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¡Oh Lorca, nuestro Lorca!

Ángeles Sanmiguel

Señalaba el poeta sevillano Luis Cernuda que “Lorca es un poeta completamente español, como Chéjov (dramaturgo y médico) es completamente ruso” un Chéjov  que honraba a su hermano pintor Nikolái epistolarmente: “No sientes ni envidia ni odio; eres sencillo de corazón; tienes piedad por los hombres y por los animales”. 

¿Cuántos Nikolái, cuántos Federico García Lorca  necesita el siglo veintiuno para reconocer la verdadera esencia de la vida humana?  

“No le podían perdonar que fuera popular además de activista revolucionario, era generoso, era simpático, guapo; sí,  y maricón  que tampoco se lo podían perdonar”, afirmaba Lluís Pasqual miembro  de honor de la Academia  de las Artes Escénicas de España, director de teatro catalán  y adaptador  de la obra lorquiana, durante la conferencia convocada por el partido político UCE (Unificación Comunista de España) durante sus jornadas valencianas. 


Federico García Lorca junto a su hermana Isabel (1914). Archivo Fundación Federico García Lorca 




“Noventa años después de su asesinato  sigue llenando teatros, emocionando a lectores de todo el mundo”. Personas intergeneracionales “encuentran en García Lorca un punto de  conexión, a pesar de que han tratado de silenciar su obra”, prologaba el “camarada” director de UCE de la zona de Canarias y portavoz de la plataforma PararLaGuerra Adrián Rodríguez en el evento.  “Hay lorquianos en todo el mundo, no hay un solo rincón de la Tierra donde no se representen sus obras y se lean sus poemas, la realidad es que Lorca  está más vivo que nunca”, apostillaría.

¿Inmortalidad aunque ello inflame a las sagas de sus verdugos?

Iurïi Mijaïlovich Lotman, lingüista ruso y estudioso  de la comunicación humana y social, afirmaba que “el arte es inseparable de la verdad. No obstante es preciso destacar que la verdad del lenguaje y la verdad del mensaje son conceptos esencialmente distintos”. 

Federico García Lorca es la verdad de esa España oscura y cruel escondida en los dobladillos de la democracia. Una verdad que por mucha censura, mutismo  y tergiversación, ¡existe!

“Yo he escrito un pequeño libro titulado “De la mano de Federico”, comenta Pasqual, quien aun no habiéndolo conocido personalmente, confiesa mantener estrechos lazos que les unen. En el texto “explico  toda mi vida con Federico, como me acompañaba, como me han acompañado sus aventuras”, sin ser coetáneos. Isabel, su hermana, me decía: “Tú hablas por la noche con mi hermano y no me lo quieres contar”. 

En un capítulo de la serie “El ministerio del Tiempo”, -refiere el “camarada” Adrián-, aparece García Lorca con el cantaor Camarón de la Isla en el Sacromonte granadino mientras este recita coplas de La leyenda del Tiempo, y “dice Lorca: ¡Hostia! ¡Tantos años y España aún se acuerda de mí! entonces ¿he ganado yo, no han ganado  los fascistas?”.  

Muy interesante es la correspondencia  de Federico, comenta Pasqual,  “-perdón que le llame Federico pero en su casa, su hermana me dijo que García Lorca es muy largo, vamos a llamarle Federico-, desde entonces le llamo Federico”. 

A Federico “el teatro le llega muy pronto a través de la tradición popular  andaluza del teatro de títeres”. Escribió su primera poesía a los diecinueve años aunque circula una teoría datándola a los once años. Son versos dedicados a su madre “con la cual tenía una relación muy profunda, una conexión especial”, de hecho se editaría un libro con la “correspondencia de doña Vicenta, -la madre de Federico-”. En una de las cartas se lee: “Te mando las cien pesetas para que te compres los zapatos, -o las cincuenta pesetas-,  y así en invierno que no tengas frío, tu padre se ha ido creo que a Cádiz, a ver toros y a echar una cana al aire”.

