Catástrofe en Nepal: el calentamiento impulsado por los combustibles fósiles aumenta el riesgo de estos desastres

Las catastróficas inundaciones y deslizamientos de tierra del río Bhotekoshi que tuvieron lugar el miércoles en el distrito de Rasuwa, en Nepal, dejan un panorama desolador: cientos de personas fallecidas y miles desaparecidas e innumerables hogares destruidos. La magnitud y velocidad de esta avalancha es aterradora, sobre todo porque se produce apenas un año después de que otra inundación devastadora azotara la misma región. A medida que se agrava la crisis climática, las comunidades más expuestas se enfrentan a nuevas catástrofes mientras aún intentan recuperarse de la anterior.
“Nuestra solidaridad y nuestro pesar más profundo están con las víctimas de esta catástrofe. Nepal todavía no ha tenido tiempo de recuperarse de las inundaciones del año pasado y ahora afronta este nuevo desastre. El calentamiento global agrava los incendios, sequías y tormentas en España, mientras que en el Himalaya dispara el riesgo de inundaciones devastadoras como ésta. Las señales que nos da el planeta son demoledoras y no admiten esperas. Es urgente multiplicar la rapidez de las políticas de adaptación, con especial atención a las poblaciones más vulnerables, y acelerar el abandono definitivo de los combustibles fósiles en todo el mundo, empezando por los países que más contribuyen a las emisiones. Estamos a tiempo de actuar: si implementamos estas medidas con justicia social, protegeremos el futuro de toda la población”, ha declarado Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace España.
Lo que comenzó en el Langtang Himal (Parque Nacional del Himalaya) no se queda ahí. Tanto Nepal como China se encuentran ahora mismo en alerta ante el riesgo de desbordamiento de un lago creado tras la riada, a unos 10 kilómetros del paso fronterizo entre ambos países, que ha comenzado a desbordarse. Y las inundaciones de Nepal también amenazan a cientos de comunidades que viven río abajo, incluso en la India. Los estados de Bihar y Uttar Pradesh se encuentran ahora en alerta máxima, ya que se enfrentan a inundaciones devastadoras casi todos los años debido a su proximidad a Nepal.
La comunidad científica afirma que es demasiado pronto para determinar con exactitud qué papel desempeñó el cambio climáticoen este suceso concreto, pero las investigaciones preliminares apuntan al derrumbe de un glaciar como causa más probable, y la tendencia general no ofrece dudas: el calentamiento global está aumentando el riesgo de este tipo de desastres.
El calentamiento global, impulsado principalmente por las emisiones de combustibles fósiles de 32 empresas, está transformando rápidamente el Himalaya y el planeta. Incluso si el calentamiento no llega a superar el 1,5 °C como media global, se prevé que más de un tercio del volumen de hielo de los glaciares de la amplia región del Hindu Kush-Himalaya se pierda a lo largo de este siglo.
Los glaciares se están reduciendo, la nieve y el hielo se están derritiendo, el permafrost se está descongelando y las laderas de las montañas se están volviendo menos estables. Estos cambios están creando un entorno más peligroso, en el que es más probable que se produzcan inundaciones catastróficas, deslizamientos de tierra y avalanchas como ésta.
“Cada fracción de grado de calentamiento adicional aumenta el peligro, mientras que las comunidades que menos han contribuido a provocar la crisis son las que soportan los mayores costes humanos y económicos. Las familias, comunidades y gobiernos de países que luchan por recuperarse de un desastre tras otro no deberían tener que asumir los costes. Ya no son desastres naturales: la crisis climática ha sido impulsada de forma determinante por la extracción y la quema de combustibles fósiles, mientras que, año tras año, los gigantes petroleros, como Repsol, obtienen beneficios récord a costa de que la población pague el precio. No podemos esperar más para que se aprueben nuevos impuestos a los beneficios de la industria fósil y se termine con las subvenciones que todavía reciben”, ha señalado Pedro Zorrilla Miras, responsable de la campaña contra el cambio climático de Greenpeace.
En palabras de Eva Saldaña: “Los gobiernos deben responder a desastres como éste no solo con ayuda de emergencia, sino también con medidas para prevenir la siguiente catástrofe: con políticas para abandonar progresivamente y con rapidez los combustibles fósiles, transformando radicalmente el modelo de producción y consumo, acelerando la transición global hacia las energías renovables y la electrificación, invirtiendo en adaptación y resiliencia, y haciendo que los grandes contaminadores paguen los costes de los daños que causa su negocio”.
