OPINI脫N de Andr茅s Hern谩ndez Alende.- La matanza del D铆a de San Valent铆n en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, una localidad del condado floridano de Broward, se suma a una largu铆sima lista de tiroteos masivos que definen la pavorosa historia del crimen en los Estados Unidos.
La masacre de Parkland, que dej贸 un penoso saldo de 17 muertos, es la peor en una escuela desde la de Sandy Hook, en el estado de Connecticut, en 2012. En Sandy Hook, como ahora en Broward, los pol铆ticos repitieron la misma frase: “Nuestros pensamientos y nuestras oraciones est谩n con ustedes”. Dijeron que rezar铆an por las v铆ctimas, que se tomar铆an medidas para que el horror no volviera a pasar, que se controlar铆a la tenencia de armas y se har铆a m谩s estricta la verificaci贸n de antecedentes. Nada de eso ha sucedido. Nada indica que suceda ahora.
Seg煤n un estudio de la Organizaci贸n Mundial de la Salud de 2010, en las naciones ricas, el 91 por ciento de los menores de 15 a帽os muertos por armas de fuego viv铆an en los Estados Unidos. Esa cifra es tan aterradora como deber铆a ser inaceptable.
En ning煤n otro pa铆s desarrollado se producen las matanzas que con espantosa frecuencia estremecen a la naci贸n norteamericana.
El 铆ndice de homicidios tiene una relaci贸n directa con la posesi贸n de armas de fuego. En Australia no ocurre un tiroteo masivo desde 1996, cuando a ra铆z de una masacre en Tasmania el gobierno regul贸 estrictamente la tenencia de armas y restringi贸 la venta de armamento de guerra. Pero en los Estados Unidos, una medida similar no encuentra apoyo entre la mayor铆a de los pol铆ticos y ni siquiera cuenta con el respaldo suficiente en el electorado como para cambiar la ley. Esta actitud se debe a un factor cultural y al mismo tiempo a una motivaci贸n econ贸mica.
La cultura de las armas est谩 muy arraigada en la psiquis nacional. Es una herencia del proceso de fundaci贸n y expansi贸n de la naci贸n, cuando las milicias populares combatieron a las tropas de la metr贸poli brit谩nica y luego los colonos arrebataron el pa铆s a la poblaci贸n ind铆gena a tiro limpio. La historia norteamericana est谩 vinculada al mosquete y luego al Winchester colgando de una pared de la caba帽a; en la actualidad, esas armas han sido sustituidas por el AR-15, la popular versi贸n civil del fusil militar M-16. El AR-15 fue el arma utilizada por Nikolas Cruz, el joven de 19 a帽os que cometi贸 la masacre de Parkland.
La tradici贸n belicista fomenta un negocio multimillonario de venta de armas cuyo brazo propagand铆stico, la Asociaci贸n Nacional del Rifle, salpica a los pol铆ticos para inducirlos a no tomar las medidas salvadoras que hacen falta para detener la violencia.
Una visi贸n torcida de la Segunda Enmienda de la Constituci贸n –que estableci贸 el derecho de poseer armas para los colonos a fines del siglo XVIII– equipara la tenencia de armas con la libertad individual. Pero la verdadera libertad que necesitamos y que deber铆amos exigir con m谩s energ铆a es la libertad de enviar a nuestros hijos a la escuela sin el temor de que algo espantoso pueda pasar; la libertad de ir a un lugar p煤blico sin la inquietud de que un loco decida abrir fuego contra la multitud; la libertad de vivir sin miedo.
Una enmienda redactada a la carrera en medio de la guerra por la independencia, hace dos siglos y medio, ya no tiene vigencia y podr铆a cambiarse. Pero la tendencia de muchos norteamericanos a ver la Constituci贸n como un texto sagrado es aprovechada por los mercaderes de la muerte para mantener el negocio de las armas y frenar a cualquier pol铆tico responsable que desee cambiar las cosas.
Vivimos en una sociedad violenta donde muchos se levantan cada ma帽ana a ver c贸mo estafan al pr贸jimo, en una econom铆a regida por la competencia implacable y la insolidaridad; en una sociedad acostumbrada a que su gobierno resuelva las diferencias internacionales mediante la injerencia, la invasi贸n y la guerra; en una sociedad donde la gente vive atrincherada en su propiedad y donde, como ha dicho el escritor uruguayo Jorge Majfud, “las armas son la segunda religi贸n despu茅s del cristianismo”. Inevitablemente, ese tipo de sociedad crispada produce monstruos como Nikolas Cruz, el asesino de Parkland. La soluci贸n para detener las matanzas est谩 en desechar el mito de la tenencia individual de armas, pero esa soluci贸n requiere un profundo cambio en la sociedad que muchos a煤n son incapaces de aceptar.
