OPINIÓN de Carlos Luna Arvelo

“La reestructuración de la deuda venezolana, sin transparencia ni garantía para los derechos humanos y los bienes esenciales de la población, conducirá al terrible ciclo del endeudamiento en contextos de autoritarismo: brindar amplias ventajas a los acreedores -a costa de los derechos del pueblo-, para seguir endeudándose y continuar desconociendo los derechos del pueblo, no olvidemos que la corrupción y el endeudamiento desmedido, han sido el sostén inmoral de una dictadura que condena al hambre a millones y gasta los recursos de los venezolanos en armas para la represión”
Reestructuración de la deuda: sin garantías para los derechos humanos, será una nueva hipoteca para el futuro de los venezolanos, PROVEA, noviembre 2017.
Vemos en X el video de Miguel Rodríguez denunciando a la firma estadounidense Centerview Partners por pretender asesorar a Venezuela en la reestructuración de la deuda por un costo de $150 millones de dólares.
Asegura quien fuera ministro en Venezuela, en los años 90, que ésta propuesta de asesoría, por parte de la firma estadounidense es otro robo más al país, ya que según Rodríguez Fandeo la verdadera deuda de Venezuela no llega ni al 10% de la cifra de 160 billones de dólares que los economistas vienen diciendo. “La deuda de Venezuela no vale nada” asevera quien fuera Ministro de Carlos Adrés Pérez, durante su segundo mandato presidencial y quien asegura haber sido el único venezolano que realizó la mejor reestructuración de la deuda venezolana en toda su historia.
Independientemente de la puesta en escena del egocentrismo del personaje, propio del economista citado, vale la pena ahondar en la denuncia que realiza especialmente en lo referido al monto final de la deuda que se le endilga a Venezuela.
Por otro lado, nos topamos en youtube con lo que plantea la economista Rosana Sosa García quien, a propósito de la deuda de Venezuela, argumenta “la cifra, entre $150.000 y $170.000 millones, que se maneja como stock de referencia para la estructuración de la deuda venezolana no representa lo que Venezuela en realidad debe, representa lo que Venezuela tendría que depurar clasificar y auditar antes de saber cuánto debe realmente. Una fracción significativa de esa deuda es jurídicamente ilegitima y negociar sobre ella sin corrección previa no es una decisión neutral es introducir en el corazón del proceso el producto de los mismos esquemas de corrupción que lo hacen tan complejo”.
Entre otras cosas destaca la economista, quien además es Especialista en prevención de lavado de dinero y financiamiento del terrorismo, sobre el proceso de renegociación de la deuda venezolana que arrancó el pasado 16 de abril, “callar hoy no es prudencia: es complicidad. La evidencia está escrita, con cifras, sentencias y años contados, en la historia de Argentina, de Perú, de Zambia, de todos los países que negociaron a oscuras y lo pagaron por década y media. Quien conociendo esa evidencia no se rebele ahora contra la improvisación, contra el canje exprés, contra la negociación sin mapa, tendrá que responder mañana ante un país al que se le prometió futuro y se le entregó otro default. La ventana es estrecha y no se repetirá. La prisa siempre fue el mejor negocio de los acreedores oportunistas. A Venezuela lo único que le queda como escudo es la transparencia, y la transparencia, esta vez, hay que exigirla a gritos: antes de firmar, no después de fracasar”.
En el país en el que nos hemos convertido, después del 3E de 2026, con un gobierno “tutelado” que justifica cualquier alianza con el “agresor” como requisito o condición para la paz, el tema de la deuda venezolana no debe ser indiferente a las mayorías.
Es fundamental que se expresen, ante estos hechos, las voces de quienes entienden y asumen que a pesar de las circunstancias derivadas del 3E no podemos dejar de sentirnos como una Patria, con derechos e intereses soberanos e independientes.
Carlos Luna Arvelo.
“La reestructuración de la deuda venezolana, sin transparencia ni garantía para los derechos humanos y los bienes esenciales de la población, conducirá al terrible ciclo del endeudamiento en contextos de autoritarismo: brindar amplias ventajas a los acreedores -a costa de los derechos del pueblo-, para seguir endeudándose y continuar desconociendo los derechos del pueblo, no olvidemos que la corrupción y el endeudamiento desmedido, han sido el sostén inmoral de una dictadura que condena al hambre a millones y gasta los recursos de los venezolanos en armas para la represión”
Reestructuración de la deuda: sin garantías para los derechos humanos, será una nueva hipoteca para el futuro de los venezolanos, PROVEA, noviembre 2017.
Vemos en X el video de Miguel Rodríguez denunciando a la firma estadounidense Centerview Partners por pretender asesorar a Venezuela en la reestructuración de la deuda por un costo de $150 millones de dólares.
Asegura quien fuera ministro en Venezuela, en los años 90, que ésta propuesta de asesoría, por parte de la firma estadounidense es otro robo más al país, ya que según Rodríguez Fandeo la verdadera deuda de Venezuela no llega ni al 10% de la cifra de 160 billones de dólares que los economistas vienen diciendo. “La deuda de Venezuela no vale nada” asevera quien fuera Ministro de Carlos Adrés Pérez, durante su segundo mandato presidencial y quien asegura haber sido el único venezolano que realizó la mejor reestructuración de la deuda venezolana en toda su historia.
Independientemente de la puesta en escena del egocentrismo del personaje, propio del economista citado, vale la pena ahondar en la denuncia que realiza especialmente en lo referido al monto final de la deuda que se le endilga a Venezuela.
Por otro lado, nos topamos en youtube con lo que plantea la economista Rosana Sosa García quien, a propósito de la deuda de Venezuela, argumenta “la cifra, entre $150.000 y $170.000 millones, que se maneja como stock de referencia para la estructuración de la deuda venezolana no representa lo que Venezuela en realidad debe, representa lo que Venezuela tendría que depurar clasificar y auditar antes de saber cuánto debe realmente. Una fracción significativa de esa deuda es jurídicamente ilegitima y negociar sobre ella sin corrección previa no es una decisión neutral es introducir en el corazón del proceso el producto de los mismos esquemas de corrupción que lo hacen tan complejo”.
Entre otras cosas destaca la economista, quien además es Especialista en prevención de lavado de dinero y financiamiento del terrorismo, sobre el proceso de renegociación de la deuda venezolana que arrancó el pasado 16 de abril, “callar hoy no es prudencia: es complicidad. La evidencia está escrita, con cifras, sentencias y años contados, en la historia de Argentina, de Perú, de Zambia, de todos los países que negociaron a oscuras y lo pagaron por década y media. Quien conociendo esa evidencia no se rebele ahora contra la improvisación, contra el canje exprés, contra la negociación sin mapa, tendrá que responder mañana ante un país al que se le prometió futuro y se le entregó otro default. La ventana es estrecha y no se repetirá. La prisa siempre fue el mejor negocio de los acreedores oportunistas. A Venezuela lo único que le queda como escudo es la transparencia, y la transparencia, esta vez, hay que exigirla a gritos: antes de firmar, no después de fracasar”.
En el país en el que nos hemos convertido, después del 3E de 2026, con un gobierno “tutelado” que justifica cualquier alianza con el “agresor” como requisito o condición para la paz, el tema de la deuda venezolana no debe ser indiferente a las mayorías.
Es fundamental que se expresen, ante estos hechos, las voces de quienes entienden y asumen que a pesar de las circunstancias derivadas del 3E no podemos dejar de sentirnos como una Patria, con derechos e intereses soberanos e independientes.
Carlos Luna Arvelo.
