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Javier Milei: la tierra es de quien (no) la trabaja

ESCRITOS CR脥TICOS
Jorge Majfud

El 26 de julio de 2026, en un discurso para la Sociedad Rural , el presidente de argentina Javier Milei, con su entonaci贸n m谩s propia de los “comunicados a la poblaci贸n” de la 煤ltima dictadura militar ley贸 en un podio:

Esta tierra es m铆a, yo la trabaj茅 entonces es m铆a su cosecha”.

La idea hace referencia a la fundaci贸n del liberalismo capitalista por parte de John Locke, quien escribi贸:

el pasto que ha comido mi caballo; las hierbas que mi siervo ha cosechado; y los minerales que he excavado en cualquier lugar donde tenga derecho a ellos en com煤n con otros, todo se convierte en mi propiedad, sin necesidad de asignaci贸n o consentimiento de nadie; el trabajo que era m铆o, el que sac贸 todo eso del estado com煤n en que estaban, los ha transformado en ellos mi Propiedad”.


John Locke: Toda porci贸n de tierra que un hombre labre, mejore y cultive se convierte en propiedad suya


Ni Locke ni mucho menos Milei trabajaron ninguna tierra apropiada sino sus siervos, como el mismo Locke lo deja en claro, pero esta fantas铆a fundadora de la privatizaci贸n de las tierras comunales europeas primero y de todas las tierras nativas en Am茅rica, Asia y Asia despu茅s les sirve de confirmaci贸n fan谩tica para expropiar, matar y robar no s贸lo el trabajo ajeno sino sus tierras tambi茅n.

A continuaci贸n, un cap铆tulo de libro Moscas en la telara帽a. Historia de la comercializaci贸n de la existencia―y sus medios (2023). Hemos retomado esta idea en otro cap铆tulo de nuestro 煤ltimo libro Taw铆scara. El secuestro de la democracia (2026), donde mostramos y demostramos que el 煤nico ejemplo de democracia real, la nativo americana, fue posible por su ausencia de propiedad privada de acumulaci贸n. La misma idea y las mismas referencia publicamos en art铆culos en medios latinoamericanos, los cuales seguramente el presidente Milei no ley贸 ninguno.

John Locke: la tierra es de quien (no) la trabaja

La concentraci贸n de tierra en menos manos produjo tambi茅n la concentraci贸n de poblaci贸n en menos ciudades. En 1500, cuando Tenochtitlan (M茅xico) era una ciudad racionalmente planificada, higi茅nica, con un mercado intenso y su poblaci贸n ascend铆a a 400.000 habitantes, Londres era una ciudad sucia e insalubre con apenas 60.000 habitantes. Para 1700 segu铆a siendo sucia e insalubre, o m谩s que antes, y su poblaci贸n llegaba a 600.000. En 1890, en el apogeo del imperialismo global brit谩nico, lleg贸 a 5,5 millones. Estos n煤meros esconden un factor fundamental: la precarizaci贸n de la existencia en manos del mercado convirti贸 a due帽os y arrendatarios estables en asalariados o arrendatarios inestables, ambos sujetos a las vol谩tiles leyes del mercado. Nada vol谩tiles para aquellos ocupados en el proceso de acumularon capitales. Los despose铆dos por la agresiva mercantilizaci贸n de la tierra inglesa migraron a la gran ciudad como en el siglo XIX los esclavos liberados, nuevos ciudadanos pero sin tierra, debieron buscar trabajo en las grandes ciudades estadounidense para sobrevivir de las propinas o, m谩s recientemente en el siglo XX, los ind铆genas, negros y campesinos pobres latinoamericanos sin tierra fueron a buscar trabajo en las industrias y servicios de las grandes ciudades y terminaron creando masivos asentamientos suburbanos llamados favelas o villas miseria. Un proceso que, como siempre, repet铆a otros en las naciones imperiales llamadas “desarrolladas” pero de forma tard铆a y sin posibilidades para expandirse de forma autoritaria en otras regiones del mundo ya ocupadas por los imperios dominantes.

