Samuel Schmidt
Parte de este artículo se enriqueció por la discusión en la tertulia sabatina.
Hay una práctica mexicana para dirimir en el espacio público las dificultades, independientemente de su dimensión y temática.
Una familia sale a marchar porque detuvieron a una pariente acusada de asesinato, reclaman inocencia.
Un grupo de personas, no necesariamente estudiantes, bloquea una calle para protestar por dificultades con el examen de admisión a la UNAM.
Un grupo de estudiantes toma casetas de pago en carreteras para protestar.
Un grupo de personas bloquea accesos al aeropuerto de la CDMX para protestar porque no hay medicamentos oncológicos
La lista es larga.
Uno esperaría que en una democracia, la gente, ya sea individual o grupalmente, acudiera a las instituciones para dirimir controversias, manejar conflictos, o elevar demandas y apoyos, sin embargo, encontramos que se llega a dar la situación donde instituciones como los partidos políticos, optan por movilizar “informalmente” a la sociedad, tratando de esconder su participación, o intentando provocar inestabilidad.
La movilización política no siempre representa causas socialmente “válidas”, toda vez, que hay una manipulación que inclusive miente. Un ejemplo es la marcha “nacional” el 1ero de agosto de 2026 en defensa del agua y la soberanía. Se acusa al gobierno de Chihuahua de haber firmado un acuerdo de colaboración con la agencia de cooperación internacional de Israel (Mashav) para facilitar que Israel se lleve el agua, posteriormente se ha ido acomodando y una versión es que la gobernadora quiere privatizar el agua. Tras parte de la marcha se esconde un senador que quiere presionar para lograr una candidatura.
No todas las marchas responden a mentiras.
Un grupo de campesinos de Puebla salió a las calles para protestar por la abulia gubernamental ante la sobre explotación del agua, la tolerancia ante pozos ilegales y la reducción de la cuota de agua que les toca para cultivar sus tierras. La movilización fue efectiva y la CONAGUA tuvo que cancelar pozos ilegales.
¿Por qué la gente opta por socializar sus problemas y visualizarlos?
La respuesta es compleja.
Lo primero es la inoperancia de muchas instituciones, ya sea por corrupción, por influencia política, o por ineficiencia y burocratismo. Lo cierto es que mientras muchos burócratas se escudan en la ley, también usan la ley para abusar y reprimir. El grupo campesino poblano fue a la CONAGUA a pedir permiso para perforar un pozo porque el existente no funciona bien, y la respuesta fue: cuando se colapse vengan.
La sociedad mexicana sabe que las cosas se mueven con influencias, pero en un país muy desigual, la influencia no es un recurso garantizado o disponible para todos. Se considera que la influencia se consigue con dinero, amigos, tiempo, y capacidad de movilización. Por supuesto que no hay garantía de éxito con ninguno de ellos, pero suponemos que a mayor capacidad de impacto mayor capacidad de logro. Llevar a un diputado ante un juez de barandilla puede lograr impunidad, tomar el zócalo durante semanas puede producir millones de pesos. Si la influencia es lo determinante, lo disruptivo puede crear una cuota de influencia
En ciertas circunstancias ciertas preguntas clave pueden perder pertinencia. ¿Qué tanto de la protesta es cierta? Ya vimos que no siempre, y lo que hay que entender es ¿cuál mano mueve la cuna? Lo mismo puede decir se sobre la legitimidad de la protesta, aunque lo legítimo es también impreciso.
Parece haber una industria de la protesta. ¿Hay protestadores o marchadores profesionales? Hay entrevistadores que inquieren sobre las razones para protestar y encuentran respuestas como: “A mí me dijeron que venga”, “no sé”. Muchos anti israelíes desconocen de que río y mar se trata cuando exigen que se cumpla la consigna “desde el río al mar”. En la UNAM hay un bachillerato militante, donde se imparten clases sobre disrupción.
La salida a la calle puede ser una forma de catarsis. La gente que se une a una marcha donde insulta al presidente, pero al final de la marcha se retira sin asistir al mitin del convocante.
La salida a la calle es una muestra de falta de confianza en las instituciones. Muestra la carencia de canales de comunicación y mediación con las instancias de decisión que deben atender quejas y malestares sociales.
Falta de credibilidad en los instrumentos e instituciones que atienden quejas y descontento, o de aplicación de la ley. Defender la inocencia de una acusada sabiendo que se fabrican culpables y que se castiga por razón política.
Cuando la sociedad tiene que optar por movilizarse es porque el Estado de Derecho esta debilitado, o porque sus elementos básicos son disfuncionales, y esto es una muestra de falta de democracia.
@shmil50
