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Nigeria: Mientras crece el escándalo de la contaminación, documentos de Shell ponen de manifiesto la existencia de un oleoducto que es “una ruina”, pozos “desaparecidos” y unos costes de desmantelamiento de 10.900 millones de dólares

Nigeria: Lifting the Lid

"Shell debe responder por decenios de contaminación en el delta del Níger después de que unos documentos internos de la empresa hayan revelado infracciones de las normas, infraestructuras defectuosas y costes de limpieza no satisfechos que amenazan con hacer que las comunidades afectadas tengan que pagar el precio". Así lo ha manifestado hoy en un nuevo informe una coalición de organizaciones medioambientales y de derechos humanos, de la que forma parte Amnistía Internacional.

El informe, titulado Nigeria: Lifting the Lid, analiza correos electrónicos internos, informes de auditoría y exámenes confidenciales de Shell hechos públicos en unos procedimientos judiciales en Reino Unido que revelan un escándalo de derechos humanos mucho mayor de lo que se había informado. Aunque Shell presentó sus operaciones haciendo ver que cumplían las normas internacionales, el documento señala las preocupaciones planteadas por el ejército nigeriano respecto a presunta complicidad en robo de petróleo, sospechas de connivencia entre personal y contratistas, exenciones de las normas de seguridad, descuido crónico de riesgos conocidos en la integridad del oleoducto, falta de datos relativos a los pozos, una débil detección de las fugas y evaluaciones defectuosas de los vertidos.

Shell conocía los riesgos de una estructura envejecida y con fugas, incluido un antiguo oleoducto descrito como “una ruina”, pero aun así mantuvo el flujo de petróleo. Más tarde decidió desviar sus negocios en tierra en lugar de enfrentarse al enorme coste de limpiar y desmantelar, que incluía la cifra interna estimada de desmantelamiento de 10.900 millones de dólares estadounidenses. Otra presentación diferente manifestaba que la contaminación había dañado 375 km² de bosque de manglar.

Amnistía Internacional escribió a Shell el 3 de julio de 2026 para hacerle partícipe de sus conclusiones respecto a los documentos desvelados. En respuesta al informe de Amnistía, Shell escribió: “No reconocemos la caracterización y la imagen que dan de Shell en su carta. Shell mantiene un compromiso con la honradez, la integridad y el respeto por la gente, y con la realización ética y transparente de actividades empresariales”. Según Shell, las conclusiones no reflejan el “difícil entorno operativo en el delta del Níger en esa época”. Su respuesta completa se incluye en el informe.

“Shell lleva mucho tiempo culpando de la contaminación del delta del Níger al robo de petróleo y los sabotajes. Sin embargo, estos documentos echan por tierra años de negaciones y suscitan serias dudas sobre lo que Shell conocía, lo que permitió que continuara sucediendo, y si entonces intentó desentenderse de los costes de su legado tóxico”, ha manifestado Isa Sanusi, director de Amnistía Internacional Nigeria.

“El escándalo no era simplemente de ‘bunkering’ ilegal o robo de petróleo. El escándalo real es el intento de Shell de beneficiarse a expensas de los derechos de la población. Shell estaba dispuesta a aceptar en Nigeria daños medioambientales adicionales que no se habrían tolerado en ningún otro lugar, y ahora sus propios documentos rebaten años de negación pública.”

El escándalo real es el intento de Shell de beneficiarse a expensas de los derechos de la población. 

Isa Sanusi, director de Amnistía Internacional Nigeria

El informe ha sido publicado por Amnistía Internacional junto con The Corner House, Hawkmoth, HEDA Resource Centre, Kebetkache Women Development & Resource Centre, Miideekor Environmental Development Initiative (MEDI), Recommon y Social Action. Para las comunidades afectadas, las conclusiones confirman lo que muchos llevan decenios diciendo: la contaminación por petróleo ha dañado agua, tierras de cultivo, lugares de pesca, la salud y los medios de sustento, mientras las empresas seguían obteniendo beneficios y negando su responsabilidad.

“No puede permitirse que Shell se lleve el petróleo, se lleve los beneficios y deje tras de sí la contaminación. Las comunidades del delta del Níger merecen verdad, justicia, limpieza y una reparación completa”, ha manifestado Olanrewaju Suraju, presidente de HEDA Resource Centre, una ONG nigeriana que trabaja sobre la gobernanza y la justicia medioambiental.

