MUJERES SABIAS Y BRUJAS
Teresa Mollá Castells
Esta semana se repetía la historia: varón asesina a su esposa y a una de sus hijas. Hiere a la otra y se auto lesiona. En Alicante. La sangría sigue. El único motivo: haber nacido mujeres.
El malnacido del varón cree que las mujeres que son de su propiedad, las considera seres subalternos. Él se considera el “Amo del Universo”.
Justo ayer acabé de leer un libro de muy recomendable lectura de la xativina Purificació Mascarell llamado “Como anillo al cuello” en el que a través de la literatura y de autoras femeninas indaga y nos explica cómo se ejerce la violencia machista dentro de la institución matrimonial.
Es una dura reflexión sobre como a través del supuesto amor conyugal se ejerce el patriarcado más feroz, las violencias más indignas contra las mujeres casadas y atrapadas dentro de esa institución. Y con permiso de la iglesia católica, por supuesto.
Nombres como Emilia Pardo Bazán, por ejemplo, que utiliza sus textos para dar salida a su sufrimiento. Autoras de los siglos XIX y XX de renombre que fueron ridiculizadas por sus esposos cuando las veían escribir.
Mujeres que, con tal de casarlas, las familias poco menos que las regalaban a sus prometidos y las condenaban a vidas sin sentido y a violencias de todo tipo.
Sin información previa sobre la sexualidad o el deseo sexual, sentían cómo las poseían la primera noche y, a partir de ahí, con todo el dolor que ello implica, a convivir con tu violador siendo casi niñas.
Son historias de mujeres poco conocidas que nos dan una idea de la magnitud de lo que significaba no tener derechos civiles y que cuando comenzamos a tenerlos, su ejercicio era muy muy complicado.
Después nos dirán que la justicia no tiene un sesgo patriarcal histórico. ¡Y tanto que lo tiene! Y lo que es peor, lo sigue teniendo. Sesgo patriarcal y político. Lo vemos cada día en los informativos.
La puñetera manzana de Eva de cuya anécdota se aprovechó el patriarcado a través de los siglos para silenciar las voces de las mujeres. Todavía seguimos siendo en demasiadas ocasiones voces silenciadas. Cada día menos, pero en demasiadas ocasiones las voces de las mujeres siguen siendo “tapadas” por las de los hombres. No es nada raro estar en una conversación entre amigos y amigas y ver cómo a poco las voces de las mujeres se van apagando y en el momento en que lo dices pasas a ser la borde. Alguno incluso “se enfada y no respira”. En fin, demasiada presión patriarcal en el mundo…todavía.
A raíz de la lectura del libro, me han venido a la mente centenares de recuerdos de mi propia vida en los que no encajaba. ¿Cómo iba a encajar si ni siquiera “era”, si solo “estaba”?
Sigo sin comprender demasiadas cosas en este mundo en el vivimos. Sigo planteándome lo perjudicial que resulta el patriarcado para la vida de las mujeres, cómo de complicado es todo pudiendo ser más sencillo. Aunque, a la mitad de la población, la que disfruta de los privilegios y del poder no le interesan los cambios e incluso se buscan aliadas que les validen esos comportamientos para que se justifiquen sus actos.
Cuando las cámaras de TV llegaron a la pedanía en donde la madre y la hija fueron asesinadas, una señora mayor vecina, al parecer, volvió con la manida frase de “con lo buena persona que parecía” refiriéndose al asesino. Así se continúa justificando al asesino. Unos de los miles de mitos que, pese a saber que ha sido un asesino, fabrica el patriarcado para justificar esas violencias machistas que seguimos viviendo las mujeres solo por eso, por ser mujeres.
El falocentrismo como eje de la sexualidad es otro de los problemas. ¿Dónde quedan la ternura, la complicidad, el afecto sincero, los cuidados mutuos, el respeto honesto? Quizás por ello huya del enamoramiento e incluso del amor. Quizás por ello me divorcié hace treinta y cinco años. Quizás por ello la relación posterior fue un desastre emocional. Quizás por ello hace años que renuncié a tener relaciones íntimas.
Tener consciencia de ser mujer y mujer activista del feminismo hace que te preguntes muchas cosas. Y también te permite tener una visión amplia de los problemas a los que nos seguimos enfrentando las mujeres. A esa consciencia, con los años, se van sumando más problemas, y no solo de salud. Se suma el edadismo que estructuralmente tan asentado está en la sociedad. Y al mismo tiempo tan invisibilizado. Pero está ahí como otra forma de sometimiento. Es otra manera de decirte: ya no eres deseable, ya no sirves para ser madre, por tanto, hay que reponerte. Porque en el fondo para muchos hombres somos eso, vasijas a las que penetrar, rellenar para ser madres, que paramos a sus hijos y recambiarnos por otras más jóvenes cuando se cansen de nosotras. Eso, señores, también es violencia. Y la ejercen en nombre de un supuesto nuevo enamoramiento. Eso, es otro modo de ejercer el poder patriarcal, de recordarnos que para ellos somos siempre recambiables. Por tanto, ejercer ese poder, es ejercer violencia machista con las mujeres, solo por serlo.
Lo único que me sigue dando esperanza es que el feminismo vino a poner orden en mi particular caos mental ya hace años. Aquello fue mi salvación. Me abrió los ojos al poder sanador de la lucha colectiva por la igualdad real de derechos entre mujeres y hombres. Sigue siendo mi tabla de salvación. Y mis amigas feministas radicales el espacio en donde crecer, ser, reflexionar y seguir reivindicando la igualdad real de derechos entre mujeres y hombres para poder construir una sociedad más justa y equitativa. Pero sobre todo con menos asesinatos de mujeres.
Sencillamente, nos va la vida en ello.
Ben cordialment,
Teresa
