Carlos Luna Arvelo
Después del terrible sismo, denominado doblete por los especialistas en la materia, que azotó al país el 24 de junio y que vino a profundizar una crisis que, desde el 3E, parecía haber llegado a límites inimaginable, no encontramos palabras para racionalizar lo que se vive.
Que la potencia dominante pudo ser la responsable del sismo en Venezuela es una tesis que algunos señalan de peregrina, pero de lo que poco se dice o se dice menos, cada vez, es de la responsabilidad que si tiene ese imperio en la crisis en que se ha mantenido Venezuela en esta última década.
Más allá de las incapacidades, deficiencias y defectos del gobierno venezolano, el impacto de las sanciones económicas a un país que casi fue llevado a un paso del "colapso económico", por esta vía, no pueden ser olímpicamente ignoradas como lo hacen los que señalan al gobierno de Delcy (hoy tutelado por los EE UU) de ser incapaz y de no afrontar oportuna y eficientemente la crisis que se deriva del sismo del 24J.
Que el país hoy no cuente con los aprestos operacionales para dar respuesta efectiva e inmediata a la crisis post 24J, es parte también de las consecuencias de lo que el imperio ha logrado después del 3E.
Acaso no es sabido por todos que la política nacional hoy se decide antes en Washington que en la misma Caracas. Porque a muchos les cuesta entender que la permanencia de Delcy y sus allegados en el poder responde más a necesidades e intereses pragmáticos de Donald Trump y su gobierno que a ningún propósito de ayudar a los venezolanos.
Como dice un meme viralizado en redes "ya deberías estar grandecito como para andar pensando que los gringos van a venir a salvarnos de algo que ellos mismos inventaron". Es de ingenuos, utilizando un calificativo generoso, creer que a Trump le interesa de Venezuela algo distinto al petróleo, los minerales y las riquezas de este país.
Así como también es infantil creer eso de que Trump convertirá este país en el estado 51, como sueñan quienes ignoran la historia estadounidense y el trato supremacista brindado a los países que no pasan de asumir como satélites, basta ver la historia de Puerto Rico y el tratamiento que ha recibido al respecto.
Es claro que Delcy se mantiene en el poder en Venezuela porque ello es funcional a los intereses de Washington y que bastaría que eso dejará de ser así para imponer cualquier cambio político.
Y será así por un buen tiempo, dado que por muy derrotado que haya salido EEUU en la guerra con Irán, como viene ocurriendo, es claro que el imperio no soltará la presa Venezuela que hoy, después de tanto empeño mantiene en sus fauces.
No importa lo que pase con Trump en noviembre, la política imperial contra Venezuela es una misma y no sufrirá mayores variaciones, independiente de los individuos que la ejecuten.
Así que pierden su tiempo esos que insisten en que a Trump lo engañan y que apuestan a que la solución de Venezuela vendrá cuando Trump imponga a María Corina y ésta se posesione.
Cómo también pierden el tiempo los que apuestan a que la alianza del gobierno heredado del 3E con los EE UU, para cortarle el paso a MCM, es una salida coyuntural a la crisis.
No es que Trump quiera más a Delcy, a su hermano y a Diosdado, es que son los que en estás horas difíciles le sirven mejor.
Es claro que tiene poco respeto por alguien que, con la abyecion demostrada con lo del Nobel, demostró tener poca valía.Pero como dijimos antes, no es un asunto moral, es una cuestión práctica, no le sirve a sus intereses en Venezuela. Y si algo sabe Trump es que los dirigentes políticos opositores venezolanos además de corruptos, he allí la experiencia de Juan Guaido, son incapaces y no han contado con respaldo mayoritario.
Mientras el pueblo mayoritario permanece desesperanzado sobreviviendo ante el oportunismo, de unos y otros, y enfrentando las duras consecuencias de la lucha encarnizada por el control de la renta petrolera, que ahora EE UU maneja de forma expedita a través de un gobierno tutelado.
EE UU en su historia además de haberse especializado en hacer guerras en el mundo, para agenciarse el domino y el control, también se ha especializado en hacer de la reconstrucción de los países que devasta un negocio, por eso es claro quien llevará a cabo el "negocio" que deja la tragedia de La Guaira y quién el mayor beneficiario de todos.
Carlos Luna Arvelo

