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“Esto debe terminar. No podemos seguir viendo morir a niñas y niños”

Guta oriental: asistir de urgencia en los sótanos

El asedio, los bombardeos y el fuego de artillería han arrasado decenas de hospitales en este enclave sirio: la escasa atención médica está ahora confinada bajo tierra y la población sobrevive en refugios subterráneos en condiciones insalubres. 

Ambulancias destruidas en un bombardeo. Guta oriental, diciembre de 2016. MSF


Meinie Nicolai, enfermera y directora general de MSF, alerta de que la situación es “extremadamente crítica”.
En el enclave sirio de Guta oriental, la atención médica de urgencia se está viendo cada vez más confinada a los sótanos. Me lo explicaba recientemente la directora de un hospital que Médicos Sin Fronteras (MSF) apoyamos desde 2013.

Esta joven y firme doctora me explicó que los últimos cinco años de asedio, bombardeos y fuego de artilleríaintermitente han sido muy difíciles, pero que no son en absoluto comparables a lo que han vivido el último mes. A duras penas pudo encontrar las palabras adecuadas para describir la situación: su hospital se ubicaba en los cinco pisos de un edificio, pero ahora solo pueden usar su sótano por seguridad. Creen que de ese modo están más protegidos ante los bombardeos y el fuego de artillería.

Por ello, gran parte de la población ha optado también por vivir en refugios subterráneos improvisados: espacios cerrados con condiciones totalmente insalubres.

Me sentía cada vez más incómoda por estar sentada en una confortable oficina de Bruselas mientras ella desgranaba las dificultades a las que se enfrentaba junto a sus colegas día a día. Me decía que si bien habían instalado varios quirófanos en el sótano, la unidad de cuidados intensivos más cercana se encuentra a varios kilómetros de distancia. Además, el trayecto es muy peligroso. La doctora me contó que hubo un bombardeo el día antes de nuestra conversación. Fue cerca del hospital. Siete personas murieron, tres eran niños. Hubo también 30 heridos, que fueron trasladados rápidamente al hospital.

Durante la conversación, la noté completamente agotada. Ella y sus colegas habían realizado 17 cirugías mayores en las últimas 24 horas –incluyendo intervenciones generales, ortopédicas y vasculares– con equipo técnico y suministros limitados. Le pregunté cómo estaban los pacientes y me contó que uno de ellos murió. Pero no todo era malo: los otros 16 se encontraban estables.

Aunque también admitió que uno de los mayores problemas en Guta oriental son las transfusiones sanguíneas. El banco de sangre central está sólo a siete kilómetros, pero, con los intensos bombardeos y fuego de artillería, pareciera que fueran 70. No pueden llegar hasta allí. En su hospital únicamente es posible realizar las pruebas más básicas previas a las transfusiones y se están quedando sin bolsas de sangre.

15 hospitales bombardeados

Durante las primeras dos semanas de ofensiva, las instalaciones que apoyamos recibieron una media de más de 70 muertos y 300 heridos al día. De estos centros, 15 han sido alcanzados por los bombardeos y el fuego de artillería, cuatro de los médicos han muerto a consecuencia de los ataques y, hasta el momento, 20 han resultado heridos. La doctora ha tenido que reducir las consultas generales al mínimo para poder mantener su capacidad de atender a los pacientes críticos.

El impacto de esta guerra es terriblemente claro. Aunque sigue habiendo detalles por esclarecer. Detalles sin precisar que revelan que, además de ser especialmente brutal, esta es una guerra sucia.

Por ejemplo, no podemos verificar algunos detalles en relación a pacientes que llegan a las instalaciones con dificultades para respirar y síntomas que podrían ser consecuencia de la exposición a agentes químicos. Tampoco podemos verificar las historias de algunos heridos de bala que dicen haber sido atacados por francotiradores ubicados dentro del área controlada por la oposición.

Lo que sí podemos hacer es seguir intentando garantizar el uso más eficiente posible de los suministros médicos que conseguimos entrar previamente en el enclave, a pesar de que estos se van agotando a cada día que pasa.

También podemos repetir nuestras peticiones a las partes del conflicto y a quienes les apoyan para que los civiles atrapados en Guta oriental no sean ni objetivos ni objetos prescindibles en su búsqueda de una victoria militar. Los habitantes de Guta no deben ser utilizados como si fueran títeres por las partes en conflicto. Tampoco puede ser la justificación de la coalición liderada por Siria para su campaña bélica.

Finalmente, mientras se preparaba para regresar con sus pacientes, la doctora resumió la situación como “extremadamente crítica”: su equipo está exhausto y apenas duerme debido a los enfrentamientos y a la gran afluencia de pacientes. Aseguró también que todos han perdido peso, porque la comida escasea y, a veces, ni la hay. Estos médicos y enfermeros están agotados, pero siguen haciendo su trabajo tan bien como pueden. Todos deberíamos sentirnos avergonzados.

Me estoy quedando sin palabras y aún me queda transmitir el claro mensaje claro que le escuché desde la oscuridad y el miedo del sótano del hospital: “Esto debe terminar. No podemos seguir viendo morir a los niños”.

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