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La costa española, expuesta a unas olas de calor marinas cada vez más habituales por el cambio climático


Madrid.- Las olas de calor marinas son cada vez más habituales en las costas españolas, en especial en el mar Mediterráneo, donde han dejado de ser un fenómeno aislado, para convertirse en una característica definitoria debido al cambio climático, con graves consecuencias para los ecosistemas marinos y un mayor riesgo de eventos destructivos.

Según un estudio que ha presentado este miércoles World Weather Attribution (WWA), el 90 % de la región del Golfo de Vizcaya y la costa atlántica peninsular se ha visto afectada por condiciones de ola de calor marino, al igual que ha ocurrido con el 80 % del Mediterráneo occidental.

Esta situación solo habría afectado al 40 % de estas regiones sin el actual calentamiento de 1,4 grados provocado por el ser humano que, según el estudio, es el responsable de las temperaturas de la superficie del mar récord que se han registrado este verano en Europa, en donde se han producido olas de calor marinas desde Irlanda hasta el Mediterráneo.

Precisamente en la región celta, un 80 % del territorio marino se vio afectado por olas de calor, un porcentaje que se reduciría al 30 % sin el cambio climático; mientras que en el Mediterráneo oriental alcanzó el 70 % del territorio, cifra que sería del 9 % si se descontara el efecto de las emisiones.

El mar bate récord de temperatura en julio, mientras el calor y la sequía intensifican los incendios en Europa

 

El cambio climático, detrás de este aumento

El informe pone sobre la mesa que las temperaturas del mar han aumentado en 1,2 grados en la región celta y 1,5 grados en el Golfo de Vizcaya y la costa atlántica de la península ibérica.

La situación empeora en el Mediterráneo, donde los aumentos superan «con creces el nivel del calentamiento global», después de que en la parte occidental de este mar la subida haya sido de 3,1 grados, mientras que en la vertiente oriental ha llegado a los 2,6 grados.

Anomalías en las temperaturas de la superficie del mar en julio de 2026 en torno a Europa, con respecto a la media climatológica de julio del periodo 1990-2020. WWA

De este ascenso de las temperaturas en el Mediterráneo, aproximadamente 2 grados son atribuibles al cambio climático antropogénico, mientras que la acción humana sería la responsable de una subida de 1,4 grados en el Golfo de Vizcaya y la costa atlántica.

La costa de la península ibérica -tanto la mediterránea como la atlántica- es la que más se ha visto afectada por estas anomalías térmicas, algo que los científicos de WWA consideran que podría depender de la geografía y las limitaciones físicas del lugar, aunque reconocen no estar seguros de por qué se está calentando «a un ritmo tan increíble».

«En estas regiones, estos eventos habrían sido muy raros en un clima 1,4 grados más frío, a pesar de ser comunes en la actualidad», recoge el informe, que advierte de que el aumento de las temperaturas en el mar continuará «a un ritmo similar» al actual si se cumplen con las proyecciones de subida de los termómetros para finales de siglo.

Efecto para los ecosistemas

La creciente frecuencia, intensidad, duración y extensión espacial de las olas de calor marino «ya están transformando los ecosistemas y generando riesgos en cadena para la pesca, la seguridad alimentaria, el turismo, los medios de vida costeros y la salud humana», según WWA.

En concreto, estas temperaturas marinas anormales provocan episodios de mortalidad masiva de especies como los corales, las esponjas y las macroalgas, lo que afecta a la estructura y el funcionamiento de todo el ecosistema, al afectar a invertebrados, peces, aves marinas y mamíferos.

A ello se suma que estas altas temperaturas pueden provocar el desplazamiento de especies, cambios en la composición de las comunidades y la sustitución de organismos por otros más adaptados al calor.

Pero los impactos no son exclusivamente ecológicos, sino que la alteración de los ecosistemas puede socavar los medios de vida y los sistemas alimentarios, mientras que el calentamiento de los mares puede aumentar los riesgos directos e indirectos para la salud humana. 

 Estos impactos están interrelacionados: la alteración ecológica puede socavar los medios de vida y los sistemas alimentarios, mientras que el calentamiento de los mares puede aumentar simultáneamente los riesgos directos e indirectos para la salud humana.

La adaptación por sí sola no vale

En este contexto, los investigadores aseguran que la adaptación por sí sola no vale, ya que puede incrementar la resiliencia y reducir la vulnerabilidad, pero no compensar por completo los impactos ecológicos del calentamiento oceánico continuado.

Por ello, consideran «esencial una transición rápida que abandone los combustibles fósiles para salvar ecosistemas cruciales, la pesca, la producción alimentaria y el turismo a lo largo de las costas europeas».

Además, piden la puesta en marcha de medidas como la reducción de presiones adicionales sobre los ecosistemas marinos, la protección de los hábitats, la adaptación de la gestión de la pesca y la acuicultura y la mejora de los sistemas de seguimiento y alerta temprana. EFE Verde


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