Los despose铆dos ingleses fueron la fuerza principal que produjo la Revoluci贸n industrial, as铆 como siglos m谩s tarde los esclavos en las Am茅ricas y los despose铆dos hasta m谩s recientemente fueron y son la fuerza principal en la provisi贸n de materias primas baratas para ese mismo proceso que ya lleva unos cuantos siglos. De la misma forma que el despojo de tierras y de derechos del campesino durante el feudalismo (como el derecho a habitar, el derecho a las tierras comunales y el derecho a una renta fija) produjo rebeliones en continentes perif茅ricos o coloniales, como Am茅rica Latina, as铆 habr铆a ocurrido antes en la misma Europa y, m谩s precisamente, en el centro de este nuevo cambio de paradigma social: Inglaterra.

Est谩 de m谩s decir que en esta aventura humana, una minor铆a (de clase, de nacionalidad) acumul贸 casi todos los beneficios y todos los cr茅ditos resultantes del esfuerzo colectivo. Como lo analiz贸 la historiadora Ellen Wood, “s贸lo los avances tecnol贸gicos no fueron responsables por la llamada ‘revoluci贸n agr铆cola’, base de la industrializaci贸n posterior; por otra parte, los cambios tecnol贸gicos que iniciaron la ‘Revoluci贸n industrial’ fueron, en todos los casos, muy modestos”.[i] Hay que agregar que esos y otros avances tecnol贸gicos ya estaban en marcha en India y Bangladesh antes de ser destruidos por el luminoso Imperio Brit谩nico a fuerza de ca帽贸n, de leyes proteccionistas y de imposiciones mercantiles en nombre de un libre mercado estrat茅gicamente destruido en beneficio de la civilizada Europa. Del detalle de los cientos de millones de muertos en el proceso, hablaremos m谩s adelante.

El famoso pol铆tico y escritor ingl茅s, Thomas More, se consideraba a s铆 mismo uno de los desplazados por la privatizaci贸n y concentraci贸n de la tierra. Como en muchos casos el fen贸meno estaba motivado por la expansi贸n de los criadores de ovejas, More lo defini贸 en su cl谩sico libro Utop铆a como el proceso por el cual “las ovejas se comen a los hombres”.[ii] A fines del siglo XVIII, un nuevo invento reemplazar谩 la lana y el lino por el algod贸n, el que ya era ampliamente usado en Asia. Como siempre, alguien de abajo pagar谩 por ese nuevo progreso. En este caso, ser谩n los esclavos del Sur de Estados Unidos primero y, a partir de 1836, los mexicanos con la expansi贸n de la esclavitud estadounidense y la p茅rdida de m谩s de la mitad de su territorio. Finalmente, como lo observa la historiadora Ellen Wood, el despojo y desalojo de los campesinos por la fuerza en Inglaterra fue legalizado por el Parlamento y luego legitimado como Ley de la naturaleza y Voluntad de Dios por intelectuales como John Locke.

