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Grrenpeace: El plástico no solo contamina, está destruyendo la «infraestructura» de la vida del planeta


Greenpeace lleva años advirtiendo del problema que supone la contaminación por plástico, pero la industria petroquímica, los envasadores y la gran distribución han preferido mirar hacia otro lado mientras nos vendían una falsa impresión de comodidad en forma de envases plásticos de usar y tirar. Nos quisieron convencer de que el problema del plástico era solo un paisaje sucio que se puede limpiar, la típica imagen de la botella flotando en el mar o la bolsa colgada de la rama de un árbol. Nos colaron durante décadas la gran mentira del reciclaje infinito mientras abarrotaban los supermercados de envases de un solo uso.

11/06/2017. Baleares. España. ©Greenpeace Handout/Pedro ARMESTRE

Pero la ciencia acaba de asestar un golpe definitivo a las mentiras de la industria. Un estudio publicado en la revista científica Global Change Biology demuestra que hemos cruzado una frontera de no retorno. Los microplásticos ya no son solo un problema de ingestión o tóxicos acumulados en el estómago de peces o incluso de seres humanos. Los microplásticos están destruyendo literalmente la estructura física y el «sistema nervioso» de los ecosistemas.

¿Qué significa esto en la práctica? Según el estudio los microplásticos están actuando como un verdadero «inhibidor de frecuencia» de la vida. Los organismos no usan palabras, se comunican mediante moléculas naturales que transmiten mensajes químicos entre los seres vivos (llamados infoquímicos). Los insectos, los peces o la microfauna del suelo necesitan estas señales para buscar alimento, detectar a un depredador, coordinar la fijación de nutrientes o encontrar pareja.

Las partículas de microplástico, por su naturaleza hidrófoba y su enorme superficie relativa, actúan como esponjas químicas que absorben, retienen y distorsionan estas moléculas orgánicas en el agua y el suelo. Al interferir con este flujo de información, los microplásticos «apagan la red» de la naturaleza. Ciegan a las especies en su propio hábitat, dejando a miles de organismos desorientados e incapaces de alimentarse o reproducirse, lo que desencadena un colapso en cascada en toda la cadena alimentaria.

Bajo nuestros pies, la situación en las tierras de cultivo es igual de alarmante. Las partículas de plástico no se quedan inertes en el barro, alteran mecánicamente la matriz biofísica del suelo.

Y lo hacen rompiendo la cohesión de los terrones y grumos del suelo (micro y macroagregados del terreno), dejando la tierra apelmazada y sin estructura. Esto altera gravemente la porosidad de los suelos y reduce su capacidad de retención de agua acelerando la desertificación y la erosión. Se fragmentan así las redes de hongos micorrícicos esenciales para las raíces y mata las comunidades de bacterias encargadas de mineralizar la materia orgánica.

Estamos destruyendo químicamente y mecánicamente la fertilidad del suelo que nos da de comer a base de plastificar nuestros campos con lodos de depuradora, plásticos agrícolas y basuras mal gestionadas.

Mientras la comunidad científica certifica la destrucción de la infraestructura de la vida, los monopolios de la gestión de residuos y el lobby del plástico siguen queriendo engañarnos. Prometer un reciclaje perfecto, que sabemos que no funciona (y que en España no llega ni al 25% real de los envases plásticos) o cambiar un vaso de plástico por otro de cartón plastificado no es más que puro greenwashing. Cambiar un material desechable por otro sigue alimentando el modelo de «usar y tirar». No podemos reciclar para salir de esta crisis, la única solución pasa por cerrar el grifo de la producción masiva en origen.

Para frenar la destrucción de la matriz vital del planeta, Greenpeace exige aplicar medidas valientes y vinculantes ya:

Tratado Global de Plásticos ambicioso y vinculante: que establezca objetivos legales para reducir la producción mundial de plástico al menos un 75% para 2040.

Fin del «usar y tirar»: prohibición efectiva de los envases desechables y una transición real hacia sistemas de reutilización y rellenado.

Implantación inmediata del sistema SDDR (devolver el casco): que España adopte de una vez el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno para que las empresas paguen el coste real de sus envases y el consumidor pueda devolver los envases a las tiendas.

Prohibición total de microplásticos añadidos: tolerancia cero con las microesferas y aditivos sintéticos en cosmética, detergentes y procesos industriales.

No hay más excusas. El falso compromiso ecológico y blanqueo ambiental de las empresas y seguir engañándonos, ha terminado. No hablamos solo de limpiar playas para que queden bonitas en la foto, nos estamos jugando la viabilidad del suelo que nos alimenta, del agua que bebemos y del equilibrio biológico que sostiene la vida en la Tierra. Por ello, exigimos el fin de la era del plástico ya.

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