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90º aniversario del golpe militar que provocó la guerra civil en España

C. Hermida*

Se cumple este año el 90º aniversario del comienzo de la Guerra Civil en España y, a pesar del tiempo transcurrido, el Partido Popular y Vox, ignorando las aportaciones de la historiografía científica, siguen difundiendo bulos y tergiversaciones, entre ellos que la guerra fue consecuencia de la evolución política de la II República. Lo cierto es que la guerra fue organizada, preparada y planificada por la oligarquía agraria y financiera, con el apoyo de la Iglesia Católica, y el brazo ejecutor de la conspiración fue un sector del Ejército.




Conocemos la trama civil, los partidos y organizaciones sociales que conspiraron contra el gobierno republicano, que representaba la legalidad y la legitimidad política y jurídica, y encarnaba la soberanía nacional. Las clases dominantes utilizaron la guerra para aplastar a las clases populares, destruir el proyecto reformista y modernizador republicano e implantar el fascismo.
El golpe de estado comenzó el 17 de julio de 1936 en el Protectorado de Marruecos y en los días siguientes se extendió por el territorio peninsular, pero fracasó en una buena parte de España debido al heroísmo de los hombres y mujeres que salieron a la calle para enfrentarse a los militares sublevados y defender la República. Esa movilización fue determinante para frustrar los planes de los golpistas y a ella me voy a referir.

Cuatro factores explican la combatividad de las masas populares frente a la sublevación militar. El primero es la CONCIENCIA DE CLASE del proletariado español; es decir, ser consciente de sus intereses como clase social y saber reconocer al enemigo de clase. Y es evidente que los trabajadores españoles a la altura de 1936 poseen esa doble percepción que se ha forjado en las grandes luchas del primer tercio del siglo XX: la Semana Trágica de Barcelona en 1909, la huelga general de 1917, la huelga de la Canadiense de 1919 y las luchas campesinas del trienio bolchevique entre 1918 y 1920, por poner algunos ejemplos. Pero junto a esos combates contra el capital, la conciencia de clase también se ha formado en las casas del Pueblo y en los Ateneos Libertarios, leyendo la prensa obrera, escuchando a los dirigentes obreros. La clase obrera española ha adquirido, en fin, una sólida cultura política que le permite contrarrestar la influencia de la ideología burguesa. Los trabajadores son conscientes de que los militares son el brazo ejecutor de los intereses de la burguesía, cuyo único objetivo es implantar en España un régimen de características fascistas.El segundo se refiere a la fuerte CONCIENCIA ANTIFASCISTA. En 1922 el fascismo se ha impuesto en Italia, en 1933 Hitler ha llegado al poder en Alemania y en febrero de 1934 el canciller Dolfuss ha reprimido con dureza el levantamiento de los obreros socialdemócratas en Viena. Los obreros españoles saben lo que les espera si el fascismo triunfa en España. Por eso, en octubre de 1934, cuando la CEDA entra en el gobierno con tres ministros, los trabajadores desencadenan la huelga general revolucionaria.

Es cierto que la CEDA no era una organización fascista en el sentido estricto de la palabra, pero simpatizaba abiertamente con los regímenes fascistas, no era un partido republicano y su objetivo era destruir la República desde dentro. Son especialmente significativas las palabras de Gil Robles en la campaña electoral de octubre1933:

“ Nuestra generación tiene encomendada una gran misión. Tiene que crear un espíritu nuevo, fundar un nuevo Estado, una nación nueva; dejar la patria depurada de masones, de judaizantes. (…) Hemos de hacer de España una gran nación. (…) Hay que ir a un Estado nuevo, y para ello se imponen deberes y sacrificios. ¡Qué importa que nos cueste hasta derramar sangre! Para eso nada de contubernios. No necesitamos el poder con contubernios de nadie. Necesitamos el poder íntegro y eso es lo que pedimos. Entre tanto no iremos al gobierno en colaboración con nadie. (…) La democracia no es para nosotros un fin, sino un medio para ir a la conquista de un estado nuevo. Llegado el momento, el Parlamento se somete o le hacemos desaparecer”.

