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Crisis climática en la costa de Cantabria: 14 puntos críticos y especies de pescado y marisco afectadas


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  • La presión humana, la subida del nivel del mar y la intensificación de los temporales ponen en peligro el litoral cántabro
  • Las intervenciones rígidas e inútiles en Santander, como la escollera de La Magdalena, aceleran la erosión causada por los temporales invernales
  • Especies como la merluza o la anchoa disminuyen su tamaño debido al aumento de temperatura del Cantábrico, y especies como el verdel o el bonito del norte se desplazan a aguas más frías
  • El descontrol de las viviendas turísticas ha provocado aumentos superiores al 70% del precio del alquiler

Greenpeace presenta hoy su informe Destrucción a Toda Costa 2026 (ver sección Cantabria) donde muestra los problemas que afronta la costa debidos a la crisis climática y la rigidez de las infraestructuras en el litoral. El informe recoge 14 puntos críticos del litoral cántabro que pueden consultarse en este mapa.

Principales problemas de la costa cántabra

Un análisis de sus 284 kilómetros de litoral revela que el modelo de desarrollo actual, basado en la explotación turística intensiva y la rigidez de las infraestructuras frente al mar, es insostenible ante la aceleración del cambio climático.

La presión es asfixiante en el ámbito de la vivienda. De las cerca de 3.000 Viviendas de Uso Turístico (VUT) registradas en el litoral, casi el 80% (2.358 viviendas) opera bajo autorizaciones provisionales o vacíos de inspección. Este descontrol ha provocado que en la última década el precio del alquiler en municipios como Ribamontán al Mar, Noja, Comillas y San Vicente de la Barquera haya escalado un 73% de media, estrangulando el acceso de los jóvenes a la vivienda. El fenómeno de la gentrificación ya golpea al interior: en Cabuérniga los precios de los inmuebles vacacionales igualan ya a las arterias más caras de Madrid. Mientras tanto, las inversiones municipales priorizan el turismo sobre la urgencia social, como los 135.000 euros gastados en Suances para un funicular de acceso a la playa.

Este año se están produciendo ataques a la Ley de Costas por parte de casi todas las comunidades autónomas, entre las que figura Cantabria, y de partidos políticos que no son, o no quieren ser, conscientes de que el cambio climático ya ha llegado y es letal. Se habla de defensa del patrimonio para mantener construcciones en zonas de riesgo pero se ignora la realidad física: ni el mar ni el cambio climático van a respetar las excepciones administrativas.

“Quienes señalan a la Ley de Costas como una «sentencia de muerte» para los municipios, deben comprender que la verdadera sentencia se firmó el día que decidimos erróneamente que el cemento era más fuerte que el oleaje. Era otro tiempo. Es urgente entender que aferrarse a una costa que ya no existe no es proteger la economía, es financiar un naufragio anunciado”, declara María José Caballero, responsable de la campaña de Costas de Greenpeace.

Insistir en combatir la pérdida de arena con cemento e infraestructuras rígidas se ha demostrado ineficaz y contraproducente ante el fuerte oleaje del mar Cantábrico. El frente marítimo de Santander personifica este fracaso: la escollera de La Magdalena, levantada con una inversión millonaria para retener artificialmente la arena, ha alterado nocivamente las corrientes de la bahía, acelerando la erosión en las zonas contiguas y provocando un grave impacto paisajístico. Asimismo, El Sardinero es sometido constantemente a trasvases artificiales de arena con maquinaria pesada; un gasto inútil puesto que el primer temporal del noroeste arrastra y lava por completo esos sedimentos en cuestión de días.

Los temporales invernales han agravado este déficit sedimentario crónico, provocando el colapso de la duna de Loredo —que ha dejado un talud vertical inestable de más de cinco metros de altura— y acelerando la pérdida de un metro de anchura al año en las playas de Somo y Loredo.

Las afecciones a la biodiversidad causadas por el calentamiento del Cantábrico son ya muy visibles:

  • Plaga del alga asiática: las playas de Tregadín y Ris (Noja) y la de Berria (Santoña) sufren la llegada masiva de esta especie invasora. Su retirada es crítica: las máquinas cribadoras tradicionales rompen su estructura y liberan esporas, multiplicando su reproducción por el litoral.
  • El calentamiento de las aguas cantábricas está provocando impactos en las especies pesqueras. Ya se ha documentado la disminución del tamaño de la merluza, el bocarte o el chicharro por falta de oxígeno. También desplazamientos hacia el norte del verdel, avance en el momento de la puesta de la anchoa y de la migración de los juveniles de bonito.

Ejemplos de buenas prácticas

Frente al cemento, Cantabria posee el mejor ejemplo de que la naturaleza se defiende mejor si se le devuelve su espacio: la restauración geomorfológica de la playa de Berria, en Santoña. Tras caducar la concesión de un antiguo camping que ocupaba la duna y bloqueaba los flujos de arena, se  desmantelaron estructuras rígidas y el asfalto, recuperando el 60% de la parcela libre.

Los resultados demuestran la viabilidad económica y ambiental del proyecto: durante los temporales invernales, la duna recuperada absorbió el impacto del oleaje de forma natural, actuando como un escudo flexible que impidió las inundaciones en las áreas urbanizadas adyacentes. Además, el ciclo del viento y las mareas mueven el sedimento de manera libre sin intervención humana, anulando por completo la necesidad de realizar las costosas y efímeras inyecciones artificiales de arena que se pagan anualmente con dinero público en otros puntos de la región.

El modelo de Berria confirma el camino científico a seguir: para salvar la costa cántabra es imperativo deconstruir los errores urbanísticos del siglo XX y devolver a las playas el espacio dinámico que el asfalto les arrebató.

La costa cántabra se enfrenta a una crisis climática y turística que cada vez deja impactos más visibles para la población. La Administración debe afrontar esta realidad para garantizar la supervivencia de su riqueza litoral”, añade Caballero.

Demandas de Greenpeace

El informe concluye que el litoral y su biodiversidad no sobrevivirán ante el cambio climático. Es urgente una gestión costera adaptativa basada en:

  • Soluciones naturales que prioricen la restauración de la naturaleza frente a espigones y diques que agravan la erosión.
  • Frenar el ladrillo en zonas inundables y en los últimos tramos libres de la costa.
  • Planificar la retirada de viviendas e infraestructuras expuestas, asumiendo que gastar millones en reponer arena artificial es económicamente inviable.
  • Gestionar ríos y embalses para que la arena natural vuelva a llegar a las playas.
  • Diseñar el futuro de la costa bajo criterios científicos y la participación social, alejándose de los intereses políticos a corto plazo.


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