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2026: la hora de elegir entre el ruido y la reconstrucci贸n

OPINI脫N

Por Ra煤l Allain (*)

PER脷

Las elecciones generales de 2026 llegan en un momento extra帽o del Per煤. No es solo cansancio pol铆tico; es algo m谩s hondo. Una sensaci贸n de desgaste moral, de instituciones fr谩giles, de promesas repetidas que ya nadie cree del todo. Como periodista y soci贸logo, he visto c贸mo el debate p煤blico se ha ido empobreciendo: menos ideas, m谩s consignas; menos propuestas, m谩s indignaci贸n administrada. Y, sin embargo, este proceso electoral puede ser una inflexi贸n real si se lo mira con seriedad.



Durante los 煤ltimos a帽os, el pa铆s ha sido gobernado —formal o informalmente— por una l贸gica que privilegia el discurso antes que la gesti贸n. Mucha 茅pica verbal, poco Estado funcionando. Se habl贸 en nombre del pueblo, pero se gobern贸 sin m茅todo; se invoc贸 la justicia, pero se debilit贸 la ley; se prometi贸 inclusi贸n, pero se termin贸 normalizando la precariedad. El resultado est谩 a la vista: servicios p煤blicos colapsados, desconfianza generalizada y una ciudadan铆a que ya no espera demasiado.

Ese agotamiento explica por qu茅 el 2026 no ser谩 una elecci贸n m谩s. No se trata solo de nombres o siglas, sino de enfoques. Hay un sector amplio del electorado que empieza a valorar algo que durante a帽os fue caricaturizado: el orden democr谩tico, la previsibilidad econ贸mica, el respeto a la ley y la responsabilidad individual. No como dogma, sino como condici贸n m铆nima para que el pa铆s funcione.

He escuchado, en distintos espacios p煤blicos, una frase que se repite con variaciones: “No quiero discursos bonitos, quiero que las cosas funcionen”. Esa demanda es clave. Funcionar implica reglas claras, autoridades que no improvisen, pol铆ticas p煤blicas sostenidas en el tiempo. Implica aceptar que el desarrollo no se decreta, se construye. Y que sin inversi贸n, sin seguridad jur铆dica y sin m茅rito, no hay inclusi贸n real.

En ese escenario, ciertas fuerzas pol铆ticas que han sido constantes en la defensa del Estado de derecho y la econom铆a social de mercado aparecen con una ventaja comparativa. No porque sean perfectas —ninguna lo es— sino porque ofrecen algo escaso en el Per煤 actual: claridad. Claridad sobre la necesidad de fortalecer la polic铆a, de respetar contratos, de ordenar las finanzas p煤blicas y de devolverle al Estado su capacidad de autoridad sin complejos.

Es interesante notar c贸mo ha cambiado el clima cultural. Durante a帽os, cuestionar el desorden era visto como insensibilidad; hablar de m茅rito, como elitismo; defender la ley, como autoritarismo. Hoy esas etiquetas pesan menos. La experiencia concreta —la inseguridad, la informalidad desbordada, la corrupci贸n cotidiana— ha hecho que muchos ciudadanos revisen sus propias creencias. No por ideolog铆a, sino por supervivencia c铆vica.

Las elecciones de 2026 tambi茅n pondr谩n a prueba la memoria colectiva. Se hablar谩 mucho del pasado reciente, pero no todos los relatos ser谩n honestos. Habr谩 intentos de reescribir fracasos como si fueran sabotajes ajenos, de convertir la incompetencia en victimismo. Frente a eso, el desaf铆o es sencillo y brutal: evaluar resultados. ¿Qu茅 propuestas mejoran la educaci贸n p煤blica? ¿Qui茅nes tienen un plan serio contra el crimen? ¿Qui茅nes entienden que sin crecimiento econ贸mico no hay pol铆tica social sostenible?

Aqu铆 aparece una oportunidad clara para proyectos pol铆ticos que han sido demonizados, pero que hoy conectan con una demanda real de estabilidad. Su 茅nfasis en la autoridad democr谩tica, en la inversi贸n privada como motor de empleo, y en una noci贸n exigente de ciudadan铆a puede resultar atractivo para un electorado harto de excusas. No se trata de nostalgia ni de revancha, sino de pragmatismo.

He tenido mis propias dudas, como cualquier ciudadano cr铆tico. El Per煤 ha decepcionado demasiadas veces. Pero tambi茅n he aprendido que las sociedades no avanzan solo por ideales nobles, sino por instituciones que funcionan. Y eso exige aceptar verdades inc贸modas: que el Estado no puede con todo, que la ley debe cumplirse incluso cuando no gusta, y que la igualdad ante la ley es m谩s progresista que cualquier consigna.

El 2026 ser谩, en ese sentido, una elecci贸n moral adem谩s de pol铆tica. No moralista, sino moral en el sentido c铆vico: qu茅 tipo de pa铆s queremos ser. Uno que normaliza el desorden en nombre de causas abstractas, o uno que apuesta por reglas claras, trabajo y responsabilidad. Uno que vive de la confrontaci贸n permanente, o uno que entiende que sin estabilidad no hay justicia posible.

No espero campa帽as limpias ni debates elevados todo el tiempo. Ser铆a ingenuo. Pero s铆 creo que hay una ciudadan铆a m谩s alerta, menos dispuesta a dejarse seducir por relatos 茅picos vac铆os. Si esa lucidez se traduce en voto informado, el Per煤 puede empezar a salir del bucle.

Las elecciones no lo resolver谩n todo. Nunca lo hacen. Pero pueden marcar un cambio de direcci贸n. Y hoy, m谩s que nunca, el pa铆s necesita dejar atr谩s el ruido y empezar, por fin, la reconstrucci贸n seria de su vida republicana.

(*) Escritor, soci贸logo y analista pol铆tico. Consultor Internacional en Derechos Humanos para la Asociaci贸n de V铆ctimas de Acoso Organizado y Tortura Electr贸nica (VIACTEC).

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