La hospitalidad de Miami y las fronteras del privilegio
Memorias del exilio frente a la fabricaci贸n de un perseguido
Emilio Cafassi (Profesor Titular e Investigador de la Universidad de Buenos Aires). cafassi@uba.ar
Desde cubierta se ve铆an las luces de Miami. La tierra prometida estaba a la vista. Los pasajeros del St. Louis hab铆an zarpado de Hamburgo en mayo de 1939. Casi todos eran jud铆os. En La Habana descubrieron cu谩nto val铆an los permisos de desembarco que hab铆an comprado. Frente a Florida, algunos telegrafiaron a Roosevelt. El presidente no contest贸. El Departamento de Estado s铆 explic贸 a un pasajero que deb铆a aguardar su turno para obtener la visa. El barco volvi贸 a Europa. De quienes regresaron, 254 fueron asesinados en el Holocausto. Les hab铆an pedido algo que ninguno pod铆a comprar: tiempo.
Fl谩vio Bolsonaro emple贸 menos de cuarenta y dos horas en alcanzar esas mismas luces desde que anunci贸 en Brasil que entregar铆a el pasaporte. Caduc贸 la promesa de entregar el documento; conserv贸 plena vigencia su apellido. Cruz贸 a la Argentina con documentaci贸n italiana y el 28 de octubre aterriz贸 con su familia en Miami. Seg煤n el registro divulgado por Folha de S.Paulo, los Estados Unidos autorizaron su permanencia hasta octubre de 2027 bajo la categor铆a humanitaria DT. A los pasajeros del St. Louis les hab铆an explicado el procedimiento. A Fl谩vio ya le hab铆an resuelto el a帽o. Lo preced铆an dos viajes de familia.
Me detengo en el adjetivo humanitario. Celebro que unas hijas bajen de un avi贸n junto a sus padres sin pagar el precio del apellido. Quisiera esa vulgar normalidad para tantas otras. La objeci贸n empieza al deducir, de la hospitalidad de Florida, una persecuci贸n en Brasil. El permiso acredita la voluntad del gobierno que lo expidi贸. Acerca del gobierno del que se dice haber huido, guarda escrupuloso silencio. Ninguna ventanilla de inmigraci贸n deber铆a funcionar como una lavander铆a de biograf铆as.
I. Los nombres que conoc铆a la empresa
Para reconocer una persecuci贸n pol铆tica se puede visitar una f谩brica. En la planta de Ford argentina de General Pacheco hab铆a un quincho destinado al recreo del personal. Durante la dictadura argentina, trabajadores de esa planta fueron sacados de sus puestos, interrogados y torturados all铆. La causa abarc贸 a veinticuatro, entre ellos delegados gremiales. En 2018 fueron condenados el gerente de Manufactura, el jefe de Seguridad y un militar. Para pasar de la relaci贸n salarial al centro de tortura ni siquiera hubo que franquear el port贸n.
La empresa conoc铆a a los delegados porque deb铆a negociar con ellos. La dictadura prest贸 sus armas a quienes prefer铆an ahorrarse la negociaci贸n. Se castigaba en un cuerpo la facultad que muchos hab铆an ejercido al elegirlo. Y el castigo segu铆a trabajando despu茅s de que se llevaran al delegado. ¿Qui茅n levantar铆a la mano en la pr贸xima asamblea? La persecuci贸n tiene esa pedagog铆a: hace del ausente una advertencia para quienes todav铆a est谩n.
En “El exilio es el nuestro”, Carlos Brocato cuestion贸 la contabilidad moral que asignaba a los de afuera la denuncia y a los de adentro el consentimiento. Invertir los signos permit铆a condecorar al que se qued贸 a expensas del que pudo irse. Entre ambos pod铆a mediar un llamado a tiempo o el precio de los pasajes. Aquel plural devuelve a la sociedad una historia que habr铆a sido c贸modo despachar al extranjero. El exilio tambi茅n pertenece al pa铆s que vac铆a las casas.
7. La primera fuga que conoc铆 de cerca exigi贸 una pastilla de jab贸n. En 1969, con la polic铆a casi en la puerta, mi hermano Carlos, sindicalista, se desnud贸 y se enjabon贸 para pasar por un ventanuco que daba, por el patio, a la casa vecina. Su pareja lo ayud贸 a pasar. All铆 viv铆a Humberto Correa, m茅dico. Carlos sali贸 por su puerta con t煤nica y estetoscopio. A帽os despu茅s cay贸 preso, primero en el Cilindro de Montevideo y luego en el penal de Punta Carretas. Siendo adolescente viajaba cada dos meses con mi madre para verlo. Despu茅s ven铆a la requisa. Visitar a mi hermano exig铆a consentir que los guardias dispusieran tambi茅n, por un rato, de nuestros cuerpos. La c谩rcel empezaba antes de la celda.
Mi hermano Federico hab铆a logrado salir de Uruguay y refugiarse en la Argentina. El golpe del 24 de marzo de 1976 le dio a la coordinaci贸n represiva del Plan C贸ndor una ventaja que un exiliado dif铆cilmente habr铆a previsto al cruzar el r铆o: pod铆an alcanzarlo sin que volviera a moverse. En mayo asesinaron en Buenos Aires a Zelmar Michelini y H茅ctor Guti茅rrez Ruiz. A Federico le toc贸 reconocer sus cad谩veres. Despu茅s parti贸 a M茅xico. La expresi贸n “segundo exilio” deja demasiado prolijo aquel desgarro. Mi hermano hab铆a hecho lo que deb铆a ponerlo a salvo. Lo que cambi贸 de sitio despu茅s fue la persecuci贸n.
