Teresa Mollá Castlls
Me quedo algo pasmada cuando leo lo que ha escrito Rubén Sánchez, un señor que me merece confianza, que dice así: “El viceconsejero de Turismo del «moderado» Moreno Bonilla es un exfalangista que señala como problemas el «acceso masivo de la mujer al trabajo» y la «contracepción extrema».
| Rafael Sánchez Saus, nuevo viceconsejero de Turismo de la Junta de Andalucía. Doto ACdP |
Para alguna gente del PP y de la ultraderecha parece que la democracia y los derechos de las mujeres solo existiera en papeles y no en la realidad del día a día.
Pretender culpabilizarnos de todo a las mujeres es como querer hacer realidad el mito de Adán y Eva y la puñetera manzana.
Las mujeres tenemos derechos que a este tipo de “señoros” no les gusta que tengamos. Mejor dicho, que hayamos conseguido desde la lucha feminista, como el derecho sobre nuestro propio cuerpo, el acceso a los anticonceptivos o decidir si queremos o no ser madres.
Pues sintiéndolo mucho (no es cierto) se van a tener que fastidiar y aceptar que no vivimos en el franquismo en el que sólo servíamos para que ellos se desahogaran sexualmente, para criar a sus hijos (solo ellos tenían la patria potestad de los hijos y en exclusiva) y éramos unas eternas menores de edad, siempre sujetas al padre o a los esposos.
La iglesia católica, cómplice total del régimen, también actuaba a través de los confesionarios en el proceso de doblegamiento femenino a los designios masculinos.
Justo en el día en que se cumplen noventa años del alzamiento militar por una parte del ejército que traicionó no sólo a la Segunda República y a su gobierno legítimo, también a toda una sociedad que estaba bastante avanzada en aquel momento de manera general, y en lo tocante a las mujeres también y mucho, leo estas palabras por parte de un nostálgico del fascismo. ¡Hay que fastidiarse!
Para este fascista, al parecer lo de “la pata quebrada y en casa” para servir al marido y los hijos varones sigue plenamente vigente, al parecer.
Ni derecho a estudiar, ni a trabajar, ni a ser económicamente independientes, ni a decidir si queremos casarnos o no y con quien, ni derecho al divorcio. Nada, solo seres menores de edad, eternamente madres y/o embarazadas para dar a Dios los hijos que nos enviara y sin ninguna capacidad de decisión en ningún tema. Eso es lo que añora este ser.
En realidad, es lo que añoran muchos señores. Incluso los progresistas es el ejercicio del poder sobre las mujeres, porque en ese tema no hay grandes diferencias entre los unos y los otros, como leí en alguna parte y he comprobado en mis propias carnes a lo largo de mi vida. “Tareas propias de cada sexo” lo llamaba algún teórico progresista que he conocido.
Damos por hecho en demasiadas ocasiones que ser progresistas les hace ser feministas y no es así. Si observamos temas como la corresponsabilidad en las tareas domésticas, la carga mental de la organización familiar (compra, reuniones escolares, lavadoras, y un largo etc.) corre de nuestra cuenta. Ellos, en el mejor de los casos, “ayudan” después de que seamos nosotras quienes organicemos mentalmente el trabajo y derivemos en ellos alguna tarea.
Ellos, habitualmente, tienen una jornada laboral. Nosotras tenemos, aparte de la jornada laboral, la segunda que es la de las tareas domésticas del hogar y, en demasiadas ocasiones, otra tercera que es la de los cuidados de mayores, menores y personas con discapacidad que podamos tener a nuestro cargo.
Encima se da la paradoja que encima tenemos que escuchar “sus” lecciones en demasiados casos sobre nuestro propio trabajo o nuestra vida. En fin…La coherencia fascisto-patriarcal es lo que tiene.
Para el fascismo las mujeres somos siempre seres humanos de segunda. Necesarias para parir y cuidar, pero molestas siempre. Por eso mismo el feminismo representa para ellos su peor enemigo, porque, entre otras cosas predica la solidaridad entre las mujeres. Nos permite el diálogo franco de nuestros problemas y la búsqueda conjunta de soluciones. En definitiva, no anima a salir de casa, comunicarnos y relacionarnos, de manera que nos enriquecemos entre todas y de ese modo ponemos freno a su poder fascista y patriarcal.
A este señor andaluz que seguramente será otro “señorito andaluz”, por aquello de los estereotipos, le invitaría a vivir en un piso alquilado con dos criaturas, con jornada laborales maratonianas por parte de la pareja para poder pagar el alquiler y dar de comer a toda la familia. Sin poder poner el aire acondicionado en verano ni las estufas en invierno por temor a no poder hacer frente a las facturas. Quizás así comprobaría que las mujeres no somos el problema. En todo caso formamos parte de las soluciones a los problemas que ellos, desde los despachos generan en demasiadas ocasiones.
Esperemos que la lista de nombres de los nostálgicos del fascismo vaya desapareciendo con el tiempo y que el feminismo siga su camino imparable para la construcción de una sociedad con igualdad real en todos los sentidos entre hombres y mujeres, así como con una justicia social mucho más amplia y para todas y todos.
Ben cordialment,
Teresa
