Otra información es posible

Dividir es perder

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- El próximo 11 de marzo se cumplirán tres años de la inscripción de Podemos en el registro de partidos políticos del Ministerio del Interior. Esta decisión fue un paso necesario para poder concurrir a los comicios europeos que se celebraron el 25 de mayo de 2014. Podemos fue entonces la fuerza revelación, al obtener cinco escaños, que evidenciaron el descontento y la indignación de una parte importante de la ciudadanía con la gestión de la crisis económica, llevada a cabo por el Gobierno de Mariano Rajoy. Por primera vez desde la transición, el bipartidismo se sintió amenazado y muchas voces empezaron a tomar en serio a un grupo de jóvenes profesores de Universidad, que parecían tan unidos como generadores de ilusión.

El valor de sentarse y escuchar

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- Winston Churchill decía, con mucha razón, que “valor es lo que se necesita para levantarse y hablar, pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar”. La política en España está condicionada por el ruido y las interferencias. Muchos de sus representantes aprenden oratoria en cursos impartidos por profesionales y elaboran cada día nuevos mensajes con la ayuda de agencias de comunicación. Les mueve un objetivo: atraer la atención de sus votantes cuando se sientan en un plató de televisión, comparecen en una rueda de prensa, a ser posible sin preguntas, o se suben a la tribuna del Congreso para leer un discurso preparado, antes incluso de conocer la opinión o el posicionamiento de sus oponentes.

Recuperar la movilización

OPINIÓN de Javier Madrazo.- La urgencia por superar el trámite de la investidura del nuevo presidente del gobierno de España con el objetivo de conformar un ejecutivo estable, después de nueve meses de parálisis y dos elecciones consecutivas, se ha impuesto al imprescindible debate sobre los retos a abordar en los dos próximos años.

Retos de la unidad de acción

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- Leo con interés las diferentes encuestas que se vienen publicando, en un empeño loable por anticipar el resultado de la voluntad ciudadana ante la inminente cita electoral. En esta ocasión, todos los estudios coinciden en destacar un aumento de la abstención, que se puede interpretar como un toque de atención a las formaciones políticas por su manifiesta incapacidad para buscar acuerdos que contribuyan a dar respuesta a los graves problemas a los que se enfrenta una población castigada por una crisis crónica, que se traduce en desempleo, precariedad, recortes sociales y empobrecimiento.

Diálogo y acuerdo para un gobierno para la gente

OPINIÓN de  Javier Madrazo Lavín.- Vivimos tiempos difíciles, marcados por la confrontación y el desencuentro, en un momento delicado, en el que la impotencia y la desesperanza condicionan el día a día de millones de personas sin empleo, con trabajos precarios e inestables y pocas o ninguna esperanza de mejora en el corto y medio plazo.La indignación provocada por la recesión económica y la pésima gestión de sus consecuencias, que se traduce en el empobrecimiento de una parte importante de la población, no ha sido suficiente para favorecer un cambio de gobierno ni tampoco de política. Nos encontramos ante una situación de bloqueo político generado por la incapacidad de los principales partidos para llegar a acuerdos amplios que desatasquen la situación en orden a la conformación de un nuevo ejecutivo.

Algo tendrá que cambiar para que nada cambie

OPINIÓN de Javier Madrazo.- Vivimos tiempos difíciles, marcados por la esperanza y la decepción. Somos muchas, en España, las personas que ansiamos un cambio real del modelo político, económico, social y medioambiental. Y ahora, por primera vez desde la transición, hemos tenido la sensación, que no la convicción, de que podríamos encontrarnos en la antesala de un tiempo nuevo, marcado por el fin del bipartidismo y la superación de las desigualdades e injusticias derivadas de la imposición de una política neoliberal, al servicio del poder financiero y los intereses de las grandes empresas.
La crisis económica que arrastramos desde 2008 nos ha obligado a tomar conciencia plena de nuestra propia vulnerabilidad ante un sistema sin alma, que ha condenado a millones de personas al desempleo y al empobrecimiento, sin más culpa que querer trabajar y mejorar su calidad de vida. La clase trabajadora, así como la llamada clase media, se ha sentido, profundamente agredida , en la medida en que sus sueños y ambiciones han chocado de frente con la realidad del desempleo, la pérdida de poder adquisitivo y el hecho cierto de que sus hijas e hijos se enfrentan a un futuro tan desolador como incierto.

Este sentimiento de frustración e impotencia, cuando no de ansiedad, motivada por la inseguridad, está en el origen de un mayor interés por la política y un espíritu más crítico hacia sus representantes. La corrupción institucionalizada, que afecta a la monarquía, grandes partidos y gobiernos, ha desbordado las previsiones más pesimistas y ha puesto de manifiesto la hipocresía de quienes pidieron nuestra confianza para después robarnos la cartera, en la creencia de que eran impunes porque la justicia, al fin y al cabo, estaba de su lado.

En este contexto, las elecciones del pasado 20 de diciembre generaron una gran expectativa, que parecía anticipar un nuevo ciclo, más sensible a las necesidades de la ciudadanía y más alejado de los dictados del Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo. Hoy, cuando ha transcurrido poco más de un mes de esa fecha, que pensamos podría ser histórica, la ilusión ha ido dejando paso al desencanto. Los protagonistas de la acción política, todos hombres, por cierto, están demostrando una incapacidad manifiesta para gestionar un país y, sobre todo, para responder a las aspiraciones de la sociedad, que les ha votado.

Escenifican una obra de teatro, en la que las estrategias de comunicación tienen más valor que los programas y las demandas ciudadanas. Mariano Rajoy quiere perpetuarse en el poder para apuntalar su política económica al servicio de la Troika, Pedro Sánchez sabe que o es presidente o sus días en la secretaria general del PSOE están contados, Pablo Iglesias solo piensa en el sorpasso y en ser el único líder de la izquierda, y a Albert Rivera le basta con sentirse imprescindible, aunque sepa que no lo es.

Mientras tanto, los responsables de la crisis financiera, primero, y los recortes, después, alertan del riesgo inminente de que las inversiones abandonarán España, la supuesta recuperación se paralizará y el pretendido crecimiento económico dará paso a una nueva recesión. Las corporaciones del Ibex 35 utilizan todas sus influencias para hacer posible un gobierno PP-Ciudadanos, con la abstención del PSOE, y el presidente del BBVA lanza un aviso a navegantes, al advertir que mucho cuidado con las utopías.

La Unión Europa incide en esta misma línea con el único objetivo de impedir que en España se pueda formar un ejecutivo de progreso. Su argumento principal es la posible participación, en esta mayoría , de formaciones que defienden la independencia de Catalunya e incluso el derecho de autodeterminación. Sin embargo, lo que más les preocupa, es perder su capacidad de influencia y presión sobre unas instituciones, que se han acostumbrado a dirigir en la sombra, en defensa de sus beneficios e intereses. Poco importa que se pervierta así el concepto de democracia, y que la voluntad de la ciudadanía carezca de valor. Un pésimo ejemplo, que aleja a las personas mas jóvenes de la política y quienes la representan.

La estrategia del miedo, que apela a la estabilidad como garantía de desarrollo y prosperidad, suma cada día, más voces y presiones para lograr su objetivo: un ejecutivo dócil, que no cuestione el

establishment, rinda pleitesía a la banca y a las grandes corporaciones, aplauda la vigencia de la monarquía y niegue el debate legítimo sobre el derecho a decidir. Lamentablemente, tienen muchas opciones de ganar una vez más. La política y quienes la ejercen, sean viejas o nuevas siglas, no terminan de asumir que deben actuar con transparencia, honestidad y verdad, consolidando una comunidad más justa y equilibrada desde el punto de vista económico, social y medioambiental.

Sin embargo, los acontecimientos y movimientos que estamos conociendo no invitan al optimismo. La sensación que ahora mismo tenemos muchas personas en España es la misma que impregna la obra El Gatopardo de Giuseppe de Lampedusa, llevada al cine por Luchinno Visconti en 1963:”Algo tendrá que cambiar para que nada cambie”.


