Mujeres sabias y brujas
Teresa Moll谩 Castells
Esta semana pasada le铆a un art铆culo en donde, la persona que lo escrib铆a analizaba la importancia del lenguaje, de las palabras para definir lo que est谩 sucediendo en Ceuta. De c贸mo la derecha y la ultraderecha utilizan expresiones como “invasi贸n”, “violencia”, “avalancha”, etc. para tensionar a la poblaci贸n y crear alarmismos.
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| Gerda Lernee |
Ocurre algo similar con las violencias machistas y el patriarcado: En la medida se habla de “mujer muerta” y no de mujer asesinada se est谩 ejerciendo, a trav茅s del lenguaje, violencia estructural contra las mujeres y utilizando el lenguaje para infringirla.
Es muy sutil, pero ocurre. En los medios de comunicaci贸n hay cierta resistencia a hablar de asesinatos de mujeres porque llevan la carga de culpabilidad impl铆cita. Y el patriarcado lo que busca es la justificaci贸n del maltratador. Es una cuesti贸n cultural e hist贸rica.
La naturalizaci贸n de las desigualdades viene de muy atr谩s y a trav茅s de plumas de pensadores que van desde Arist贸teles a Rousseau, padre de la pedagog铆a moderna (y as铆 nos sigue yendo en las escuelas) a trav茅s de una biologizaci贸n de la supremac铆a masculina a trav茅s de los siglos.
Simone de Beauvoir denunciaba en su libro “Memorias de una joven formal” que “Mi educaci贸n, mi cultura y la visi贸n de la sociedad tal como era, todo me convenc铆a de que las mujeres pertenec铆an a una casta inferior”.
Si le sumamos a permanente utilizaci贸n del gen茅rico masculino y las f茅rreas reticencias de utilizar un lenguaje m谩s inclusivo para incluir a las mujeres y a las ni帽as, comprenderemos que el lenguaje manipulado por y para los intereses masculinos que tratan de mantener a toda costa sus privilegios, es un arma al servicio de la violencia machista estructural.
Si tenemos en cuenta que la violencia de g茅nero no entr贸 a formar parte de las agendas de los gobiernos hasta la IV Conferencia Mundial sobre las mujeres celebrada en Beijing en 1995 y que fue all铆 donde, por fin, se acu帽o una definici贸n, comprobaremos que a nivel hist贸rico “s贸lo” han pasado 31 a帽os des de aquel hist贸rico acuerdo.
Llegamos tarde para la prevenci贸n y la formaci贸n en el uso m谩s inclusivo del lenguaje que nos represente a las mujeres tambi茅n como parte de la sociedad.
Una sociedad tiene mujeres trabadoras, sindicalistas, pol铆ticas, periodistas, activistas, escritoras, lectoras y as铆 un largo etc. Porque formamos parte de la sociedad, ayudamos a crearla, vivimos en ella. No somos elementos decorativos que se pueden reemplazar por otros cuando te hayas cansado. Somos seres humanos con derechos humanos plenos.
Y s铆, aunque sigue habiendo muchos intereses de todo tipo para mantener la supremac铆a del poder masculino, desde el feminismo seguiremos exigiendo que el lenguaje sea m谩s inclusivo, que nos tenga en cuenta, porque somos, porque existimos.
Otra de las consecuencias del gen茅rico masculino es, como dec铆a Gerda Lerner en 1986 “eliminan a las mujeres en la formaci贸n del sistema de ideas” por tanto nos invisibilizan y nos dicen c贸mo hemos de actuar en cada momento y situaci贸n.
Otra de las consecuencias directas es que impiden o evitan que las mujeres desarrollemos una conciencia de g茅nero como un grupo particular y eso repercute reforzando al patriarcado en todos los sentidos.
Si tomamos como referencia la definici贸n que hizo en su d铆a el Consejo de Europa sobre violencia estructural y que es “La violencia estructural hace referencia a una forma de violencia no expl铆cita, sin voces, insultos o amenazas. Pero que sit煤a a ciertas personas en una situaci贸n de desigualdad en el acceso a los recursos o que imposibilita su desarrollo personal” entenderemos la tesis de c贸mo el lenguaje no inclusivo imposibilita la igualdad real y plena entre mujeres y hombres.
Precisamente por esa igualdad plena es por lo que seguimos luchando desde el feminismo radical (el que va a la raiz) e hist贸rico. Y pese a que hay momentos en que te puedas sentir sola, en este caso, el fin justifica los medios y ah铆 est谩n los avances conseguidos en el 煤ltimo medio siglo. Y seguimos…
Ben cordialment,
Teresa

