La fotógrafa Bego Antón reconstruye la caza de brujas en el País Vasco a partir de las confesiones bajo tortura
Laura de Grado Alonso | Madrid - Durante más de diez años, la fotógrafa vasca Bego Antón ha recorrido archivos, estudiado procesos judiciales y convertido en imágenes las confesiones que cientos de mujeres acusadas de brujería durante los siglos XVI y XVII en el País Vasco fueron obligadas a pronunciar bajo tortura y amenaza.
El resultado es Haiek Danak Sorginak (Todas ellas brujas), un proyecto fotográfico y editorial que reconstruye el universo descrito en aquellos testimonios sin pretender presentarlo como verdadero, sino para señalar la violencia que se esconde detrás de su fabricación y devolver presencia a las mujeres que la historia redujo a personajes malignos, seres sobrenaturales o protagonistas de leyendas.
"El proyecto nace de una necesidad muy personal de desmitificar la figura de la bruja", explica a Efeminista Antón, Premio Revelación PHotoESPAÑA 2017, quien creció rodeada de una mitología vasca en la que las brujas convivían en el imaginario popular con lamias, gigantes, criaturas del bosque y otros seres fantásticos.
"Cuando pensamos en brujas, todas tenemos un imaginario muy claro y que se repite siempre sobre estas mujeres", añade, que es la de una anciana siniestra, la mujer solitaria, el aquelarre, el vuelo nocturno o el pacto con el demonio. Una imagen reconocible que la fotógrafa comenzó a cuestionar al preguntarse cuánto había de realidad en aquello que durante siglos se había transmitido como folclore.
"Nunca vamos a tener su versión de los hechos"
Su investigación la condujo hasta los documentos históricos y, especialmente, hasta las declaraciones conservadas de las mujeres procesadas durante la Edad Moderna. Confesiones que no recogen su versión de los hechos, explica, sino las palabras que los jueces, inquisidores y perseguidores esperaban escuchar después de someterlas a interrogatorios, torturas y amenazas.
"Lo que hice fue traducir esas confesiones en imágenes. El proyecto nos muestra cómo hubiera sido el mundo descrito por estas mujeres bajo tortura si en algún momento aquello que hubieran contado hubiera sido real", resume.
"No se pueden rellenar los huecos porque no tenemos esa versión (...) Nunca vamos a tener su versión de los hechos. Solamente vamos a tener el punto de vista de los hombres. Es una conclusión muy triste, pero muy real", reconoce Antón.
El fotolibro articula las fotografías de Antón con grabados de la época y con textos de la historiadora Amaia Nausia Pimoulier y de la investigadora estadounidense Alice Markham-Cantor, descendiente de una de las mujeres asesinadas durante los juicios de Salem.
La obra cuenta con una edición en euskera e inglés publicada por Overlapse y otra en euskera y castellano editada por Comisura. La combinación de imágenes, documentos y textos permite recorrer tanto la dimensión histórica de la persecución como los ecos que la caza de brujas continúa proyectando sobre las mujeres en la actualidad.

Vista del fotolibro 'Todas ellas brujas', de Bego Antón, publicado por Comisura. Foto: Comisura
Mujeres reales, no criaturas mitológicas
Uno de los principales propósitos de Todas ellas brujas es separar la persecución histórica de mujeres de la mitología que ha terminado envolviéndola. Para Antón, incluir a las brujas en la misma categoría que las criaturas fantásticas contribuye a esconder que fueron personas de carne y hueso sometidas a un sistema judicial, religioso y social de violencia.
"No eran seres mitológicos, no eran seres de nuestra imaginación, eran personas reales de carne y hueso que sufrieron una persecución atroz", sostiene.
La caza de brujas provocó la ejecución de alrededor de 60.000 personas en Europa, principalmente durante los siglos XVI y XVII. Las acusaciones alcanzaron de manera desproporcionada a las mujeres y se alimentaron de una estructura que convertía comportamientos cotidianos, conflictos vecinales, conocimientos transmitidos entre generaciones o formas de vida alejadas de la norma en indicios de una relación con el demonio.