Pensar en un futuro mejor

OPINIÓN de Javier Madrazo.- Las elecciones generales han demostrado, una vez más, que en España terminan por imponerse las prácticas y políticas más centristas, siempre cómplices con los dictados de la derecha económica, mientras que los discursos y debates recurren al viejo truco de las descalificaciones y el marketing, ideados por profesionales de la comunicación, para ocultar la falta de ideas y propuestas que mejoren de verdad la vida de las personas. Constatar este hecho resulta, cuando menos, descorazonador. Tras más de ocho años largos de crisis, con consecuencias dramáticas para una mayoría significativa de la ciudadanía, el fin del bipartidismo es en sí mismo una buena noticia, pero sería mucho mejor si viniera acompañado de un programa de gobierno, que apele a la rebeldía y defienda una nueva democracia, real y participativa; promueva la justicia social; garantice los servicios públicos; impulse una renta de garantía de ingresos universal para hacer frente al empobrecimiento y plante cara al poder económico y empresarial, exigiéndole contratos estables, salarios dignos y una fiscalidad acorde a sus beneficios, sin exenciones arbitrarias ni privilegios. No aparece que el futuro apunte en esta dirección. Escribo estas líneas cuando faltan tres días para la cita con las urnas y todo parece indicar que más allá de quien gane o con qué porcentaje, se impondrá el pacto entre quienes en campaña se han declarado diferentes, pero después, sin embargo, son más iguales de lo que jamás reconocerán.

No necesitamos gobiernos que sean correa de transmisión del poder económico y financiero, que tanto daño nos ha hecho y aún pueden hacernos mucho más. España no necesita una mera alternancia; necesita una verdadera transformación, de la mano de un gobierno que sitúe por encima de todo, a las personas y sus necesidades. Justo lo contrario de lo que hizo el gobierno del PP que apostó por representar y defender el orden ( sistema ) actual y por cumplir ciegamente las órdenes que llegaban de la Unión Europea, el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional ,aunque estas fueran contrarias a los intereses de la población, sobre todo de la más desfavorecida.

Es imprescindible plantar cara a quienes ostentan el verdadero poder, aquellos que no se presentan a las elecciones , y que muchas veces se comportan como una verdadera mafia, que amenaza, chantajea y deja caer a los más débiles a un pozo negro, del que escapar es un milagro.

Es una incógnita el papel que desempeñará Ciudadanos y la gestión que harán del importante capital político acumulado. Habrá que ver si a la hora de la verdad se alinearán con las políticas de la derecha y de apuntalamiento del sistema, o si verdaderamente darán un impulso a la necesaria regeneración de la Democracia y las instituciones del Estado de Derecho.

Así mismo, queda por ver si el PSOE emprende un nuevo rumbo en su trayectoria, desarrollando un verdadero giro a la izquierda, o si por el contrario sigue sin romper el cordón umbilical con el llamado felipismo y las políticas neoliberales. Si no es así, correrá el riesgo de caer en la irrelevancia y de ser sustituido por los llamados partidos emergentes.

Podemos , bajo el impulso del 15M , ha traído consigo la ilusión y ha alimentado el sueño de un mundo mejor en el que creen y por el que luchan tantísimas personas. Debemos reconocer como gran conquista de la fuerza morada, la capacidad de haber modificado la agenda política general, al incorporar al debate político preocupaciones y demandas ciudadanas que han alterado los discursos y las apuestas del conjunto de organizaciones políticas. Sin embargo, su obsesión por arañar votos, les ha conducido a una cierta ambigüedad ideológica y a una excesiva mirada, especialmente en algunas materias, al centro político, un carril más seguro por el que circular, pero también por el que hay que pagar un alto peaje : el de la renuncia a mchos ideales en pro del pragmatismo.

Nos encontramos en un momento político muy esperanzador, con una superación del bipartidismo y de las mayorías absolutas, que requerirán de mucho diálogo y acuerdos trasversales, en orden a lograr consensos que garanticen la gobernabilidad y la toma de decisiones. La necesidad de establecer contrapesos redundará en beneficio de las clases populares, y del freno al uso y el abuso de las instituciones, en favor de intereses personales o partidistas.

Resulta frustrante comprobar cómo, en muchas ocasiones, se apela a conceptos positivos como pluralidad y estabilidad, con la finalidad de legitimar acuerdos sin contenidos y sin más hoja de ruta que distribuir ministerios y parcelas de poder. Hemos recuperado, en cierta medida, el interés por la política; ahora nos queda recuperar la confianza en ella. Y ésta sólo llegará con hechos. La recuperación económica, tantas veces proclamada y tantas otras negada por la realidad , sólo será creíble cuando venga acompañada de puestos de trabajo estables y con derechos laborales reconocidos, y políticas sociales que hagan frente al empobrecimiento, que hoy se extiende como una lacra incluso entre la clase media. Es urgente, entre otras muchas cosas,el blindaje constitucional de derechos sociales básicos; el fin de las puertas giratorias, de la pobreza energética o de los desahucios; garantizar de un modo efectivo la independencia judicial; así como reformas estructurales :modificación de la injusta ley electoral o revisión de la estructura territorial del estado( derecho a decidir, sistema de financiación, clarificación competencial…).

Quienes tienen en sus manos los votos necesarios para liderar la revolución democrática, que muchas personas esperan, deben ponerse las pilas sin dilación. Ha llegado el momento de revisar las bases y el modelo que surgió de la primera transición, que nos ha conducido a una democracia de baja intensidad , al dar la espalda a la voluntad ciudadana, y que hoy muestra claros síntomas de agotamiento , con la corrupción como un exponente claro de la propia degradación del sistema institucional y político. Esta enfermedad no se curará sólo con paños calientes. Necesita bisturí. El tiempo apremia. Quién o quiénes gobernarán es importante, pero también lo es el rol de que quiénes ejerzan la oposición. Es de esperar que no se dejen cautivar por los muros del Congreso que les aislarían de las calles, y no sucumban a los debates de guante blanco de la tribuna de oradores. El centro es cómodo y seguro, pero la revolución democrática requiere de riesgo y valentía. Ojalá triunfe ésta última, más pronto que tarde. Movilicémonos y asumamos nuestra responsabilidad. El futuro depende de todas y todos.

El centro no existe

OPINIÓN de Javier Madrazo.- La celebración de generales el próximo 20 de Diciembre ha contribuido, una vez más, a poner blanco sobre negro un déficit democrático en España, que evidencia la incapacidad de las formaciones políticas para presentarse ante la ciudadanía con programas reales que tengan la voluntad de cumplir y un posicionamiento ideológico firme.

Desde el mismo día en el que el presidente del Gobierno anunció la fecha de los comicios generales, los cuatros partidos políticos con mayores opciones —PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos— se han lanzado a ocupar un mismo espacio, el centro, en la convicción de que sólo así lograrán sumar más votos y situarse como opción preferida por un mayor número de personas.

Consultores y estrategas coinciden en afirmar que las elecciones se ganan desde el centro, y puede que tengan razón. Argumentan que aproximadamente el 40 por ciento de la sociedad formaría parte de este amplio colectivo, integrado por más mujeres que hombres, con un nivel formativo medio-alto, un tramo de edad situado entre los 35 y los 55 años, y mayoritariamente con empleo, aunque no siempre estable y bien remunerado. Son personas que se sienten alejadas de las posiciones de extrema izquierda y extrema derecha, que cuando tienen que definirse, en una escala de 0 a 10, apuestan por el 5, el 4 o el 6. Concretamente, según el CIS, en este espectro ideológico estaría representado el 41 por ciento de la población.

Así se explica que el PP se defina como centro derecha, el PSOE como centro izquierda, Ciudadanos como centro-centro y Podemos esté intentando acercarse tanto al centro, que ha terminado por alejarse de sus orígenes, abandonando los círculos y el debate participativo, que tanta ilusión generaron hace ahora exactamente un año. Estas cuatros formaciones políticas, que hacen grandes esfuerzos día a día para diferenciarse unas de las otras en sus comparecencias públicas ante los medios de comunicación, después, en la práctica, modulan sus discursos para convencer a las mismas personas, empleando para ello argumentos similares, en los que sólo caben ligeros matices. 
 
