"La motosierra de Milei es una apolog铆a del femicidio"
Laura de Grado Alonso | Madrid. EFE.- "La motosierra es una apolog铆a del femicidio", resume con contundencia la periodista y escritora argentina Luciana Peker en referencia a la ic贸nica imagen de Javier Milei, emblema de la "naturalizaci贸n de la crueldad" que disecciona en Odiocracia. Al fondo a la derecha (Libros del KO), un ensayo sobre c贸mo el odio, la violencia y la reacci贸n antifeminista se han convertido en herramientas de poder de las nuevas extremas derechas y en la base de una ofensiva global contra los derechos de las mujeres y de la democracia.
Especializada en g茅nero y derechos humanos, Peker es una de las voces m谩s influyentes del feminismo latinoamericano. Autora de libros como La revoluci贸n de las hijas, Putita golosa o ¿El amor es o se hace?, se convirti贸 en una referencia internacional a partir de su cobertura del movimiento Ni Una Menos y de la lucha por el derecho al aborto en Argentina.
A finales de 2023 se instal贸 en Espa帽a tras sufrir amenazas y campa帽as de hostigamiento y en 2024 fue reconocida por CNN como una de las 30 personas m谩s influyentes del mundo en la defensa de los derechos de las mujeres y del colectivo LGBTQ+.
Durante una entrevista con Efeminista en la Feria del Libro, Peker reflexiona sobre el avance internacional de las nuevas extremas derechas, el papel de las grandes tecnol贸gicas en la expansi贸n del odio, la violencia contra las periodistas feministas y las lecciones que Espa帽a puede extraer de la experiencia argentina.
Frente a lo que define como una "pandemia odiante", reivindica la necesidad de reconstruir redes feministas internacionales capaces de responder a una amenaza que, advierte, ya ejerce poder incluso antes de llegar a los gobiernos.
Una reflexi贸n que resuena con especial fuerza en el mes en que se cumplen once a帽os de la irrupci贸n de Ni Una Menos, el movimiento que transform贸 la lucha feminista en Am茅rica Latina. Este 3 de junio, miles de mujeres volvieron a ocupar las calles de Argentina para denunciar la violencia machista y exigir justicia por el feminicidio de Agostina Vega, una adolescente de 14 a帽os cuyo asesinato ha conmocionado al pa铆s, en un contexto que, seg煤n Peker, evidencia c贸mo la normalizaci贸n de la crueldad y los discursos antifeministas tienen consecuencias concretas sobre la vida de las mujeres.
"Vivimos una pandemia odiante"
Pregunta (P).- ¿En el libro planteas que hemos pasado de un ciclo de protestas feministas a un ciclo de odiocracia. ¿Qu茅 es exactamente este concepto y qu茅 elementos te permiten afirmar que no se trata de un fen贸meno aislado sino global?
Respuesta (R).- Creo que despu茅s del auge feminista, que sit煤o simb贸licamente el 3 de junio de 2015 con Ni Una Menos, junto a la ola verde de 2018 y el "Yo te creo, hermana", lleg贸 una revancha machista acompa帽ada de un plan econ贸mico y tecnofeudalista. Ese plan utiliza las emociones, a las personas y al odio como motores sociales de revancha.
El feminismo propon铆a una forma de amor que cuestionaba el amor tradicional, pero con la idea de la sororidad y los v铆nculos construidos desde la solidaridad y el afecto. Esta revancha machista viene a proponer odio y venganza. Y ese odio no se limita a determinados gobiernos o resultados electorales. Conforma un mapa social, genera v铆nculos de odio, de crispaci贸n y enfrentamiento, incluso entre personas que ideol贸gicamente est谩n muy lejos de la extrema derecha. Es como que queda una pandemia odiante. Y eso es muy peligroso. Hay que analizarlo para poder parar la pelota, en t茅rminos futbol铆sticos, y cambiar el juego. Volver a un juego m谩s amoroso, m谩s solidario.
Adem谩s, no estamos ante modelos nacionales. El laboratorio de la extrema derecha argentina no es algo exclusivamente argentino. Est谩 directamente conectado con Espa帽a y forma parte de una ultraderecha global financiada e impulsada desde Estados Unidos. De hecho Espa帽a hoy es el gran objetivo de la ultraderecha, como dijo la Fundaci贸n Heritage. Los v铆nculos son muy concretos. Desde empresarios argentinos instalados en Madrid que promueven una versi贸n espa帽ola del MAGA hasta operadores medi谩ticos que participan activamente en distintos procesos pol铆ticos. Son proyectos multinacionales. Y es muy dif铆cil enfrentarlos desde un solo pa铆s si no recuperamos una de las mayores fortalezas del feminismo, que es la capacidad de construir redes internacionales.
