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“Los incendios no son cosa del verano. Es momento de hacer política en mayúsculas”

Greenpeace ante la declaración de emergencia nacional

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  • Con todo agosto por delante, se han quemado ya 108.000 hectáreas, sin contar con los fuegos actuales de Madrid y Ávila, cuatro veces más de lo que había ardido el año pasado en estas fechas
  • Es imprescindible contar con planes de prevención locales, pero fundamentalmente, hay que fomentar los “paisajes mosaico” que rompan la continuidad del combustible mediante el pastoreo y la agricultura rural
  • Los fuegos no solo hay que apagarlos, hay que evitarlos: 1 euro en prevención ahorra 100 en extinción

Ante la oleada de incendios que ha provocado ya la declaración de emergencia nacional, Greenpeace quiere manifestar que es el momento para que todas las administraciones (local, autonómica y estatal) hagan política en mayúsculas, se coordinen y trabajen unidas, porque la única forma de vencer esta crisis es hacerlo juntas, dejando fuera el negacionismo que tiene elevadísimos costes, como se está comprobando. Un Pacto de Estado para la emergencia climática es necesario, pero mientras llega, ya hay muchas medidas propuestas que no pueden esperar. “Los incendios no se extinguen con discursos, ni solo en verano, se extinguen con políticas a todos los niveles que inviertan en prevención y gestión forestal. Los datos muestran que es mucho más costoso apagar un incendio que invertir en su prevención”, explica la portavoz de Greenpeace, Celia Ojeda.

Greenpeace urge a realizar un cambio radical frente a los incendios forestales centrado en la prevención y gestión forestal. Es imprescindible el fomento de “paisajes mosaico” que rompan la continuidad del combustible mediante el pastoreo y la agricultura rural. De igual forma, los planes de prevención locales deben implementarse y dotarse de recursos reales, aumentando la concienciación social y mejorando las alertas a la población. Se hace también muy necesario adelantar las restricciones de seguridad ante olas de calor extremo y aumentar la concienciación social sobre el riesgo y la autoprotección, recordando que el 95% de los fuegos en el país son causados por negligencias o intencionalidad humana.

Son también importantes las medidas postincendio, éstas deben centrarse urgentemente en frenar la erosión del suelo y controlar la escorrentía para evitar que las cenizas contaminen los cursos de agua, seguidas de acciones que favorezcan la regeneración natural y el desarrollo de planes de restauración para recuperar los ecosistemas y la economía local.

En lo que va de verano ya se han superado las terribles cifras de 2025: más de 1900 incendios forestales, de los cuales por ahora 22 son grandes incendios forestales (GIF: incendios que superan 500 hectáreas de extensión), más de 108.000 hectáreas quemadas, más de 50 municipios desalojados, más de 16.000 personas evacuadas y lamentablemente 13 víctimas mortales. A 24 de julio, con mucho verano por delante, se ha tenido que declarar una emergencia de interés nacional ante el impacto de los incendios forestales y se ha solicitado ayuda a Bruselas para incorporar cuatro aviones de extinción.

El cambio climático agrava gravemente el riesgo de propagación de incendios forestales. Tras la tercera ola de calor en lo que va de verano, el suelo no retiene la humedad y la vegetación se seca más, transformándola en un combustible disponible para que el fuego se propague con una velocidad y energía extremas. Esta pérdida de humedad crítica genera incendios de alta intensidad e ingobernables, que superan con facilidad la capacidad de respuesta de los equipos de extinción.

Los incendios forestales se han convertido también en una grave amenaza para la salud. El humo y las cenizas están afectando ya a zonas muy alejadas de los focos de los fuegos. Esto agrava las enfermedades respiratorias, cardiovasculares y de salud mental. El personal de extinción en primera línea se enfrenta a riesgos de quemaduras, asfixia e incluso mortalidad directa en los incendios de alta intensidad.

Demandas urgentes

Para enfrentar esta crisis, Greenpeace exige a las administraciones:

  • Al Congreso, pedimos que se acuerde de una vez el Pacto de Estado frente a la emergencia climática y los incendios forestales, con financiación estable, respaldo científico y capacidad para transformar el territorio y hacerlo más resiliente.
  • Al Gobierno central, reclamamos una estrategia estatal centrada en la prevención de las igniciones: más educación ambiental, más investigación de causas, más vigilancia y más recursos para Fiscalía, Seprona y agentes forestales.
  • También exigimos una inversión de al menos 1.000 millones de euros al año para gestionar el paisaje forestal y actuar cada año sobre un mínimo del 1 % de la superficie forestal española, porque prevenir cuesta mucho menos que reconstruir.
  • A las comunidades autónomas, les pedimos reforzar la planificación preventiva, los dispositivos de prevención y extinción, la gestión forestal y el cumplimiento de la legislación de biodiversidad y restauración de zonas quemadas.

Greenpeace 

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