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El derecho a gobernar

Juan Pablo C谩rdenas
 

Lo natural ser铆a que quien alcance el gobierno de forma democr谩tica busque materializar el programa prometido ante la ciudadan铆a. Esto, que parece tan obvio, en realidad no lo es si consideramos esa enorme cantidad de pol铆ticos que cuando llegan al poder a los pocos d铆as o meses se desdicen de lo propuesto en sus campa帽as electorales y terminan, incluso, gobernando con las ideas de sus adversarios.




Lo acontecido en Chile en las 煤ltimas d茅cadas es una comprobaci贸n palmaria de que los partidos de la Concertaci贸n y de la Nueva Mayor铆a incumplieron con mucho de lo prometido para terminar consolidando el modelo institucional y econ贸mico concebido por la derecha y el pinochetismo.

Desde sus propias filas, al propio presidente Sebasti谩n Pi帽era se le reproch贸 gobernar m谩s al estilo de la oposici贸n que al deseo de sus partidarios, lo que a la postre terminara debilitando el apoyo popular a su coalici贸n, en favor de la consolidaci贸n de un partido, como el Republicano, con ideas m谩s extremas y que hoy son parte de los fundamentos del gobierno de Jos茅 Antonio Kast. Muchos recordamos, asimismo, que un prominente l铆der socialista declarara que el gobierno de Ricardo Lagos hab铆a sido el mejor de la derecha.

Se repite por muchos que un r茅gimen democr谩tico supone la alternancia en el poder, afirmaci贸n que se contradice en muchos pa铆ses domde hay fuerzas pol铆ticas que se mantienen por largos a帽os en el poder y nadie duda por ello de la solidez de su sistema institucional. En efecto, existen reg铆menes democr谩ticos en los que el poder radica mucho m谩s en el parlamento que en el gobierno. Muchos jefes de estado o presidentes resultan menos conocidos y gravitantes que los primeros ministros y las fuerzas que dominan en el Poder Legislativo.

Casi toda Europa da testimonio de esto y nadie reclama la alternancia en el poder como una condici贸n de su solidez republicana. Lo que ocurre ahora en nuestro pa铆s es que ha arribado a La Moneda un presidente y un equipo de gobierno mucho m谩s empecinado que los anteriores en hacer valer lo que el pueblo le mandat贸 en las urnas. Esta situaci贸n es la que hace pensar a muchos que la pol铆tica va a terminar muy pronto encrispada y que va trasladar a las calles la contienda ideol贸gica. En el temor, incluso, de que podamos revivir situaciones como la del Estallido de octubre del 2019, un fen贸meno de alta tensi贸n pol铆tica y social que se vio interrumpida por la pandemia de coronavirus que afect贸 al mundo.

Si bien es innegable que el Gobierno de Kast quiere imponer sus ideas con o sin consentimiento del Parlamento, su error consiste en creer que la democracia le confiere el derecho a gobernar como quiera, despreciando que en las c谩maras legislativas existen diputados y senadores que tambi茅n acaban de ser elegidos democraticamente, as铆 como tambi茅n existen miles de alcaldes y concejales comunales elegidos por el voto popular en todo el pa铆s.

Es cierto que el oficio de la pol铆tica vive su peor momento en prestigio y credibilidad y que la corrupci贸n y el abuso de los dirigentes lleva a despreciar sus facultades. Pero desgraciadamente en esto y en otras materias hay que “arar con los bueyes que se tiene”. Nuestra solidez institucional debe contar en la pr谩ctica con el co gobierno de los distintos poderes del Estado. Ni Kast ni la oposici贸n est谩n facultados para imponer a rajatabla sus ideas y prop贸sitos. Menos, todav铆a, si nuestra pecar铆a democracia limita tanto la voluntad ciudadana, evita las consultas p煤blicas o plebiscitos y le confiere tanto poder a las fuerzas represivas y policiales para reprimir la movilizaci贸n social, que tan importante ha sido en nuestra historia para concretar las m谩s l煤cidas reformas.

Desgraciadamente, la insolvencia del discurso oficial y las malas pr谩cticas de tantos “representantes del pueblo” amenazan con enturbiar nuestro sistema institucional, cuando en las 煤ltimas semanas las propuestas gubernamentales se han agotado en esl贸ganes y promesas ligeras que no nos permiten concebir c贸mo y con cu谩ntos recursos el Gobierno quiere fundamentar sus transformaciones. En este sentido, el reciente mensaje presidencial ante el parlamento y la naci贸n se qued贸 dram谩ticamente en lo superficial y los “lugares comunes”, simulando m谩s una proclama electoral que un contundente plan de acci贸n. Asimismo, es evidente que los reiterados cambios de gabinete de los 煤ltimos d铆as hablan mucho de la improvisaci贸n, la debilidad ideol贸gica y la falta de cohesi贸n del oficialismo.

Vergonzosa como ha sido, tambi茅n, la intolerancia demostrada por los principales actores de la oposici贸n, dispuestos a bloquear cualquier iniciativa legislativa de las nuevas autoridades, en un empecinamiento tan infantil e insano como el del mismo Mandatario. Con un poder electoral que resultara tan menguado por el negativo veredicto popular respecto de la gesti贸n de sus anteriores gobiernos. Especialmente, por los esc谩ndalos de corrupci贸n de m谩s corta data. Muchos de los cuales todav铆a quedan impunes o ni siquiera han visto la luz todav铆a.

Las democracias deben garantizar el disenso, pero m谩s importante todav铆a facilitar el entendimiento, el respeto a la misi贸n de los poderes del estado. Y a ambas instancias bien les har铆a tener en cuenta la voz del pueblo para dirimir sus controversias. Las elecciones en nuestro pa铆s se sabe que est谩n muy condicionadas por el dinero, la publicidad y una baj铆sima formaci贸n c铆vica de los ciudadanos. Lo que entre otros males ha llegado a consagrar la alternancia en el poder y el breve tiempo de los gobiernos para cumplir con lo prometido.

Juan Pablo C谩rdenas

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