¿La mujer asumiendo infidelidades y excesos como guion del acérrimo patriarcado fuertemente asentado y conculcado por siglos, en toda cultura, y en las candilejas de las sociedades? ¿Mujeres “Atlas” que cargan sacrificadas con miserias y problemas como condena divina, sacrificadas en el ara de la ingratitud infundida, tan al gusto franquista? 

La correspondencia de Federico es fiel reflejo de su multicolor genialidad. “Con cinco minutos de diferencia, podía escribir una carta de amor desesperada a un amigo, a un amante,  y una postal a una primita  que cumplía años ese día”. 

Lorca, define el disertante, “es como un prisma en el cual se pueden ir iluminando caras pero nunca se puede ver la totalidad”. Dibujante, director de escena, poeta, dramaturgo, escenógrafo,  “sobre todo, sobre todo, sobre todo, era músico”. ¿Existe algún profesional de la neurología que, -refiriéndose a músicos y músicas-, “haya podido  explicar exactamente  donde se ubica en vuestro cerebro  el punto musical”? requiere  Pasqual  al público. “La música es algo que nos conecta con las esferas, con el sonido del cosmos”, afirma.

“Bach, Mozart, Beethoven, sin excepción, viven clara y palpablemente en su música, y nos hablan intensamente, purificándonos, perfeccionándonos, y despertando en nosotros la mayor de las emociones” aseveraba  Shin´ichi Suzuki violinista japonés. 

“Federico era músico, un  músico”. Su entorno cercano estaba convencido que sería músico, pero, aquello se esfumó con su primer poema.

Para García Lorca, la belleza de las palabras equiparaba a las notas musicales. Recuperó para su poesía las raíces del mundo árabe a través del flamenco, “lo que más pasión  le incita”. En mil novecientos veintidós, en Granada, “Falla (Manuel de Falla compositor y pianista gaditano) y Lorca montan el primer Concurso de Cante Jondo, -dicho así parece una cosa normal y corriente-” pero fue toda una efemérides al aire libre en la simpar  Plaza de los Aljibes  de la Alhambra “por donde antes habían pasado músicos  exquisitos, sopranos exquisitas” y, “de repente, sube a un escenario  a lo que hace veinte años serían heroinómanos, -más que heroinómanos-, sacados de la cárcel”. ¡Una convulsión a todos los niveles!  “Ahora nos parece que el Festival de Cante Jondo  es lo más normal del mundo, -no lo era-, era un movimiento revolucionario  contra lo que protestó toda la burguesía granadina, la peor burguesía de España, la de la malafollá”.

“Lorca, lo primero que hay que saber  es que era guapo, era guapo, simpático y rico, tres cosas importantes” y sabía posar para las fotografías. “Cuando uno es guapo, simpático y rico, entras en una tienda y te miran de otra manera, seguro”, apunta el que también fuera director  del Centro Dramático Nacional  de España. “Al único que no le parecía tan guapo era a Luis Cernuda, otro de los poetas del 27” (perteneciente al círculo literario gay de Madrid de la Generación del 27, los “epénticos”, junto a Lorca, Vicente Aleixandre, el diplomático chileno  Carlos Morla Lynch y el pintor Gregorio Prieto). ¿Envidia? Cuenta Cernuda en una carta  que “cuando llegaban a un encuentro de poetas, -al hotel o a la pensión o donde hubieran quedado a dormir-, por mucha prisa que yo me dé  en llegar a la habitación a dejar la maleta y bajar, ya está Federico hablando con el camarero más guapo de la entrada, siempre se me adelanta”. 

 “A Lorca le cambia la vida cuando llega a Nueva York, Nueva York no le gusta, le parece una mala fotocopia de la cultura europea, pero descubre el jazz y a los negros que empiezan a gustarle más que los gitanos”, narra el orador quien tiempo atrás dirigiría  el Teatro Odeón de París.  

“Y escribe Poeta en Nueva York”.

Ni tan siquiera aprendería  a hablar inglés, “lo que más le gustaba era juntarse por la noche  con los grupos de jazz, con los negros y empezar a improvisar al piano”.