Aunque la revolución fracasó por estar mal organizada y dirigida, en Asturias los mineros dominaron la región durante quince días y finalmente fueron derrotados por la acción del ejército colonial de África enviado por Franco. La represión criminal de las fuerzas africanistas contribuyó a reforzar la conciencia antifascista de las clases populares, que se lanzaron a la calle en julio de 1936 porque tenían la certeza de que el triunfo de los sublevados supondría una reedición multiplicada de lo que había ocurrido en Asturias en 1934.

El tercero está relacionado con la UNIDAD DE LA IZQUIERDA. Ya en la revolución asturiana han luchado juntos los obreros socialistas, anarquistas y comunistas, agrupados en la Alianza Obrera bajo la consigna “Uníos, Hermanos Proletarios”, pero en enero de 1936 la izquierda da un paso más y se forma el Frente Popular, integrado por las organizaciones obreras, exceptuando la CNT, y la izquierda republicana. Un Frente Popular formado en torno a un programa mínimo que triunfa en las elecciones de febrero de 1936. Los objetivos y el carácter de ese Frente Popular fueron definidos nítidamente por José Díaz, secretario general del PCE:

“La lucha, hoy, está entablada a fondo entre la democracia en el terreno económico y político, de un lado, y de otro, las castas semifeudales, los privilegios de la Iglesia, las oligarquías financieras, la reacción y el fascismo, con su secuela de hambre y de miseria, de terror y de guerra. Sin despejar el camino de estas fuerzas negras del pasado, sin liquidar su base económica y social, no podremos organizar las luchas ulteriores, encaminadas a la emancipación total de los oprimidos” (artículo publicado en Mundo Obrero en mayo de 1936).

Esa unidad aparece de nuevo en julio de 1936, cuando luchan juntos en las calles comunistas, socialistas y anarquistas, aunque posteriormente las divisiones y enfrentamientos serán un elemento que contribuirá a la derrota republicana en la guerra.Finalmente, el cuarto factor tiene que ver con el convencimiento de la necesidad de ENFRENTARSE AL FASCISMO CON LAS ARMAS para vencerlo. En julio de 1936 no se había difundido entre los trabajadores esa idea aberrante y profundamente reaccionaria de condenar la violencia “venga de donde venga”. Esa concepción deja a los trabajadores indefensos y solo beneficia a las clases dominantes. No se puede equiparar la violencia fascista con la antifascista. Y la violencia contra la opresión, la tiranía y la explotación es legítima. Por eso, los hombres y mujeres que salen a la calle el 18 de julio de 1936 piden armas para defender la República. Unas armas que el gobierno de Casares Quiroga se niega a entregar, propiciando de esa forma, con una actitud claudicante y traidora, que los militares golpistas triunfen en una parte del país. Por el contrario, el gobierno de Giral, formado el 19 de julio, decide armar a los trabajadores y de esa forma fracasa la tentativa golpista en una gran parte de la geografía española.

Esos cuatro elementos explican el arrojo y la actitud heroica de las clases populares frente al golpe fascista, constituyendo una lección histórica de permanente actualidad. Conciencia de clase, antifascismo, unidad popular y la combinación de diferentes formas de lucha según las circunstancias son herramientas insustituibles para hacer frente a la oleada reaccionaria desatada por las clases dominantes contra los trabajadores.

En este 90º aniversario debemos hacer una reflexión sobre la actualidad. Hoy el fascismo avanza y se manifiesta en los mensajes xenófobos sobre la inmigración, en las consignas de prioridad nacional, en el revisionismo histórico más desvergonzado, en la tergiversación y manipulación de la realidad que realizan la mayoría de medios de comunicación, en las vergonzosas sentencias de algunos tribunales de justicia y en el ataque al movimiento feminista, por citar solo algunos elementos que conforman el discurso del partido Popular y Vox. Debemos tener muy claro que combatir el fascismo hoy en España pasa por recuperar esos elementos y actitudes que hemos comentado con anterioridad y, necesariamente, por derribar esta monarquía corrupta y establecer una III República de carácter popular y federal, capaz de depurar el aparato del Estado, acabar con los maquillajes del fascismo y acometer las reformas estructurales que nuestro país necesita en todos los órdenes.

Y nunca olvidemos que todos los medios de lucha son legítimos para enfrentarse al fascismo. Lo fueron en el pasado, lo son en el presente y lo serán en el futuro.


*Partido Comunista de España (marxista-leninista)

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