Las ideologías se alejan de los orígenes 

Sin duda alguna, nos adentramos de este modo en un círculo vicioso, en el que las ideologías o mueren o se debilitan hasta perder su razón de ser. Nunca como ahora las ideas y posiciones claras y firmes han sido más necesarias. Ser de centro es legítimo, como lo es sentirse de derechas, pero ser de izquierdas y reconocerlo debería ser, además, un motivo de orgullo, máxime cuando el empobrecimiento de la ciudadanía, la privatización de servicios públicos como la educación y la sanidad, o las altas cota de desempleo desmoronan cualquier atisbo de recuperación creíble, más allá de cifras macroeconómicas sin ninguna incidencia en la vida de las personas. 
 
Todo ello sin mencionar la corrupción o el deterioro de un sistema que se llama democrático, pero niega la voz a las minorías y se muestra incapaz de escuchar las demandas de la sociedad. La campaña electoral constituye una buena oportunidad para exigir a las formaciones políticas que actúen con honradez y transparencia. Debemos instarles a que nos cuenten la verdad y pedirles que asuman sus compromisos por escrito y públicamente. No podemos resignarnos a líderes y mensajes prefabricados, que sólo quieren arañar votos, vengan de donde vengan, para que después gobiernen como quieran y con quien quieran. El centro sólo es una metáfora para justificar decisiones que imponen el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea de Angela Merkel. Que no nos engañen. 

Podemos debería ser plenamente consciente de ello y no sumarse a una estrategia que le aleja de la nueva política, que aspiran a capitalizar, y le acerca, por el contrario, a todo aquello que habían denunciado hasta que la carrera por el poder se convirtió en su hoja de ruta prioritaria. La formación liderada por Pablo Iglesias ha dado por buenas medidas que lesionan la democracia y la participación política, como es la exclusión de Izquierda Unida de los debates electorales. Debo reconocer que me esta decisión me ha decepcionado más incluso que su presencia en la mesa convocada por el Gobierno de Mariano Rajoy para defender el llamado pacto antiterrorista contra el yihadismo, suscrito tras los terribles atentados perpetrados en París. 
 
Es posible que esté equivocado y todo valga para ganar puntos en las encuestas y votos en las urnas; es posible también que me haya quedado anclado en el pasado y crea aún en las ideologías, aunque unos y otros se esfuercen por darlas por enterradas. No me gustan quienes se protegen bajo el paraguas del centro porque al final dan todo lo malo por bueno o, cuando menos, por necesario. Las élites políticas son las que más cómodas se sienten en este escenario. Saben que no se cuestionan los cimientos del modelo que urdieron en la transición. La campaña electoral pondrá, en evidencia, una vez más, que las ideas se supeditan a los mensajes, que éstos sólo buscan titulares, y los candidatos a presidente, todos hombres, por cierto, intentan convencernos de que en el centro está la verdad.

Oportunidad perdida

OPINIÓN de Javier Madrazo.- Cuando no encontramos en puertas de una nueva campaña electoral el panorama en el ámbito de la izquierda alternativa no puede ser más desalentador. Las elecciones municipales marcaron cuál debe ser el camino a seguir para que la izquierda transformadora obtenga el respaldo ciudadano y pueda aspirar a ser hegemónica o, al menos, condicionar la acción política. Para alcanzar este objetivo sólo hay un camino: la unidad. Así se han logrado mayorías de gobierno en ciudades emblemáticas como Madrid o Barcelona, por citar los dos ejemplos más representativos.

El 20 de diciembre la situación será muy distinta. Los intereses partidistas y el afán de protagonismo han frustrado la ilusión de quienes confiaban en un acuerdo entre todas las sensibilidades de izquierda. Podemos, como fuerza principal en este ámbito, es quien más responsabilidad tenía a la hora de de pilotar una verdadera unidad popular que representara a una mayoría social, que reivindica un gobierno al servicio de la ciudadanía y no de la troika y los poderes económicos. Lamentablemente, en esta ocasión, Pablo Iglesias y su organización no han actuado con la generosidad que la situación requería.

Han pretendido imponer como paraguas común una marca que, a tenor de las encuestas, no está logrando el apoyo que sus dirigentes daban por seguro hace menos de un año. Podemos enarbola la bandera del cambio y tienen razones para ello, pero no deberían olvidar que en el Estado hay otras sensibilidades de la izquierda que también defienden su espacio y no buscan cobijo bajo las siglas y el programa de la formación morada. Bien por su apuesta por captar el voto de centro, bien por su estructura vertical o bien por no reconocer la pluralidad en el campo de la izquierda. Han pasado de querer ganar las elecciones a conformarse con reemplazar a IU en el campo de la izquierda.

La historia de la izquierda no ha comenzado hace dos años. Hay una larga tradición de lucha por las libertades y por los derechos democráticos y sociales. En el franquismo y en el período democrático. Son muchas las personas que han dedicado todo su esfuerzo, en barrios, fábricas o universidades, con gran sacrificio, a conquistar mayores cotas de justicia y bienestar. En este sentido, resulta inexplicable el maltrato al que ha sometido Podemos a Izquierda Unida, del mismo modo que resulta incomprensible la sumisión que ha demostrado Alberto Garzón ante una larga cadena de desplantes , desaires y hasta insultos.

Izquierda Unida ha puesto en marcha Ahora en Común, pensando que al ocultar la referencia explícita a la izquierda iba a ser mejor aceptado por Podemos. Al final se han rendido a la evidencia. Podemos no les quiere ni les reconoce como interlocutor. Tienen una papeleta difícil porque defienden una Unidad Popular poco creíble, dado que en su seno sólo han quedado el PCE y voces independientes de carácter testimonial. Se ha eliminado, en un ejercicio de gran sectarismo, la pluralidad interna que en su día fue una seña de identidad, que llevó a Izquierda Unida, principalmente en la etapa Anguita, a ser una fuerza fundamental en la escena política. De hecho, en estos momentos hay mucha izquierda fuera de IU.

El anuncio de la ruptura del proceso negociador entre Podemos e Izquierda Unida ha caído como un jarro de agua fría entre quienes confiaban en que el interés social finalmente se impondría. La ciudadanía esperaba que estas organizaciones demostraran capacidad y vocación de acuerdo. España necesita una opción electoral que represente el sentir de una parte importante de la población, que ha recuperado el interés por la política como respuesta a los recortes sociales, la corrupción y los déficits democráticos de un modelo de desarrollo incapaz de garantizar la igualdad y los derechos básicos de las personas.

Una vez más, estamos ante una oportunidad perdida, que Partido Popular, PSOE y Ciudadanos rentabilizarán en las urnas y en los pactos posteriores que conformarán mayorías de gobierno de centro derecha, sometidas a los dictados de la Unión Europea, el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional. No es mi intención buscar culpables. Se trata, sin duda alguna, de un error colectivo, en el que también hemos fallado quienes no hemos sabido o no hemos podido emplazar con éxito a Podemos, Izquierda Unida y al resto de las Izquierdas a ratificar un entendimiento en el que creemos firmemente.

En Euskadi el panorama no es más alentador. A partir del manifiesto impulsado por un grupo de profesores de la UPV parecía albergarse una esperanza de confluencia entre la izquierda independentista y la izquierda federalista. Ha faltado audacia y valentía para superar las inercias de muchos años de distanciamiento. Afortunadamente la izquierda abertzale empieza a asumir sus límites y a entender que hay gentes de izquierda que no comparten sus postulados. El acercamiento, desde el respeto a las identidades plurales, resulta clave. Hasta la fecha su única alianza pasaba por incorporarse a sus filas, asumiendo su propio ideario.

Una alternativa unitaria y plural en el seno de la izquierda vasca concitaría ilusión y movilizaría adhesiones ciudadanas. En Euskadi, al igual que en otras Comunidades, también es posible superar al establishment, que representan PNV-PSE-PP. Estas tres fuerzas se alían para conformar o sostener gobiernos de perfil plano, que priorizan el mantenimiento del poder como única hoja de ruta. Jamás ofrecen propuestas que puedan poner en riesgo el status quo dominante, político y económico. La ciudadanía progresista, consciente de esta realidad, exige una unidad popular real, con un programa compartido que le permita recuperar su protagonismo y liderar el futuro que desea para los próximos treinta años.



