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Crisis climática en la costa vasca: 15 puntos críticos, 4 millones en reparaciones de playas y varias especies de pescado y marisco afectadas 

Destrucción a Toda Costa 2026 
Greenpeace



Greenpeace presenta hoy su informe Destrucción a Toda Costa 2026 donde muestra la fragilidad de la costa vasca frente a los impactos del cambio climático. El documento analiza la vulnerabilidad de sus playas, acantilados y estuarios en una geomorfología compleja y sometida a una dinámica marina de alta energía. La intensa presión humana es otro factor de estrés para el litoral (el 32% de su población se concentra en tan solo el 18% del territorio). El informe recoge 15 puntos críticos de la costa vasca que pueden consultarse en este mapa. Por todo ello, la organización reclama soluciones naturales y control urbanístico como claves para la adaptación y conservación de la costa vasca.

Principales problemas en la costa vasca

Este año se están produciendo ataques a la Ley de Costas por parte de todas las comunidades autónomas, a excepción de Asturias, y por partidos políticos que no son, o no quieren ser, conscientes de que el cambio climático ya ha llegado y es letal. Se habla de defensa del patrimonio pero se ignora la realidad física: ni el mar ni el cambio climático van a respetar las excepciones administrativas.

“Quienes señalan a la Ley de Costas como una «sentencia de muerte» para los municipios, deben comprender que la verdadera sentencia se firmó el día que decidimos erróneamente que el cemento era más fuerte que el oleaje. Era otro tiempo. Es urgente entender que aferrarse a una costa que ya no existe no es proteger la economía, es financiar un naufragio anunciado”, declara María José Caballero, responsable de la campaña de Costas de Greenpeace..

Encontramos un claro ejemplo a los pies del acantilado de Cabo Ogoño, donde la playa de Laga ha visto retrasado un proyecto de renaturalización para mantener el parking. Las presiones de quienes visitan la playa en coche parecen más importantes que la supervivencia misma del arenal.

El tren de borrascas invernales impactó de forma severa sobre las infraestructuras costeras rígidas de la costa. Los costes de reparación han supuesto 4 millones de euros repartidos entre el río Estepona en Bakio, con un coste de 450.000 €; la playa de Itzurun en Zumaia; el paseo marítimo de Gorliz; la playa de Atxabiribil en Sopela y la playa de Ondarreta en Donosti (con un coste de reparación de 2,5 millones de euros). Como punto crítico destaca el gasto de 1,5 millones de euros en la remodelación del malecón de Zarautz, uno de los paseos costeros con mayor nivel de riesgo estructural ya que bloquea la dinámica de sedimentación natural, provocando la pérdida sistemática de arena y aumentando el impacto de los temporales en el casco urbano. Es continuar con el hormigón en un arenal que podría perder hasta el 30% de su superficie en 2050. Cuando las olas golpean un muro de hormigón, la energía no se absorbe; rebota con fuerza llevándose más arena y socavando las bases del muro. Definitivamente, no es un ejemplo ni de solución definitiva ni de  adaptación de las playas a los impactos cada vez más severos del cambio climático.

Amenazas a los ecosistemas marinos

La biodiversidad marina y costera está sufriendo ya graves impactos por causa del cambio climático. El calentamiento de las aguas del Cantábrico está provocando la disminución del tamaño de la merluza y el bocarte que modifican sus pautas de desplazamiento buscando aguas más frías y con mayor concentración de oxígeno. También desplazamientos hacia el norte del verdel, avance en el momento de la puesta de la anchoa y de la migración de los juveniles de bonito.

Varios proyectos de acuicultura amenazan también el litoral. El proyecto Aquacría Basordas, un parque acuícola para la cría y engorde de lenguado en la cala de Basordas (Lemoiz), sobre los terrenos de la antigua central nuclear. A nadie parece importarle que la acuicultura industrial intensiva de especies carnívoras introduzca graves desequilibrios como la eutrofización debido al vertido continuo de compuestos orgánicos, desinfectantes, bactericidas y antibióticos que contaminan el agua y reducen el oxígeno disuelto en la cala; o la sobreexplotación de otros caladeros ya que la alimentación de peces carnívoros requiere piensos fabricados con captaciones masivas de peces silvestres, o la incompatibilidad de una macrofactoría privada en un área catalogada como espacio de restauración y mejora ambiental en el Plan Territorial Sectorial del Litoral. 

Otro proyecto, el de las jaulas de engorde de atún rojo en Getaria, ha superado la fase piloto y se encamina hacia la explotación industrial. A diferencia de las instalaciones en el Mediterráneo, de aguas mucho más tranquilas, la dispersión de los desechos orgánicos (heces y restos de comida) será mucho más rápida. Además, los atunes confinados se alimentan de caballa y sardina en grandes cantidades. Los dueños, Itsas Balfegó, han dado el salto de Cataluña al País Vasco. En 2009 fueron denunciados por Greenpeace al intentar que se ampliaran los periodos de pesca de la especie basándose en estudios científicos que financió la propia empresa con un millón de euros.

Algunas buenas noticias

La mejor noticia para la calidad ecológica del litoral vasco es la retirada del proyecto del segundo  Museo Guggenheim Urdaibai (en Murueta) por su impacto sobre marismas protegidas. 

También positiva es la paralización de licencias de pesca profesional para la angula gracias a los informes que indican que la especie se encuentra en peligro crítico y fuera de los límites de seguridad.

“La costa vasca se enfrenta a una crisis climática que cada vez deja impactos más visibles y violentos. La administración debe afrontar esta realidad para garantizar la supervivencia de su riqueza litoral” añade Caballero.

Demandas de Greenpeace

El informe concluye que el litoral y su biodiversidad no sobrevivirán ante el cambio climático. Es urgente una gestión costera adaptativa basada en:

  • Soluciones naturales que prioricen la restauración de la naturaleza frente a hormigón, espigones y diques que agravan la erosión.
  • Frenar el ladrillo en zonas inundables y en los últimos tramos libres de la costa.
  • Planificar la retirada de viviendas e infraestructuras expuestas, asumiendo que gastar millones en reponer arena artificial es económicamente inviable.
  • Gestionar ríos y embalses para que la arena natural vuelva a llegar a las playas.
  • Diseñar el futuro de la costa bajo criterios científicos y la participación social, alejándose de los intereses políticos a corto plazo.

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