Fernández advierte de que, dado el momento actual, en el que "la longevidad va a ser un tema ineludible en Europa", su objetivo es aportar soluciones y trabajar para que, como sociedad, el debate sobre la expulsión del mercado laboral del talento senior, esté encima de la mesa.
"En esta etapa de nuestra vida sería un lujo poder trabajar en cosas que estén alineadas con nuestro propósito personal, pero indudablemente trabajamos porque tenemos que pagar facturas y el hecho de no encontrar la manera de poder acceder se convierte en un problema personal y social", explica Fernández en una entrevista con Efeminista.
La autora subraya que, además, esta exclusión impacta de lleno en la autonomía financiera de las mujeres de esta generación, especialmente de aquellas que se enfrentan al desempleo pasados los 45 años con hijos o familiares aún a su cargo, las primeras generaciones de mujeres divorciadas que asumen sus gastos en solitario o las que han cotizado intermitentemente a lo largo de su carrera. Una brecha que amenaza con desembocar en "una generación de mujeres empobrecidas".
Con esta interpelación, Fernández asienta las bases de un texto que nace de la necesidad de aportar soluciones: "Decido escribir sobre todo para ayudar y, en el fondo, para que como sociedad empecemos a tener este debate encima de la mesa".
Este propósito se materializa en una guía fundamentada en consejos prácticos para recuperar la confianza profesional y aprender a hacerse valer de nuevo en el mercado laboral. Lejos del derrotismo, Fernández impregna el libro de una perspectiva profundamente positiva, partiendo de su propia experiencia: la de una mujer que tuvo que reinventar su actividad laboral a los 55 años tras abandonar el mundo corporativo.
"Mirar hacia delante"
Frente a la parálisis que puede suponer un despido en la madurez, Fernández propone una hoja de ruta centrada en la acción y la adaptabilidad. El primer paso, advierte, es transitar el plano emocional: "Si no haces primero el duelo de haber salido de tu puesto de trabajo e incluso, te diría, de esa etiqueta o ese apellido que tienes vinculado a tu posición, no puedes avanzar".
Una vez superada esta fase, la clave reside en la capacidad de reinventarse.
"Todo el valor que tú traes de lo que has hecho, de toda tu experiencia y aprendizajes, es una mochila maravillosa. Pero tienes que mirar hacia delante, no hacia atrás", incide.
Esa mirada al frente requiere, según la autora, una alta dosis de pragmatismo para conectar nuestra trayectoria con las demandas reales de la actualidad: "Lo que tienes que hacer es adaptar ese valor al mercado".
Para ilustrarlo, Fernández pone como ejemplo la formación en inteligencia artificial y explica que la verdadera fortaleza reside en combinar todo el bagaje acumulado con el aprendizaje de nuevas competencias y herramientas tecnológicas, ya que es precisamente esa suma continua de conocimientos lo que multiplica el atractivo de un perfil profesional.
Portada del libro de la periodista Ana Fernández 'Se busca séniors', una guía de consejos prácticos para recuperar la confianza profesional después de los 50 años
La periodista advierte del peligro de encerrarse en la propia trayectoria y dedicar los esfuerzos únicamente a "sacarle brillo al currículum". En lugar de eso, insta llevar a cabo un ejercicio de empatía estratégica, "estudiar qué es lo que se está buscando en aquel entorno en el que tú te quieres posicionar".
Además, aconseja que esta adaptación vaya acompañada de un motor vital: "Intentar emocionarte o enamorarte de algo". Según explica, encontrar un proyecto o un propósito que aporte valor a la sociedad no solo hace el proceso de reinvención más llevadero tras años de dinámicas automáticas, sino que resulta clave para el éxito porque "esa pasión también se percibe por el otro lado y tiene su recompensa".
Maternidad y exclusión laboral
La penalización laboral por edad castiga con especial dureza la autonomía y la estabilidad de las profesionales. Fernández subraya los retos financieros a los que se enfrentan las trabajadoras de esta generación: "En muchas ocasiones somos incluso la primera generación de mujeres divorciadas que tenemos que pagar nuestras propias facturas". Una carga económica que asumen en solitario dentro de una sociedad que, según percibe la autora, está "organizada para gestionar los gastos de dos en dos".
A este reto financiero se suma el gran desfase existente entre las exigencias del mercado laboral y la realidad demográfica española. La consultora reflexiona sobre el contraste que supone alcanzar la barrera de los 45 años —edad a partir de la que organismos como el Servicio Público de Empleo Estatal catalogan a los profesionales como colectivo de especial vulnerabilidad y riesgo de exclusión— y las estadísticas de maternidad.
Si se tiene en cuenta que la media para tener el primer hijo en España ronda los 32 años, según reflejan los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), y que muchas profesionales son madres en torno a los 35 o 37 años —como fue el propio caso de la periodista—, los plazos revelan una dinámica desalentadora para las madres trabajadoras.
"Si con 45 pierdes tu empleo y estás en riesgo de exclusión laboral, quiere decir que tienes hijos de entre 10, 12, 13 años y están en riesgo", alerta Fernández.
"¿Tiene sentido que con hijos de 10 años estés en riesgo de exclusión laboral?", se pregunta la autora, advirtiendo de que esta presión sistemática "genera muchos problemas y mucho estrés familiar" en unas mujeres que, a menudo, no contaron en su juventud con la información o el contexto social para planificar un ahorro a largo plazo.
Valor intergeneracional y liderazgo sénior
Reivindicar el talento profesional de personas mayores de 50 años no responde únicamente a la urgencia de visibilizar una injusticia social y garantizar la dignidad de las personas en el tramo final de su carrera porque, como recuerda la autora, asegurar el empleo sénior obedece a una realidad mucho más material y acuciante, la necesidad de poder sostenerse económicamente para no caer en la exclusión.
En un entorno dominado por la incertidumbre, Fernández también defiende que la experiencia sénior aporta "la agilidad de tomar decisiones de manera muy dinámica, porque hemos vivido situaciones parecidas".
Para la periodista y consultora, el escenario corporativo ideal pasa por crear sinergias constantes dentro de las propias plantillas.
"Si estuviera liderando una empresa, lo que haría es crear y unir equipos intergeneracionales", asegura, apostando por mezclar perfiles jóvenes y sénior.
Esta convivencia resulta fundamental para Fernández, que afirma que los profesionales de esta franja de edad poseen una trayectoria histórica única al ser las últimas generaciones que provienen de un entorno de trabajo estrictamente analógico y han sabido transitar hacia el digital, adaptándose sucesivamente a la informatización, a la llegada de las redes sociales y, en la actualidad, de la inteligencia artificial.
Ese bagaje y esa capacidad probada de resiliencia conforman, según advierte la autora de la guía, "un valor que no se debería perder y sobre todo que se debería transmitir" dentro del ecosistema empresarial.
