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Uruguay: El país de la cola de paja

ESCRITOS CRRÍTICOS
Jorge Majfud

Cuando Mario Benedetti habla y escribía sobre  “El país de la cola de paja” lo hacía en base a un dicho muy del Río de la Plata y de probable origen catalán: quien tiene la cola de paja no se acerca al fuego porque sabe que se quema. En inglés, el idiom (dicho) equivalente es “If you can’t stand the heat, stay out of the kitchen” (Si no soportas el calor del fuego, sal de la cocina). Tanto en inglés como en criollo alude a la mala conciencia: ese sentimiento de tener algo que esconder o de no animarse a señalar un problema porque, en el fondo, uno también es parte del juego o se beneficia de él.




En su ensayo de 1960, Benedetti no habla de la culpa de una persona, sino de algo mucho más pesado: una actitud colectiva. Sentía que la sociedad uruguaya vivía en una gran contradicción moral. Por un lado, se miraba al espejo y se veía excepcional, democrática y ejemplar; por el otro, le hacía la vista gorda a la corrupción, la mediocridad y la injusticia sin despeinarse ni mover un dedo.

La idea la termina de redondear en uno de los capítulos más potentes del libro «Del miedo a la cobardía». Ahí lo deja más que claro: el miedo es algo humano y natural, pero la cobardía es una elección. Tener “cola de paja” es saber perfectamente que habría que hacer algo y, aun así, elegir no hacer nada o intentar complacer al poderoso. Es el paso previo a acobardarse: preferir quedarse al margen o complacer al adversario con tal de no quedar expuesto ni tener que mirar la propia cobardía de frente que, en su etapa final, lleva a la traición.

Ese es el estado del actual gobierno uruguayo, de una izquierda neoliberal que todavía repite clichés progresistas; de una izquierda pálida, temblorosa, que se abraza con sus adversarios de la derecha supremacista y desprecia a sus votantes y militantes de la izquierda que lo llevaron al poder. Una izquierda traidora, inmoral, camaleónica que (como te digo una cosa te digo la otra) le parece “tremendo la guerra en Palestina”, pero no se atreve a usar la palabra genocidio ni se atreve a condenar la masacre industrial de decenas de miles de niños—por no mencionar a los cientos de miles de otros inocentes masacrados, desalojados, humillados y violados.

También esta es una tradición muy uruguaya, la del país de la cola de paja. La uruguayísima y repetida tradición de traicionar a su héroe máximo, el general José Artigas, mientras se le ponen flores en su tumba.

Jorge Majfud, julio 2026

  

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