A m铆, precisamente por el golpe de Estado, me hab铆an expulsado del colegio secundario. Luego de gestionar el mismo pasaporte que Bolsonaro, busqu茅 refugio primero en Estados Unidos y luego en Europa, donde hab铆a pa铆ses pol铆ticamente m谩s seguros. No hac铆a falta esperar a que una fuerza de tareas me acorralara, amenazara o secuestrara. Tras seis a帽os de c谩rcel, ACNUR consigui贸 que Carlos pudiera salir hacia Pa铆ses Bajos. Cuando decidi贸 mudarse a M茅xico, viv铆 un tiempo en el departamento que dej贸 en Capelle aan den IJssel, al este de R贸terdam. Para m铆, esas cinco letras de las Naciones Unidas tienen tambi茅n una direcci贸n. All铆 hab铆a vuelto a vivir mi hermano despu茅s de Punta Carretas. Eso entendemos algunos de mi familia por exilio: una salida cuando la alternativa probabil铆sima es la c谩rcel, la tortura, la desaparici贸n o la muerte. S茅, por Carlos, que hay fugas a las que un perseguido debe la vida.
A帽os despu茅s, ya de vuelta bajo la presidencia de Alfons铆n, dos hombres de civil mostraron credenciales de la Polic铆a Federal al portero de mi edificio. Preguntaron qu茅 hac铆a yo, a qu茅 horas y qui茅n ven铆an a verme. Podr铆an haber llamado a mi puerta. Yo tambi茅n ten铆a preguntas. Durante casi seis meses advert铆 la presencia de los servicios cerca de la facultad donde dictaba clases y de las casas que visitaba. Betina Stein, abogada de derechos humanos, entendi贸 que esperar a que me llevaran era concederles la facultad de elegir el d铆a en que yo podr铆a acudir a un juez. Con su patrocinio presentamos un h谩beas corpus preventivo. El juez presumi贸 leg铆tima una investigaci贸n cuya existencia ni siquiera hab铆a verificado. La C谩mara lo confirm贸. Estaba perdido y un nuevo exilio asomaba en el horizonte. Sin embargo, el 22 de marzo de 1988 la Corte Suprema revoc贸 esos rechazos y orden贸 un nuevo pronunciamiento. Antes de clausurar el expediente hab铆a que averiguar qui茅n preguntaba por m铆 y con qu茅 autoridad. Ese mismo d铆a dej茅 de ver a esos verdugos. Los manuales de derechos humanos citan el caso: ense帽a a reconocer la amenaza contra alguien que todav铆a puede ir caminando al juzgado. La libertad no necesita esperar a tener barrotes para reclamar defensa. Por eso me resisto a que una fuga baste para hacer de cualquiera un perseguido. A quien invoca esa palabra para eludir preguntas sobre enriquecimiento, negociados o influencias le queda por responder la primera: ¿qu茅 le habr铆a ocurrido, y por qu茅, si se quedaba a dar explicaciones?
II. La ventanilla del perseguidor
La Convenci贸n de 1951 describe con sobriedad aquella intemperie. Se refiere a quien, fuera de su pa铆s y con fundado temor de persecuci贸n por su raza, religi贸n, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones pol铆ticas, no puede acogerse a la protecci贸n de ese pa铆s o, por ese temor, no quiere hacerlo. Conviene detenerse en querer. El Estado puede empu帽ar el arma, prestarla o consentir que otro la use. ¿A qui茅n recurrir cuando la mano que recibe las denuncias pertenece al cuerpo que amenaza?
ACNUR extrae una consecuencia que incomoda a los devotos del sello: el reconocimiento es declarativo. Se re煤nen las condiciones de refugiado antes de que una autoridad lo certifique. La demora puede decidir si se vivir谩 para enterarse. La Declaraci贸n Universal de 1948 reconoci贸 el derecho a buscar asilo y disfrutar de 茅l, con una reserva para acciones judiciales “realmente originadas por delitos comunes”. En ese realmente cabe buena parte de nuestros terrorismos de Estado. Bastaba llamar subversiva a una huelga para que la persecuci贸n llevara firma de juez. Por eso hay que examinar la conducta castigada, la pena y las garant铆as. Hasta quien cometi贸 un delito puede sufrir persecuci贸n. Incluso cuando un grave delito com煤n anterior al ingreso lo excluya del estatuto, subsiste la prohibici贸n de entregarlo a un Estado donde haya razones fundadas para creer que ser谩 torturado.
En Gaza, esa discusi贸n ocurre detr谩s de una frontera a la que muchos ni siquiera llegan. A comienzos de octubre, la OMS describ铆a el movimiento limitado que permit铆a Rafah, incluidos enfermos necesitados de tratamiento en el extranjero. Al cuerpo se le exige enfermar de algo que ya no pueda tratarse all铆 y conservar, a la vez, fuerzas para viajar. Entre ambos requisitos corre un plazo que fija la enfermedad y administra una autoridad ajena. La evacuaci贸n consigue un hospital. ¿Qui茅n garantiza el regreso a casa? Hay una obscenidad particular en ofrecer el exilio como soluci贸n a un pueblo que tambi茅n pelea por el derecho a quedarse.