En su Second Treatise of Government, publicado en 1639 de forma an贸nima, Locke (no un desplazado sino un terrateniente) reflexion贸 sobre uno de los mayores temas de discusi贸n de la 茅poca, el problema de la propiedad, operando una transici贸n narrativa que justific贸 de forma insuperablemente efectiva, el nuevo predominio de la propiedad privada sobre la propiedad comunal: “Dios, que ha dado el Mundo a los Hombres en posesi贸n com煤n, tambi茅n les ha dado la raz贸n para hacer uso de 茅l para la mejor ventaja de la Vida y conveniencia (…) Todos los frutos que produce la naturaleza y las bestias que alimenta pertenecen a la Humanidad en com煤n (…) Ning煤n cuerpo tiene originalmente un Dominio privado, exclusivo del resto de la Humanidad, ya que est谩n as铆 en su estado natural. Sin embargo, al estar dados para el uso de los Hombres, debe haber necesariamente un medio para apropiarse de ellos. La fruta, o venado, que alimenta al indio salvaje, que no conoce cercado, y es todav铆a un inquilino en com煤n, debe ser suyo y tan suyo, es decir, una parte de 茅l, que otro ya no puede tener ning煤n derecho sobre 茅l”. M谩s adelante entiende la propiedad privada como aquello que el trabajo de un individuo ha agregado o sacado de la naturaleza: “El trabajo de su cuerpo y el trabajo de sus manos, podemos decir, son propiamente suyos. Entonces, todo lo que saca del Estado que la Naturaleza ha proporcionado y lo ha dejado, lo ha mezclado con su Trabajo y le ha unido algo que es suyo, y por lo tanto lo convierte en su Propiedad”.

Hasta aqu铆 podr铆a ser acusado de comunista por alg煤n mayordomo del siglo XX o, incluso, del siglo XXI. Pero en 1689, cien a帽os antes de la Toma de la Bastilla del otro lado del canal, el padre del liberalismo realiza un enroque casi inadvertido sobre el problema de la propiedad privada de la tierra (siempre recurriendo a Dios), momento preciso del nacimiento ideol贸gico del sistema capitalista: “Pero el asunto principal de la Propiedad no es ahora los Frutos de la Tierra, y de las Bestias que subsisten en ella, sino de la Tierra misma (…) Creo que es claro que la Propiedad en eso tambi茅n se adquiere como lo primero. Cuanta tierra labre, plante, mejore, cultive y pueda usar el producto de un hombre, tanto es su propiedad. 脡l, por su Trabajo, lo excluye, por as铆 decirlo, del Com煤n (…) Dios, cuando dio le dio a toda la Humanidad el Mundo en propiedad com煤n, mand贸 al Hombre tambi茅n a trabajar, y la penuria de su Condici贸n se lo exigi贸. Dios y su Raz贸n le ordenaron sojuzgar la Tierra, es decir, mejorarla en beneficio de la Vida, y poner en ella algo que era suyo, su trabajo. El que en obediencia a este Mandato de Dios, someti贸, labr贸 y sembr贸 cualquier parte de ella, le anex贸 algo que era su propiedad, sobre la cual otro no ten铆a t铆tulo, ni pod铆a quitarle sin perjuicio”.

Pero a煤n fata un paso m谩s: la intermediaci贸n capitalista en la expropiaci贸n del plusvalor ajeno. De la idea de que alguien que trabaja la tierra es su propietario natural y hasta propietario privado (idea revindicada por los socialistas y revolucionarios del Tercer mundo y de todas a las reformas agrarias), a la intermediaci贸n de que su propietario no es quien la trabaja sino quien ha invertido un capital, hay un 煤ltimo y decisivo paso. “De modo que Dios dio Autoridad para la apropiaci贸n. La Condici贸n de Vida Humana, que requiere Trabajo y Materiales para trabajar, necesariamente introduce Posesiones privadas”. Locke y la historia pasa del “derecho de quien trabaja la tierra” al derecho por t铆tulo (propiedad privada), lo que luego convertir谩 la tierra en un indiscutible bien de compra y venta. Un bien de mercado cualquier otro, como una camisa o un jarr贸n producido en un taller, a pesar de que la tierra sigui贸 siendo “un bien natural” y una camisa o un jarr贸n “productos creados por el trabajo”. Luego de un salto sobre esta contradicci贸n, se llega al art铆culo de propaganda del sistema dominante. Seg煤n Locke, la “conservaci贸n de la Vida, de las Libertades y de los Bienes, los llamo por el su nombre general: Propiedad”. Ahora ¿c贸mo hacer efectiva y c贸mo proteger esta nueva realidad de quienes no est谩n de acuerdo? Pues, como siempre, recurriendo al monopolio de la coerci贸n: “Por lo tanto, el gran y principal fin de los hombres que se unen en comunidades y se ponen bajo el gobierno es la preservaci贸n de su propiedad”.[iii]

