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La velocidad de propagación de los incendios extremos amenaza con alterar la vegetación a largo plazo


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Laura Sierra. Madrid. EFE.- Los incendios forestales extremos -aquellos con una rápida expansión y gran dificultad de extinción- pueden provocar cambios a largo plazo en la vegetación debido a que las áreas afectadas tienen una menor cobertura arbórea y una capacidad de recuperación más reducida respecto a los fuegos menos intensos.

Estas son las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista Science Advances, que concluye que los incendios forestales de rápida propagación en Norteamérica reducen la regeneración del bosque y alteran su vegetación a largo plazo.

La investigación analizó 43,2 millones de hectáreas entre 2012 y 2023, de las que 32,1 millones de hectáreas correspondían a bosque de coníferas. Además, de los 10 incendios con una propagación más rápida, siete ocurrieron en Canadá en 2023 y dos en el oeste de Estados Unidos en 2020.

En ellos, el fuego avanzó tan rápido que los árboles supervivientes quedaron demasiado lejos para soltar semillas y volver a hacer crecer el bosque.

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No solo importa cuánto arde, sino la velocidad

El estudio confirma una relación directa entre la rapidez del fuego y la magnitud de sus impactos, debido a que a medida que aumenta la velocidad de propagación, también lo hace el área de incendios de alta intensidad y la distancia a las fuentes de semillas de árboles supervivientes.

«No solo queman más áreas, sino que también queman esa área con mayos severidad», recoge el informe.

En este sentido, explican que los incendios de alta intensidad remodelan los ecosistemas forestales y alteran diversos valore del hábitat, reservas de carbono y otros servicios ecosistémicos.

«Dado que la regeneración de muchas especies de árboles del oeste de Norteamérica depende de la dispersión de semillas por el viento desde fuentes de semillas de árboles maduros y vivos, las tasas de recuperación posterior al incendio se ven limitadas cuando el interiór de las zonas quemadas está lejos de los árboles supervivientes», continúa el estudio.

Cambios duraderos en el paisaje

Más allá de los efectos inmediatos, el estudio subraya que también se pueden producir cambios duraderos en el paisaje que se ven agravados por un clima cambiante, como las condiciones de calentamiento y sequía.

Esto puede llevar a que en algunos entornos se den circunstancias que inhiban las llamas en el futuro, pero que en otros, los cambios en la vegetación promuevan la actividad de los incendios, «como se observa cuando el fuego produce especies de pastos o arbustos de crecimiento más rápido que aumentan el combustible disponible».

Planificación y gestión

Por ello, los científicos consideran «esenciales» la planificación previa al incendio y la gestión proactiva del fuego para mitigar los resultados no deseados, tanto para las personas, como para los bosques.

Entre las medidas que proponen se incluye los incendios controlados cuando sea ecológicamente apropiado o los paisas mosaico que incluyan grandes parches de vegetación de bajo combustible. Además, consideran probable que se necesite una mayor capacidad para reforestar paisajes gravemente quemados para restaurar y mantener paisajes forestales en el futuro.

«Este trabajo añade una pieza más para entender estos incendios: no solo importa cuánto queman o con qué intensidad lo hacen, sino también la velocidad a la que se propagan, ya que todas estas variables están relacionadas entre sí”, ha valorado el investigador del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (CSIC-Universidad de Oviedo), José V. Roces-Díaz, a Science Media Centre España.

En el caso del monte mediterráneo, el catedrático del departamento de Biología (Área de Botánica) de la Universidad de Cádiz Fernando Ojeda considera que este trabajo «invita a reflexionar» después de que la forestación masiva de pinos en la península ibérica durante el siglo XX haya colocado extensas plantaciones homogéneas de coníferas, «en muchos casos, con elevadas densidades de árboles asociadas a un abandono de su gestión, en un paisaje mediterráneo donde el fuego es un componente intrínseco del ecosistema». EFE Verde

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