En Siria, expertos de la ONU reclamaron explicaciones por desapariciones de mujeres y ni帽as alauitas. Algunas denuncias ten铆an n煤mero de expediente en el Ministerio del Interior: la familia pod铆a saber bajo qu茅 n煤mero figuraba su hija e ignorar d贸nde estaba. Al evaluar el asilo de otra mujer de esa comunidad importa la ca铆da de Bashar al Assad; tambi茅n aquel expediente. El cambio de gobierno se ve en la bandera de la capital. Para saber si ella puede volver hay que averiguar qui茅n manda en su calle. Su viaje debe llegar hasta la puerta de casa.
Al escribir sobre la fosa com煤n del Mediterr谩neo cont茅 un incidente en el aeropuerto de M谩laga. Mi valija hab铆a ido a la cinta de otro vuelo. Para recuperarla atraves茅 un recinto con doble puerta, guardias y perros, donde pasajeros que supuse magreb铆es eran olfateados e interrogados. Fui y volv铆 sin mostrar un papel. Me incomoda recordar la naturalidad con que segu铆 las indicaciones del guardia. Hasta pude preocuparme por el equipaje. Los otros tambi茅n deb铆an de tener valijas. La frontera dispon铆a de agentes y esc谩neres; pero para dejarme pasar le bastaron mi cara y mi acento. Yo llevaba un salvoconducto que no hab铆a necesitado sacar del bolsillo.
III. El pa铆s que anota las llegadas
En San Francisco, un solicitante de asilo acudi贸 a una audiencia de inmigraci贸n y fue detenido al salir. En junio obtuvo una sentencia contra las directivas que ampliaron los arrestos en esas sedes. Si se hubiera ocultado, habr铆an tenido que buscarlo. Bast贸 consultar la hora a la que el Estado lo hab铆a citado. Al siguiente, su abogado le explicar谩 por qu茅 debe presentarse; el pasillo ya le ense帽贸 cu谩nto puede costarle obedecer.
Bajo el hoy alica铆do Trump, el Servicio de Inmigraci贸n y Control de Aduanas, “ICE”, ampli贸 las detenciones mediante cooperaci贸n policial y cruces de datos. Reuters inform贸, con cifras oficiales preliminares, de unos 51.000 arrestos en agosto de 2026. En octubre, seg煤n dos fuentes de CNN, la direcci贸n reiter贸 verbalmente una meta de tres mil detenciones diarias. Un agente podr铆a examinar las situaciones y contar al final de la jornada. Su superior ya hizo la cuenta antes de que empiece. S贸lo le faltan los nombres. Ese octubre, en Miami, un nombre obtuvo una diligente excepci贸n humanitaria de un a帽o.
El permiso de Fl谩vio corresponde a la autoridad fronteriza, CBP, y tampoco equivale a una concesi贸n de asilo. El parole autoriza una permanencia temporal por razones humanitarias urgentes o por un beneficio p煤blico significativo; no resuelve la condici贸n de refugiado. Una eventual extradici贸n exigir铆a otro procedimiento. Tan c谩ndido ser铆a confundir las oficinas como suponer que pertenecen a gobiernos distintos. El Ejecutivo que detiene al extranjero que comparece ante un juez hizo habitable Miami para otro que eludi贸 una orden judicial. La obediencia judicial cotiza de manera muy desigual en esa aduana.
IV. Qu茅 tendr铆a que probar Bolsonaro
¿Y si Fl谩vio tuviera raz贸n? Defender el asilo obliga a preguntarlo aunque disguste el solicitante. Un r茅gimen capitalista puede organizar elecciones y perseguir adversarios. Lula tiene experiencia al respecto. Una dictadura puede perseguir a un banquero tanto como a un obrero. No le pedir铆a a Fl谩vio que viajara en balsa para creerle. Le preguntar铆a qu茅 opini贸n se le impidi贸 expresar, qu茅 actividad l铆cita se criminaliz贸, qu茅 prueba se fabric贸 o qu茅 amenaza anulaba su protecci贸n. Son cuestiones que deben investigarse, tambi茅n de oficio: ser铆a grotesco exigir al perseguido un recibo firmado por su perseguidor. Aqu铆, sin embargo, hay m谩s piezas que la declaraci贸n del interesado.
Para filmar Dark Horse, la epopeya de su padre, Fl谩vio gestion贸 ante Daniel Vorcaro, entonces banquero del Banco Master, unos 134 millones de reales. La investigaci贸n del Supremo, a cargo de Andr茅 Mendon莽a, estaba abierta en julio. Fl谩vio dice que buscaba recursos privados y niega haber ofrecido ventajas indebidas. Un hijo puede creer que su padre merece una pel铆cula y un banquero compartir tan onerosa opini贸n est茅tica. El juez debe averiguar si se compraba algo que s贸lo pod铆a vender un senador. El dinero solicitado no equivale al recibido. Probar el delito exige el trabajo que la huida dificulta.
La investigaci贸n que motiv贸 la prohibici贸n de salir, dictada por Alexandre de Moraes, sigue el dinero de las apuestas en l铆nea y sus posibles nexos con una estructura de lavado atribuida al abogado Willer Tomaz. La Polic铆a Federal hall贸 un correo que, a su juicio, indicar铆a que Fl谩vio acced铆a a una cuenta de la empresa de Tomaz. Pero la respuesta del Santander al Supremo, rese帽ada por CNN Brasil y recogida por Marcelo Aith, dice que Tomaz era el 煤nico usuario principal y que Fl谩vio ni siquiera figuraba entre los secundarios. Esa contradicci贸n merece tanta publicidad como la sospecha. Los bienes cuyo bloqueo se orden贸 por hasta seis mil millones de reales eran de Tomaz. A Fl谩vio se le exigieron los pasaportes y se le prohibi贸 salir; al partir no ten铆a orden de captura, seg煤n la propia polic铆a. En la causa de las “rachadinhas”, su defensa hab铆a logrado anular informes financieros obtenidos irregularmente y la acusaci贸n fue rechazada. Nada de esto santifica a los tribunales. Permite distinguir a quien consigui贸 invalidar pruebas de aquellos para quienes la primera gesti贸n judicial consist铆a en averiguar si el Estado admit铆a tenerlos vivos.
