
Sevilla.- Un estudio científico de la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de Barcelona ha descubierto que las estrellas de mar adaptan su genoma a las condiciones concretas de la región donde viven, de modo que ejemplares de la misma especie tienen casi un 19 % de sus cromosomas «del revés».
El estudio, ha explicado el investigador de la Estación Biológica de Doñana Carlos Leiva, muestra cómo poblaciones de estrella de mar espinosa que habitan tanto el Mediterráneo como las Islas Británicas tienen genomas diferentes, pese a ser de la misma especie.
«Lo más interesante es que las variantes de estas inversiones no se distribuyen al azar entre las poblaciones estudiadas, sino que aparecen asociadas a distintas regiones geográficas», ha detallado Leiva.
Esos cambios cromosómicos adaptan a las estrellas de mar para que puedan responder al «estrés térmico, osmorregulación, respuesta inmune y percepción ambiental», cuestiones que los investigadores tendrán que validar con estudios experimentales.
Gracias a esta investigación, los científicos pueden estudiar cómo una especie se adapta a ambientes diferentes, incluso cuando sus poblaciones están muy conectadas entre sí, como es el caso de la estrella de mar espinosa.
Las estrellas marinas adultas tienen una movilidad reducida, pero sus larvas sí que viajan cientos de kilómetros ayudadas por las corrientes oceánicas, mezclando continuamente a sus poblaciones, han explicado los investigadores.
Por esa conexión entre hábitats, debería ser difícil que hubiese grandes diferencias adaptativas entre regiones para una misma especie, pero el estudio demuestra que hay zonas del genoma que escapan a esa mezcla y cambian en función de dónde vive la población adulta.
El estudio revela que determinadas regiones del genoma se recombinan, se «mezclan», mucho menos que el resto, lo que hace que se mantengan diferenciadas entre poblaciones.
«Estas regiones actúan como bloques que se heredan conjuntamente, conservando así combinaciones de genes beneficiosas para vivir en condiciones ambientales concretas, con diferencias de temperatura o salinidad», ha explicado Marta Martín Huete, investigadora predoctoral de la Universidad de Barcelona.
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Hasta 300 ejemplares
El estudio se ha llevado a cabo analizando casi 300 ejemplares de la estrella de mar Marthasterias glacialis procedentes de 19 localidades distribuidas por el Atlántico nororiental y el Mediterráneo occidental.
«Estos resultados abren la puerta a nuevos estudios para comprobar si estas inversiones cromosómicas se traducen efectivamente en diferencias biológicas entre individuos, como una mayor tolerancia al calor, resistencia a cambios de salinidad, variaciones en el crecimiento o la reproducción», explica Carlos Leiva.
En el estudio ha participado personal investigador de la Estación Biológica de Doñana, la Universidad de Barcelona (UB), el Institut de Recerca de la Biodiversitat (IRBio-UB), así como de la Universidad de Guam, del Institut Botànic de Barcelona (IBB-CSIC) y la Universidad de Rennes. EFE
