Ahora, el Museo Lázaro Galdiano, en Madrid, le dedica Isabel Matoses: La imagen recuperada, una exposición comisariada por la gestora cultural Begoña Torres, quien dice poseer una predilección "por las trayectorias olvidadas".

Cartel de la exposición 'Isabel Matoses: La imagen recuperada', cedida por el Museo Lázaro Galdiano.
Una fotografía artesanal maltratada por la historiografía
"La historiografía artística a veces juega malas pasadas a muchas mujeres que se merecen estar en primer plano", denuncia Torres al rememorar a Matoses, a quien la comisaria del Lázaro Galdiano no duda en definir como una "pionera desconocida".
En la época de los 70 - 80, cuando la madrileña desarrolló la mayoría de sus trabajos, la fotografía era considerado algo mecánico, "algo que reproducía la realidad de manera verídica", explica Torres y matiza que, por supuesto, también era un ámbito dominado por "las figuras masculinas".
En este contexto y haciendo alarde de su dominio técnico, Matoses presentó sus fotografías, en las que la frontera entre lo documental y el arte quedan completamente difuminadas.
A través de un tratamiento casi artesanal de la imagen, la manipulación de negativos y el uso de técnicas de laboratorio, Matoses hizo que sus fotos se convirtieran en una evidencia física de que cada pieza e imagen es única e irrepetible.
"Ella hace fotografías pintando y pinta haciendo fotografías", describe Begoña Torres.

La Plaza Mayor de Madrid fotografiada por Isabel Matoses en 1978. Imagen cedida por el Museo Lázaro Galdiano.
Isabel Matoses regresa al Museo Lázaro Galdiano
A través de un doble proyecto compuesto por la exposición de 70 imágenes inéditas y un libro, el Museo Lázaro Galdiano vuelve a incorporar entre sus salas a la figura de Matoses, quien en su día, fue capaz de perderse entre las mismas sin ayuda externa.
La fotógrafa y artista adelantada a su tiempo estuvo en el Lázaro Galdiano, y así lo demuestra su propia interpretación del Akelarre de Goya, la que para Torres es la pieza más importante del museo.
Para ello, la artista madrileña hizo una solarización, técnica a través de la cual consigue brindar a los receptores de su obra una experiencia psicodélica y que podría catalogarse de fantasmal.
Esta pieza demuestra, tal y como describe Torres, el modo en el que Matoses experimentaba con las fotografías, lo que la acercaba a las vanguardias del momento:
"Las transpone, las trastoca, las desmaterializa y las convierte en algo que tiene movimiento y se relaciona mucho con esa idea de la psicodelia o del Op Art".

La interpretación que Isabel Matoses hizo de 'Akelarre', de Goya. Imagen cedida por el Museo Lázaro Galdiano.
Rodeada de grandes personalidades
Además de sus reinterpretaciones de obras ya afamadas y la producción de piezas originales, Matoses se encargó de retratar a numerosas personalidades de la época. María Dolores Pradera, Juan de Borbón, Pitita Ridruejo, Camilo José Cela, Lucía Bosé o Rafael Alberti, son algunas de las personas a las que la fotógrafa se aventuró a mirar a través de su cámara.
Entre este listado, quizás destaca la figura de Adolfo Suárez, por su relevancia política en una España en Transición, una relevancia impulsada por la lente de Matoses, quien fue la encargada de la campaña electoral de quien sería el primer presidente en democracia del país.

Adolfo Suárez fotografiado por Matoses en 1977. Imagen cedida por el museo Lázaro Galdiano.
Torres tacha de "incomprensible" que una mujer que estaba en contacto con las personalidades del momento haya caído en el olvido.
Con su exposición, la comisaria busca luchar contra el silencio que rodea a esta mujer, artista y pionera porque "Isabel se lo merece".
