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Crisis climática en la costa andaluza: 46 puntos críticos, 48 millones en reparaciones de playas y ecosistemas marinos cada vez más dañados


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  • El 36% de su superficie ya ha sido urbanizada, destruyendo las defensas naturales que frenan el impacto de los temporales y la subida del nivel del mar
  • Varios municipios andaluces tienen su primera línea de playa masivamente edificada, impidiendo que pueda adaptarse al cambio climático, pero siguen surgiendo proyectos urbanísticos en el litoral
  • Las borrascas de este invierno han provocado pérdidas masivas de arena y cuantiosos daños, evidenciando que el modelo actual ha tocado fondo

Greenpeace presenta hoy su informe Destrucción a Toda Costa 2026 (ver sección Andalucía) mostrando que la costa de Andalucía se encuentra en grave peligro. El informe revela que el modelo de desarrollo basado en la ocupación física y el ladrillo ha dejado desprotegido al litoral frente a la innegable crisis climática. Los puntos más críticos (46) están recogidos en este mapa

Principales problemas de la costa andaluza

Con un 36% de la costa ya artificializada, la región sufre las consecuencias de haber diseñado un urbanismo de espaldas a la dinámica costera y marina. La eliminación de las dunas y parte de las playas por paseos marítimos y muros de hormigón ha destruido el escudo natural que disipa la energía del oleaje. Cuando los temporales golpean estas estructuras rígidas, la fuerza del agua rebota con mayor agresividad, acelerando la pérdida de arena y desnudando las playas.

A pesar de las evidencias de la destrucción, el ladrillo quiere conquistar los últimos paraísos vírgenes. Proyectos como Sagitta en El Rompido (Cartaya), el acoso urbanístico en Tarifa o el proyecto para urbanizar las dunas de El Barronal en Marbella son sólo unos pocos ejemplos de la voracidad del ladrillo. En el lado esperanzador, el hotel ilegal del Algarrobico debe ser demolido urgentemente, una vez anulada su licencia de obras tras 23 años de litigios.

Este año se están produciendo ataques a la Ley de Costas por parte de casi todas las comunidades autónomas, entre las que figura Andalucía, y de partidos políticos que no son, o no quieren ser, conscientes de que el cambio climático ya ha llegado y es letal. Se habla de defensa del patrimonio para mantener construcciones en zonas de riesgo, pero se ignora la realidad física: ni el mar ni el cambio climático van a respetar las excepciones administrativas.

“Quienes señalan a la Ley de Costas como una ‘sentencia de muerte’ para los municipios deben comprender que la verdadera sentencia se firmó el día que decidimos erróneamente que el cemento era más fuerte que el oleaje. Era otro tiempo. Es urgente entender que aferrarse a una costa que ya no existe no es proteger la economía, es financiar un naufragio anunciado”, declara Luis Berraquero, Coordinador territorial de Greenpeace en Andalucía.

El último invierno ha sido devastador. La sucesión de borrascas golpeó con dureza la costa atlántica y mediterránea andaluza. El número de playas afectadas es muy elevado y puede consultarse el detalle en el documento. Destacan algunos casos como el de la playa de Camposoto en San Fernando, regenerada artificialmente el año pasado para nada; los tremendos destrozos en Matalascañas, con un paseo marítimo construído en primera línea de playa sobre un sistema de dunas móviles; los daños en el espigón de Playa Motril, que costó casi seis millones de euros; o los daños en Adra y El Ejido. Según los cálculos de Greenpeace, las reparaciones en la costa andaluza han costado 48,3 millones de euros, un 20% del total estatal. Insistir en estas regeneraciones mecánicas cada vez es más caro y dura menos. Sin un cambio de modelo es, literalmente, tirar el dinero público al mar.

El colapso de las playas no es solo un problema medioambiental, es también una amenaza directa a la economía y el empleo andaluz. De los 8.666.412 habitantes que tiene Andalucía, el 41% se concentra en la costa. El sector de sol y playa concentra el 62% del empleo turístico en España. En provincias costeras como Málaga o Cádiz, la pérdida de un solo metro de playa seca equivale a la destrucción inmediata de entre 300 y 500 puestos de trabajo directos [1]. Si se cumplen las proyecciones para el año 2050, que prevén que el aumento del nivel del mar devorará hasta 25 metros de costa en el peor escenario, la economía andaluza se enfrentará a la destrucción irreversible de miles de empleos hoteleros y de servicios y una parte nada desdeñable de su población se verá expuesta a los riesgos de estos eventos extremos.

La biodiversidad marina y costera andaluza sufre una grave crisis provocada por la llegada de especies invasoras como el alga asiática, que causa problemas en muchas playas y en el sector pesquero. El aumento de la temperatura del agua está provocando el desplazamiento de especies hacia aguas más profundas para escapar de las altas temperaturas o la disminución del tamaño de especies como el boquerón o la sardina.

Frente a la inercia de seguir vertiendo hormigón para retener la arena, urge una transición hacia una gestión costera adaptativa. Esto implica aplicar moratorias urbanísticas reales para frenar cualquier nuevo proyecto en las pocas zonas libres de la costa andaluza o catalogadas como inundables. También supone apostar de forma decidida por las Soluciones basadas en la Naturaleza, que permiten recuperar las playas y sus beneficiosas funciones naturales de protección. Ya hay algunos ejemplos positivos en Andalucía, como algún retranqueo de chiringuitos, para darle espacio a la playa o el cuidado en Urbasur (Isla Cristina), que ha transformado la duna en un escudo de defensa natural de los temporales o la liberación de escombros e interferencia de relleno en la duna de El Cenicero, en Torrox, que impedían la circulación de la arena y que ya no necesitará el gasto público recurrente para sobrevivir.

Para que su costa no se hunda, Andalucía debe elegir de forma urgente: seguir gastando millones en parches de arena artificial destinados a desaparecer o liderar una política climática valiente que proteja su futuro económico protegiendo primero su naturaleza”, añade  Berraquero.

Demandas de Greenpeace

El informe concluye que el litoral y su biodiversidad no sobrevivirán ante el cambio climático. Es urgente una gestión costera adaptativa basada en:

  • Soluciones naturales que prioricen la restauración de la naturaleza frente a espigones y diques que agravan la erosión.
  • Frenar el ladrillo en zonas inundables y en los últimos tramos libres de la costa.
  • Planificar la retirada de viviendas e infraestructuras expuestas, asumiendo que gastar millones en reponer arena artificial es económicamente inviable.
  • Gestionar ríos y embalses para que la arena natural vuelva a llegar a las playas.
  • Diseñar el futuro de la costa bajo criterios científicos y la participación social, alejándose de los intereses políticos a corto plazo.

Notas:
[1] Datos obtenidos a partir de las series estructurales de la Encuesta de Coyuntura Turística de Andalucía (ECTA) y el informe Indicadores de Empleo Turístico en Andalucía del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA).


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