Yanis Varoufakis, que celebr贸 el triunfo de Lula, formul贸 la mejor objeci贸n: ¿le habr铆an pedido los pasaportes si hubiera ganado? Sospecho que a m谩s de un juez le habr铆a temblado el pulso. Pero si los poderosos eluden investigaciones cuando ganan, garantizarles que tambi茅n podr谩n hacerlo cuando pierdan ser铆a una doctrina de admirable hospitalidad para el privilegio. La oportunidad y proporcionalidad de la cautelar deben examinarse. Brasil tambi茅n conoce el h谩beas corpus preventivo. Yo necesitaba averiguar de d贸nde ven铆a la amenaza; Fl谩vio ten铆a una orden firmada por un juez del Supremo y recursos para impugnarla. Sus abogados pidieron que Moraes la reconsiderara o la sometiera a la Primera Sala. Pero su cliente ya estaba en Miami. El viaje nada prueba sobre el origen del dinero. Sobre el riesgo de que saliera del pa铆s, ofrece una respuesta dif铆cil de mejorar.
Los votantes de Fl谩vio son ciudadanos, aunque el clan parezca contarlos entre sus bienes gananciales. En el debate, quiso burlarse del dedo que le falta a Lula permiti茅ndole contar qu茅 hab铆a hecho una m谩quina con la mano que ped铆a el voto. Estudiantes de Niter贸i salieron por iniciativa propia; otros recuperaron la camiseta amarilla que la derecha cre铆a escriturada. El pa铆s se disput贸 voto a voto. A Fl谩vio se le contaron todos. Sus electores tienen tanto derecho como sus adversarios a preguntarle de d贸nde sal铆a el dinero. Esa pregunta no constituye un delito de opini贸n.
V. Una direcci贸n de familia
El padre inaugur贸 la ruta el 30 de diciembre de 2022. Le quedaban dos d铆as de presidencia: suficientes para disponer de un avi贸n oficial a Orlando y demasiados para entregar la banda a Lula. Volvi贸 tres meses despu茅s. Para ahorrarse el movimiento del brazo, hab铆a contado con la Fuerza A茅rea de la rep煤blica que eligi贸 a su sucesor.
Eduardo le encontr贸 mayor utilidad a la distancia. En marzo de 2025, todav铆a diputado y sin orden de detenci贸n, se instal贸 en Estados Unidos. Desde all铆 promovi贸 aranceles contra las exportaciones brasile帽as para torcer el juicio por la trama golpista de su padre, seg煤n tuvo por probado el Supremo. Para aliviar a un brasile帽o ante un tribunal, estaba dispuesto a encarecer en la aduana norteamericana el trabajo de sus compatriotas. El 8 de octubre de 2026 se orden贸 ejecutar su condena firme de cuatro a帽os y dos meses por coacci贸n en el curso del proceso. Cuando lleg贸 Fl谩vio, Eduardo llevaba veinte d铆as con orden de captura. Uno ten铆a una pena pendiente; el otro hab铆a quebrantado la prohibici贸n de salir, sin orden de prisi贸n y a煤n con fueros parlamentarios.
Fl谩vio agreg贸 una escala argentina. Seg煤n declar贸 a Folha el empresario del jet, un intermediario pag贸 desde una cuenta estadounidense. Hasta ah铆 llega el rastro. En Puerto Iguaz煤, las c谩maras registraron una camioneta blanca acerc谩ndose al avi贸n antes del despegue. Parec铆a llevar a los Bolsonaro. Seg煤n la reconstrucci贸n de Nicol谩s Wi帽azki en Clar铆n, basada en testimonios reservados, la familia llevaba m谩s de cuarenta minutos en sus butacas. La Argentina aleg贸 un pasaporte italiano en regla. Carlos Pagni recoge en La Naci贸n esa respuesta y el di谩logo de Dami谩n Nabot con Santiago Caputo. El asesor de Milei neg贸 haber estado en Misiones; ante la documentaci贸n de su presencia, respondi贸 “misterio”. El pasaporte explica qu茅 documento exhibi贸 el viajero. Pedirle que explique tambi茅n el viaje del asesor ser铆a exigirle demasiado. Esta internacional de las derechas dispone de una peculiar franquicia: a un sirio se le exige que su biograf铆a resista el examen de una oficina; a un Bolsonaro le basta que una oficina amiga abra la puerta para invitarnos a reescribir su biograf铆a.
Si Brasil llegara a perseguirlo por sus ideas, reclamar铆a para Fl谩vio Bolsonaro el amparo negado a tantos de los nuestros. Hoy conocemos una investigaci贸n por conductas determinadas, una orden de permanecer a derecho, un pasaporte italiano y una hospitalidad extraordinariamente dispuesta. Ninguna pieza acredita una persecuci贸n. Me queda la respuesta al pasajero del St. Louis: deb铆a esperar su turno. Quisiera saber qu茅 turno le toc贸 a Fl谩vio, cu谩ndo se puso en la fila y qui茅nes estaban delante. Quiz谩s haya que preguntar en Rafah. All铆 todav铆a hay gente esperando.
