OPINI脫N de Sandra Russo.- Hab铆a un cartel callejero, escrito a mano sobre cart贸n, en una de las convulsionadas ciudades chilenas: “El neoliberalismo nace y muere en Chile”, dec铆a. Y es verdad que en su momento Pinochet fue la ni帽a mimada de la escuela econ贸mica de Chicago. Es verdad que el propio Friedrich Hayek, uno de los mentores del neoliberalismo, le recomend贸 a Margaret Thatcher que hiciera lo mismo que hac铆a Pinochet en Chile. Y que ella le record贸 que Gran Breta帽a no se pod铆a dar los gustos de una dictadura. Pero hizo lo que pudo.
Casi cuarenta a帽os despu茅s, en 茅pocas en las que vuelve a ponerse en juego el orden mundial y Estados Unidos tiene un presidente que retrocede para adelante, Washington volvi贸 a la carga con el derrocamiento o el encarcelamiento o la proscripci贸n de todos los l铆deres econ贸micamente heterodoxos latinoamericanos. Probaron primero otros presidentes norteamericanos con los golpes blandos, dej谩ndoselos a las instituciones locales, como el de la Corte Suprema que decidi贸 voltear y exiliar a Manuel Zelaya, y luego montaron el lawfare en varios pa铆ses cuyas mayor铆as electorales no pudieron deshacer. No hay lawfare sin medios c贸mplices, porque de lo que se trata, tal como lo dijo Mauricio Macri refiri茅ndose a la primera presa pol铆tica del gobierno que termina, Milagro Sala, “es correcto que est茅 presa porque mucha gente cree que es culpable”. Esa gente que “cree” no lee expedientes. Lee diarios. Los jueces del Lawfare no hacen investigaciones: muestran recortes de diarios. Las causas contra opositores no constan de elementos probatorios, de basan en notas publicadas.
“El neoliberalismo nace y muere en Chile”, rezaba ese cartel. Y en Chile Pi帽era niega lo que se ve. Niega lo que ordena. Habla de terrorismo, igual que los golpistas bolivianos, tan sanguinarios como pat茅ticos, que ahora han creado una “unidad especial” para combatirlo. No hay terrorismo, salvo el de Estado y del que ellos mismos son responsables. La posverdad ya no funciona. Puede Pompeo volver a denigrarnos llam谩ndonos sin eufemismos “nuestro patio trasero”, pero no funciona. Puede Estados Unidos fantasear y quiz谩 hasta desplegar fuerzas para intentar instalar en la regi贸n un control intensivo con la excusa de combatir al terrorismo, como 茅l mismo afirma sin que se le mueva ni un m煤sculo de la cara. Pero no funciona ni funcionar谩 a la larga, porque el neoliberalismo es un sistema supremacista econ贸mico y cultural pero basado en la instalaci贸n previa de un relato que muchos deben comprar para que las multitudes no estallen. Ya estallaron. ¿Pueden probar con un genocidio regional masivo? Uno tiende a creer que no, porque les guste o no el mundo ya no es unipolar. Pero si matan es porque no tienen nada que decir. Nunca tuvieron otro relato que el del derrame. As铆 que ahora hablan de dios.
Esta semana vi tambi茅n una escena en una ciudad campesina de Bolivia. En la plaza, donde seguramente en los 煤ltimos a帽os cada ma帽ana se cruzaban mujeres con pollera o cholos con mestizos vestidos con ropa occidental, hab铆a llegado el odio. Hombres de pantal贸n y camisa empujaban a las mujeres de pollera, quer铆an sacarlas de la plaza. “Bolivia ya dijo que no”, dec铆a uno y despu茅s otro, porque est谩n con desbordados de testosterona. “Bolivia dijo que no”, dec铆a un hombre alto mientras le pegaba empujones a una se帽ora y otra iba en su ayuda y tambi茅n era empujada. “No vengan m谩s aqu铆”, les dec铆an. Y uno se preguntaba a qu茅 le hab铆a dicho Bolivia que no.
No les alcanza con que Evo se haya ido. Quieren un pa铆s sin indios. Ellos, los mestizos bolivianos. Quieren ser otros, quieren eliminar aquello a lo que se parecen y de lo que provienen. Y en rigor, Bolivia le dijo que s铆 a Evo Morales. A Luis Almagro esta injerencia en un golpe de Estado no le va a salir gratis. Es demasiado burdo y cost贸 demasiado cara su operaci贸n pol铆tica. En el sur del continente, los pobres muchachos del sindicato de los cocaleros y los otros aymaras que salieron a defender su democracia ya est谩n muertos. Almagro es uno de los responsables.
Almagro fue usado por el imperio para acelerar los tiempos. Fue convencido de que 茅l pod铆a bajarle el pulgar a un presidente ind铆gena y condenarlo tambi茅n a la muerte, porque 茅se era el destino de Evo si otros pocos presidentes, entre ellos el electo en la Argentina, no se hubieran ocupado de evitarlo.
LEER M脕SAlberto Fern谩ndez y Cristina Kirchner convocaron a la fiesta del 10 de diciembre | A las 10 en el Congreso y a las 14 en Plaza de Mayo
En esas plazas bolivianas, como en las argentinas, como en las chilenas, como en las de toda la regi贸n, los que peleamos contra el neoliberalismo siempre so帽amos la mezcla, el entrecruzarse, la mixtura, lo diverso. Entonces es momento de prestar atenci贸n cuando se habla de grieta. Esto no es grieta. Si no abandonamos ese clich茅 de la derecha vamos a caer en breve de nuevo a la teor铆a de los dos demonios. El orden contra los v谩ndalos. No podemos estar siempre a la defensiva discursivamente. “No somos terroristas”, “No somos chorros”, “No queremos vivir sin trabajar”. Mientras nos defendemos no hablamos de ellos.