En Euskal Herria, la persecución dejó miles de acusaciones y procesos como el de Zugarramurdi, las campañas encabezadas por el juez francés Pierre de Lancre en Lapurdi y las sucesivas oleadas registradas en el Reino de Navarra en 1525, 1575 o 1610, en las que intervinieron los Tribunales Reales, la Inquisición y el Tribunal Episcopal de Pamplona.
La acusación podía comenzar con el señalamiento de una vecina y crecer a medida que las personas interrogadas eran obligadas a proporcionar nuevos nombres. Una mujer acusada debía reconocer aquello que se le atribuía y confirmar la presencia de otras en reuniones, ceremonias o actos imaginados por sus perseguidores.

Vista del fotolibro 'Todas ellas brujas', de Bego Antón, publicado por Comisura. Foto: Comisura
Traducir la tortura en imágenes
Entre los nombres asociados a la crueldad y la misoginia de estos procesos destaca Pierre de Lancre, funcionario enviado a comienzos del siglo XVII a la costa vascofrancesa. Sus escritos contribuyeron a presentar el territorio y, especialmente, a sus mujeres como una población inclinada a la brujería, el desorden moral y la influencia demoníaca.
Para trasladar las confesiones al lenguaje visual, Antón tuvo que apartarse de la fotografía documental con la que estaba acostumbrada a trabajar y construir cada escena desde cero. Localizaciones, vestuario, atrezo, iluminación y disposición de los cuerpos conforman recreaciones en las que "cada fotografía cuenta una historia muy concreta", explica la autora.
El proyecto adopta una dimensión íntima al implicar a las mujeres de su propia familia, cuyos cuerpos encarnan escenas construidas a partir de las palabras atribuidas siglos atrás a las acusadas.
Antes de convertirse en fotolibro, la serie se expuso en el Parque Natural de Bertiz y, durante el Getxophoto 2022, en Algorta, en la plaza San Nikolas y el entorno del metro.
También formó parte de la retrospectiva Sobre brujas, perros, elfos y otras realidades fantásticas, presentada en Kutxa Kultur Artegunea, en San Sebastián, y posteriormente en el Centro Niemeyer de Avilés.
La caza de brujas no es algo del pasado
Aunque en Europa la caza de brujas suele asociarse a un pasado remoto, Antón recuerda que las acusaciones continúan provocando expulsiones, agresiones y asesinatos de mujeres en distintas regiones del mundo.
"La gente creo que no es consciente de que hay países en los que todavía esa figura de la bruja existe y que tiene consecuencias muy negativas para esas mujeres", lamenta.
Uno de los ejemplos más documentados se encuentra en el norte de Ghana, donde cientos de personas acusadas de brujería, en su mayoría mujeres mayores, han sido expulsadas de sus comunidades y viven en campos informales. Una investigación de Amnistía Internacional publicada en 2025 contabilizó más de 500 residentes en cuatro de estos asentamientos, con un acceso insuficiente a alimentos, agua potable, vivienda segura, atención sanitaria y oportunidades económicas.
Según datos recopilados por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Red de Información sobre Brujería y Derechos Humanos, durante una década se documentaron más de 20.000 casos relacionados con acusaciones de brujería y ataques rituales en más de 60 países, entre ellos más de 5.000 asesinatos. Estos crímenes fueron especialmente frecuentes en India, Papúa Nueva Guinea y distintos países del África subsahariana como Ghana, Tanzania, Zimbabue, Gambia y Nigeria.
Recuperar la memoria de las mujeres perseguidas por acusaciones de brujería
El interés por recuperar las historias borradas está apareciendo también en otros proyectos visuales recientes, como Sacra Lunaria, el cortometraje de Mey Montero sobre la caza de brujas en Aragón; o el documental A Witch Story (Una historia de brujas), de la cineasta española Yolanda Pividal, que revisa desde una perspectiva feminista los procesos de Salem.
Esa relectura ha llegado asimismo a la novela ilustrada con ¿Es una bruja?, de Raquel Gu, y al ensayo con La caza de brujas en Pamplona. Sala del tormento, procesión infamante y hoguera, de Leire San Martín Marcos y prologado por Silvia Federici.