De este proceso inicial de convertir en un derecho de propiedad el despojo de los trabajadores de las tierras comunales en Inglaterra a practicar lo mismo en las Am茅ricas hay un solo paso llamado Atl谩ntico, no muy dif铆cil de realizar. El colonialismo y el imperialismo en el “nuevo mundo”, en 脕frica y luego en Asia no son otra cosa que la continuaci贸n de esta convicci贸n y pr谩ctica exitosa de acumulaci贸n de riquezas, de la misma forma que la conquista espa帽ola en el mismo continente fue una continuaci贸n de su fanatismo medieval, desarrollado durante los ocho siglos de luchas contra los musulmanes en la pen铆nsula Ib茅rica.

El mismo John Locke lo teoriz贸 en su Cap铆tulo V sobre la propiedad, especie de Evangelio capitalista. Para Locke, tomar “tierra improductiva” de los indios americanos era un derecho y una obligaci贸n, ya que con ese despojo no se le estaba quitando nada a la Humanidad sino que, por el contrario, se le estaba dando algo―la idea de que los salvajes, como las mujeres, no ten铆an alma era tema de debate; no era debatible el hecho de que no pertenec铆an a la Humanidad y mucho menos a la Civilizaci贸n.

La explotaci贸n imperial de recursos ajenos fue practicada por varias potencias europeos, pero el origen y desarrollo del capitalismo estuvo en Inglaterra. Podemos agregar que la continuidad de este proceso es bastante obvia: el despojo basado en las leyes del mercado fue practicado por Inglaterra primero sobre sus propios campesinos, luego sobre Irlanda y, finalmente, sobre el resto del mundo. Una vez que Irlanda adopt贸 las nuevas reglas impuestas a la fuerza por sus vecinos ingleses y escoceses, y en el siglo XVII comenz贸 a significar una competencia para Inglaterra, Londres ech贸 mano al viejo recurso de suspender sus propias leyes y contradecir su propio serm贸n para imponer restricciones que impidiesen cualquier independencia de su primera colonia. Los irlandeses despose铆dos por el nuevo r茅gimen se vendieron a s铆 mismos como esclavos indenture en las colonias de Norteam茅rica, 脕frica y en India para la gigante privada East India Company, una de las primeras extensiones del imperialismo brit谩nico. Luego de ser discriminados por pobres y por blancos imperfectos, con el tiempo y gracias al color de su piel (el mayor capital disponible de los inmigrantes pobres) sus hijos se convirtieron en administradores de segunda o en exitosos hombres de negocios. De igual forma, el pr贸ximo imperio dominante, Estados Unidos, primero ensay贸 sus m茅todos de colonialismo corporativo en M茅xico, Am茅rica Central y el Caribe antes de proyectarlo a otros continentes. Una diferencia notable radic贸 en que el Imperio Brit谩nico comenz贸 como una compa帽铆a privada en sus colonias y termin贸 como un gobierno central administrando directamente sus propias colonias. Estados Unidos procedi贸 de la forma contraria. Luego de una etapa fuertemente proteccionista, Washington (como antes Londres) predic贸 el libre mercado y la democracia para el resto de las rep煤blicas al sur y destruy贸 ambos cada vez que amenazaron con salirse de su 贸rbita de influencia desafiando el imperio comercial de sus transnacionales privadas. En la actualidad, la coerci贸n militar directa (tanto la imperial en la esfera internacional como la criolla en la esfera nacional de las rep煤blicas m谩s d茅biles) ha sido reemplazada por la coerci贸n econ贸mica y el resguardo indirecto de la fuerza militar. Las transnacionales privadas, como en un sistema feudal global, contin煤an dominando la vida social, pol铆tica y econ贸mica de distintos continentes, pero la coerci贸n se ejerce a trav茅s de los Estados locales y 茅stos lo ejercen sobre sus pueblos a trav茅s de la prensa dominante nacional y de ej茅rcitos nacionales que rara vez se involucran en alg煤n conflicto con otras rep煤blicas pero la coerci贸n directa e indirecta sobre sus propios pueblos es permanente. Aquellos casos que se salen de un estado de obediencia y funcionalidad, sean democracias o dictaduras, son inmediatamente acosados y bloqueados, siempre en base al discurso pol铆ticamente correcto del momento, el que suele ser la libertad (del mercado) y el imperio de la democracia (la oligarqu铆a criolla). Esta realidad es dif铆cil de visualizar por quienes la sufren y f谩cil de enmascarar por la propaganda, cuyo principio central consiste en la fragmentaci贸n y la simplificaci贸n, algo semejante a la fe sectaria y religiosa. Es muy dif铆cil llamar “dictadura” a un sistema global que ha reemplazado a la misma naturaleza. La ley del mercado, aunque est谩 llena de pol铆tica y es una ideolog铆a en s铆 misma, es representada y percibida como la Ley de la gravedad de Newton (abolida hace un siglo por Einstein).

