Ir al contenido principal

El cerebro y algo más

Ángeles Sanmiguel

“A mí me dijeron que yo tenía una enfermedad mental grave crónica pero que si me tomaba una medicación podía tener una vida, esa fue la primera mentira que me colaron”, detalla Edgar Vinyals y Rojas, Premio Fundación Princesa de Girona Social. “Ahora parece que ya no está tan bien visto decirlo así pero sigue estando muy presente en las primeras consultas cuando atienden a un joven o a una joven”, puntualizaba Vinyals en las jornadas estivales del partido político UCE (Unificación Comunista de España) celebradas en València. 

“Os hablo desde otro lugar; hace veinticinco años que tengo una relación estrecha con la psiquiatría, con la psicología”, añade el también divulgador comprometido con la prevención del suicidio.

“Cuidar la mente. Cuidar la vida” fue el título de la charla contando, asimismo, con la psicoanalista y directora del Centro Psicoanalítico Valenciano (CPV-APM), Sonsoles Puchades, profesional que prestó sus servicios, junto a su equipo, en la DANA de València del veintinueve de octubre de dos mil veinticuatro, donde hubo doscientas treinta y una víctimas mortales –doscientas treinta y siete al sumar las de otras provincias- y miles de niños, niñas, personas de edad avanzada, hombres, mujeres, adolecentes, jóvenes e incluso animales marcados por un shock trágico que jamás olvidarán. “¡Mazón a prisión!”.

Las emociones son el engarce con la vida. Steven Pinker, psicólogo y escritor canadiense, premio Carl Sagan para la compresión pública de la ciencia, significó la evidencia de “que nosotros tenemos ordenadores, automóviles, lenguaje escrito y matemáticas. Pero las personas de todas las culturas pueden leer las emociones y los pensamientos de otras personas, y eso es algo que los ordenadores todavía no pueden hacer”.

 El ser humano es frágil, vulnerable, dependiente, “necesitamos de los demás y no siempre nos han enseñado a relacionarnos de manera amorosa, respetuosa”, expresa Vinyals.   

“Mi experiencia como psiquiatrizado marcó para mí un antes y un después”, afirma el también fundador de la Asociación Ocio Inclusivo Saräu que lucha por el derecho de “personas con diversidad mental y física”, a participar activa y profesionalmente en cultura y política aboliendo estereotipos sociales y prejuicios.

“No me gusta decir Salud Mental, me gusta decir Salud” y para ella, para la salud, nada mejor que tener una buena rutina de sueño y acordes hábitos alimentarios, explicita el también presidente y fundador de la Federación Veus (Federación Catalana de Entidades de Salud Mental en Primera Persona), resuelta en la abolición del estigma -en todos los estratos y estamentos- del diagnóstico de trastorno mental.

¿Persistiendo en el siglo veintiuno en la aplicación de metodologías medievales en tratamientos psiquiátricos? ¿Dónde está la Ciencia?

“La solución no es atar al paciente”, proclama un Vinyals decidido a combatir absolutamente la contención mecánica y el abuso de drogas y específicos en colaboración con 0Contenciones.org y Gestión Colaborativa de la Medicación.

Mi abuela marchó de Cuenca a Barcelona, “migrante de un pueblo de Cuenca”. En su tiempo le contaría, “con mucha rabia, con muchas lágrimas, y con mucho enfado”, los traumas de la guerra. Había visto como encarcelaban a su padre y a su hermano, al padre lo soltaron pero su hermano no volvió, “creo que estaba en una cárcel y allí murió”. El relato puso su muesca en Vinyals, como en esos ciento de miles de relatos de ignominia que energúmenos y subsidiarias, a cara descubierta, quieren silenciar votando contra la memoria democrática y exteriorizando el sarcasmo que otorga la patología del sadismo hacia las demás personas. 

Su otra abuela, Isabel, era de Córdoba y, “diez años antes de morir, -sigue rememorando Vinyals-, le produjo otra disrupción mental. “Me contó las palizas brutales que le daba mi abuelo a mi madre y a mis tías, se atrevió a contármelo”, aunque, “mi madre y mis tías no querían escuchar eso, no podían escuchar eso”. 

¿La violencia machista siempre en el eje del trauma?