Memorias del exilio frente a la fabricaci贸n de un perseguido
Emilio Cafassi (Profesor Titular e Investigador de la Universidad de Buenos Aires). cafassi@uba.ar
Desde cubierta se ve铆an las luces de Miami. La tierra prometida estaba a la vista. Los pasajeros del St. Louis hab铆an zarpado de Hamburgo en mayo de 1939. Casi todos eran jud铆os. En La Habana descubrieron cu谩nto val铆an los permisos de desembarco que hab铆an comprado. Frente a Florida, algunos telegrafiaron a Roosevelt. El presidente no contest贸. El Departamento de Estado s铆 explic贸 a un pasajero que deb铆a aguardar su turno para obtener la visa. El barco volvi贸 a Europa. De quienes regresaron, 254 fueron asesinados en el Holocausto. Les hab铆an pedido algo que ninguno pod铆a comprar: tiempo.
Fl谩vio Bolsonaro emple贸 menos de cuarenta y dos horas en alcanzar esas mismas luces desde que anunci贸 en Brasil que entregar铆a el pasaporte. Caduc贸 la promesa de entregar el documento; conserv贸 plena vigencia su apellido. Cruz贸 a la Argentina con documentaci贸n italiana y el 28 de octubre aterriz贸 con su familia en Miami. Seg煤n el registro divulgado por Folha de S.Paulo, los Estados Unidos autorizaron su permanencia hasta octubre de 2027 bajo la categor铆a humanitaria DT. A los pasajeros del St. Louis les hab铆an explicado el procedimiento. A Fl谩vio ya le hab铆an resuelto el a帽o. Lo preced铆an dos viajes de familia.
Me detengo en el adjetivo humanitario. Celebro que unas hijas bajen de un avi贸n junto a sus padres sin pagar el precio del apellido. Quisiera esa vulgar normalidad para tantas otras. La objeci贸n empieza al deducir, de la hospitalidad de Florida, una persecuci贸n en Brasil. El permiso acredita la voluntad del gobierno que lo expidi贸. Acerca del gobierno del que se dice haber huido, guarda escrupuloso silencio. Ninguna ventanilla de inmigraci贸n deber铆a funcionar como una lavander铆a de biograf铆as.
I. Los nombres que conoc铆a la empresa
Para reconocer una persecuci贸n pol铆tica se puede visitar una f谩brica. En la planta de Ford argentina de General Pacheco hab铆a un quincho destinado al recreo del personal. Durante la dictadura argentina, trabajadores de esa planta fueron sacados de sus puestos, interrogados y torturados all铆. La causa abarc贸 a veinticuatro, entre ellos delegados gremiales. En 2018 fueron condenados el gerente de Manufactura, el jefe de Seguridad y un militar. Para pasar de la relaci贸n salarial al centro de tortura ni siquiera hubo que franquear el port贸n.
La empresa conoc铆a a los delegados porque deb铆a negociar con ellos. La dictadura prest贸 sus armas a quienes prefer铆an ahorrarse la negociaci贸n. Se castigaba en un cuerpo la facultad que muchos hab铆an ejercido al elegirlo. Y el castigo segu铆a trabajando despu茅s de que se llevaran al delegado. ¿Qui茅n levantar铆a la mano en la pr贸xima asamblea? La persecuci贸n tiene esa pedagog铆a: hace del ausente una advertencia para quienes todav铆a est谩n.
En “El exilio es el nuestro”, Carlos Brocato cuestion贸 la contabilidad moral que asignaba a los de afuera la denuncia y a los de adentro el consentimiento. Invertir los signos permit铆a condecorar al que se qued贸 a expensas del que pudo irse. Entre ambos pod铆a mediar un llamado a tiempo o el precio de los pasajes. Aquel plural devuelve a la sociedad una historia que habr铆a sido c贸modo despachar al extranjero. El exilio tambi茅n pertenece al pa铆s que vac铆a las casas.
7. La primera fuga que conoc铆 de cerca exigi贸 una pastilla de jab贸n. En 1969, con la polic铆a casi en la puerta, mi hermano Carlos, sindicalista, se desnud贸 y se enjabon贸 para pasar por un ventanuco que daba, por el patio, a la casa vecina. Su pareja lo ayud贸 a pasar. All铆 viv铆a Humberto Correa, m茅dico. Carlos sali贸 por su puerta con t煤nica y estetoscopio. A帽os despu茅s cay贸 preso, primero en el Cilindro de Montevideo y luego en el penal de Punta Carretas. Siendo adolescente viajaba cada dos meses con mi madre para verlo. Despu茅s ven铆a la requisa. Visitar a mi hermano exig铆a consentir que los guardias dispusieran tambi茅n, por un rato, de nuestros cuerpos. La c谩rcel empezaba antes de la celda.
Mi hermano Federico hab铆a logrado salir de Uruguay y refugiarse en la Argentina. El golpe del 24 de marzo de 1976 le dio a la coordinaci贸n represiva del Plan C贸ndor una ventaja que un exiliado dif铆cilmente habr铆a previsto al cruzar el r铆o: pod铆an alcanzarlo sin que volviera a moverse. En mayo asesinaron en Buenos Aires a Zelmar Michelini y H茅ctor Guti茅rrez Ruiz. A Federico le toc贸 reconocer sus cad谩veres. Despu茅s parti贸 a M茅xico. La expresi贸n “segundo exilio” deja demasiado prolijo aquel desgarro. Mi hermano hab铆a hecho lo que deb铆a ponerlo a salvo. Lo que cambi贸 de sitio despu茅s fue la persecuci贸n.