Todo derecho tiene su ideolog铆a. Para esta nueva teor铆a que se naturalizar谩 como algo obvio e incuestionable en los siglos por venir, el derecho a la propiedad proced铆a de quien la trabajaba. Algo que suena a una vieja reivindicaci贸n de la izquierda latinoamericana durante el siglo XX y de los reclamos por una reforma agraria, tambi茅n resumida en esl贸ganes como “a desalambrar”,[1] lo cual, como vimos, parad贸jicamente hunde sus ra铆ces en la reacci贸n contra el cercado de tierras comunales (enclosure) en Inglaterra al comienzo del Capitalismo. No por casualidad aquellos gobiernos democr谩ticos que lo intentaron, como el de Jacobo 脕rbenz en Guatemala, fueron eliminados por golpes de Estados promovidos por las corporaciones (los nuevo se帽ores neofeudales, campeones del neoliberalismo). As铆, el original derecho de un capitalista a apropiarse de una “tierra improductiva” no aplicaba ni aplica al derecho de un pueblo de trabajadores sin tierra o de un gobierno popular a expropiar tierra improductiva (incluso compensando al expropiado seg煤n el valor del mercado, como fue el caso de Guatemala en los 50s).

Pero es justo en este momento en que ocurre una de esas abstracciones que cambian el significado de forma que el d铆a se convierte en noche en pocos minutos. Locke comienza insistiendo que la tierra es propiedad de quien la trabaja (de quien le agrega algo con su propio esfuerzo) y termina traspasando ese derecho del valor de uso al valor de cambio, es decir, a aquel que paga por ella, no quien la usa o la trabaja. La historiadora Ellen Meiksins Wood observ贸 este preciso momento en 2002 con absoluta claridad, cuando afirm贸 que el “茅nfasis en la creaci贸n de valor de cambio como la base de la propiedad es crucial en la teorizaci贸n de la propiedad capitalista”.[iv] Luego de considerar que si los hombres se hubiesen conformado con la propiedad comunal, aunque basada en la abundancia de que Dios la hab铆a provisto, hubiesen muerto de hambre. Por esto, los hombres (algunos hombres) tomaron parte de esa propiedad en com煤n y, al trabajarlo lo convirtieron en su propiedad privada, algo que no depende del consentimiento de los comuneros que usufruct煤an esas tierras. Luego, Locke razona (aqu铆 el ejemplo cl谩sico):el pasto que ha comido mi caballo; las hierbas que mi siervo ha cosechado; y los minerales que he excavado en cualquier lugar donde tenga derecho a ellos en com煤n con otros, todo se convierte en mi propiedad, sin necesidad de asignaci贸n o consentimiento de nadie; el trabajo que era m铆o, el que sac贸 todo eso del estado com煤n en que estaban, los ha transformado en ellos mi Propiedad”.[v] La misma Wood observa que Locke (y, consecuentemente, el resto de los capitalistas) consideran que “las hierbas que mi siervo ha cosechado” y “los minerales que yo he excavado” son la misma cosa. Es decir, el naciente capitalismo y el feudalismo convivieron en beneficio del primero. Actualmente no es muy diferente, s贸lo que se ha reemplazado la fea palabra siervo por asalariado.