Preocupación respecto al papel en el robo de petróleo, la infracción de normas y las infraestructuras defectuosas

Los documentos muestran que, aunque Shell culpó a bandas delictivas del robo de petróleo, altos cargos de la compañía permitieron que los grifos ilegales en el oleoducto continuaran porque eliminarlos supondría “una suspensión considerable del sistema”, lo que significaba la suspensión temporal del beneficioso flujo de crudo. Un alto directivo de Shell escribió en 2013 que esto había provocado que las fuerzas de seguridad nigerianas responsables de la seguridad del oleoducto acusaran a Shell de ser “cómplice” del robo de petróleo “porque no estamos eliminando los puntos de bunkering”. Una presentación realizada por Shell ese año, que hacía referencia a los efectos de la instalación de grifos ilegales, preguntaba: “¿Nos sentimos cómodos al seguir con la producción, SABIENDO que SE PRODUCIRÁN más daños medioambientales?”

El informe revela también que Shell eximió a su filial nigeriana, Shell Petroleum Development Company (SPDC), de elementos clave de sus normas internacionales sobre salud y seguridad para que pudiera seguir fluyendo el petróleo por oleoductos saboteados, a pesar de que no se considerara seguro según las normas de seguridad de la propia Shell. Este es un enfoque que un alto ejecutivo de Shell pareció reconocer que no se habría tolerado en otros lugares. Los documentos internos muestran además que los ejecutivos de Shell sospechaban que en el robo de petróleo podían estar implicados personal y contratistas; un correo electrónico advierte: “tenemos que trabajar bajo el supuesto de que los saboteadores tienen buen acceso a los datos de planificación de SPDC”.

Las auditorías internas sacaron asimismo a la luz graves debilidades en la gestión del oleoducto por parte de Shell, entre ellas un importante retraso en el mantenimiento, unos sistemas de supervisión débiles y registros deficientes de las abrazaderas de los oleoductos que Shell había permitido que se convirtieran en reparaciones permanentes de fugas. Se registraron más de 1.600 abrazaderas, entre ellas algunas antiguas cuya ubicación se desconocía.

Una revisión técnica realizada en 2012 concluyó también que se suponía que las líneas de flujo de SPDC se reemplazaban cada 15 años, pero esto “no se está cumpliendo” y sólo se estaba realizando un “mantenimiento de reparación”.

No puede permitirse que Shell se lleve el petróleo, se lleve los beneficios y deje tras de sí la contaminación. 

Olanrewaju Suraju, presidente de HEDA Resource Centre

Pozos de petróleo “desaparecidos”, escasa supervisión y deficiente evaluación de los vertidos

Un informe interno de 2014 al entonces consejero delegado de Shell decía que había “cientos” de pozos de SPDC en tierra que estaban desaparecidos de su sistema electrónico de seguimiento de pozos o cuya condición no podía verificarse. Shell realizó más tarde una “campaña de búsqueda de pozos” que identificó 750 tareas de mantenimiento no realizadas y que contribuyó a una clasificación de “insatisfactorio” en la auditoría. Un informe de 2013 concluyó también que los oleoductos de SPDC no contaban con un sistema de supervisión en tiempo real, pese al hecho de que la rápida detección de los vertidos y la limitación de la contaminación son elementos clave para reducir la contaminación de los emplazamientos. Sin esa supervisión, todo lo que no sea una gran rotura puede pasar inadvertido.

“Un gigante de los combustibles fósiles que no podía verificar la ubicación e integridad de cientos de pozos y abrazaderas de oleoducto, y que carecía de una detección efectiva de fugas, no puede afirmar con credibilidad que tiene la contaminación bajo control. Shell debe dejar de desviar las culpas”, ha declarado la Dra. Emem Okon, de Kebetkache Women Development & Resource Centre, grupo radicado en Nigeria que promueve los derechos de las mujeres y la justicia medioambiental.

La afirmación de Shell de que el robo de petróleo provoca la mayor parte de la contaminación se ve debilitada por sus propios documentos, que muestran que su personal no estaba adecuadamente equipado para determinar su los vertidos estaban causados por la corrosión o por la interferencia de terceros. Esto es importante porque, aunque las empresas deben limpiar los vertidos independientemente de su causa, en virtud de las leyes nigerianas las comunidades afectadas sólo tienen derecho a indemnización cuando los vertidos se clasifiquen como operativos, no como consecuencia de sabotaje o robo.

“Para las comunidades que buscan justicia, las deficientes evaluaciones de los vertidos por parte de Shell podían significar la diferencia entre la indemnización y el abandono”, ha declarado Celestine Akpobari, de MEDI, ONG dedicada a la lucha de los ogonis que promueve la justicia y la restauración medioambiental.

Para las comunidades que buscan justicia, las deficientes evaluaciones de los vertidos por parte de Shell podían significar la diferencia entre la indemnización y el abandono.