El odio a las mujeres y a las diversidades sexuales, el nexo de la ultraderecha
P.- Aparecen actores muy distintos: pol铆ticos, empresarios, influencers, criptobros, incels, movimientos ultraconservadores... ¿Cu谩l es el hilo que los une?
R.- Tienen muchas diferencias y esa es una realidad que a veces cuesta ver. Existen diferentes internas entre ellos, pero como son profundamente verticalistas y tienen una doctrina mucho m谩s b茅lica y militar que democr谩tica, cuando llega una orden, vuelven a alinearse. Si lo ordena Trump, se reordenan. Si lo ordena Milei, se reordenan.
Lo que comparten es un plan econ贸mico de concentraci贸n de la riqueza. Y, sobre todo, algo que considero a煤n m谩s peligroso, una idea antidemocr谩tica. Pueden utilizar las elecciones y algunos mecanismos democr谩ticos, pero no son democr谩ticos, no vienen a disputar una alternancia electoral con diferencias ideol贸gicas m谩s o menos graduales; sino que vienen a romper con la democracia tal y como la conocemos, con los est谩ndares de libertad de expresi贸n, protesta social y participaci贸n ciudadana. Y, adem谩s, sobre todas las cosas, odian a las mujeres y a las diversidades sexuales.
P.- En el libro planteas que el machismo y el racismo son la columna vertebral de estas nuevas extremas derechas. ¿Por qu茅 siguen siendo herramientas tan eficaces para movilizar apoyos pol铆ticos?
R.- Creo que las mujeres hemos sido quienes sostuvimos el deseo en el siglo XXI, el deseo de transformaci贸n, de avance. Si uno se pregunta qu茅 ha avanzado realmente en este siglo, la respuesta son los derechos de las mujeres y de las diversidades.
Aplacar a las mujeres y a las diversidades no consiste solamente en quitar derechos o restringirlos o pedir sacrificios por esos derechos. No solamente es quitar esos derechos, sino quitar o frenar esa bicicleta tan deseante que hac铆a movilizar por otros muchos m谩s derechos. Es mostrar que la bicicleta no funciona m谩s, que luchar no sirve. Esa es la diferencia fundamental. Por eso los ataques al feminismo son tan intensos y por eso existe un odio tan ensa帽ado.
"Los hombres de ultraderecha odian a las feministas, pero no nos subestiman"
P.- Tambi茅n afirmas que "nadie se tom贸 tan en serio el feminismo como la extrema derecha". ¿A qu茅 te refieres?
R.- Creo que los hombres de ultraderecha nos odian, pero no nos subestiman. Nos han respondido, nos han le铆do, han estudiado nuestros argumentos, nos han amenazado. No digo que eso sea algo positivo, pero demuestra que comprendieron la potencia del movimiento feminista y por eso pudieron confrontarlo.
En cambio, parte de los progresismos, de las izquierdas y de los sectores populares lo subestimaron. Y precisamente por eso no pudieron fortalecerlo lo suficiente para enfrentar, resistir o, como me gusta decir, reexistir frente a una adversidad tan grande.
P.- En el libro dedicas varias p谩ginas a la simbolog铆a de la motosierra de Javier Milei. ¿Qu茅 representa realmente esa imagen?
R.- La motosierra se inspira directamente en La masacre de Texas, una pel铆cula basada en la historia real de un asesino. Por eso creo que hay que decirlo con claridad, la motosierra es una apolog铆a del femicidio, punto. No estamos hablando 煤nicamente de una herramienta para simbolizar recortes presupuestarios. Estamos hablando de una imagen asociada a una violencia extrema que se convierte en emblema pol铆tico. Y cuando eso sucede, lo que vemos despu茅s es una mayor naturalizaci贸n de la crueldad.
En Argentina hemos visto crecer no solo los femicidios, sino tambi茅n formas de violencia cada vez m谩s brutales. Y lo mismo ocurre en otros lugares. Cuando vemos a un hombre asesinar a una mujer y mostrarse p煤blicamente sin ning煤n pudor, cuando vemos la sangre expuesta sin verg眉enza, estamos ante lo que llamo el horror descubierto. Lo que aparece ah铆 es una idea de monopolio masculino sobre la sexualidad y un castigo permanente hacia las mujeres por cualquier decisi贸n que tomen sobre sus cuerpos.