No frustremos los sueños y las esperanzas

OPINIÓN de Javier Madrazo Marín.-Las elecciones municipales y forales, así como los comicios autonómicos en aquellas Comunidades en las que se han celebrado, han puesto en evidencia la necesidad de alcanzar pactos para poder conformar gobiernos. Sin duda alguna, una buena noticia para la democracia, en la medida en la que la necesidad de entenderse obliga a dialogar y a acordar entre diferentes. La irrupción de nuevas formaciones políticas, que han contribuido a erosionar el bipartidismos, se erigen así en protagonistas de la vida pública, con capacidad para condicionar la acción de las instituciones. Es razonable deducir que esta situación tendrá un impacto positivo en la regeneración de la democracia y ojalá en la vida de las personas, especialmente en las más vulnerables, que se han visto castigadas por la crisis económica y la gestión de la misma por parte del Partido Popular.

Resulta esperanzador escuchar a Manuela Carmena, Ada Colau o Jordi Ribó, cuyos discursos logran emocionar a quienes creemos que la política sólo cobra sentido cuando responde a las necesidades de la ciudadanía y no a los intereses de los poderes establecidos. Se abre un camino alternativo, que muchas y muchos intentarán boicotear una y otra vez, porque son conscientes de que constituyen una amenaza para un sistema que creían inalterable. Los pactos entre diferentes son importantes, pero mucho más lo son propuestas como las que representan, por referirse a las principales ciudades, Carmena, Colau o Ribó en Madrid , Barcelona o Valencia . En primer lugar, porque nacen de la voluntad y no de la necesidad. No nos engañemos.Muchos de quienes hoy elogian los acuerdos como expresión de pluralidad añoran las mayorías absolutas que perdieron o los tiempos en los que las ententes se basaban en un reparto de cuotas de poder y no en programas o ideas.

Por ello, es preciso apostar por acciones de unidad popular, que sumen voces de los movimientos sociales y asociativos, aglutinen a personas comprometidas, más allá de las siglas y los corsés de los partidos, y sean expresión de la voluntad ciudadana, que en los últimos ocho años ha denunciado en las calles los abusos del Partido Popular y las políticas de recortes, iniciadas, no lo olvidemos, por Rodríguez Zapatero. Es clave que este modo de entender la acción pública, empoderando a las personas sobre el capital, sea mucho más fuerte de lo que es en la actualidad y ejerza el liderazgo que le corresponde, de modo que tengan el peso suficiente para consolidar las políticas de rescate ciudadano y evitar , lo que muchas veces ha sucedido, que el PSOE una vez alcanzado los gobiernos, ceda ante la presión de los lobbies y poderes económicos . No se puede defraudar en modo alguno, las esperanzas y expectativas generadas en tanta gente. Hay que tener altura de miras para primar el interés general sobre las estrategias particulares, generando ilusión y confianza.

Sabemos que no es fácil, aunque debemos pensar que el sentido común terminará por imponerse. Las experiencias de Madrid, Barcelona o Valencia, por poner sólo tres ejemplos, constituyen un aliciente para avanzar en esta dirección, que conecta con las aspiraciones de la ciudadanía. Sus primeras decisiones son esperanzadoras y demuestran cercanía, austeridad, sensibilidad social… que no ha sido común en quienes han gobernado desde la transición. La política recupera, por fin, el pulso de la calle y habla su mismo lenguaje, llenando de contenido conceptos y valores como ética, integridad, justicia social o corresponsabilidad en la toma de decisiones. No sobran compañeros de viaje en este recorrido. Pensar lo contrario significaría pecar de soberbia y no es el momento para ello. Las elecciones generales marcarán un antes y un después. Son la auténtica prueba de fuego. Ojalá sepamos aprovechar esta oportunidad y no se frustren los sueños y esperanzas que hoy albergamos.

Necesitamos una Syriza

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- El 24M las candidaturas de verdadera confluencia, encabezadas por nuevos liderazgos (Manuela Carmena, Ada Colau…) han obtenido unos magníficos resultados ( mejores que las candidaturas de partido) que han materializado el cambio en las principales ciudades. Por ejemplo, Ahora Madrid al ayuntamiento ha obtenido el 31% de los votos y Podemos a la Comunidad Autónoma el 18%.El mensaje a extraer es claro. Cuando la izquierda se une, es más fuerte y genera ilusión en la ciudadanía. Y cuando no lo hace, favorece la consolidación del eje PP-PSOE-CIU. Lo que es evidente a los ojos de la gente parece difícil de entender por los estados mayores de los partidos. Siguen primando los intereses partidistas y la búsqueda de la hegemonía , sobre la conformación de alternativas sólidas y unitarias al servicio del rescate ciudadano y la regeneración democrática. Es decepcionante que no se aproveche desde la izquierda alternativa esta oportunidad histórica que se nos presenta, para afrontar la próxima cita electoral en las mejores condiciones para conseguir el triunfo en las urnas.

Inicialmente sucedió con IU que, antes de la europeas y ofuscada por las encuestas, rechazó el acuerdo con Podemos .Ahora sucede lo mismo con Podemos que, sabiéndose en posición de fuerza, rechaza el acuerdo con IU. Y además lo hace desde el desprecio, la arrogancia y la humillación . Es cierto que el aparato del PCE, quebrando la apuesta por la convergencia y la apertura que formuló en la década de los 80, y desde el sectarismo más absoluto, ha arruinado definitivamente el proyecto de IU, siendo las elecciones generales su estación final. Pero IU y sus bases se merecen un respeto y una consideración, porque hablamos de hombres y mujeres que llevan muchos años en la lucha por la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y las clases populares. Son inaceptables declaraciones como las realizadas por Pablo Iglesias (posteriormente matizadas) diciendo que los de IU eran “unos cenizos y unos tristes” , que “no han hecho nada en veinticinco años” o ” que se cuezan en su salsa y se queden con su bandera roja pero que nos dejen en paz”…

Me parece un gran error que Podemos haya querido imponer su sigla como paraguas electoral común. Con un 14% de los votos esta pretensión , además de injustificada(teniendo en cuenta que hay otras opciones de izquierda que son mayoritarias en Cataluña, Euskadi, Navarra, País Valencía, Baleares o Galicia ) arruina las posibilidades de acuerdos con el resto de organizaciones a las que no se les da otra opción que disolverse. Quién tiene más fuerza y liderazgo en el campo de la izquierda, es quien debe mostrar más generosidad, tolerancia y humildad para articular la Unidad Popular desde el respeto a las identidades plurales. Generosidad con los de fuera , pero también con los de dentro. Resulta sorprendente el sistema de primarias que ha puesto en marcha Podemos para elegir a sus candidaturas a las elecciones generales. Un sistema teóricamente de listas abiertas pero que a través del método de “lista plancha” dará como resultado que todas las personas elegidas sean del grupo oficialista, sin presencia alguna del resto de sensibilidades del partido. Además, en el afán por controlar de modo férreo el grupo parlamentario, lanzan un sistema de elección por circunscripción única que rompe con el principio de respeto a la plurinacionalidad del Estado. Ello dará como resultado la proliferación de los llamados “paracaidistas”(personas no arraigadas en los territorios). No es de extrañar el malestar y los pronunciamientos críticos contra este reglamento ( que bebe de lo peor de la vieja política) de muchos círculos y órganos de dirección .

Los últimos resultados ponen de manifiesto que la Izquierda puede ganar las elecciones y dar un giro radical a las políticas antisociales y austericidas impulsadas por el PP y el PSOE, que han colocado a nuestro país en una situación de emergencia social con unos niveles dramáticos de desempleo , precariedad y pobreza totalmente inaceptables .