A m铆, precisamente por el golpe de Estado, me hab铆an expulsado del colegio secundario. Luego de gestionar el mismo pasaporte que Bolsonaro, busqu茅 refugio primero en Estados Unidos y luego en Europa, donde hab铆a pa铆ses pol铆ticamente m谩s seguros. No hac铆a falta esperar a que una fuerza de tareas me acorralara, amenazara o secuestrara. Tras seis a帽os de c谩rcel, ACNUR consigui贸 que Carlos pudiera salir hacia Pa铆ses Bajos. Cuando decidi贸 mudarse a M茅xico, viv铆 un tiempo en el departamento que dej贸 en Capelle aan den IJssel, al este de R贸terdam. Para m铆, esas cinco letras de las Naciones Unidas tienen tambi茅n una direcci贸n. All铆 hab铆a vuelto a vivir mi hermano despu茅s de Punta Carretas. Eso entendemos algunos de mi familia por exilio: una salida cuando la alternativa probabil铆sima es la c谩rcel, la tortura, la desaparici贸n o la muerte. S茅, por Carlos, que hay fugas a las que un perseguido debe la vida.
A帽os despu茅s, ya de vuelta bajo la presidencia de Alfons铆n, dos hombres de civil mostraron credenciales de la Polic铆a Federal al portero de mi edificio. Preguntaron qu茅 hac铆a yo, a qu茅 horas y qui茅n ven铆an a verme. Podr铆an haber llamado a mi puerta. Yo tambi茅n ten铆a preguntas. Durante casi seis meses advert铆 la presencia de los servicios cerca de la facultad donde dictaba clases y de las casas que visitaba. Betina Stein, abogada de derechos humanos, entendi贸 que esperar a que me llevaran era concederles la facultad de elegir el d铆a en que yo podr铆a acudir a un juez. Con su patrocinio presentamos un h谩beas corpus preventivo. El juez presumi贸 leg铆tima una investigaci贸n cuya existencia ni siquiera hab铆a verificado. La C谩mara lo confirm贸. Estaba perdido y un nuevo exilio asomaba en el horizonte. Sin embargo, el 22 de marzo de 1988 la Corte Suprema revoc贸 esos rechazos y orden贸 un nuevo pronunciamiento. Antes de clausurar el expediente hab铆a que averiguar qui茅n preguntaba por m铆 y con qu茅 autoridad. Ese mismo d铆a dej茅 de ver a esos verdugos. Los manuales de derechos humanos citan el caso: ense帽a a reconocer la amenaza contra alguien que todav铆a puede ir caminando al juzgado. La libertad no necesita esperar a tener barrotes para reclamar defensa. Por eso me resisto a que una fuga baste para hacer de cualquiera un perseguido. A quien invoca esa palabra para eludir preguntas sobre enriquecimiento, negociados o influencias le queda por responder la primera: ¿qu茅 le habr铆a ocurrido, y por qu茅, si se quedaba a dar explicaciones?
II. La ventanilla del perseguidor
La Convenci贸n de 1951 describe con sobriedad aquella intemperie. Se refiere a quien, fuera de su pa铆s y con fundado temor de persecuci贸n por su raza, religi贸n, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones pol铆ticas, no puede acogerse a la protecci贸n de ese pa铆s o, por ese temor, no quiere hacerlo. Conviene detenerse en querer. El Estado puede empu帽ar el arma, prestarla o consentir que otro la use. ¿A qui茅n recurrir cuando la mano que recibe las denuncias pertenece al cuerpo que amenaza?
ACNUR extrae una consecuencia que incomoda a los devotos del sello: el reconocimiento es declarativo. Se re煤nen las condiciones de refugiado antes de que una autoridad lo certifique. La demora puede decidir si se vivir谩 para enterarse. La Declaraci贸n Universal de 1948 reconoci贸 el derecho a buscar asilo y disfrutar de 茅l, con una reserva para acciones judiciales “realmente originadas por delitos comunes”. En ese realmente cabe buena parte de nuestros terrorismos de Estado. Bastaba llamar subversiva a una huelga para que la persecuci贸n llevara firma de juez. Por eso hay que examinar la conducta castigada, la pena y las garant铆as. Hasta quien cometi贸 un delito puede sufrir persecuci贸n. Incluso cuando un grave delito com煤n anterior al ingreso lo excluya del estatuto, subsiste la prohibici贸n de entregarlo a un Estado donde haya razones fundadas para creer que ser谩 torturado.
En Gaza, esa discusi贸n ocurre detr谩s de una frontera a la que muchos ni siquiera llegan. A comienzos de octubre, la OMS describ铆a el movimiento limitado que permit铆a Rafah, incluidos enfermos necesitados de tratamiento en el extranjero. Al cuerpo se le exige enfermar de algo que ya no pueda tratarse all铆 y conservar, a la vez, fuerzas para viajar. Entre ambos requisitos corre un plazo que fija la enfermedad y administra una autoridad ajena. La evacuaci贸n consigue un hospital. ¿Qui茅n garantiza el regreso a casa? Hay una obscenidad particular en ofrecer el exilio como soluci贸n a un pueblo que tambi茅n pelea por el derecho a quedarse.