Inglaterra no s贸lo impuso el enclosure (privatizaci贸n de la tierra por cercado) a Irlanda y a Norteam茅rica, sino tambi茅n a India y Bangladesh, con el mismo resultado: al tiempo que las minor铆as en el poder pol铆tico y comercial se enriquec铆an a escala astron贸mica, los pueblos que perdieron sus tierras comunales, su forma de vida, de producci贸n y consumo, sufrieron hambrunas masivas con decenas de millones de muertos. Pero la privatizaci贸n de la tierra se extendi贸 tambi茅n a la privatizaci贸n del agua, de los r铆os y de sus peces (como en India 1870 y con el Private Fisheries Protection Act de 1897), bajo la excusa de hacer que la poblaci贸n sea m谩s productiva seg煤n las leyes del mercado y seg煤n los intereses de los due帽os del “libre mercado”.[2]

Con el tiempo, desde el punto de vista de esta mentalidad extractiva, “siervo”, “esclavo” y “trabajador asalariado” ser谩n variaciones de la misma cosa. Esta idea, dif铆cil de tomar en serio por la mayor铆a de los europeos de su 茅poca y, sobre todo, por los habitantes del resto del mundo hasta no hace mucho, tiene un antecedente en Norteam茅rica, 29 a帽os despu茅s de la creaci贸n de la poderosa e imperial compa帽铆a privada East India Company en 1600 (cuya bandera fue, por un par de siglos, la misma que la adoptada por Estados Unidos, con trece franjas rojas y blancas). En 1629, el puritano hijo de ricos terratenientes ingleses y primer gobernador de Massachusetts, John Winthrop, lo hab铆a resumido de la siguiente forma: “Dios ha dado a los hombres un doble derecho sobre la tierra; hay un derecho natural, y un derecho civil. El primer derecho era natural cuando los hombres pose铆an la tierra en com煤n… Luego, a medida que aumentaban los hombres y sus ganados, se apropiaron de ciertas parcelas por encierro y se les otorg贸 un derecho civil… Los nativos americanos no cercan ninguna tierra… Si les dejamos suficiente para su uso, podemos leg铆timamente tomar el resto”.[vi] Exactamente las mismas ideas justificadoras aplicadas a los m谩s civilizados irlandeses poco antes, sobre todo en el Ulster.

A juzgar por estas palabras y por la historia posterior, para entonces el derecho natural ya se hab铆a convertido en algo irrelevante. Aparte de recurrir a Dios y las Leyes naturales para justificar el despojo de los due帽os anteriores de sus tierras, el mismo Winthrop explica la alta mortandad de los nativos recurriendo al mismo argumento: “Dios ha consumido a los indios con grandes pestes, de modo que quedan pocos habitantes”.[vii] Fue Dios; no fuimos nosotros quienes trajimos las pestes a las Am茅ricas que, en algunos casos, redujeron la poblaci贸n nativa al diez por ciento y, aun as铆, segu铆an siendo naciones tan populosas como las mismas colonias europeas.