No son simplemente contradicciones o excentricidades, lo que expresan es una concepci贸n f谩lica del poder, una demostraci贸n permanente de dominaci贸n sobre las mujeres.
Y creo que, adem谩s, hay algo muy revelador en esa puesta en escena. Son hombres que necesitan exhibir constantemente s铆mbolos de fuerza porque en realidad construyen una performance de poder. La motosierra funciona como una prolongaci贸n de esa masculinidad exagerada que necesita asustar para imponerse.
Pero la motosierra no es solo un s铆mbolo sexual o de violencia. Tambi茅n representa un programa pol铆tico. En Argentina signific贸 recortes sobre las pol铆ticas p煤blicas, la universidad, las pensiones, la ciencia y los programas de protecci贸n frente a la violencia machista. Eso es precisamente lo que se quiere aplicar en Espa帽a para que haya m谩s plata para fomentar las guerras de los otros y menos para curar la salud y la educaci贸n de la poblaci贸n que vive e integra a Espa帽a.
Llegar a los hombres j贸venes
P.- En el libro tambi茅n abordar la radicalizaci贸n de hombres j贸venes a trav茅s de redes sociales y comunidades digitales vinculadas al resentimiento antifeminista. ¿C贸mo explicas este fen贸meno?
R.- Existe un sector de hombres j贸venes captado por la ultraderecha. Es un fen贸meno innegable. En pr谩cticamente todos los procesos electorales donde la extrema derecha ha avanzado encontramos una representaci贸n importante de este grupo. Pero eso no significa que haya que demonizar a los hombres j贸venes, todo lo contrario, hay que reforzar nuestra capacidad de llegar a ellos, de hablarles, de integrarlos.
Adem谩s, hay que diferenciar claramente entre hombres j贸venes y hombres adultos. Con los j贸venes todav铆a existe la oportunidad de la educaci贸n, del acompa帽amiento, de la construcci贸n de alternativas. Hay que ofrecerles m谩s oportunidades. Y los hombres adultos tienen una enorme responsabilidad porque deben proporcionar mejores ejemplos. Es importante mostrar que existen otros modelos de masculinidad.
Y que tambi茅n hay que poder interconectar y salirse de los dogmas feministas, hay que poder tambi茅n escuchar y hay que poder dialogar.
"Las tecnol贸gicas son los grandes ganadores, son los que nos est谩n gobernando"
P.- ¿Qu茅 responsabilidad tienen las plataformas tecnol贸gicas en esto?
R.- Creo que la responsabilidad de las tecnolog铆as es muy grande, pero no solo es grande en relaci贸n a lo que hacen, sino que es su plan, son los grandes ganadores, son los que nos est谩n gobernando y esto ya a esta altura queda muy claro. La l贸gica no es solamente qu茅 contenidos comparten, est谩 claro que invisibilizan contenidos feministas, antirracistas o anticoloniales. Pero el problema es m谩s profundo. Tambi茅n tiene que ver con c贸mo nos informamos a trav茅s de las redes.
La informaci贸n en redes sociales funciona a partir de la indignaci贸n y la anestesia; es decir, de la par谩lisis. En cambio, la reflexi贸n que puede generar un libro, incluso cuando te angustia o te incomoda, tiene la capacidad de activarte. Te obliga a pensar.
Por eso el escroleo permanente produce indignaci贸n, anestesia, distracci贸n y rencor. Porque lo que funciona en las redes ya no es simplemente la pol茅mica. La pol茅mica podr铆a ser positiva. Lo que funciona es la agresi贸n. Y esa forma de relacionarse no se limita a los sectores de ultraderecha, termina extendi茅ndose a todos los espacios. En cualquier sector, lo que premia el algoritmo es ese tipo de comportamiento. Por eso tambi茅n hay que salir de esa l贸gica.
Adem谩s, cada vez resulta m谩s evidente que existe un plan de gobierno detr谩s de estas estructuras de poder. Peter Thiel, fundador de Palantir, acaba de llegar a Argentina. Compr贸 la mansi贸n m谩s cara de Buenos Aires y tambi茅n est谩 adquiriendo propiedades en Chile, Uruguay y otros pa铆ses de Sudam茅rica. No son movimientos aislados. Est谩n impulsando proyectos de "gemelos digitales", sistemas capaces de recopilar, estudiar y evaluar informaci贸n sobre poblaciones enteras. Y mientras tanto, desde la propia Palantir se sostiene que la democracia ya no funciona como sistema pol铆tico.