¿Cuántas mujeres, antaño, han sido psiquiatrizadas por no dejarse pegar o defender sus derechos e ideas? ¿Cuántas, ahora, tratan de sobrevivir psicológicamente a ese machismo que exhalan instituciones, funcionariado y sociedades ancladas en la dictadura hasta que se jubilen o fallezcan?

Secretos heredados calaron en el pequeño Edgar. “No pude más con los silencios en casa, no había espacio, no había tiempo” para hablar de las emociones, de las ideas y “cuando sucedía algo, mejor distraerse y pensar en otra cosa”.

Concluye el escritor Joan Argentier (Juan García Casanova) que “no hay fronteras, no hay condiciones físicas que limiten nuestra imaginación”, un sorprendente mecanismo mental que al más mínimo atisbo de peligro levanta parapetos con los que aguantar carros y carretas.

El cineasta Woody Allen es “cliente inveterado de los divanes”, y en política el presidente fundador de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, “tenía depresión documentada”. 

¿Cómo es posible que asesinos y delincuentes manipuladores con título ejerzan en sesiones psiquiátricas? “Espero que sus pacientes no lo tengan de ejemplo”, comentan en redes sociales sobre el asesinato de una joven estudiante de enfermería a manos de un psiquiatra que tras breve condena carcelaria volvió a trabajar en el sector.   

En el siglo veintiuno, al igual que los césares en la Antigua Roma, traidores psicópata fulleros, seres patológicos, siguen siendo encumbrados. 

“Hay cazadores y hay perdedores”, dictaminaba el padre de Donald Trump ante sus cinco hijos creando bombas de relojería en sus cerebros y Donald, ni corto ni perezoso, se forjó en los delirios paternos sin jamás achantarse en un ¡todo sirve! desquiciado.

¿Guerras para ofuscar el Epstein Affair?

A día de hoy, como paradigma de la política con trastorno, encabeza el ranking el actual mandatario de Argentina junto a “Satanyahu” y el aludido jefe de las barras y estrellas.

Siempre el individuo más psicopático comanda los grupos violentos seguido por débiles mentales, tímidos y ladrones configurando así la panda idónea que vandaliza países o barriadas. 

Vinyals confiesa que “llegó a la vida con una herida, un trauma que venía pasando de una generación a otra” y que “estalló y me subí al carro de la locura, y empecé a tener comportamientos muy raros que me llevaron a estar encerrado en un psiquiátrico”. Allí vivió una serie de experiencias, de “violencia institucional” que aún hicieron las “heridas hondas”.

Nadie consideró “desde donde yo venía herido”, lamenta.

En palabras de la psicóloga Sonsoles Puchades: “El individuo hace a la sociedad pero la sociedad también hace al individuo”.

Y, hablando de la sociedad:

¿Indefensión económica instalada una vez psiquiatrizada la persona?

¿El diagnóstico imposibilita herencias?

¿Existen apoyos palpables a la inserción laboral?

¿Diversidad sexual y de género perseguida y castigada en personas recluidas en centros de salud mental?

¿Por qué los animales, -las mascotas-, no forman parte de la terapia durante el internamiento?

¿Dónde acudir, telefonear cuando se notan síntomas antes del brote? 

¿Qué fue del proyecto que el GAM (Grupo de Apoyo Mutuo) València quería establecer conjuntamente a profesionales del hospital Padre Jofré?

¿Estigmatización en centros de estudio tanto públicos como privados?

¿La IA (Inteligencia Artificial) facilitará a cualquier empresa u organismo el historial médico de las personas?

Hasta muy recientemente “no se cuestionaba la violencia psiquiátrica” ni se abordaban los efectos del estigma. “Había mucha vergüenza, había mucha culpa en las familias, mucho ocultismo”.

¿Se está debatiendo la continuidad de unidades de hospitalización psiquiátrica? 

¿Utilizar la terapia del shock+shock por psicólogos forenses (peritos que asesorar a tribunales y jueces sobre personas inmersas en procesos judiciales) aunque su éxito no tenga comprobación fehaciente? 