En 1971, mi amigo Ariel Dorfman y el soci贸logo Armand Mattelart publicaron Para leer al pato Donald. Los autores observaron que “todos los intentos de Disney se basan en la necesidad de que su mundo sea aceptado como natural (…) en esto reside el hecho de que su mundo est茅 poblado por animales”. Los primitivos cantan, bailan y, a veces, por divertirse, hacen revoluciones. “No habiendo otorgado a los buenos salvajes el privilegio del futuro y del conocimiento, todo saqueo no parece como tal, ya que extirpa lo que es superfluo [el oro, el petr贸leo, la materia prima]. El despojo capitalista irrefrenable se escenifica con sonrisas y coqueter铆a. Pobres nativos. Qu茅 ingenuos son. Pero si ellos no usan su oro, es mejor llev谩rselo. En otra parte servir谩 de algo”.[viii] Es decir, John Locke con esteroides, s贸lo que tres siglos m谩s tarde. Si el bien, la propiedad no es traducida al valor de cambio, no es propiedad y hay que convertirla en tal.

Pero volvamos al origen del fen贸meno. Mientras los m谩s ricos cercaban las tierras de Gran Breta帽a, los parlamentos legalizaban el despojo, los intelectuales del poder lo legitimaban y se produc铆a una ola de vagabundos. El resto de los campesinos tuvo que competir por el acceso y arrendamiento de tierra y luego por la colocaci贸n de sus productos en el mercado. Los perdedores se hundieron en la miseria o migraron a las ciudades donde m谩s tarde se convertir铆an en el proletariado, propiciando la Revoluci贸n industrial inglesa, la que fue una revoluci贸n total. No s贸lo se tradujo en una forma diferente de producir y en un nuevo imperio que invadir铆a casi todos los pa铆ses del mundo para interrumpir otros procesos de desarrollo y multiplicar su propia acumulaci贸n, sino que cre贸 una nueva moral (la victoriana) y nuevos conceptos de belleza, los que, a su vez, reforzar铆an el racismo imperial.[3]

Esta parad贸jica p茅rdida de propiedad de los campesinos por la privatizaci贸n de sus tierras se confirm贸 con la introducci贸n de vallados de la propiedad. En Francia, donde los campesinos eran propietarios de su tierra y los arrendatarios pagaban un precio fijo, la presi贸n de la competencia por la renta y por la producci贸n era menor que en Inglaterra. El capitalismo inicial (como lo propuso Wood, surgido en el campo ingl茅s y no en el comercio de las ciudades) result贸 m谩s efectivo que el feudalismo medieval como sistema dominante, pero promovi贸 el feudalismo moderno en el resto del mundo para continuar con su l贸gica de coacci贸n-acumulaci贸n-narraci贸n. Por un lado se increment贸 la producci贸n de cosas, la riqueza y el poder militar en el centro del mundo, la esclavitud en las colonias y en los pa铆ses perif茅ricos y la ansiedad derivada de la incertidumbre existencial por todas partes. El mercado se convirti贸 en el dictador supremo y en la traducci贸n econ贸mica del darwinismo. El 茅xito produjo m谩s 茅xito y el fracaso m谩s fracaso, aumentando las diferencias sociales en cada pa铆s y las diferencias nacionales a nivel global. Al comienzo de la expansi贸n del capitalismo fuera de Europa, la diferencia econ贸mica entre Europa y 脕frica era muy menor. Antes que las potencias capitalistas destruyeran (m谩s a fuerza de ca帽贸n que de inventos industriales durante la Revoluci贸n industrial) las potencias asi谩ticas como India y China, las diferencias econ贸micas globales no favorec铆an en nada a Occidente. Para 1800, las diferencias entre pa铆ses ricos y pobres alcanzaba un desequilibrio de tres a uno. En la segunda mitad del mismo siglo, la desproporci贸n era 35 a uno. Esto no son s贸lo n煤meros sino que se tradujo en cientos de millones de muertos debidos al nuevo sistema capitalista y a la nunca lograda (m谩s bien destruida en su propio nombre) “libertad del mercado”.[ix]

El creciente abismo entre pa铆ses ricos y pobres, es decir, entre pa铆ses colonialistas y pa铆ses colonizados, entre saqueadores y saqueados, comenzar谩 a revertirse en los a帽os sesenta, es decir, con el proceso de descolonizaci贸n de lo que durante la Guerra Fr铆a se llam贸 el “Tercer mundo”.


