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El cambio climático pondrá a prueba las infraestructuras de transporte

Mientras las autoridades de transporte europeas se esfuerzan por hacer frente al derretimiento de las vías férreas y al abombamiento de las carreteras en medio de una sofocante ola de calor, un informe advierte de fenómenos meteorológicos aún más extremos en las próximas décadas para Europa, Asia Central y América del Norte.


Naciones Unidas.- La intensa ola de calor que afecta a Europa es un anticipo de un problema mucho mayor. Un informe de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa advierte de que el cambio climático someterá a carreteras, trenes, puertos, aeropuertos y vías navegables a fenómenos meteorológicos cada vez más extremos durante las próximas décadas.

"El actual episodio de calor extremo en Europa occidental ha puesto de manifiesto los riesgos climáticos y sus consecuencias para el transporte", declaró a Noticias ONU un portavoz de la Comisión.

La agencia señala que el calor ya está provocando retrasos y cancelaciones de trenes en varios países europeos, entre ellos Bélgica, Dinamarca, Francia y el Reino Unidos, por la deformación de las vías, el deterioro del asfalto, el fallo del aire acondicionado a bordo, el sobrecalentamiento de los sistemas de señalización y las dificultades para la navegación fluvial.

50 días más al año por encima de los 25ºC y enormes costes financieros

De cara a la segunda mitad del siglo, las infraestructuras de transporte tendrán que soportar entre 10 y 50 días más al año con temperaturas superiores a los 25 grados centígrados. Por su parte, el aumento de las lluvias intensas y de las inundaciones incrementará el riesgo de deslizamientos de tierra y daños en carreteras y líneas ferroviarias.

El informe concluye que las pérdidas económicas derivadas de los fenómenos meteorológicos extremos pueden dispararse si no se actúa.

"Los sistemas de transporte son vitales para el buen funcionamiento de nuestras sociedades y economías", afirmó la secretaria ejecutiva de la Comisión, Tatiana Molcean, pero "las interrupciones pueden tener consecuencias dramáticas para las comunidades y suponer enormes costes financieros".

Por ejemplo, durante la temporada de huracanes del Atlántico de 2024 se registraron daños por valor de 232.000 millones de dólares, con pérdidas específicas en los puertos estimadas en 7500 millones de dólares al año y un riesgo sistémico anual para el transporte marítimo mundial, el comercio, las cadenas de suministro y la actividad económica estimado en 81.000 y 122.000 millones de dólares, respectivamente.

El documento también presenta proyecciones preocupantes para las regiones, con lluvias intensas en zonas ya afectadas por fenómenos extremos, entre ellas la costa occidental de Noruega, los Alpes, los Balcanes, el norte de Türkiye, partes de Asia Central, la costa de la Columbia Británica y la costa este de Estados Unidos.

Estas condiciones aumentarían el riesgo de deslizamientos de tierra, fallos en los terraplenes, sobrecarga de los sistemas de drenaje y destrucción de infraestructuras en carreteras, ferrocarriles y vías navegables interiores.

Un niño pequeño juega en una fuente mientras un hombre y un bebé en un cochecito se refrescan al fondo en un caluroso día de verano en Italia.
© Adobe Stock/Michele Ursi Un niño se refresca en una fuente durante una ola de calor en Italia.

La adaptación "es un imperativo"

La Comisión subraya que adaptar las infraestructuras ya no es una opción, sino una necesidad urgente.

"Dado que los fenómenos meteorológicos extremos ya no son un riesgo futuro, sino una realidad actual, la adaptación de las infraestructuras de transporte es un imperativo", afirmó Molcean.

Según el informe, cada dólar invertido en adaptación climática genera más de diez dólares en beneficios económicos, sociales y ambientales.

Por ello, pide a gobiernos y empresas acelerar las medidas para reforzar la resiliencia de los sistemas de transporte. 

Los intensos rayos del sol se filtran entre los árboles, creando un efecto de ola de calor brillante sobre el asfalto mojado en un entorno urbano.
© Adobe Stock/Napol El calor extremo puede afectar a sectores de infraestructura como el transporte, cuando las carreteras, las pistas de aterrizaje y las vías férreas comienzan a deformarse.

Herramientas para hacer frente a los episodios de calor

El informe también cartografía las principales redes y nodos de transporte terrestre de la región que requieren atención específica.

Contiene una serie de mapas con proyecciones de temperatura y precipitaciones para distintos umbrales con el fin de ayudar a los gobiernos y a los profesionales del transporte a comprender las condiciones cambiantes y fomentar análisis a escala local sobre las vulnerabilidades de los sistemas de transporte.

Consulte los mapas.

La Comisión también recoge estrategias nacionales de adaptación que ya están en marcha:

  • Francia: Un plan nacional de adaptación y una iniciativa sobre la trayectoria del calentamiento preparan al país para aumentos de temperatura de hasta +3 °C para 2100 e incluyen una evaluación de la vulnerabilidad de 21.073 kilómetros de la red nacional de carreteras, junto con la elaboración de una estrategia de adaptación para 3000 estaciones de tren
  • Alemania: Después de que un desprendimiento de rocas de 16.000 metros cúbicos provocara el cierre durante siete semanas de una ruta ferroviaria de mercancías clave en Europa, un análisis del impacto climático de los flujos de escombros y movimientos de ladera en la red ferroviaria del país utilizó mapas de alta resolución para evaluar la exposición al riesgo y ayudar a los operadores a priorizar las medidas de protección
  • Portugal: Una evaluación de los riesgos climáticos y de la resiliencia del Sistema de Movilidad de Mondego, de 42 kilómetros, permitió diseñar una nueva red de autobuses de tránsito rápido que identificó medidas de adaptación frente a inundaciones, deslizamientos de tierra e incendios forestales, lo que dio lugar a la implantación de pavimentos resistentes a altas temperaturas y sistemas de drenaje diseñados para soportar caudales correspondientes a inundaciones con un periodo de retorno de 100 años

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