudo consolidan y refuerzan estereotipos. El Banco de Alimentos teoriza este funcionamiento comparándose con la empresa privada como si la cantidad de usuarios atendidos o de kilogramos distribuidos, al mínimo coste, fuesen los indicadores de la calidad de un trabajo que debería evaluarse según el fortalecimiento de las capacidades de personas para enfrentarse a las situaciones en las que se han encontrado. La visión empresarial de eficiencia y productividad encaja bien con la visión de crear usuarios de servicios entendidos como donaciones y no derechos, generando dependencias y sin ninguna capacidad de control por su parte. El reforzamiento de la dependencia de aquellos que se sitúan en la órbita del Banco de Alimentos es un elemento que dificulta salir de la situación de exclusión cronificando las situaciones de pobreza y exclusión social.


En segundo lugar, hay que analizar como se interrelacionan los diferentes aspectos de la pobreza: alimentaria, habitacional, energética, relacional... que no son sino diferentes prismas para abordar un único problema que es global: la pobreza. ¿Qué estrategias, en lo que respecta a la alimentación, se utilizan en situaciones de carencias globales? En lugar de dejar de comer se eligen alimentos baratos que llenen el estómago, normalmente pastas, arroz, pan industrial... Se busca redistribuir los recursos insuficientes y poder satisfacer otras necesidades. Las proteínas y los alimentos frescos, más caros y difíciles de conservar en situaciones en que también hay que reducir el consumo energético. Consecuencia: se eliminan de la dieta. Así, la pobreza alimentaria toma la forma, en la inmensa mayoría de casos, de malnutrición, de dietas desequilibradas. Excepto en casos extremos, no estamos delante de una situación de desnutrición como nos podemos encontrar en caso de una catástrofe natural o una guerra.

Ante una situación de dietas con exceso de hidratos de carbono resulta que son estos los mismos productos (pastas, arroz, etc.) que se consumen en exceso los que proporciona mayoritariamente el Banco de Alimentos. En los casos más reducidos en que hay proteínas es mediante productos enlatados. Precisamente es en productos frescos, necesarios para equilibrar las dietas, donde el déficit del Banco de Alimentos es mas llamativo. El resultado es que en un país en que el empobrecimiento hace que tengamos un problema de malnutrición se proporciona el tipo de alimentos que la dieta tiene en exceso y no se suministran los que harían falta para equilibrarla y combatir la malnutrición.

Es cierto que los Bancos de Alimentos también manejan cantidades importantes de frutas frescas. Su origen son aquellas partidas que conviene retirar del mercado cuando los precios internacionales son bajos y que son subvencionadas al 10 % por la Unión Europea. Este mecanismo sería eficiente si los excedentes de los mercados se ajustaran a la necesidades concretas de malnutrición. Que esta coincidencia fortuita se dé de forma continuada es totalmente imposible. Los balances presentados en las memorias anuales del Banco de Alimentos, mediante porcentajes globales, maquillan fácilmente los desequilibrios reales. Presentaciones macro que esconden que las soluciones han de incluir los equilibrios a pequeña escala.

En resumen, el Banco de Alimentos proporciona productos industriales que son poco útiles para la dieta equilibrada que se necesitaría en un serio combate contra la malnutrición. Alimentos hipercalóricos que la malnutrición tiene en exceso y faltos de nutrientes que son los que se necesitarían para equilibrar las dietas. No es una mediada de urgencia eficaz nutricionalmente ni es una forma de evitar el desperdicio de alimentos dándoles una función útil.

En este contexto proponer que “reciban incentivos fiscales las acciones realizadas en favor de la donación de alimentos a una entidad social" como hace la “Proposició de llei de l’aprofitament de l’excedent alimentari” presentada por el Grupo Socialista al Parlament de Catalunya, significa que encima paguemos con el dinero público los excedentes inútiles de la industria o los supermercados

El despilfarro de recursos que conlleva la propuesta del Grupo Socialista es escandalosa en un situación en la que, según datos de la FAPAC, se necesitaría el triple de becas comedor escolar para hacer frente a las situaciones de exclusión alimentaria en las escuelas catalanas. En una situación de falta absoluta de estadísticas sobre el desperdicio alimentario mas allá del consumo de los hogares, que impide implementar cualquier medida contra el despilfarro alimentario que vaya mas allá del final de la cadena, la propuesta del grupo socialista va en la dirección contraria a la eficiencia que se debería exigir a la utilización del dinero público.

El marqueting del Banco de Alimentos puede sumar al éxito de conseguir 26.000 vendedores voluntarios al servicio de la “ética” de los supermercados, algunos parlamentarios preocupados por responder a lo que sus campañas de publicidad han fijado como políticamente correcto, aunque sea a costa de desperdiciar nuestros impuestos.


*Xavier Montagut  es economista. Ha trabajado temas como la agricultura, la alimentación y el consumo responsable. Es autor de varios libros sobre estas materias.Fuente:
www.sinpermiso.info, 27 de noviembre de 2016

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