Celestine Akpobari, de MEDI

Un oleoducto que es “una ruina”, abandonado lleno de crudo

El informe concluye asimismo que Shell no desmanteló debidamente el viejo oleoducto Nembe Creek Trunk Line tras sustituirlo en 2010. Un correo electrónico interno de 2014 decía que unos 80 km del antiguo oleoducto seguían llenos de crudo estancado, con seis vertidos operativos desde 2010, y que no podía desmantelarse a causa de la falta de presupuesto. El correo describía el oleoducto como “una ruina” y advertía de que, si no se emprendían acciones urgentemente, habría más vertidos. La respuesta parecía confirmar que la falta de desmantelamiento se debía principalmente a motivos económicos, aunque reconocía que se necesitaban acciones para reducir el impacto medioambiental y la responsabilidad.

“Shell sabía que sus viejas infraestructuras tenían fugas y debían ser desmanteladas, pero los documentos sugieren que las acciones se demoraron por motivos económicos. Las comunidades no deberían haberse visto obligadas a sufrir la contaminación porque una empresa no quería pagar para limpiar su propio desastre”, ha declarado Simon Taylor, cofundador de Hawkmoth, ONG radicada en Países Bajos que promueve una transición justa y en la que se rindan cuentas para abandonar los combustibles fósiles, y que tiene experiencia en luchar contra los abusos relativos al petróleo y el gas, incluidos los cometidos en Nigeria.

Desinversión y unos costes de desmantelamiento de 10.900 millones de dólares no satisfechos

Un informe interno enviado al entonces consejero delegado de Shell en 2014 calculaba que el desmantelamiento de todos los bienes existentes de SPDC podía llevar decenios y costar 10.900 millones de dólares, equivalentes a 14.000 millones en la actualidad, al parecer excluyendo los costes de limpieza. Otra presentación interna sobre vertidos de petróleo ocurridos en el pasado identificó 375 km² de bosque de manglar afectados y preguntaba si Shell estaba “dispuesta” a asumir ese “problema sin final a la vista”. Shell vendió SPDC a Renaissance Africa Energy en 2025, a pesar de las preocupaciones sobre la capacidad de la nueva empresa, la limitada información económica pública y la necesidad de préstamos de hasta 1.200 millones de dólares garantizados por Shell para respaldar la adquisición en sí.

“La desinversión de Shell no puede convertirse en una vía de escape empresarial. Tras decenios de beneficiarse del petróleo del delta del Níger, Shell no debe transferir los riesgos de unas infraestructuras envejecidas y un legado de contaminación a un comprador cuya capacidad está seriamente en duda. Shell debe pagar su parte correspondiente esté o no dispuesta a responsabilizarse de ella”, ha manifestado Isaac Osuoka, director de Social Action, organización que promueve la justicia medioambiental, los derechos comunitarios y la rendición de cuentas en el delta del Níger.

Shell debe dejar de desviar las culpas.

Dra. Emem Okon, de Kebetkache Women Development & Resource Centre

Limpieza, remedio y reforma

Amnistía Internacional y las organizaciones asociadas piden a las autoridades nigerianas que reformen su supervisión del sector del petróleo, exijan auditorías accesibles de todas las infraestructuras tanto operativas como desmanteladas y establezcan un superfondo dotado de los recursos necesarios para una limpieza del delta del Níger.

“Es una de las empresas del sector de los combustibles fósiles que más invierte del mundo. Ahora sus documentos han salido a la luz. La cuestión es si el gobierno va a hacer algo al respecto”, ha declarado Isa Sanusi. “Además de vivir con una contaminación por petróleo inaceptable, la población de Nigeria está sufriendo calor extremo, inundaciones mortales y otros fenómenos meteorológicos extremos vinculados al calentamiento global provocado por el uso del producto principal de Shell: los combustibles fósiles. Nigeria debe reformar la supervisión del sector del petróleo, mientras que las autoridades de Reino Unido y Países Bajos deben investigar si Shell dio información engañosa a los accionistas, los reguladores y las comunidades afectadas sobre el estado real de sus operaciones y sus pasivos. Shell debe dejar de esconderse detrás de la desinversión, desvelar la verdad, financiar la limpieza y el remedio y garantizar que las comunidades afectadas finalmente reciben justicia.”

Shell debe dejar de esconderse detrás de la desinversión, desvelar la verdad, financiar la limpieza y el remedio y garantizar que las comunidades afectadas finalmente reciben justicia.

Isa Sanusi


En 2015, las comunidades de Ogale y Bille presentaron acciones legales en Reino Unido contra Shell Plc y SPDC por grave contaminación por petróleo. El caso de Bille se verá en marzo de 2027.

Nigeria: Lifting the Lid analiza los documentos de Shell de 2008 a 2014; entre ellos hay 27 documentos ocultos hechos públicos en abril de 2026 después de que las ONG Hawkmoth, Heda Resource Centre y Oil Change International – UK pidieran su publicación por interés público; también analiza detalles adicionales de un expediente judicial de mayo de 2026.

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