Ni antes IU era la Syriza española ni ahora lo es Podemos. Al igual que en Grecia aquí también necesitamos una Syriza , es decir, una plataforma o frente común que acoja al conjunto de componentes de la izquierda transformadora, desde el respeto a sus trayectorias e identidades. Sin que nadie tenga que renunciar a lo que es, y sabiendo que el nexo de unión es el programa compartido. Esa sí sería una fuerza ganadora que estaría en condiciones, al igual que en Grecia, de plantar cara,a la tiranía de la banca, de los poderes económicos dominantes y a las instituciones que están a su servicio.

De lo contrario, si la Izquierda va desunida y fragmentada, estaremos condenados o bien a reeditar el gobierno del PP con el apoyo de Ciudadanos y la abstención de Convergencia, o a que el cambio lo protagonice el PSOE con el apoyo de Podemos ( que contará sin duda con un grupo fuerte pero a todas luces insuficiente para liderar el nuevo tiempo). Y el PSOE, a estas alturas lo sabemos muy bien, no es garantía de cambio por mucho maquillaje y lifting que se haga.

Abrir las ventanas de la política

OPINIÓN de Javier Madrazo.- La crisis económica ha traído consigo, entre otros muchos factores negativos, altos índices de desempleo, empobrecimiento de importantes sectores de la población, recortes de derechos laborales y sociales, desahucios de viviendas y pequeños negocios, privatizaciones de servicios públicos y precariedad en el mercado de trabajo, especialmente entre las personas más jóvenes y las mujeres. El panorama no puede ser más desolador. Sin embargo, como en todos los periodos negros también hay elementos positivos, que merecen ser subrayados. En España, la crisis económica está en el origen del desafecto ciudadano hacia las élites que ejercen el poder, un fenómeno nuevo, que ha despertado la indignación de millones de personas, que por primera vez en mucho tiempo son conscientes del valor de la política para defender sus derechos y apelan a la democracia real para que su voz no sólo sea escuchada sino también y sobre todo tomada en consideración.

En este contexto, formaciones políticas alternativas como Podemos y Ciudadanos ganan adhesiones y erosionan, por fin, el bipartidismo, en el que Partido Popular y PSOE han vivido cómodamente instalados, en la confianza de que este estatus tenía carácter vitalicio. España ha vivido cuarenta años de democracia tutelada por las élites, que escribieron un relato falso de la transición para perpetuarse en el poder, engañando a la ciudadanía con el señuelo del voto cada cuatro años y un régimen de libertades(cada vez más disminuido) y participación, en el que se nos ha negado siempre el derecho a decidir cómo queremos vivir y cómo queremos organizarnos. Nos han tratado como a personas sin criterio y voluntad, nos han anestesiado vendiéndonos el espejismo del crecimiento y el desarrollo, y, en última instancia, nos han abocado al consumo irrefrenable como garantía de felicidad. Mientras tanto muchos de quienes han mandado se han enriquecido sin límite, han blindado su futuro con pensiones millonarias y se han creído al margen de la justicia, ocultando sus vergüenzas en paraísos fiscales y empresas pantalla.

Debemos desear que los resultados electorales y las alianzas surgidos de la cita con las urnas corten de raíz estas prácticas y hábitos, confiando que la presencia de un mayor número de agentes en el terreno de juego obligue, al menos, a ser más combativos contra la corrupción y más solidarios con las personas que se encuentran en una mayor situación de vulnerabilidad. Son muchas las necesidades y también muchas las expectativas. La ciudadanía, cansada de sufrir en solitario el impacto de la crisis económica y defraudada por los incumplimientos y tropelías de muchos de quienes ejercen la política, no aceptará esta vez nuevos fraudes y pactos oscuros de reparto de poder como ha ocurrido en el pasado. Esperemos que la exigencia sea ahora mucho mayor, y las prioridades que marcarán los pactos post-electorales estén condicionadas por la urgencia de impulsar la economía real, crear empleo de calidad y promover acciones que contribuyan a regenerar la democracia y recuperar los derechos y libertades que nos han sido arrebatados en estos últimos seis años.

Los comicios generales serán la auténtica prueba de fuego para propiciar un cambio de modelo o, cuando menos, para gestionar las instituciones con mayor transparencia y contacto con la calle. Las encuestas unas veces aciertan y otras se equivocan cuando distribuyen escaños y porcentajes de voto, pero siempre atinan cuando reflejan los sentimientos y percepciones de las personas. Hay unanimidad en poner de manifiesto cuáles son las preocupaciones ciudadanas -el mercado de trabajo y la ética en la política- y ahora sólo queda que quienes tienen potestad para ello actúan en coherencia. La pluralidad como concepto es buena y como instrumento para gestionar la actividad pública, imprescindible.
*javiermadrazo.wordpress.com

Un lugar para vivir, un derecho humano

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- El derecho a la vivienda, entendido como un derecho humano fundamental, ha recuperado vigencia en el debate político y social, en gran medida como respuesta a la ola de desahucios, consecuencia directa del austericidio y el empobrecimiento de una parte importante de la llamada clase media, que se ve imposibilitada para hacer frente a los créditos contraídos al perder su puesto de trabajo. Es obvio que todas las personas necesitamos un hogar en el que poder desarrollar, de un modo autónomo, nuestro proyecto de vida. Sin una vivienda digna nadie puede tener una vida digna. Hablamos de una demanda ciudadana legítima, consagrada en la Constitución española del año 1978, que las Administraciones Públicas competentes siempre han incumplido.

En este sentido, constituye una buena noticia que PSE, Bildu y UPD hayan alcanzado un acuerdo para impulsar en Euskadi una Ley de Vivienda, que reconozca, por fin, el derecho subjetivo a un lugar en el que poder vivir. Se trata, sin duda alguna, de un paso hacia adelante, que conecta con el espíritu del Anteproyecto de Ley de Garantía del Derecho Ciudadano a una Vivienda Digna, que Ezker Batua-Berdeak remitió al Parlamento vasco para su aprobación en el año 2009, en su etapa en el Gobierno vasco. No fue posible, entonces, en gran medida por la negativa de las formaciones que ahora impulsan esta propuesta, que, en cualquier caso, es bienvenida. Euskadi no es ajena al drama de los desahucios y la vivienda constituye aún para muchas personas una suerte de privilegio inalcanzable.

No deja de ser curiosa, en este sentido, la reacción del Gobierno vasco y la formación política que lo sustenta, denunciando el contenido de esta iniciativa, tan legítima como bien fundada, recurriendo al tópico del “efecto llamada”, tantas veces empleado por el partido Popular para descreditar, por ejemplo, la Renta General de Ingresos y la Prestación Complementaria de Viviendas. Una vez más, se recurre a un argumento tan manido como demagogo, que no es otro que el temor, que se alienta con el propósito de impedir el ejercicio de un derecho, que las Administraciones Públicas deberían intentar garantizar en lugar de rechazar, como ocurre en este caso. Ezker Batua-Berdeak consensuó con el PNV, hace ahora seis años, una propuesta legislativa de implantación progresiva, según la cual, en una primera fase, todas las personas con ingresos anuales inferiores a 22.000 euros, un colectivo de 8.000 hombres y mujeres en aquel periodo, accederían a una vivienda en alquiler en el plazo máximo de cinco años.

El objetivo no podía ser más ambicioso: hacer realidad el derecho subjetivo de todas las personas a un techo. Una opción real y viable, siempre y cuando el Ejecutivo autónomo asumiera el compromiso de construir 35.000 viviendas en alquiler protegido en diez años. La proximidad de los comicios autonómicos condenó al fracaso esta iniciativa, que hubiera prosperado si los cálculos electorales y los intereses partidistas no se hubieran impuesto sobre el interés general, dejando pasar una oportunidad que ahora puede retomarse con éxito. Ojalá sea así. Confío en que el texto pactado pueda ver la luz porque son muchas las personas que se beneficiarán de ello y las instituciones de Euskadi serán modelo de sensibilidad social, una seña de identidad irrenunciable, que habría de presidir todas sus actuaciones. En este sentido, el PNV debería desmarcarse del discurso del Partido Popular y buscar acuerdos para que nuestra Comunidad se sitúe en el ránking de los países más avanzados y progresistas en materia de vivienda. En Escocia se puso en marcha una iniciativa similar con resultados muy positivos.

