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Crisis climática en la costa balear: 10 puntos críticos, 2,3 millones en reparaciones de playas y 42 enclaves residenciales amenazados


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Greenpeace presenta hoy su informe Destrucción a Toda Costa 2026 donde muestra la grave crisis que sufre el litoral de las islas Baleares por los efectos cruzados de la presión humana y el cambio climático. El informe recoge los diez puntos críticos en el litoral balear, que pueden visualizarse en este mapa. La organización concluye que Baleares necesita una estrategia costera para sobrevivir 

Principales problemas de la costa balear

Las proyecciones científicas indican que para finales de siglo las aguas podrían elevarse entre 55 y 76 centímetros, provocando un retroceso de las playas de entre 7 y 50 metros y amenazando directamente a 42 enclaves residenciales del archipiélago.

El informe incide en el impacto de la ocupación abusiva del dominio público marítimo-terrestre (DPMT, la estrecha franja que delimita geográficamente los ecosistemas costeros que son críticos para la biodiversidad y la estabilidad de la propia tierra firme) y las reformas legislativas. La modificación de la Llei de Ports amplía las concesiones portuarias hasta los 75 años, flexibiliza la ejecución de obras sin control municipal y promueve usos turísticos y comerciales en la costa. Por su parte, la Llei del litoral de 2023 facilita la continuidad de terrazas privadas, establecimientos de restauración y chiringuitos en el DPMT o en sus zonas de servidumbre de protección anteponiendo el negocio hostelero a la necesidad física de liberar la playa para que actúe como defensa natural ante los temporales. Por estos motivos ha sido llevada ante el Tribunal Constitucional.

Este año se están produciendo ataques a la Ley de Costas por parte de casi todas las comunidades autónomas y por partidos políticos que no son, o no quieren ser, conscientes de que la emergencia climática ya ha llegado y es letal. Se habla de defensa del patrimonio para mantener construcciones en zonas de riesgo pero se ignora la realidad física: ni el mar ni el cambio climático van a respetar las excepciones administrativas

“Quienes señalan a la Ley de Costas como una ‘sentencia de muerte’ para los municipios, deben comprender que la verdadera sentencia se firmó el día que decidimos erróneamente que el cemento era más fuerte que el oleaje. Era otro tiempo. Es urgente entender que aferrarse a una costa que ya no existe no es proteger la economía, es financiar un naufragio anunciado”, declara Elvira Jiménez, responsable de la campaña de Costas en Greenpeace.

Los temporales asestan golpes destructivos a una costa rigidizada y desprovista de dunas naturales, causando pérdidas de arena y destrozos en Menorca (s’Algar, Sant Tomàs o Son Bou) e Ibiza (Talamanca y Ses Figueretes). En Sant Tomàs, la Demarcación de Costas ha renunciado a reconstruir estructuras dañadas al considerar que reparar de forma continua estas infraestructuras equivale a «tirar el dinero».

El punto más crítico del archipiélago se localiza en la bahía de Cala Millor (Mallorca), donde dos de sus dos kilómetros y medio de playa están ocupados por hoteles construidos sobre antiguas lagunas litorales. Las proyecciones muestran una alarmante pérdida de playa de hasta el 57% en la bahía general y del 95% en Sa Punta de n’Amer a final de siglo, provocando ya que el ascenso del nivel freático obligue a los hoteles a bombear agua para evitar la inundación de sus sótanos.

Impacto en los ecosistemas marinos

Los problemas no están solo en tierra, los ecosistemas marinos sufren un fuerte declive por el calentamiento de las aguas del Mediterráneo, donde la temperatura aumenta un 20% más rápido que la media global:

  • La endémica planta marina Posidonia oceanica padece una elevada mortalidad cuando la temperatura sube por encima de los 28 ºC, y presenta riesgo de extinción a mitad de siglo, lo que eliminaría la protección costera natural. Además, al deteriorarse los bosques sumergidos de posidonia, decenas de especies de roca y de gran valor comercial (como el salmonete, la maza, el mero, los sargos o el calamar) pierden sus principales zonas de puesta, reproducción y refugio de juveniles, reduciendo drásticamente el reclutamiento de nuevos ejemplares. 
  • Los episodios de calor extremo en el agua afectan también a organismos invertebrados ligados al fondo marino que sostienen la cadena alimentaria de los peces. Corales, esponjas y gorgonias mueren, desapareciendo hábitats esenciales para especies como la langosta roja de Baleares (Palinurus elephas) y mermando su supervivencia.
  • La macroalga Halimeda incrassata está colonizando rápidamente los fondos de arena desde 2011, alterando a la fauna nativa como el salmonete de fango o el some d’arena (lanzón).

Ejemplos de buenas prácticas

Frente a la inercia cortoplacista y miope, hay algunas buenas noticias en el litoral balear gracias a la aplicación de Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) y la retirada estratégica de infraestructuras:

  • En Cala Millor se proyecta el retraso de 18 metros del paseo marítimo para recuperar el ecosistema dunar destruido, ganando un margen de 30 años ante las inundaciones.
  • Para reducir la presión de los fondeos ilegales sobre la posidonia, se prevé instalar tres nuevos campos de boyas ecológicas en Porroig, Cala d’Hort e Illa de l’Aire.
  • Como caso de buenas prácticas destaca la limitación de la capacidad de carga turística y las restricciones de acceso en Cap de Barbaria, Caló des Mort y es Ram en Formentera, preservando las dunas de impactos mecánicos y asegurando así la supervivencia de los arenales.

“La costa balear se enfrenta a una crisis climática que cada vez deja impactos más visibles y violentos. La administración debe afrontar esta realidad para garantizar la supervivencia de su riqueza litoral”, añade Jiménez.

Demandas de Greenpeace

El informe concluye que el litoral y su biodiversidad no sobrevivirán ante el cambio climático. Es urgente una gestión costera adaptativa basada en:

  • Soluciones naturales que prioricen la restauración de la naturaleza frente a espigones y diques que agravan la erosión.
  • Frenar el ladrillo en zonas inundables y en los últimos tramos libres de la costa.
  • Planificar la retirada de viviendas e infraestructuras expuestas, asumiendo que gastar millones en reponer arena artificial es económicamente inviable.
  • Gestionar ríos y embalses para que la arena natural vuelva a llegar a las playas.
  • Diseñar el futuro de la costa bajo criterios científicos y la participación social, alejándose de los intereses políticos a corto plazo.


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