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A las puertas del invierno, Madrid destaca entre las capitales europeas más dependientes del gas fósil para calefacción


«European Green transition ranking»
 

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  • Un nuevo informe de Greenpeace clasifica 15 capitales europeas en función de sus esfuerzos por abandonar el uso de combustibles fósiles para calentar los hogares. Madrid obtiene el puesto 11, lo que refleja una alta dependencia del gas, pese a tratarse de una energía cara y contaminante.
  • Aunque el Ayuntamiento de Madrid cuenta con un plan para sacar el gas fósil de las casas, las intenciones todavía no se han llevado a la práctica en la mayor parte de edificios, tanto públicos como de particulares.
  • En medio de la crisis energética y económica provocada por el conflicto en Oriente Medio, la dependencia del gas expone tanto a las arcas municipales como a los bolsillos de la ciudadanía a un invierno de facturas prohibitivas. 
  • Greenpeace pide apoyo político, normativo y financiero por parte de la UE y de todos los niveles de gobiernos para ampliar la transición hacia soluciones de calefacción renovables a nivel local

El mayor obstáculo para conseguir hogares libres de gas fósil en capitales europeas como Madrid ya no es la planificación energética, sino su puesta en práctica por parte de los ayuntamientos. Esta es una de las conclusiones principales del informe“European Urban Heat Transition Ranking“ donde Greenpeace clasifica 15 capitales europeas en función de su transición hacia sistemas de calefacción libres de gas y otros combustibles fósiles. 

En el caso de España, el estudio sitúa a Madrid en el puesto 11 de 15 (puntuación de 58,2 sobre 100), dentro de la categoría de “transición desigual” debido a que su ayuntamiento continúa apostando por la inversión y la dependencia del gas fósil. Mientras que la capital española obtiene buenas notas en marcos teóricos y algunos programas sociales, la sustitución de calderas fósiles se encuentra prácticamente paralizada, como demuestra la concesión de solo 14 ayudas municipales para calderas de gasóleo en todo 2025. 

Asimismo, el consistorio madrileño carece de una hoja de ruta para desgasificar sus propios edificios públicos, incumpliendo su prometido «deber ejemplificador». Esta parálisis se ve agravada por una gran brecha financiera donde los 50 millones de euros anuales asignados al Plan Rehabilita -el programa municipal de ayudas para financiar la reforma, modernización y rehabilitación de edificios de viviendas y casas unifamiliares dentro del municipio-, apenas cubren un 5% de los 7.900 millones de euros en inversión directa que el propio Acuerdo Climático de la ciudad estima necesarios para aplicar hasta 2030.

“Señor Alcalde, necesitamos hechos y ejecuciones reales, no más planes sobre el papel. Mantener los edificios municipales y miles de hogares madrileños atados al gas fósil en plena escalada de la crisis energética en el estrecho de Ormuz es una irresponsabilidad que expone a la ciudadanía a facturas prohibitivas este invierno. Si el Ayuntamiento no lidera con el ejemplo sus propios edificios, no solo estará fallando a sus compromisos climáticos, sino comprometiendo seriamente las arcas municipales. Además, con las oficinas verdes municipales debe tener un rol de liderazgo, mediación  y financiación para proteger a las madrileñas y madrileños de la dependencia del gas, sobre todo a quienes sufren pobreza energética tanto en invierno como en verano”, ha señalado Francisco del Pozo Campos, responsable de la campaña contra los combustibles fósiles de Greenpeace.

El informe de Greenpeace se publica en un contexto donde los responsables políticos de la Unión Europea debaten el futuro energético de Europa, marcado por la previsión de una subida de los precios de cara a la temporada de calefacción. En el caso de España, además, su lanzamiento coincide con el debate en torno al nuevo decreto de medidas de respuesta a la crisis provocada por la guerra en Ormuz. 

“Es muy preocupante que tanto Estados como ayuntamientos sigan apostando por fórmulas para subvencionar la tarifa del gas y sus calderas, en sentido contrario a cualquier salida real de la dependencia fósil. Desde Greenpeace pedimos apoyo político, normativo y financiero por parte de la Unión Europea y de todos los niveles de gobiernos para ampliar la transición hacia soluciones de calefacción renovables a nivel local”, ha añadido del Pozo.

El estudio incluye ciudades como Estocolmo, París y Viena que, pese a sus climas fríos, lideran los esfuerzos por implantar calderas libres de gas en los edificios y sirven como ejemplo a Madrid sobre buenas prácticas en materia de transición energética. Las tres ciudades presentan una sólida planificación a largo plazo, importantes inversiones en redes de calefacción, así como protecciones sociales sólidas. 

Copenhague y Ámsterdam se sitúan en el ranking como ciudades en progresión, con avances evidentes, aunque muy dependientes de la infraestructura de gas fósil. El grupo intermedio, formado por Budapest, Praga, Berlín, Varsovia y Bruselas, presenta perfiles heterogéneos: algunas obtienen mejores resultados en materia de gobernanza y otras registran mejores resultados en la sustitución de calderas de gas, sin embargo, todas se ven limitadas por planes de transición incompletos. A la cola de la clasificación se encuentran Atenas, Roma y Bucarest, con carencias fundamentales como una elevada dependencia de los combustibles fósiles, una planificación urbana incompleta y mecanismos de ejecución débiles.

Además de los elevados riesgos de la dependencia del gas, el informe destaca los beneficios tangibles de los proyectos de rehabilitación energética  y de energías renovables para la ciudadanía: la apuesta por las bombas de calor, el aislamiento y la energía solar en París y Viena han logrado reducciones sustanciales en las facturas energéticas de sus ciudadanos. Las instalaciones de plantas de “power-to-heat (P2H)” y calderas eléctricas de distrito en Berlín y Ámsterdam constituyen excelentes ejemplos de sistemas resilientes tanto a las crisis de precios como a las de suministro de combustible. Por su parte, los casos de Estocolmo y Copenhague muestran cómo las transiciones en materia de calefacción pueden reducir sustancialmente la dependencia fósil y mejorar la seguridad energética. En Varsovia, el cierre de las calderas de gas se tradujo en una drástica reducción de gases nocivos como los NOx y las partículas en suspensión. Por último, mejoras en materia de aislamiento que aplican ciudades como París y Berlín no solo afectan positivamente a la calidad del aire, sino también al confort térmico de los hogares. 


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