Euskadi ha sido y debe ser un referente de progreso en un contexto de recortes de derechos y prestaciones, demostrando que se puede gobernar con conciencia, primando el bien general sobre el bien particular. Apoyar a las personas con mayores dificultades, aquellas que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad al carecer de una vivienda digna, es una obligación irrenunciable de quienes ejercen el poder. No hablamos de solidaridad, sino de justicia. Las Administraciones Públicas, en Euskadi y el Estado, han respaldado a menudo la propiedad en detrimento del alquiler porque han considerado la vivienda un negocio y no un derecho. Y ésta y no otra es la razón que está en el origen de la especulación y la corrupción en el sector inmobiliario. Siendo Consejero de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno vasco mi primera intención fue promover un parque público de alquiler, impidiendo que dinero público se invirtiera en pisos destinados a la propiedad, que en un plazo de veinte años fueran libres y pudieran venderse como tales a precio de mercado.

Lo logramos y fue un gran avance en un largo camino que ahora el Parlamento vasco podría profundizar, pese a la oposición del PNV y el Partido Popular. El derecho subjetivo a una vivienda no es una demanda revolucionaria, ni mucho menos utópica o populista. Es factible y viable, como lo fueron en su día la sanidad o la educación, aunque hoy estén también en cuestión. Comparto la penalización de la vivienda vacía, estableciendo un canon que la grave, porque creo que una medida de esta naturaleza favorecería su alquiler. Fué una propuesta pionera, no bien entendida, que ahora puede y debe ser una realidad. Esta iniciativa debería ir acompañada del fortalecimiento del programa que pusimos en marcha , Bizigune, de movilización de vivienda vacía, y que en los últimos años ha ido perdiendo fuerza y atractivo por los recortes practicados en materia de vivienda tanto por el gobierno de López como de Urkullu.

Deseo que pronto sea una realidad el reconocimiento del derecho subjetivo de todas las personas a una vivienda en alquiler. Ganaremos todas y todos.
*javiermadrazo.wordpress.com

Aprender a pactar

OPINIÓN de  Javier Madrazo Lavín.- “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Escribo estas palabras como homenaje a su autor, Eduardo Galeano, a quien hemos despedido recientemente, y también como punto de partida a una reflexión sobre la virtud del pacto en la política. El diálogo, la colaboración y el acuerdo entre diferentes, que son capaces de buscar puntos de encuentro pensando en el bien común, es la esencia de la vida pública, aunque en honor a la verdad hay que decir que en España esta visión es aún una utopía que hemos de perseguir.

La Constitución de 1978 planteó como gran valor la consagración del bipartidismo, obviando que una democracia es más fuerte en la medida en la que es también más plural. Es cierto que en el Estado, y también en Comunidades históricas, como Catalunya y Euskadi, ha sido necesario alcanzar pactos para conformar Ejecutivos o pactos de legislatura para sostener la acción de los gobiernos, pero es igualmente cierto que, salvo excepciones, su fin principal se ha centrado en alcanzar ydetentar el poder, en lugar de dar respuesta a las demandas de la ciudadanía. Un error, sin duda alguna, que está en el origen del desafecto social respecto a los partidos y a sus dirigentes.

Conceptos manipulados como estabilidad y gobernabilidad se han utilizado para legitimar un modo de entender la política, basada en el reparto de cargos y prebendas, obviando el interés general. El pacto ha sido siempre interpretado como una obligación impuesta por las circunstancias( pérdida de mayoría absoluta) y nuncacomo una como una oportunidad para promover marcos de entendimiento, que permitan impulsar acciones compartidas y estimular así la interacción entre sensibilidades diversas y apostar por personas más comprometidas, más participativas y más protagonistas de la vida democrática. Tenemos que aprender a hablar, a escuchar, a comprendernos, a dar voz a la ciudadanía y a confiar en la palabra dada.

La búsqueda de la unanimidad y uniformidad de criterio nos aleja del ideal de libertad y del reconocimiento de la pluralidad. Es imprescindible el diálogo entre diferentes, que son capaces de suscribir compromisos, manteniendo sus ideas y su identidad. La presencia de nuevas formaciones en el escenario político y la superación del bipartidismo traerán consigo la necesidad de alcanzar acuerdos, y éste es un hecho positivo en sí mismo, especialmente en un contexto marcado por una mayor exigencia de eficacia y transparencia. No es momento para negociar en la trastienda, ni para sellar pactos ajenos a la voluntad de la ciudadanía.

La clave está en la defensa del “programa, programa, programa”, que con tanta coherencia como acierto defendía Julio Anguita en sus tiempos de coordinador de Izquierda Unida. Vivimos un año marcado por sucesivas citas electorales, que evidencian que las mayorías absolutas pertenecen al pasado. Quienes han hecho de la política su profesión no tendrán espacio en esta nueva etapa porque las reglas de juego habrán de ser establecidas por fuerza distintas. La sociedad exige acuerdos, pero sobre todo exige respeto a las promesas hechas en campaña y responsabilidad para resolver los problemas que nos afectan y nos impiden vivir con dignidad.

*Artículo publicado en Noticias Obreras. Mayo 2015.

Proteger a los pobres

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- “No llevar el pan a casa nos roba la dignidad”. Estas palabras, pronunciadas por el Papa Francisco, en un encuentro celebrado con trabajadores y pequeños empresarios en la región italiana de Molise, situada entre los Apeninos y el mar Adriático, no desvela ningún secreto porque todas las personas somos conscientes de esta realidad, pero si contribuye a poner el dedo en la llaga de una gran verdad, que en muchas ocasiones olvidamos. La reflexión del Papa no ha tenido el mismo eco que han merecido otras declaracionessuyas, aunque, en este caso, sí merecen atención especial porque cuestionan de lleno el modelo de desarrollo actual, que está en el origen de la desigualdad y el empobrecimiento de una parte importante de la población.

Vivimos un año marcado por sucesivos procesos electorales, que nos brindan la oportunidad de conocer los programas de las diferentes opciones políticas. El empleo está en el centro de todas las propuestas, pero ninguna de ellas es percibida como sincera por la ciudadanía. Son muchas las personas, especialmente jóvenes y mayores de 45 años, afectadas por el drama del desempleo, que han perdido toda esperanza de encontrar un trabajo en el corto o medio plazo. Hablamos de más de cinco millones de hombre y mujeres en España, prácticamente la mitad inscrita en el paro desde hace más de dos años. La situación empeora si tenemos en cuenta que sólo una de cada tres personas de este colectivo percibe una prestación social por desempleo.

Me consta que no es fácil abordar un fenómeno complejo de tal magnitud y menos aún solucionarlo. Sin embargo, creo que si hubiera voluntad y compromiso por parte de quienes tienen la competencia si sería posible implementar políticas e impulsar medidas eficaces que estimulasen la economía y facilitasen la creación de puestos de trabajo. Mientras tanto, resulta imprescindible tejer una red social sólida que limite el impacto del empobrecimiento en grupos cada vez más amplios y vulnerables. Lamentablemente, no es así. La austeridad impuesta frena la productividad y el crecimiento, la pérdida de confianza en el futuro reduce el consumo y los recortes decretados desmantelan un estado del bienestar, que en España antes del estallido de la crisis estaba aún en proceso de desarrollo, lejos de su consolidación.

El Gobierno del Partido Popular intenta negar esta evidencia con discursos triunfalistas, que responden a un obvio interés electoral, aunque chocan frontalmente con el día a día de millones de personas, que no se ven reflejadas en el país que Mariano Rajoy ha dibujado, o más bien ha soñado, con motivo del debate del Estado de la Nación. Sus mensajes quedan desmontados uno a uno en el último Informe elaborado por Cáritas Europa, con fecha del mes de febrero, en el que se analizan con detalle indicadores de pobreza y privaciones en países miembros de la Unión, entre ellos España. Las conclusiones del estudio no dejan lugar a dudas: la cohesión social se resquebraja y el desafecto en relación con las instituciones aumenta por su incapacidad para garantizar los servicios públicos esenciales y generar empleo.

