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De la tierra del sin fin

OPINI脫N de Ram贸n Cotarelo/ Palinuro.- Hay algo 茅pico en la posibilidad de que Puigdemont comparezca en el Senado. Si comisi贸n o pleno es irrelevante porque lo dar谩n todas las televisiones, salvo que se atengan al criterio de impacialidad y equilibrio del gobierno, en cuyo caso emitir谩n la final de Wimbledon de 1998.




La cuesti贸n es la comparecencia en s铆 misma. Desde los tiempos de Yugurta hay algo extra帽o en la presencia de rebeldes ante un solemne cuerpo legislativo cuya autoridad aquellos niegan. Extra帽o y siniestro. Lutero, citado a la Dieta de Worms, fue provisto de un salvoconducto de su protector, Federico III, Elector de Sajonia. Aun as铆, hubo que salvarlo de las consecuencias del terrible Edicto de Worms por un episodio de capa y espada. No se est谩 haciendo comparaci贸n alguna, que ser铆a desmesurada. Aqu铆 no hacen falta salvoconductos. Estamos en un Estado de derecho. Lo de la dieta de Worms fue durante las guerras de religi贸n. En efecto, en donde chocaban pasiones muy profundas. Como ahora con las guerras nacionales o por la naci贸n. Pasiones tan profundas como para obnubilar la raz贸n.

Puigdemont vendr铆a al Senado en Madrid en un clima de franca y generalizada hostilidad. Es verdad que se trata de una buena ocasi贸n para explicarse ante el conjunto de la ciudadan铆a y al extranjero. Es de suponer que su declaraci贸n sea transmitida 铆ntegra por las televisiones. Y tambi茅n es de suponer que habr谩 voces pidiendo su detenci贸n. Ayer las redes discut铆an acaloradamente esta eventualidad y as铆 seguramente lo hace el govern. El fiscal general, reprobado por el Parlamento, recuerda que, si se proclama la DI, Puigdemont puede darse por preso. Y dado que la cuesti贸n de la proclamaci贸n de la DI es tan insegura como el santo grial, as铆 como que el fiscal Maza gusta de ser expeditivo, bien pudiera pedirse la detenci贸n del presidente de la Generalitat al bajar del AVE en Madrid.

Es impensable, ¿verdad? Pero seg煤n lo impensable va haci茅ndose realidad se hace menos impensable.

El plan del gobierno no deja lugar a dudas: un 155 m谩ximo, equivalente en realidad a un estado de exepci贸n, con intervenci贸n pol铆tica (la econ贸mica ya funciona hace semanas), en la seguridad y en los medios p煤blicos de comunicaci贸n. Esto 煤ltimo ha provocado situaciones tan vergonzosas como ese comunicado del consejo de redacci贸n de RTVE oponi茅ndose al 155 en los medios catalanes mientras el gobierno siga teniendo la RTVE a su servicio. Un gesto de profesionalidad que ayuda a los trabajadores de TV3 y CAT Radio a negar acatamiento a las directrices de intervenci贸n. La intervenci贸n de los mossos, que estos tambi茅n rechazan, as铆 como de las autoridades pol铆ticas catalanas (govern y Parlamento) que tambi茅n anuncian desobediencia, configura una dictadura "constitucional" al estilo del art铆culo 48 de la Constituci贸n de Weimar. Y m谩s all谩. La vicepresidenta del gobierno ya hace saber que la intervenci贸n (en realidad, ocupaci贸n) de Catalu帽a podr谩 prolongarse m谩s de seis meses. Es decir, que se han saltado el 煤ltimo requisito que todav铆a quedaba en pie de la dictadura constitucional. Es la dictadura sin l铆mite de tiempo, la de Mussolini, Stalin, Hitler y el disc铆pulo de todos ellos y maestro de los actuales gobernantes, Franco.

Y roto el l铆mite de tiempo, por el mismo precio, tambi茅n se rompe el territorial y, sobrados de 155, los halcones del PP proponen aplicarlo asimismo en Castilla La Mancha, Pa铆s Vasco y Navarra. Menudo 茅xito el de la Transici贸n.

Con esta perspectiva de din谩mica de fascistizaci贸n, que trata de provocar conflictos sociales para justificar pol铆ticas represivas m谩s intensas, la comparecencia de Puigdemont en el Senado es un gesto de enorme importancia. Por si hay alguna duda, invito a considerar lo que Puigdemont representa para las dos partes del conflicto. Para el gobierno y sus aliados, un obstinado rebelde contra la ley y la Constituci贸n, un iluminado, un demagogo, en 煤ltimo t茅rmino, un delincuente. En su animadversi贸n incurren en el argumento t铆pico de los matones de culpar a la v铆ctima del maltrato: el responsable del 155 es Puigdemont, no quienes lo ponen en marcha. Un sujeto as铆, que pide que lo maltraten no merece respeto.

Para los independentistas y gran parte de los no independentistas es su presidente, el hombre que representa al pueblo catal谩n, cuyo 谩nimo de entendimiento pac铆fico y concordia est谩 茅l encargado de exponer en el Senado. Se ha convertido en el s铆mbolo de una lucha que se quiere secular de un pueblo masivamente alzado por su dignidad. Es un delirio, dicen los adversarios. Delirio, iluminaci贸n, pero es colectivo y, por cierto, republicano. Y lo representa este hombre.

Sea cual sea el resultado del evento, el nacionalismo espa帽ol a la antigua usanza, representado en el triunvirato Rajoy, S谩nchez, Rivera, tiene la batalla perdida porque carece de proyecto viable a medio y largo plazo. A corto es evidente puesto que anda a porrazos. Los de Podemos tratan de mantener la cabeza por encima del agua enunciando una tercera v铆a, consistente en el refer茅ndum pactado que los indepes estuvieron proponiendo hasta que se hartaron. Como siempre, la tercera v铆a no existe. Es una de las otras dos m谩s o menos vergonzante.

Porque, en efecto, cuanto m谩s artificio represivo despliegue el Estado, m谩s costar谩 despu茅s desmontarlo cuando se compruebe que no ha servido para nada.

La llamada cuesti贸n catalana que, s铆, es en realidad cuesti贸n espa帽ola como se prueba hoy en Castilla La Mancha, Pa铆s Vasco y Navarra, no es un problema de orden p煤blico, tampoco de legalidad; no es una cuesti贸n jur铆dica siquiera. Es una cuesti贸n de legitimidad, de principios que solo puede abordarse pol铆ticamente en una mesa de negociaci贸n, con un refer茅ndum pactado por medio. Y lo sabemos todos.

Sustituir este escenario por otro de represi贸n, censura, intervenci贸n, prohibiciones, detenciones, controles, multas, sanciones en una sociedad del siglo XXI, organizada en redes distribuidas es rid铆culo e in煤til. Pero puede causar mucho da帽o y sufrimiento.

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