Madrid, a 28 de julio de 2026: Más de un mes después de los terremotos que devastaron el norte y el centro de Venezuela el 24 de junio, la ONG World Vision advierte que, junto a los daños visibles en las infraestructuras, se está produciendo un «terremoto invisible»: la emergencia ha agravado los riesgos para la protección y la salud mental de miles de niños, niñas y adolescentes.
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| World Vision |
El terremoto afectó a niños y niñas que ya arrastraban profundas pérdidas. Casi 7,9 millones de personas habían emigrado, y se calcula que un millón de menores habían quedado al cuidado de familiares o vecinos debido a la migración de sus padres. El seísmo también dañó más de 400 colegios en un sistema educativo ya desgastado por años de deterioro. Antes del desastre, el 22 % de los niños y niñas migrantes venezolanos no estaban matriculados en la educación formal, según R4V.
La evidencia científica indica que el trauma y las experiencias adversas en la infancia multiplican los riesgos para la salud, y que el trauma no superado se almacena en el cuerpo y en el sistema nervioso. Quienes han vivido cuatro o más experiencias adversas en la infancia tienen doce veces más probabilidades de sufrir ideas suicidas y se enfrentan a un riesgo elevado de padecer enfermedades cardiovasculares en la edad adulta, según los estudios de Felitti y Anda (1998).
«Debido a este mayor riesgo para la salud mental y física, la ONG World Vision da prioridad a los Espacios Seguros para la Infancia durante las emergencias. Son un salvavidas emocional», afirma Maribel Prada, directora nacional de World Vision en Venezuela. «Llevamos más de una década trabajando en la región con la iniciativa “Crianza con ternura” para proteger la salud mental de los niños, niñas y sus familias, como una forma de procesar de manera saludable las numerosas pérdidas que trae consigo un desastre».
En estos espacios habilitados en refugios y centros de distribución en los que World Vision proporciona alimentos, agua y artículos de higiene, los equipos de la ONG ofrecen apoyo psicosocial, actividades artísticas y lúdicas para ayudar a los niños y niñas a regular sus emociones. Hasta la fecha, la organización ha atendido a 44.252 personas, un tercio de ellas niños y niñas.
Recuperar la esperanza entre los niños y las niñas llevará años y, por ello, la ONG da prioridad a la educación en situaciones de emergencia en esta nueva fase. La organización tiene como objetivo proporcionar apoyo psicosocial a toda la comunidad escolar (niños, niñas, padres, madres, cuidadores y cuidadoras, y docentes) y facilitar material escolar y uniformes, así como rehabilitar las infraestructuras escolares, habilitar aulas provisionales y garantizar la protección de la infancia.
«Restablecer el derecho a la educación es la forma más eficaz de anticipar y prevenir los riesgos de migración irregular y desplazamiento forzoso que muchas familias afectadas por los terremotos podrían considerar» afirma Mishelle Mitchell, directora regional de Relaciones Externas de World Vision en América Latina y el Caribe. «Hacemos un llamamiento a los países vecinos para que mantengan abiertas las vías de migración regular y el acceso al asilo, y para que garanticen que los niños y niñas venezolanos puedan acceder a la educación, la protección y el apoyo psicosocial en igualdad de condiciones respecto a la infancia de las comunidades de acogida».
A nivel local, la organización insta no solo a la reconstrucción de las infraestructuras, sino también al fortalecimiento de las capacidades estatales para garantizar el acceso a la educación de la infancia durante la emergencia.
El curso escolar en Venezuela finalizó el pasado mes de julio y, tras el terremoto, el país se enfrenta a graves dificultades debido a los daños sufridos en más de 1.000 edificios, entre ellos 400 centros educativos, según la OCHA.