Se podrá decir más alto, pero nunca más claro. Sin embargo, quienes deben prestar atención a voces autorizadas como Cáritas Europa hacen oídos sordos a sus recomendaciones, que terminan por pasar desapercibidas para la opinión pública, aunque encierren grandes verdades, que han de ser escuchadas y atendidas. El futuro de la Unión Europa sólo se puede construir desde la adhesión de la ciudadanía a un proyecto compartido en que el sientan que sus aspiraciones son respetadas y tomadas en consideración. Evidentemente, no es el caso actual. Nadie quiere formar parte de un grupo o una comunidad que le castiga y le condena a la exclusión. Los responsables de la Unión Europea no pueden ser ajenos a esta situación si pretenden consolidar un proyecto creíble, en el que las personas confíen porque les oferta seguridad.

El título del estudio realizado por Cáritas Europa, “Pobreza y desigualdades al alza: La única solución que se necesita son sistemas sociales“, evidencia la prioridad de impulsar políticas viables, que prioricen el bienestar y la justicia sobre la austeridad y el poder de la oligarquía empresarial y financiera. Resulta imposible comprender cómo la deuda bancaria se ha transformado en deuda soberana y, en cambio, no hay recursos suficientes para facilitar unos ingresos mínimos a toda la población y hacer frente sin demora al drama humano de los desahucios. Quienes en la Unión Europa toman ahora las decisiones lo hacen siempre con intención y respondiendo a unos objetivos fijados, que no se corresponden con el mandato para el que fueron elegidos. El Papa Francisco le ha recordado a Angela Merkel, quien como Mariano Rajoy y otros muchos lo han olvidado, cuál es la verdadera razón de su trabajo: “Proteger a sus pobres”. Los ricos no lo necesitan.

Protesta activa para ganar el futuro

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- “El hombre bueno se define por la protesta activa y la lucha permanente, que busca superar la injusticia estructural dominante”. El autor de estas palabras es Ignacio Ellacuría, jesuita nacido en Portugalete y una de las voces más destacadas de la Teología de la Liberación, asesinado el 16 de noviembre de 1989 en El Salvador. Un año después de su desaparición tuve la oportunidad de visitar la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, en la que Ignacio Ellacuria, cinco compañeros de la orden religiosa y dos asistentes fueron tiroteados por soldados de las Fuerzas Armadas.

Su compromiso activo en favor de la opciónpreferente por las personas más pobres hicieron de él un hombre incómodo para la oligarquía y los militares. Acabaron con su vida, pero no con supensamiento. La trayectoria de Ignacio Ellacuría, así como la de sus compañeros mártires, representa todavía hoy la lucha contra la desigualad, que entonces parecía circunscribirse al llamado Tercer Mundo y que ahora está presenteen el seno de las sociedades occidentales, el llamado Cuarto Mundo, en el que día a día se niegan y recortan derechos humanos fundamentales.

Es indudable que el Papa Francisco ha traído nuevos aires a la Iglesia y al cristianismo. Su mensaje recupera los fundamentos de la Teología de la Liberación, que cuestionan un sistema de producción y consumo, el capitalismo, que está en el origen de la injusticia y la división social. Éste modo de entender las relaciones humanas y la organización del poder conecta con una lectura progresista del Evangelio, y moviliza a creyentes y a quienes no lo son en pro de políticas de redistribución equitativa de la riqueza y de avance hacia una democracia más plena y participativa.

El mundo no está hoy mejor que en 1989, cuando Ignacio Ellacuría fue asesinado. Nos enfrentamos a los mismos déficits y desafíos, en un entorno más individualista, más insolidario y más desideologizado. El poder sigue en las mismas manos, la riqueza se concentra en las mismas familias y la política está al servicio de los mismos intereses. Hablemos de la oligarquía, la lucha de clases o la casta, nos referimos a las mismas personas con idénticos objetivos. La brecha entre quienes ejercen el control y quienes somos víctimas de sus decisiones resulta tan insalvable como siempre.

En este contexto, Ignacio Ellacuría continúa siendo un referente y un espejo en el que mirarnos, uniendo teoría y praxis de liberación. Habrán cambiado muchas cosas, pero en el fondo, en aquellos aspectos que inciden en el bienestar y la dignidad del ser humano, seguimos igual. El discurso del Papa Francisco recoge, en una parte de sus propuestas, el espíritu que animó a la Teología de la Liberación, y que tanto disgustó a la jerarquía vaticana, reacia a asumir con radicalidad la dimensión social y política de la fe cristiana y a denunciar con voz profética la opresión de los pueblos y las personas, en un continente gobernado por dictadores y militares que extendieron el terror para poder actuar sin más límite que su voluntad.

La intervención del Papa Francisco en el Parlamento de Estrasburgo ha permitido recuperarla sintonía que en su día existió entre los movimientos populares transformadores y el cristianismo de base, defensor de los derechos de los hombres y mujeres más vulnerables. Por primera vez en mucho tiempo observo con optimismo como se produce este acercamiento, en un contexto marcado por la crisis económica y la desconfianza generada por quienes se han servido de las instituciones para su enriquecimiento personal y para perpetuar un modelo de desarrollo, que se basa en el abuso del poder, aunque ello implique vaciar de contenido la democracia.

La oligarquía ha controlado y controla la política, la banca y la cultura. Hemos vivido una ilusión de crecimiento sin fin, que nos ha anestesiadomientras nos hicieron creer que éramos ricos y seguiríamos siéndolo. Fue en 2008 cuando empezamos a tomar conciencia de la realidad. Nos quisieron hacer creer que la recesión sería pasajera y los brotes verdes llegarían más pronto que tarde. Hoy sabemos que no será así. La crisis no es sólo económica; también es institucional y ética. Resulta difícil fiarse de quienes ejercen la política, aunque muchas y muchos actúen con honestidad.

La sociedad civil está tomando conciencia de su fuerza y las encuestas ponen de manifiesto el fracaso del bipartidismo, pero sobre todo de los viejos modos de hacer política. No es extraño que María Dolores de Cospedal, secretaria general dela derecha, y César Alierta, presidente de Telefónica, hayan salido en defensa de la alternancia entre el PSOE y el Partido Popular, cuando no a favor de una alianza entre ambos. Felipe González ya la hizo hace un año y Pedro Sánchez apela ahora a “pactos en beneficio de la ciudadanía”. Cierran filas para salvar el bipartidismo, pero es posible que ya sea tarde.

Vivimos con miedo porque sabemos que nuestro trabajo, si lo tenemos, es precario, y nuestro futuro incierto. Sin embargo, en España este estado de shock, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares de Europa, nos ha movilizado en lugar de paralizarnos y nos ha acercado más a la izquierda que a la extrema derecha. Personas que hace tiempo habían dejado de salir a la calle a defender sus derechos, hoy lo hacen y coinciden con jóvenes que, igual sin saberlo, ejercen “la protesta activa y la lucha permanente” que Ignacio Ellacuría reivindicaba. Todavía queda espacio para la esperanza.

Recuperar principios, valores e ideales

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- La política para ser democrática debe liberarse, en primer lugar, del control efectivo que sobre ella ejercen el poder económico y los mercados. La política se ha transformado en un instrumento al servicio de los intereses de la banca y las grandes empresas, que ejercen su autoridad en el mundo entero a través del FMI, el BCE y el Consejo de Europa.

Instituciones que han pervertido no sólo la acción política sino sobre todo, y más grave aún, han anulado la democracia. El capitalismo se ha convertido en una dictadura, y las instituciones, especialmente las supralocales ,son brazos ejecutores de órdenes que dictan personas que jamás han concurrido a unas elecciones y de las que nunca conoceremos sus programas, ni mucho menos sus rostros.
El cumplimiento efectivo de los derechos humanos no son, su objetivo prioritario , como tampoco lo es la superación de las desigualdades o la redistribución justa de la riqueza. Los máximos mandatarios saben muy bien que sus decisiones implican desempleo, precariedad y desahucios ; y en los países empobrecidos implican guerras, hambre y enfermedades. Estos son sólo daños colaterales , el precio a pagar por amasar cada vez mayores fortunas y un poder sin más límite que su propia voluntad.