*Art铆culo originalmente publicado en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article200633324.html )
Andr茅s Hern谩ndez Alende es escritor y periodista cubano, editor de Perspectiva.
La masacre de Parkland, que dej贸 un penoso saldo de 17 muertos, es la peor en una escuela desde la de Sandy Hook, en el estado de Connecticut, en 2012. En Sandy Hook, como ahora en Broward, los pol铆ticos repitieron la misma frase: “Nuestros pensamientos y nuestras oraciones est谩n con ustedes”. Dijeron que rezar铆an por las v铆ctimas, que se tomar铆an medidas para que el horror no volviera a pasar, que se controlar铆a la tenencia de armas y se har铆a m谩s estricta la verificaci贸n de antecedentes. Nada de eso ha sucedido. Nada indica que suceda ahora.
Seg煤n un estudio de la Organizaci贸n Mundial de la Salud de 2010, en las naciones ricas, el 91 por ciento de los menores de 15 a帽os muertos por armas de fuego viv铆an en los Estados Unidos. Esa cifra es tan aterradora como deber铆a ser inaceptable.
En ning煤n otro pa铆s desarrollado se producen las matanzas que con espantosa frecuencia estremecen a la naci贸n norteamericana.
El 铆ndice de homicidios tiene una relaci贸n directa con la posesi贸n de armas de fuego. En Australia no ocurre un tiroteo masivo desde 1996, cuando a ra铆z de una masacre en Tasmania el gobierno regul贸 estrictamente la tenencia de armas y restringi贸 la venta de armamento de guerra. Pero en los Estados Unidos, una medida similar no encuentra apoyo entre la mayor铆a de los pol铆ticos y ni siquiera cuenta con el respaldo suficiente en el electorado como para cambiar la ley. Esta actitud se debe a un factor cultural y al mismo tiempo a una motivaci贸n econ贸mica.
La cultura de las armas est谩 muy arraigada en la psiquis nacional. Es una herencia del proceso de fundaci贸n y expansi贸n de la naci贸n, cuando las milicias populares combatieron a las tropas de la metr贸poli brit谩nica y luego los colonos arrebataron el pa铆s a la poblaci贸n ind铆gena a tiro limpio. La historia norteamericana est谩 vinculada al mosquete y luego al Winchester colgando de una pared de la caba帽a; en la actualidad, esas armas han sido sustituidas por el AR-15, la popular versi贸n civil del fusil militar M-16. El AR-15 fue el arma utilizada por Nikolas Cruz, el joven de 19 a帽os que cometi贸 la masacre de Parkland.
La tradici贸n belicista fomenta un negocio multimillonario de venta de armas cuyo brazo propagand铆stico, la Asociaci贸n Nacional del Rifle, salpica a los pol铆ticos para inducirlos a no tomar las medidas salvadoras que hacen falta para detener la violencia.
Una visi贸n torcida de la Segunda Enmienda de la Constituci贸n –que estableci贸 el derecho de poseer armas para los colonos a fines del siglo XVIII– equipara la tenencia de armas con la libertad individual. Pero la verdadera libertad que necesitamos y que deber铆amos exigir con m谩s energ铆a es la libertad de enviar a nuestros hijos a la escuela sin el temor de que algo espantoso pueda pasar; la libertad de ir a un lugar p煤blico sin la inquietud de que un loco decida abrir fuego contra la multitud; la libertad de vivir sin miedo.
Una enmienda redactada a la carrera en medio de la guerra por la independencia, hace dos siglos y medio, ya no tiene vigencia y podr铆a cambiarse. Pero la tendencia de muchos norteamericanos a ver la Constituci贸n como un texto sagrado es aprovechada por los mercaderes de la muerte para mantener el negocio de las armas y frenar a cualquier pol铆tico responsable que desee cambiar las cosas.
Vivimos en una sociedad violenta donde muchos se levantan cada ma帽ana a ver c贸mo estafan al pr贸jimo, en una econom铆a regida por la competencia implacable y la insolidaridad; en una sociedad acostumbrada a que su gobierno resuelva las diferencias internacionales mediante la injerencia, la invasi贸n y la guerra; en una sociedad donde la gente vive atrincherada en su propiedad y donde, como ha dicho el escritor uruguayo Jorge Majfud, “las armas son la segunda religi贸n despu茅s del cristianismo”. Inevitablemente, ese tipo de sociedad crispada produce monstruos como Nikolas Cruz, el asesino de Parkland. La soluci贸n para detener las matanzas est谩 en desechar el mito de la tenencia individual de armas, pero esa soluci贸n requiere un profundo cambio en la sociedad que muchos a煤n son incapaces de aceptar.
*Art铆culo originalmente publicado en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article200633324.html )
Andr茅s Hern谩ndez Alende es escritor y periodista cubano, editor de Perspectiva.