En Siria, expertos de la ONU reclamaron explicaciones por desapariciones de mujeres y ni帽as alauitas. Algunas denuncias ten铆an n煤mero de expediente en el Ministerio del Interior: la familia pod铆a saber bajo qu茅 n煤mero figuraba su hija e ignorar d贸nde estaba. Al evaluar el asilo de otra mujer de esa comunidad importa la ca铆da de Bashar al Assad; tambi茅n aquel expediente. El cambio de gobierno se ve en la bandera de la capital. Para saber si ella puede volver hay que averiguar qui茅n manda en su calle. Su viaje debe llegar hasta la puerta de casa.
Al escribir sobre la fosa com煤n del Mediterr谩neo cont茅 un incidente en el aeropuerto de M谩laga. Mi valija hab铆a ido a la cinta de otro vuelo. Para recuperarla atraves茅 un recinto con doble puerta, guardias y perros, donde pasajeros que supuse magreb铆es eran olfateados e interrogados. Fui y volv铆 sin mostrar un papel. Me incomoda recordar la naturalidad con que segu铆 las indicaciones del guardia. Hasta pude preocuparme por el equipaje. Los otros tambi茅n deb铆an de tener valijas. La frontera dispon铆a de agentes y esc谩neres; pero para dejarme pasar le bastaron mi cara y mi acento. Yo llevaba un salvoconducto que no hab铆a necesitado sacar del bolsillo.
III. El pa铆s que anota las llegadas
En San Francisco, un solicitante de asilo acudi贸 a una audiencia de inmigraci贸n y fue detenido al salir. En junio obtuvo una sentencia contra las directivas que ampliaron los arrestos en esas sedes. Si se hubiera ocultado, habr铆an tenido que buscarlo. Bast贸 consultar la hora a la que el Estado lo hab铆a citado. Al siguiente, su abogado le explicar谩 por qu茅 debe presentarse; el pasillo ya le ense帽贸 cu谩nto puede costarle obedecer.
Bajo el hoy alica铆do Trump, el Servicio de Inmigraci贸n y Control de Aduanas, “ICE”, ampli贸 las detenciones mediante cooperaci贸n policial y cruces de datos. Reuters inform贸, con cifras oficiales preliminares, de unos 51.000 arrestos en agosto de 2026. En octubre, seg煤n dos fuentes de CNN, la direcci贸n reiter贸 verbalmente una meta de tres mil detenciones diarias. Un agente podr铆a examinar las situaciones y contar al final de la jornada. Su superior ya hizo la cuenta antes de que empiece. S贸lo le faltan los nombres. Ese octubre, en Miami, un nombre obtuvo una diligente excepci贸n humanitaria de un a帽o.
El permiso de Fl谩vio corresponde a la autoridad fronteriza, CBP, y tampoco equivale a una concesi贸n de asilo. El parole autoriza una permanencia temporal por razones humanitarias urgentes o por un beneficio p煤blico significativo; no resuelve la condici贸n de refugiado. Una eventual extradici贸n exigir铆a otro procedimiento. Tan c谩ndido ser铆a confundir las oficinas como suponer que pertenecen a gobiernos distintos. El Ejecutivo que detiene al extranjero que comparece ante un juez hizo habitable Miami para otro que eludi贸 una orden judicial. La obediencia judicial cotiza de manera muy desigual en esa aduana.
IV. Qu茅 tendr铆a que probar Bolsonaro
¿Y si Fl谩vio tuviera raz贸n? Defender el asilo obliga a preguntarlo aunque disguste el solicitante. Un r茅gimen capitalista puede organizar elecciones y perseguir adversarios. Lula tiene experiencia al respecto. Una dictadura puede perseguir a un banquero tanto como a un obrero. No le pedir铆a a Fl谩vio que viajara en balsa para creerle. Le preguntar铆a qu茅 opini贸n se le impidi贸 expresar, qu茅 actividad l铆cita se criminaliz贸, qu茅 prueba se fabric贸 o qu茅 amenaza anulaba su protecci贸n. Son cuestiones que deben investigarse, tambi茅n de oficio: ser铆a grotesco exigir al perseguido un recibo firmado por su perseguidor. Aqu铆, sin embargo, hay m谩s piezas que la declaraci贸n del interesado.
Para filmar Dark Horse, la epopeya de su padre, Fl谩vio gestion贸 ante Daniel Vorcaro, entonces banquero del Banco Master, unos 134 millones de reales. La investigaci贸n del Supremo, a cargo de Andr茅 Mendon莽a, estaba abierta en julio. Fl谩vio dice que buscaba recursos privados y niega haber ofrecido ventajas indebidas. Un hijo puede creer que su padre merece una pel铆cula y un banquero compartir tan onerosa opini贸n est茅tica. El juez debe averiguar si se compraba algo que s贸lo pod铆a vender un senador. El dinero solicitado no equivale al recibido. Probar el delito exige el trabajo que la huida dificulta.
La investigaci贸n que motiv贸 la prohibici贸n de salir, dictada por Alexandre de Moraes, sigue el dinero de las apuestas en l铆nea y sus posibles nexos con una estructura de lavado atribuida al abogado Willer Tomaz. La Polic铆a Federal hall贸 un correo que, a su juicio, indicar铆a que Fl谩vio acced铆a a una cuenta de la empresa de Tomaz. Pero la respuesta del Santander al Supremo, rese帽ada por CNN Brasil y recogida por Marcelo Aith, dice que Tomaz era el 煤nico usuario principal y que Fl谩vio ni siquiera figuraba entre los secundarios. Esa contradicci贸n merece tanta publicidad como la sospecha. Los bienes cuyo bloqueo se orden贸 por hasta seis mil millones de reales eran de Tomaz. A Fl谩vio se le exigieron los pasaportes y se le prohibi贸 salir; al partir no ten铆a orden de captura, seg煤n la propia polic铆a. En la causa de las “rachadinhas”, su defensa hab铆a logrado anular informes financieros obtenidos irregularmente y la acusaci贸n fue rechazada. Nada de esto santifica a los tribunales. Permite distinguir a quien consigui贸 invalidar pruebas de aquellos para quienes la primera gesti贸n judicial consist铆a en averiguar si el Estado admit铆a tenerlos vivos.
