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Crisis climática en la costa asturiana: 11 puntos críticos, más de un millón de euros en reparaciones de playas, problemas de contaminación y especies amenazadas

Greenpeace
 

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  • El litoral asturiano tiene el mayor riesgo de inundación de todo el norte peninsular debido a su orografía y la agresividad del mar 
  • El tren de borrascas invernales ha desnudado las defensas naturales de la costa asturiana, dejando playas y paseos marítimos desprotegidos ante el mar
  • El hormigón en primera línea ha duplicado los impactos de tormentas históricas como la borrasca Therese provocando daños estructurales
  • Especies como la merluza, el pixín o el bocarte disminuyen su tamaño debido al aumento de temperatura del Cantábrico, y especies como la xarda o el bonito del norte se desplazan a aguas más frías

Greenpeace presenta hoy su informe Destrucción a Toda Costa 2026 (ver sección Asturias) donde muestra la fragilidad de costa asturiana frente al cambio climático y la rigidez de las infraestructuras en el litoral, señalando sus 11 puntos más críticos, que están recogidos en este mapa

En 2026, la subida del nivel del mar y el aumento en la frecuencia de ciclogénesis explosivas se han convertido en una realidad climática que erosiona de forma sistemática los puntos más bajos y urbanizados de su costa. Es el litoral con mayor riesgo de inundación de todo el norte peninsular, ya que la cercanía de la Cordillera Cantábrica al mar provoca que ante lluvias torrenciales, el agua baje a gran velocidad desde las montañas hasta la costa sin dar tiempo a que el suelo la absorba. A ello hay que sumar la agresividad del mar: la virulencia de las borrascas ha aumentado debido al cambio climático.

El informe destaca que las estructuras rígidas y los paseos marítimos construidos sobre la misma arena, lejos de proteger los cascos urbanos, están agravando el problema. Al chocar las olas contra los muros de cemento, la energía del mar no se disipa, sino que rebota con el doble de fuerza hacia el suelo, erosionando y arrastrando el sedimento de la playa de forma agresiva. Los temporales invernales provocaron el hundimiento de tramos del paseo marítimo de Gijón y la pérdida severa de arena e inundaciones en las playas de San Lorenzo (Gijón), Salinas (Castrillón), Rodiles (Villaviciosa) y Santa Marina (Ribadesella). La reposición artificial de arena sirve de poco ya que, al carecer la playa de dunas naturales que retengan el sedimento y al estar encajonada por barreras de hormigón, el mar vuelve a engullir la arena artificial en la siguiente tormenta, convirtiendo el dinero invertido en un parche efímero que no soluciona la raíz del problema.

El informe también muestra cómo el Cantábrico está perdiendo su esencia de mar frío con severas consecuencias. El aumento de la temperatura de las aguas asturianas provoca que especies como la merluza, el pixín (rape), el chicharro o el bocarte sufran un desajuste metabólico debido al aumento de temperatura y la pérdida de oxígeno en el agua, que provoca la disminución de su tamaño. Las altas temperaturas también empujan a especies de aguas frías, como el bonito del norte o la xarda (caballa), a variar sus rutas de migración y desplazarse más al norte. Al igual que en el Atlántico, las lluvias torrenciales y las riadas provocan caídas drásticas de salinidad que afectan directamente a los bivalvos de las rías asturianas, como almejas y berberechos (1). A su vez, las algas pardas que forman bosques submarinos cruciales para el alevinaje, retroceden hacia el oeste ante el aumento de la temperatura del agua. Su desaparición deja a los peces jóvenes sin refugio, afectando directamente a las capturas de la flota artesanal.

El informe también señala los problemas de contaminación que sufre la costa asturiana. La falta de saneamiento, especialmente en época estival, se ve en Avilés. La situación empeora en la playa de Bañugues, donde la mala calidad del agua ha llevado incluso al cierre en algunos momentos. Aunque se han puesto en marcha obras de saneamiento, éstas han sido paralizadas. También encontramos casos “históricos” de contaminación como los de las rías Navia (con vertidos de la industria papelera que provocan eutrofización y pérdida de vegetación autóctona, anulando la capacidad depuradora natural del estuario) o Villaviciosa (con problemas por las aguas residuales sin depurar y los abonos ganaderos ricos en nitratos, cuando hay lluvias intensas, que desbordan la capacidad de filtración natural de la ría, acumulando bacterias fecales patógenas en el agua y en los moluscos). 

Frente a la inercia de obras de ingeniería, es necesaria una transición hacia una gestión costera adaptativa basada en el respeto a los flujos sedimentarios naturales, la restricción del pisoteo humano y el  freno a la urbanización periférica de las playas. Es el caso de la playa de Los Quebrantos (Soto del Barco), cuyo sistema dunar desafía con éxito los pronósticos del cambio climático.

La costa asturiana se enfrenta a una crisis climática que cada vez deja impactos más visibles y violentos a los que se suman graves casos de contaminación. La Administración asturiana debe afrontar esta realidad para garantizar la supervivencia de su riqueza litoral”, ha declarado María José Caballero, responsable de la campaña de Costas de Greenpeace.

Demandas de Greenpeace

El informe concluye que el litoral y su biodiversidad no sobrevivirán ante el cambio climático. Es urgente una gestión costera adaptativa basada en:

  • Soluciones naturales que prioricen la restauración de la naturaleza frente a espigones y diques que agravan la erosión.
  • Frenar el ladrillo en zonas inundables y en los últimos tramos libres de la costa.
  • Planificar la retirada de viviendas e infraestructuras expuestas, asumiendo que gastar millones en reponer arena artificial es económicamente inviable.
  • Gestionar ríos y embalses para que la arena natural vuelva a llegar a las playas.
  • Diseñar el futuro de la costa bajo criterios científicos y la participación social, alejándose de los intereses políticos a corto plazo.

Notas:

  1. Las lluvias torrenciales hacen que disminuya la salinidad de forma brusca y almejas y berberechos tienen que cerrar sus valvas para protegerse, por lo que no pueden alimentarse ni respirar y mueren si las lluvias se extienden en el tiempo.


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