Hristina Hranova nació en 1852 en el pueblo de Klisura, en la región de Sofía, en la familia de Hrano Tsenkov-el Pastor, siendo la menor entre doce hermanos y cinco hermanas. A los doce años le disparó y mató al líder del basi-bazuk turco que intentaba atacar a su madre con un sable, tras lo cual su padre cargó a toda su numerosa familia en una carreta y los llevó a Sofía. La joven se educó en el instituto de Yordanka Filaretova, y cuando tuvo la oportunidad de ayudar a Vasil Levski, no dudó en hacerlo.
"A los 18 años, Hristina se convirtió en mensajera del Comité Revolucionario de Sofía por recomendación de Levski —relata Magdalena Gigova en su sección 'Las direcciones del amor' en el programa Radio Sofía de BNR. "Cada semana,montando su caballo y disfrazada de chico, recorría el trayecto de Sofía a Lovech y Panagyurishte llevando cartas de Levski."
FOTO europeana.eu, museumvt.com
"No pasó mucho tiempo y la familia de Hristina supo la terrible noticia de que Levski había sido capturado y condenado a muerte. Hristina se disfrazó de pastora y se acercó al lugar de la ejecución para ver al Apóstol por última vez. Presenció el ahorcamiento del Diácono y en sus escritos se refería a él como el Grande."
Durante el Levantamiento de Abril (1876), Hristina Hranova participó en las acciones de combate en Batak, y un año más tarde se incorporó a las filas de los voluntarios búlgaros en calidad de enfermera de la Cruz Roja, pasando por el fuego de las batallas de Shipka, Sheynovo y Stara Zagora. Mientras tanto, diez de sus hermanos perdieronla vida como voluntarios en la Guerra Serbo-Turca y en la Ruso-Turca.
Hristina Hranova, a la derecha, en sus años como cursista
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Cuando vio que la libertad había sido alcanzada, Hristina Hranova se encaminó a Kiev, donde, gracias a la beca concedida para estudiantes con talento, se graduó con honores en el Instituto de Obstetricia de la Universidad Imperial "San Vladimiro", convirtiéndose en la primera partera diplomada de Bulgaria. Gracias a su consgrada labor, en Sofía se abrió la primera unidad de obstetricia. Ejerció esta noble profesión en varias ciudades, incluida Varna, donde en el Barrio Armenio enseñaba a los niños a leer y escribir, y en verano, también a nadar. Es precisamente en esta ciudad costera donde se convirtió no solo en la primera mujer socorrista acuática en nuestro país, sino también en el mundo.
La Unversidad san Vladimiro, en Kiev
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"Era tan buena nadadora que en 1908, en una época en que las mujeres solo se mojaban los pies hasta los tobillos, vestidas de cabeza a pies, a los 56 años nadó la distancia de cinco kilómetros desde Varna hasta el cabo Galata —continúa su relato Magdalena Gigova—. Probablemente sea también la primera nadadora de competición no oficial de Bulgaria."
FOTO Biblioteca Regional Pencho Slaveykov de Varna
"En la Guerra serbo-búlgara de 1885, Hristina Hranova volvió a mostrarse como una gran heroína y fue herida en la rodilla izquierda —dice Magdalena Gigova—. “No solo llevaba las armas, sino que en su bolsa teníamedicamentos y cuidaba de los enfermos y heridos. Empezaron a llamarla con gratitud 'Madre de los héroes'. Casi 30 años después de la Guerra Ruso-Turca de Liberación, Hristina vistió por última vez el abrigo militar y se alistó como voluntaria, esta vez en la Segunda Guerra Balcánica (1913). Por aquel entonces tenía unos 60 años y más tarde reconoció que había sobreestimado sus fuerzas."
La Guerra Serbio-Búlgara
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Años más tarde, en una postal, posaría vestida con uniforme militar de gala, la chaqueta de los voluntarios búlgaris y seis órdenes y medallas en el pecho. No pudo escapar de las desgracias de la vida: resultó que conseguir una victoria frente a la indiferencia de los burócratas es más difícil quetriunfar en el campo de batalla. Así, en 1910, le fue negada una pensión estatal por no haber cotizado con regularidad.
"Poca alegría experimentó Hristina en su vida personal: quedó soltera y nunca se casó—concluye Magdalena Gigova—. Hasta el final de sus días la torturaba la artritis reumatoide. Vivió en una chabola de madera y durante el día se veía obligada a permanecer en la calle con la mano extendida pidiendo un poco de pan. A menudo pasaba hambre durante días seguidos. A pesar de sus distinciones y méritos, hicieron falta cerca de ocho años antes de que su solicitud de cobrar una pensión tuvieran una respuesta. En 1918, la Asamblea Nacional le concedió una pensión vitalicia de 60 levas: dinero suficiente para no morir de hambre."
En 1922, a los setenta y dos años, entre sufrimientos y dolor, Hristina Hranova abandonó este mundo.
"No fue enterrada con honores y en su último viaje solo la acompañaron sus viejos compañeros del campo de batalla. La ubicación de su tumba sigue siendo desconocida. "Una tumba sin monumento, una tumba borrada hace mucho tiempo", señala su biógrafo Kiril Bozhilov. A pesar de sus hazañas y éxitos, a pesar de que ayudó en el parto de muchas mujeresy salvó a mucha gente, la personalidad y la vida de Hristina Hranova permanecen al margen del panteón de los grandes búlgaros: sin epitafio, sin cruz ni monumento. En Varna, donde trabajó como partera y socorrista acuática, hay una calle que lleva su nombre.¡Rindamos homenaje en nuestros pensamientos a esta extraordinaria mujer, Hristina Hranova!", insta Magdalena Gigova.
Radio Bulgaria. Redactora Diana Tsankova
