Un o una adolescente de vacaciones con su familia puede que esté más pendiente del móvil que de su familia. Más pendiente de wasapear con sus amigas y amigos que de hablar con su padre y su madre; más pendiente del juego online que de la playa frente a ella o él. Más pendiente del nuevo video de ese ‘youtuber’ famoso que de ver una película famosa con sus hermanas y hermanos.
EFE.-A finales de mayo, la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) publicó un decálogo para conseguir una convivencia digital equilibrada. Vale para todo el año, pero probablemente, padre de adolescente, madre de adolescente, hayas “batallado” con tu hijo/a sobre cuándo, cuánto, cómo y dónde usarlo durante estas fechas y te resulte ahora apremiante.
La llamada ‘salud digital’ en la infancia y adolescencia es actualmente uno de los asuntos predominantes en la conversación pública. Los efectos de la exposición a pantallas en su salud mental, descanso, socialización, relación con la realidad, formación o rendimiento académico llenan cada vez más líneas de investigadores, medios y clase política.
Numerosos jóvenes aguardan el acceso al concierto de la banda Tokio Hotel en Madrid, en 2010. EFE/J.J. Guillén
En la nota de finales de mayo, la UOC señalaba que “la preocupación por el impacto de las pantallas en la salud mental y el descanso de los jóvenes ha dejado de ser un debate familiar para convertirse en una cuestión de salud pública”. Países como Australia, a menores de 16, o Francia, a menores de 15, han prohibido el acceso a redes. Reino Unido y España sopesan normativas de cariz similar.
El acervo científico al respecto es cada vez más rotundo: la hiperconexión influye negativamente en el sueño/descanso y en el rendimiento del menor, y deriva en incremento de “síntomas de ansiedad, depresión y TDAH, especialmente cuando sustituye a actividades como el ejercicio físico, el descanso o las relaciones sociales presenciales”.
Decálogo para un «control eficiente»
El director del máster universitario de Salud Digital (eHealth) de la UOC e investigador del grupo eHealth Digital Lab, Antoni Baena Garcia, aboga por centrar el debate no “tanto en cuestionar la tecnología como en aprender a convivir con ella y controlarla de forma consciente”.
A su entender, la clave es “evitar” que las pantallas “ocupen todos los espacios de la vida cotidiana sin un control eficiente”.
Estos son sus diez consejos, pensando siempre en la convivencia familiar, según la publicación difundida por la UOC:
1. “El papel de la familia: ser un modelo a seguir”
Dice Baena que infundir un “uso ético, consciente y limitado de la tecnología” es “la mejor herramienta educativa”. Si los padres y las madres emplean sus propios dispositivos con un propósito claro para trabajar, informarse o buscar opciones de ocio puntual cuando están con sus hijos e hijas, estos “aprenderán a no verlos como una extensión inseparable de la mano”.
2. “Establecer espacios libres de tecnología”
El experto recomienda “definir momentos y lugares donde el móvil no tiene cabida, como, por ejemplo, durante las comidas o las conversaciones importantes”. Objetivo: reforzar la atención y dar valor a la presencia.
3. “Velar por una comunicación abierta y una escucha activa”
El experto cuestiona la prohibición porque, aunque suele ser “el camino más rápido”, también es “el menos efectivo a largo plazo”.
“El miedo a la represalia hace que los jóvenes oculten sus problemas digitales (ciberacoso, contenido inadecuado). Es vital establecer un diálogo constante con los niños y niñas sobre lo que ocurre en la red, fomentar la escucha activa y la confianza, y no juzgar las experiencias digitales de nuestros hijos o hijas”, asegura Baena.
4. “Crear un plan familiar de uso de la tecnología”
O regular el uso en casa. Puede ser a través de un “plan familiar escrito, consensuado y firmado por toda la familia”. Cuánto tiempo, qué aplicaciones, lista de sitios de la casa formarían ese plan.
5. “Establecer límites de espacio y tiempo”
Nunca una pantalla puede robar tiempo al estudio, al sueño y al deporte. Baena aconseja “no superar las dos horas diarias de tecnología recreativa” y “promover el juego o la navegación en lugares comunes de la casa (el salón, por ejemplo)”. Para que el menor use el móvil en su cuarto, a solas, tendrá que haber demostrado “suficiente madurez”.
EFE/Luis Tejido
6. “Hacer un abordaje positivo de los videojuegos”
Baena destaca que hay videojuegos con “un potencial educativo enorme si se utilizan bien”.
“Es recomendable que las familias hablen de los videojuegos en casa, que procuren jugar en familia y que consulten la clasificación PEGI de los juegos o incluso que los alquilen y los prueben antes de adquirirlos”, apunta.
7. “Educación en valores digitales y privacidad”
La información, como siempre, es esencial. “Conocer los riesgos” de uso y “hablar abiertamente sobre el ciberacoso, el sexting, el contacto con desconocidos y la gestión en línea de los datos personales” son pautas que este experto recomienda. El fin no es otro más que proteger la privacidad.
8. “Potenciar el pensamiento crítico”
El menor debe saber que las fotos en redes tienen filtros de finalidad psicológica y que “no todo lo que leen o ven en internet es verdad”.
9. “Promover el respeto”
Clave en “cualquier interacción”, la que sea, así que por supuesto también en las redes sociales.
“Hay que recordarles que detrás de cada perfil, aunque sea anónimo, hay una persona y que es importante no difundir rumores, no participar en linchamientos digitales y respetar la imagen de los demás en todo momento”, subraya.
10. “Alfabetización en salud digital”
Baena lo deja claro: “Formarse en salud digital es una necesidad ciudadana”.