La población reclusa con problemas mentales “se desquicia”, si la “mandan a aislamiento se vuelve más loca”. Aislamientos máximos de quince días duran más tiempo y se pierde la noción del tiempo, del día y la noche, informa Lidia Gómez Ferrer miembro de la Asociación Familiares Frente a la Crueldad Carcelaria. Hay bipolares que “no reciben ningún tratamiento” y el entorno “va mermando psicológicamente a la persona”. 

¿Cómo exponer burocrática y psicológicamente las tardanzas en acudir a prestar atención a reclusos en trance de muerte? 

¿Qué pasa cuando algún interno o interna lo recrimina?  

¿Aislamiento?  

“CSIF (Central Sindical Independiente y de Funcionarios) alerta de la entrada de “papelitos” (la nueva droga, -papel impregnado de sustancias estupefacientes-) con sustancias tóxicas casi imposible de detectar tras la muerte de un interno en la prisión onubense”. ¿Implantación masiva de pistolas Táser (eléctricas) en cualquier cuerpo de seguridad, también en penitenciarías, ampliando el negocio de la estadounidense Axon? 

Madres con “síndrome de Munchausen” por poder (MSBP) inducen y manipulan tóxicamente hasta el desequilibrio de su hijo o hija a fin de lograr validación en el rol de “salvadora” causándole daños psicológico/psiquiátricos. ¿Quién se atreve a descubrirlo, a comunicarlo? Finalmente el o la menor alcanzará la mayoría de edad completamente dañado. Necesitan “sentirse poderosas” y “no considera que su conducta sea perjudicial”. ¿Cuántas personas psiquiatrizadas en el siglo veinte y veintiuno llevan tras de sí un historial de haber padecido tal síndrome?

¿Y qué decir de la genética?

“Los seres humanos no son como los juguetes mecánicos, que están en el mundo sin procesar ningún tipo de información. Lo que los genes nos proporcionan es la capacidad de reaccionar de forma inteligente a nuestro entorno en formas particulares”, dilucida el referido Pinker.

¿Cuántos pacientes los son por el “síndrome del yaciente”, el duelo por un hermano o hermana muerto que le convierte en la “rueda de repuesto”? 

¿Esterilización quirúrgica no consentida en manos de familiares de mujeres diagnosticadas presionando, como sea, sobre la Ley Orgánica 2/2020?

“El sufrimiento es parte del ser humano”, comenta Puchades. “Nos construimos según la sociedad en la que estamos”.

Vinyals comenta que el activismo años atrás era una marabunta, “no había muchas referencias cuando yo empecé”, existían algunas organizaciones de las denominadas Movimiento Loco, pero a día de hoy tenemos un día del Orgullo Loco, a finales de mayo, principios de junio. 

“Nos dicen que hay un sistema de atención psicosocial pero tampoco es verdad”, se centra en el fármaco. “Los fármacos que hay son sedantes, menores, mayores” que de alguna manera “permiten conciliar el sueño que es fundamental”.

¿Todo radica en “que te aten a una cama y que te inflen a medicación hasta que ya no sepas ni quien eres”? 

“Cuando te dicen que te vas a tener que medicar toda la vida, no te dicen la contraparte, todo el daño que esto genera, te dicen que los efecto secundarios son relativos”. Entonces surge el miedo como herramienta: “Si no te tomas estos vas a volver a la casilla de salida, al psiquiátrico, te van a volver a atar a una cama, -porque se sigue atando a la cama a las personas, a niños, a ancianos-, te van a poner contra tu voluntad inyecciones de neurolépticos” a raíz de ahí, “empiezas a seguir lo que te marca el camino del buen paciente”.

¿Desaparecido el síntoma y recuperado el sueño se dan las altas? 

En cualquier situación, parámetro o escenario todo se puede encuadrar en lo afirmado por el novelista francés Marcel Proust: “Los días son quizá iguales para un reloj, pero no para un hombre” o mujer.

       


ARCHIVOS

Mostrar más


OTRA INFORMACIÓN ES POSIBLE

Información internacional, derechos humanos, cultura, minorías, mujer, infancia, ecología, ciencia y comunicación

ElMercurioDigital.es, editado por mercurioPress/El Mercurio de España bajo licencia de Creative Commons. Medio independiente propiedad de mercurioPress
©Desde 2002 en internet
Otra información es posible


--