[1]A desalambrar, a desalambrar / Que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel / De Pedro y Mar铆a, de Juan y Jos茅”. (Daniel Viglietti, 1970).

[2] Reci茅n en 2022 Bangladesh aboli贸 la ley Private Fisheries Protection Act de 1889.

[3] La idea de la raza superior articulada y madurada en el siglo XIX, tambi茅n fue definida como “la raza bella”. Su canon est茅tico, como suele ocurrir con los c谩nones culturales, sobrevivi贸 m谩s all谩 de los cambios econ贸micos y sociales gracias a la industria cultural. Por ejemplo, el canon Marilyn Monroe a煤n es el canon de belleza m谩s extendido en el mundo, con algunas variaciones. Durante la Edad Media, la nobleza habitaba palacios y castillos y sus mujeres eran p谩lidas como la muerte. Trabajar era un sin贸nimo de pobreza y, por lo tanto, de fealdad. Las mujeres campesinas eran fuertes, delgadas y ten铆an la piel quemada por el sol. A煤n durante el Renacimiento, la belleza y la sensualidad se resum铆a en mujeres bien alimentadas y p谩lidas, como un cuadro de Rubens. La Revoluci贸n industrial hizo que las j贸venes campesinas perdiesen su color en las industrias y luego en las oficinas del siglo XX, lo que corrigi贸 en algo la est茅tica: las mujeres de la clase alta, las que no necesitaban trabajar para vivir, bronceaban sus pieles en las playas del mediterr谩neo o del Caribe. Eran m谩s sexys porque el poder es sexy. El nuevo canon de belleza continuaba adoptando a la mujer de la raza imperial y rica (desarrollada), pero a finales del siglo XX ya la obligaba a broncearse vuelta y vuelta como pollo al espiedo en las playas, aunque fuesen obreras pobres. Porque de eso siempre se ha tratado la moda desde la antigua Roma: de imitar a las clases altas. Al mismo tiempo, la pornograf铆a abr铆a una v谩lvula de escape poniendo el mundo patas arriba: el esclavo, el pobre feo (negro) tiene sexo con una bella mujer (blanca), un bot铆n de guerra.


[i] Wood, Ellen M. The Origin of Capitalism: A Longer View. Verso Books, 2017, p. 143.

[ii] More, Thomas. Utopia. United Kingdom, Dent, 1899, p. 18.

[iii] Locke, John. Second Treatise of Government and a Letter Concerning Toleration. United Kingdom, Oxford University Press, 2016. Cap铆tulo V. “Of Property” (p. 25-51) y IX “Of the Ends of Political Society and Government” (p 63).

[iv] Wood, Ellen. The Origin of Capitalism: A Longer View. Verso, 2017, p. 111.

[v] Locke, John. Second Treatise of Government and a Letter Concerning Toleration. United Kingdom, Oxford University Press, 2016, p. 16.

[vi] Alden t. Vaughan, New England Frontier: Puritans and Indians, 1620-1675 (1965), p. 110. Tambi茅n, ver: Winthrop 1629. Indiana University. konstantindierks.indiana.edu/H105-documents-web/week04/Winthroponnatives1629.html

[vii] Idem p. 110. Tambi茅n: Winthrop 1629. Indiana University. konstantindierks.indiana.edu/H105-documents-web/week04/Winthroponnatives1629.html

[viii] Dorfman, Ariel y Armand Matterlart. Para leer al pato Donald. Pr贸logo de H茅ctor Schmucler. Buenos Aires, Siglo XXI, 1972, p. 41, 48, 49 y 64.

[ix] Hickel, Jason. The Divide: A Brief Guide to Global Inequality and its Solutions. Random House, 2017, p. 102.

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