Por eso la responsabilidad de las empresas tecnol贸gicas ya no puede analizarse 煤nicamente en t茅rminos de contenidos o de la misoginia que ayudan a difundir. El problema es que estamos siendo gobernados por su propio proyecto pol铆tico y tecnol贸gico. Y dentro de ese proyecto existe un desprecio espec铆fico hacia las mujeres y una apolog铆a de la violencia que est谩 aumentando tanto en cantidad como en intensidad.
El "mach贸polis" del espacio p煤blico y la violencia contra las periodistas feministas
P.- Al final el libro es un an谩lisis de Argentina como un laboratorio. Una de tus tesis es que la violencia no empieza cuando la extrema derecha llega al poder, sino antes. Mirando la situaci贸n actual en Espa帽a, ¿qu茅 ense帽anzas deja la experiencia argentina?
R.- Creo que lo fundamental es prevenir y entender que las l贸gicas de la ultraderecha no son 煤nicamente electorales. Hoy tienen poder aunque no est茅n en el Gobierno. Ya est谩n ejerciendo formas de violencia que hace apenas dos a帽os no exist铆an contra las periodistas feministas y sabemos que eso ya est谩 ocurriendo en Espa帽a. Esa violencia genera censura y autocensura. Hace que los costes para las mujeres que ocupan espacios p煤blicos, pol铆ticos o medi谩ticos sean tan altos que muchas terminen abandon谩ndolos. Tambi茅n se produce una fractura entre las audiencias y las mujeres que ocupan esos espacios p煤blicos. Mientras tanto, otros actores terminan ocupando el monopolio de la conversaci贸n.
Y hay otro fen贸meno que me preocupa, es que muchos hombres, incluso dentro de sectores progresistas o populares, vuelven a ocupar casi por completo el espacio p煤blico. Yo a eso lo llamo el "mach贸polis" del espacio p煤blico. Las mujeres son desplazadas a lugares cada vez m谩s excepcionales, m谩s precarios y m谩s degradados, pagando adem谩s costes enormes para su salud f铆sica y mental.
Por eso hay muchas lecciones que aprender. La primera es construir juntas. Europa no deber铆a respaldar a las periodistas feministas latinoamericanas 煤nicamente por una cuesti贸n 茅tica, sino tambi茅n por una cuesti贸n de supervivencia. Solo juntas vamos a poder resistir esta ola reaccionaria. Y en ese sentido Europa tiene una responsabilidad mayor porque dispone de m谩s recursos econ贸micos, m谩s estructuras institucionales y m谩s capacidad de sostener respuestas colectivas. Si reproduce formas de colonialismo feminista, adem谩s de repetir algunos de los peores errores de la historia, estar谩 actuando contra sus propios intereses.
Tambi茅n es necesario exigir a la cooperaci贸n europea, tanto p煤blica como del sector social, que apoye al periodismo feminista y a las mujeres feministas. Sin apoyos es muy dif铆cil sostenerse. Necesitamos programas de protecci贸n para defensoras, acompa帽amiento a quienes est谩n siendo criminalizadas y estrategias jur铆dicas que permitan responder a estas ofensivas. Hoy hay periodistas en Espa帽a que necesitan ese respaldo. Desde Ana Requena y el equipo de elDiario.es hasta Cristina Fallar谩s, hay que acompa帽arlas en los procesos judiciales y evitar que se erosione la libertad de expresi贸n en Europa.
Pero la solidaridad tambi茅n se construye en gestos cotidianos, comprando libros, apoyando medios feministas como P铆kara, elDiario.es o El Salto, escuchando y leyendo a mujeres migrantes y a quienes trabajan desde perspectivas antirracistas.
P.- A pesar de ese diagn贸stico tan duro, el libro tambi茅n contiene una propuesta de esperanza. ¿La hay?
R.- Absolutamente, creo que hay alternativa y creo que hay esperanza. No creo en la anestesia, no creo que cerrar los ojos vaya a impedir que suceda aquello que ya estamos viendo suceder. Nuestra funci贸n es advertir, pero no advertir para caer derrotadas, sino para reaccionar a tiempo.
El problema de la odiocracia no es solamente que gane un partido pol铆tico o una determinada fuerza electoral, lo que genera la l贸gica de la odiocracia es que las personas se terminan odiando entre ellas. Y cuando eso ocurre, el da帽o es mucho m谩s profundo.
Por eso hay que aceptar el error, aceptar la diferencia y aceptar que cada persona ocupar谩 lugares distintos dentro de una misma lucha. No todo el mundo tiene que hacer lo mismo ni estar en el mismo lugar para formar parte de una respuesta colectiva. Necesitamos encontrarnos, revitalizarnos y recuperar fuerzas.