Yanis Varoufakis, que celebr贸 el triunfo de Lula, formul贸 la mejor objeci贸n: ¿le habr铆an pedido los pasaportes si hubiera ganado? Sospecho que a m谩s de un juez le habr铆a temblado el pulso. Pero si los poderosos eluden investigaciones cuando ganan, garantizarles que tambi茅n podr谩n hacerlo cuando pierdan ser铆a una doctrina de admirable hospitalidad para el privilegio. La oportunidad y proporcionalidad de la cautelar deben examinarse. Brasil tambi茅n conoce el h谩beas corpus preventivo. Yo necesitaba averiguar de d贸nde ven铆a la amenaza; Fl谩vio ten铆a una orden firmada por un juez del Supremo y recursos para impugnarla. Sus abogados pidieron que Moraes la reconsiderara o la sometiera a la Primera Sala. Pero su cliente ya estaba en Miami. El viaje nada prueba sobre el origen del dinero. Sobre el riesgo de que saliera del pa铆s, ofrece una respuesta dif铆cil de mejorar.
Los votantes de Fl谩vio son ciudadanos, aunque el clan parezca contarlos entre sus bienes gananciales. En el debate, quiso burlarse del dedo que le falta a Lula permiti茅ndole contar qu茅 hab铆a hecho una m谩quina con la mano que ped铆a el voto. Estudiantes de Niter贸i salieron por iniciativa propia; otros recuperaron la camiseta amarilla que la derecha cre铆a escriturada. El pa铆s se disput贸 voto a voto. A Fl谩vio se le contaron todos. Sus electores tienen tanto derecho como sus adversarios a preguntarle de d贸nde sal铆a el dinero. Esa pregunta no constituye un delito de opini贸n.
V. Una direcci贸n de familia
El padre inaugur贸 la ruta el 30 de diciembre de 2022. Le quedaban dos d铆as de presidencia: suficientes para disponer de un avi贸n oficial a Orlando y demasiados para entregar la banda a Lula. Volvi贸 tres meses despu茅s. Para ahorrarse el movimiento del brazo, hab铆a contado con la Fuerza A茅rea de la rep煤blica que eligi贸 a su sucesor.
Eduardo le encontr贸 mayor utilidad a la distancia. En marzo de 2025, todav铆a diputado y sin orden de detenci贸n, se instal贸 en Estados Unidos. Desde all铆 promovi贸 aranceles contra las exportaciones brasile帽as para torcer el juicio por la trama golpista de su padre, seg煤n tuvo por probado el Supremo. Para aliviar a un brasile帽o ante un tribunal, estaba dispuesto a encarecer en la aduana norteamericana el trabajo de sus compatriotas. El 8 de octubre de 2026 se orden贸 ejecutar su condena firme de cuatro a帽os y dos meses por coacci贸n en el curso del proceso. Cuando lleg贸 Fl谩vio, Eduardo llevaba veinte d铆as con orden de captura. Uno ten铆a una pena pendiente; el otro hab铆a quebrantado la prohibici贸n de salir, sin orden de prisi贸n y a煤n con fueros parlamentarios.
Fl谩vio agreg贸 una escala argentina. Seg煤n declar贸 a Folha el empresario del jet, un intermediario pag贸 desde una cuenta estadounidense. Hasta ah铆 llega el rastro. En Puerto Iguaz煤, las c谩maras registraron una camioneta blanca acerc谩ndose al avi贸n antes del despegue. Parec铆a llevar a los Bolsonaro. Seg煤n la reconstrucci贸n de Nicol谩s Wi帽azki en Clar铆n, basada en testimonios reservados, la familia llevaba m谩s de cuarenta minutos en sus butacas. La Argentina aleg贸 un pasaporte italiano en regla. Carlos Pagni recoge en La Naci贸n esa respuesta y el di谩logo de Dami谩n Nabot con Santiago Caputo. El asesor de Milei neg贸 haber estado en Misiones; ante la documentaci贸n de su presencia, respondi贸 “misterio”. El pasaporte explica qu茅 documento exhibi贸 el viajero. Pedirle que explique tambi茅n el viaje del asesor ser铆a exigirle demasiado. Esta internacional de las derechas dispone de una peculiar franquicia: a un sirio se le exige que su biograf铆a resista el examen de una oficina; a un Bolsonaro le basta que una oficina amiga abra la puerta para invitarnos a reescribir su biograf铆a.
Si Brasil llegara a perseguirlo por sus ideas, reclamar铆a para Fl谩vio Bolsonaro el amparo negado a tantos de los nuestros. Hoy conocemos una investigaci贸n por conductas determinadas, una orden de permanecer a derecho, un pasaporte italiano y una hospitalidad extraordinariamente dispuesta. Ninguna pieza acredita una persecuci贸n. Me queda la respuesta al pasajero del St. Louis: deb铆a esperar su turno. Quisiera saber qu茅 turno le toc贸 a Fl谩vio, cu谩ndo se puso en la fila y qui茅nes estaban delante. Quiz谩s haya que preguntar en Rafah. All铆 todav铆a hay gente esperando.