Rafael Alberti poeta gaditano del Puerto de Santa María, perteneciente asimismo de la Generación del 27,  afirmaba que “Federico cuando entraba en una habitación era como si se encendiera un foco y cuando se sentaba al piano era como si se encendieran diez focos, se iluminaba, se convertía en un ser de luz”.

A Pasqual, licenciado en Filosofía y Letras  y en Arte Dramático, siempre que le preguntan ¿a qué fue Federico a Granada?    responde: “¡A morir!”.

“No tenía que ir a nada a Granada, sabía que no tenía que ir a Granada, estaba escrito”. Allí fueron a buscarle a la Huerta de San Vicente refugiándose en casa de sus amigos los Rosales, “una familia bien  de Granada, entre los cuales había un poeta, Luis”. En Granada quien tenía el poder era la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), -“los falangistas de Granada eran cuatro desgraciaos, eran pocos”-, solo así se entiende “que Ruiz Alonso  pudiera conseguir lo que consiguió”. “¿Cómo se enteró la CEDA?” “¿cómo se enteró Ruiz Alonso?” casi ha pasado un siglo y aún no se sabe.

¿De qué se extraña la población actual ante la ignorancia  de la juventud sobre lo ocurrido en España con el franquismo sobre la manipulación llevada a cabo hasta ahora? 

Diez o quince años después de la muerte de Lorca, el escritor barcelonés Agustín Penón  fue por Granada y estuvo indagando, de ahí surgiría “la famosa maleta, la maleta de Penón,  que le dejó a una pareja suya, un profesor de interpretación magnífico que se llamaba William Layton”. Gracias a esa maleta el hispanista irlandés Ian Gibson redactó una extraordinaria biografía de Lorca. “Ian Gibson parece que lo sabe todo de Lorca, casi todas las cosas que sabe estuvieron en la maleta de Penón”.

¡Qué vergüenza para un país que insignes de su cultura deban ser rescatados por iniciativas particulares y no por las instituciones! 

¿De qué se extraña España ante el despabile del oscurantismo? 

Federico “se había enganchado a fumar” aficionándose en Estados Unidos a una marca que en Granada sólo la expendían  en el estanco de la Plaza Nueva. Para ir por tabaco “se escapó de casa de los Rosales y ahí lo vieron los de la CEDA y lo siguieron”.

A Federico lo asesinaron a los treinta y ocho años. Hay personajes en la historia, “-desde Mozart a Jesucristo-, que viven hasta los treinta y pico, llegan  a una madurez  y parece que su obra se ha escrito  completa”.

Ser poeta no es lo mismo que ser dramaturgo. “Shakespeare aunque esté hecho por un mal actor  o una mala actriz  funciona siempre, con Lorca ocurre siempre”. 

Claramente “a Federico le pasa como a Pedro Almodóvar, uno no se acuerda de los hombres que salen en sus películas, ha trabajado con los mejores, sin embargo te acuerdas de la telefonista”. Como ejemplo “ni Víctor ni Juan Yerma son dos buenos papeles,  son papeles de mierda”. Para la actriz  Margarita Xirgu escribirá “Rosita la soltera”, “Yerma” y “Bernarda Alba, porque ella le pidió que le escribiera un papel de mala”.

“¿Por qué motivo?” a Federico García Lorca “¡lo mataron!”.

“Por muchos, por tantos, era un intelectual, era un activista, -yo siempre estaré a favor de los que reciben nada-”.

“Si no hubiera escrito el Romance de la Guardia Civil española, si no hubiera escrito el Grito hacia Roma, si no hubiera escrito La Casa de Bernarda Alba”. Alba se llamaba una prima lejana del padre de Federico “y escribir  de tu propia familia con nombres y apellidos… yo no digo que la Iglesia tuviera nada que ver, yo no digo que los Alba tuvieran nada que ver, pero todos tuvieron que ver”.

“La poesía no quiere adeptos, sino amantes”, sentenciaría Federico García Lorca al finalizar una charla  en el Lyceum Club Femenino de Madrid, en mil novecientos veintiocho. 


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