Esto fue demasiado lejos y se interna en una l贸gica en la que no hay que entrar. Hay Estados que matan civiles opositores. Hay funcionarios de organismos internacionales que son part铆cipes necesarios de golpes de Estado. Hay polic铆as que apuntan a los ojos y hay ciegos. De qu茅 grieta estamos hablando. No hay grieta. Hay v铆ctimas y victimarios.
Casi cuarenta a帽os despu茅s, en 茅pocas en las que vuelve a ponerse en juego el orden mundial y Estados Unidos tiene un presidente que retrocede para adelante, Washington volvi贸 a la carga con el derrocamiento o el encarcelamiento o la proscripci贸n de todos los l铆deres econ贸micamente heterodoxos latinoamericanos. Probaron primero otros presidentes norteamericanos con los golpes blandos, dej谩ndoselos a las instituciones locales, como el de la Corte Suprema que decidi贸 voltear y exiliar a Manuel Zelaya, y luego montaron el lawfare en varios pa铆ses cuyas mayor铆as electorales no pudieron deshacer. No hay lawfare sin medios c贸mplices, porque de lo que se trata, tal como lo dijo Mauricio Macri refiri茅ndose a la primera presa pol铆tica del gobierno que termina, Milagro Sala, “es correcto que est茅 presa porque mucha gente cree que es culpable”. Esa gente que “cree” no lee expedientes. Lee diarios. Los jueces del Lawfare no hacen investigaciones: muestran recortes de diarios. Las causas contra opositores no constan de elementos probatorios, de basan en notas publicadas.
“El neoliberalismo nace y muere en Chile”, rezaba ese cartel. Y en Chile Pi帽era niega lo que se ve. Niega lo que ordena. Habla de terrorismo, igual que los golpistas bolivianos, tan sanguinarios como pat茅ticos, que ahora han creado una “unidad especial” para combatirlo. No hay terrorismo, salvo el de Estado y del que ellos mismos son responsables. La posverdad ya no funciona. Puede Pompeo volver a denigrarnos llam谩ndonos sin eufemismos “nuestro patio trasero”, pero no funciona. Puede Estados Unidos fantasear y quiz谩 hasta desplegar fuerzas para intentar instalar en la regi贸n un control intensivo con la excusa de combatir al terrorismo, como 茅l mismo afirma sin que se le mueva ni un m煤sculo de la cara. Pero no funciona ni funcionar谩 a la larga, porque el neoliberalismo es un sistema supremacista econ贸mico y cultural pero basado en la instalaci贸n previa de un relato que muchos deben comprar para que las multitudes no estallen. Ya estallaron. ¿Pueden probar con un genocidio regional masivo? Uno tiende a creer que no, porque les guste o no el mundo ya no es unipolar. Pero si matan es porque no tienen nada que decir. Nunca tuvieron otro relato que el del derrame. As铆 que ahora hablan de dios.
Esta semana vi tambi茅n una escena en una ciudad campesina de Bolivia. En la plaza, donde seguramente en los 煤ltimos a帽os cada ma帽ana se cruzaban mujeres con pollera o cholos con mestizos vestidos con ropa occidental, hab铆a llegado el odio. Hombres de pantal贸n y camisa empujaban a las mujeres de pollera, quer铆an sacarlas de la plaza. “Bolivia ya dijo que no”, dec铆a uno y despu茅s otro, porque est谩n con desbordados de testosterona. “Bolivia dijo que no”, dec铆a un hombre alto mientras le pegaba empujones a una se帽ora y otra iba en su ayuda y tambi茅n era empujada. “No vengan m谩s aqu铆”, les dec铆an. Y uno se preguntaba a qu茅 le hab铆a dicho Bolivia que no.
No les alcanza con que Evo se haya ido. Quieren un pa铆s sin indios. Ellos, los mestizos bolivianos. Quieren ser otros, quieren eliminar aquello a lo que se parecen y de lo que provienen. Y en rigor, Bolivia le dijo que s铆 a Evo Morales. A Luis Almagro esta injerencia en un golpe de Estado no le va a salir gratis. Es demasiado burdo y cost贸 demasiado cara su operaci贸n pol铆tica. En el sur del continente, los pobres muchachos del sindicato de los cocaleros y los otros aymaras que salieron a defender su democracia ya est谩n muertos. Almagro es uno de los responsables.
Almagro fue usado por el imperio para acelerar los tiempos. Fue convencido de que 茅l pod铆a bajarle el pulgar a un presidente ind铆gena y condenarlo tambi茅n a la muerte, porque 茅se era el destino de Evo si otros pocos presidentes, entre ellos el electo en la Argentina, no se hubieran ocupado de evitarlo.
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En esas plazas bolivianas, como en las argentinas, como en las chilenas, como en las de toda la regi贸n, los que peleamos contra el neoliberalismo siempre so帽amos la mezcla, el entrecruzarse, la mixtura, lo diverso. Entonces es momento de prestar atenci贸n cuando se habla de grieta. Esto no es grieta. Si no abandonamos ese clich茅 de la derecha vamos a caer en breve de nuevo a la teor铆a de los dos demonios. El orden contra los v谩ndalos. No podemos estar siempre a la defensiva discursivamente. “No somos terroristas”, “No somos chorros”, “No queremos vivir sin trabajar”. Mientras nos defendemos no hablamos de ellos.
Esto fue demasiado lejos y se interna en una l贸gica en la que no hay que entrar. Hay Estados que matan civiles opositores. Hay funcionarios de organismos internacionales que son part铆cipes necesarios de golpes de Estado. Hay polic铆as que apuntan a los ojos y hay ciegos. De qu茅 grieta estamos hablando. No hay grieta. Hay v铆ctimas y victimarios.
