Comunistas Cuba
Es como cuando falleci贸 mi abuelo: en el hospital yo ve铆a su cuerpo majestuoso y feneciente, que no pod铆a mejorar, pero tampoco lo imaginaba capaz de irse. Sin embargo, su muerte era inminente. Ahora, Cuba, ¿c贸mo ser谩? Y tantos j贸venes bajo la decisi贸n de ancianos: Ra煤l Castro 95 a帽os, Donald Trump 79 a帽os, Putin 73 a帽os, Xi Jinping 72 a帽os, Lula 80 a帽os. De toda esa gerontocracia depende Cuba, pero en Cuba hay j贸venes que est谩n terminando su tesis de licenciatura y madres esperando parir.
Cada ma帽ana alguien me pregunta si ya pas贸. En las redes sociales, desde fuera de la isla, bandos antag贸nicos llaman o a que suceda cualquier cosa o a resistir: la estupidez se encuentra en la cero empat铆a con quienes sufren. Es la indolencia pol铆tica de quienes juegan a la Guerra Fr铆a postmoderna mirando Netflix.
Pero vuelve una pregunta que me hice har谩 unos meses ¿Y si de pronto ya no est谩 Cuba? ¿A qui茅n responsabilizar, a qui茅n exigirle, a qui茅n mirar y criticar lo que hace? ¿Qu茅 haremos los marxistas cuando Cuba, ya sin ning煤n empaque, deje de estar? ¿Ser谩 que llegar谩 ese momento? ¿Permitiremos que suceda? ¿Hemos pensado en quienes viven en Cuba? ¿C贸mo esa persona que cada d铆a ya ni puede tomar el caf茅 del desayuno, que cocina a duras penas con carb贸n, que tiene dos horas de electricidad, ver谩 a esa izquierda que llama a defender la revoluci贸n de la cual se conoce m谩s en la historia y poco en la cotidianidad? ¿Es preferible que Cuba se hunda a misilazos con alguna heroicidad, o se salven vidas capitulando a tiempo? La clase trabajadora cubana est谩 atrapada dentro del cerco que es no tener herramientas pol铆ticas para decidir. Cuando se expresa en las calles, el ciudadano que decidi贸 protestar sabe que est谩 bajo el riesgo de ir a prisi贸n y ser, con buena suerte, un espor谩dico titular. En Cuba viven personas, no las hojas de un libro. Desde afuera, en esas personas, muy pocos piensan.
La conjunci贸n realidad cubana m谩s militancia de izquierda es un problema irresoluto heredado de la ca铆da de la URSS. Todav铆a no se logr贸 aceptar lo que suced铆a en esa clase trabajadora de la Europa oriental a帽o 1989. Aceptar que la ca铆da de aquellos reg铆menes fueron revoluciones ser铆a asumir que ir al capitalismo todav铆a puede ser revolucionario. En el caso cubano, un ataque militar puede golpear tan duro a Estados Unidos que genere un simbronazo revolucionario continental y una protesta popular que provoque la ca铆da del PCC es a煤n m谩s riesgoso para Washington ¿Y si esa rebeli贸n termina en otra, definitiva revoluci贸n?
Pero incluso en Am茅rica Latina para miles Cuba solo es un titular. Tan lejano como Gaza e Ir谩n. Pierden de vista lo que puede provocar ese final. Ser谩, como quiera que sea, la reconfiguraci贸n del escenario pol铆tico latinoamericano. El entreguismo pol铆tico de Delcy Rodr铆guez -que al permitir el reciente operativo militar yanqui se convierte en c贸mplice de una posible agresi贸n de EEUU contra Cuba- no es suficiente modelo para aplicar en La Habana. Washington sabe necesario liquidar a Ra煤l Castro: solo as铆 puede emerger ese gran traidor siempre oculto detr谩s de las figuras m谩s grises de todo proceso pol铆tico.
De Delcy Rodr铆guez no se esperaba nada. Era una figura de segundo orden. Tal vez, tras ser decapitado el gobierno cubano, de ese cuerpo sin cabeza emerja una voz zombie que pida rendici贸n, piensan los yanquis. Y puede suceder. Pero, mientras tanto, ante ese golpe ¿No habr谩 ninguna reacci贸n internacional? Dentro de Cuba ¿Todo estar谩 en calma?
Los plattistas, esos que concientemente piden la intervenci贸n yanqui ahora sin rubor, alabando el discurso de Marco Rubio, florecen incluso dentro de quienes no se esperaba. En 1898 Estados Unidos logr贸 hacer creer a su p煤blico lector que Cuba necesitaba de una invasi贸n yanqui. Hoy insiste en ello. Los plattistas tienen merecido ese adjetivo: por ser los herederos de la Enmienda Platt y porque ante todo quieren ganar plata. Esa gente se babea por pensarse en un gobierno poscastro. Quieren ser los pol铆ticos de sal贸n que cobran un buen salario como diputados, o ministros, o qui茅n sabe, presidente. Es lo que quieren. Y ven en Estados Unidos al amo que alimenta.
Esto es una guerra, larga, que empez贸 en 1898. Que al inicio gan贸 Estados Unidos ocupando Cuba durante cuatro a帽os; que despu茅s la volvi贸 Estado t铆tere, que en 1933 casi la pierde pero Batista, el mejor amigo de los estalinistas cubanos, se la rescata a Washington; para finalmente en 1959 comenzar un proceso donde no ha podido volver a ocuparla.
Todo esto mientras Fidel Castro se acerca a cumplir cien a帽os. Fidel. Fidel. Fidel. Todo parte y se apoya en esa figura latente. D铆az-Canel, el delf铆n que eligi贸 su hermano, no habl贸 en el acto que el viernes 22 de mayo ocurri贸 frente a la embajada yanqui en La Habana. No habl贸 ning煤n dirigente. Nada 茅pico. Solo una coreograf铆a rayana en lo pat茅tico y un trovador que jam谩s pudo ser Silvio aunque lo quisiera ¿C贸mo no hablarle a ese pueblo? ¿Ser谩 que el mismo D铆az-Canel entiende que no tiene nada para decir? Mientras tanto, ahora, Salvador Vald茅z Mesa, vicepresidente cubano, est谩 en Kazajast谩n de visita oficial ¿Mirando un departamento en Almaty o Astan谩? Duele mucho ver las condiciones en las que Cuba llega a este momento.
Cercan a Cuba. Es dif铆cil comunicarse con ella. No llegan los mensajes. Es la madrugada del jueves 28 de mayo. En el caos del hambre y los apagones, de las esquinas hediendo de basura acumulada e incendiada en la noche que ya en el d铆a ha sido escarbada por los ancianos fam茅licos, all铆, solo puede levantarse con honestidad un mensaje: nosotros, ustedes, los hambrientos, los que no tienen c贸mo alumbrarse, son los que deben, debemos, tomar el poder.