Las consecuencias de sus acciones tienen rostro. Hombres y mujeres con nombres y apellidos. Sólo en España el 25% de la población se encuentra en estado de exclusión social. Más de once millones de personas, de las cuáles cinco padecen exclusión severa. Es obvio que los autores del VII Informe Foessa no comparten el optimismo del presidente del gobierno , Mariano Rajoy, cuando este último afirma , una vez más, que estamos saliendo de la crisis. Quienes se creen los “amos del mundo”, como les llamaba Tom Wolfe en su obra “la hoguera de las vanidades”, sólo tienen ojos para las cifras macroeconómicas, pero les falta sensibilidad para pensar en las personas. Así va el mundo.

Es vedad que la crisis económica está íntimamente unida a una gran crisis institucional y ética, que ha logrado hacer tambalear los cimientos de un modelo de desarrollo injusto e insolidario, tan agotado como corrompido. Sin embargo, es igualmente verdad, que sus máximos valedores harán todo lo posible para perpetuar este sistema que tan útil y rentable les ha resultado. Abrirán la mano con guiños sociales más testimoniales que reales, realizarán ligeros retoques en la fallida estrategia de la austeridad(austericidio), castigarán más por obligación que por convicción a los más corruptos e impulsarán procesos de transparencia y participación, que serán simples operaciones de maquillaje para acallar protestas y recuperar parte de la credibilidad perdida.

A pesar de ello, debemos confiar en la capacidad de transformación de la realidad que tienen las personas con ideales y valores (la mayoría) mediante la movilización popular y la negación del voto a quienes no están dispuestos a emprender una nueva transición que supere los déficits políticos, sociales y económicos que arrastramos desde 1978. Este es el reto más acuciante. La política debe imponerse a los mercados y debe situar la prioridad de la persona por encima de los beneficios de la banca. La sociedad no entenderá los hipotéticos pactos y alianzas entre PP y PSOE, a instancias de las grandes empresas, grupos financieros y la troika.

Estas dos formaciones políticas deberían: leer el contenido íntegro del informe Foessa, realizar una profunda autocrítica por que sus decisiones nos han conducido a esta situación de emergencia, y situar a las personas y sus necesidades en el centro de sus actuaciones.

Seguramente no lo harán a menos que las urnas les desautoricen, la ciudadanía les muestre su rechazo , dándoles la espalda; y fuerzas que defienden un mundo mejor y más justo, así como movimientos emergentes , con conciencia, principios y valores, les desplacen de los centros de decisión.

El futuro será mejor si este es el camino que elegimos.

Con nocturnidad y alevosía

OPINIÓN de  Javier Madrazo Lavín.- La Unión Europea y los EEUU llevan negociando en secreto desde 2012 el llamado Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP sus siglas en inglés), que tiene como objetivo fundamental facilitar la inversión directa y la eliminación de obstáculos burocráticos, para facilitar el acceso al mercado a las empresas de ambos lados del Atlántico.

No estamos únicamente ante un acuerdo de carácter de carácter comercial, sino ante el intento de imponer un modelo político-económico ( el capitalismo transatlántico) que reduzca a la mínima expresión los derechos de la ciudadanía, así como los logros sociales, laborales y medioambientalesalcanzados, en beneficio de grandes trust de mercaderes.

El TTIP sigue la misma senda que el acuerdo que se firmó en Canadá en Setiembre en Toronto (CETA). Se conocen como acuerdos comerciales de nuevo tipo, porque incorporan mecanismos de regulación de las diferencias que existen entre empresas, inversores y estados. El mecanismo de arreglo de desacuerdos es conocido como ISDS (Investor state dispute settlement). Representa el elemento más perverso del tratado por que da tanto poder a las empresas que las sitúa en plano de igualdad con los Estados. Y en muchos casos estos mecanismos estarán (de aprobarse el tratado) por encima de las normativas de los diferentes países, bajo el argumento de la eficacia, de la sencillez y del buen funcionamiento del libre mercado.

Estas negociaciones son secretas y blindadas porque resultan difícilmente presentables. Resulta del todo preocupante comprobar cómo estas negociaciones tan importantes se están desarrollando de la forma más oscurantista, sin ningún tipo de transparencia, de espaldas a la ciudadanía, y dirigidas de facto, por las grandes corporaciones y representantes del lobby neoliberal. Nos encontramos ante un secuestro de la democracia por parte de una minoría de poderosos que está decidiendo a nuestras espaldas como va a ser nuestro futuro.

De hecho el jefe de la delegación negociadora de la Unión Europea se comprometió por carta ante su homólogo estadounidense a que la Comisión Europea impedirá cualquier intento de acceso público a los documentos, o a cualquier tipo de soporte comunicacional que se genere en el proceso negociador. Y no sólo eso, el compromiso incluye que esa documentación permanecerá secreta durante los próximos 30 años. De hecho los europarlamentarios, responsables políticos del control de las negociaciones, sólo pueden tener acceso a dichos textos en una sala especial habilitada al efecto. A dicha sala no pueden acceder con ordenadores, tableta, móviles, cámaras de fotos…Únicamente con folios y lápiz.

Si los efectos del tratado fuesen beneficiosos para el conjunto de la población (dicen que contribuirá a crear empleo y estimular el crecimiento económico), las élites poderosas no pondrían tanto empeño en mantener el proceso negociador fuera del alcance de la opinión pública y de sus representantes legítimos.

Es muy significativo que la Defensora del Pueblo Europeo, en Julio de este mismo año, haya puesto en marcha una investigación de oficio de la Comisión Europea y una consulta pública sobre la transparencia y participación pública en las negociaciones del TTIC

Hay mucho en juego. No podemos permitir que con la aprobación de este tratado, la soberanía de los poderes públicos e instituciones democráticas quede cada vez más constreñida, limitada y subordinada en favor de los mercados y grandes poderes económico-financieros. Tenemos un año para hacer frente a este desafío y para proponer una política comercial basada en otros parámetros, criterios y objetivos.

Debemos exigir transparencia a la Comisión Europea y a los gobiernos de los Estados, para que pongan sobre la mesa lo que realmente se está “cociendo”. No podemos dejar que corra el tiempo y que cuando reaccionemos sea demasiado tarde. Por es muy positivo que vayan apareciendo diversas plataformas socio-políticas de oposición al Tratado (en todos los países de la Unión) , que están jugando un papel muy importante en la sensibilización ciudadana (todavía muy baja) y en la movilización social en contra de un tratado que busca aumentar el poder y favorecer la avaricia de las multinacionales, en detrimento de la democracia y los derechos humanos . El objetivo de estas iniciativas es detener las negociaciones sobre el TTIC (Acuerdo para el Comercio y la Inversión entre la Unión Europea y EEUU), impedir la ratificación del CETA (Acuerdo Económico y Comercial con Canadá) y mostrar que otra Europa es posible. Una Europa de valores (libertad, igualdad y solidaridad) y una Europa de derechos (sociales, laborales, medioambientales).

*javiermadrazo.wordpress.com

Coge el dinero y corre

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- El escándalo de las “tarjetas negras” de Caja Madrid y Bankia pone de manifiesto, una vez más, la prepotencia, la soberbia y cinismo de quienes en España han defendido la política económica más neoliberal y regresiva, vinculando la recuperación a la imposición de la austeridad, los recortes sociales y la privatización de servicios públicos, mientras ellos dilapidaban una fortuna en gastos superfluos, que terminamos pagando todos a escote.

En realidad, es sólo un ejemplo más de tantos casos de corrupción, que se suceden los unos a los otros en una cadena sin fin. Todas las instituciones del Estado están implicadas en esta lacra, que evidencia una falta de moral y ética por parte de muchos de quienes nos representan. En el origen de todos estos atropellos se encuentra la impunidad con la que han obrado y la enorme codicia que han demostrado. De igual manera es innegable que se han socializado estas actuaciones inmorales actuando sus responsables como una auténtica mafia, activando la ley del silencio para protegerse los unos a los otros. De esta telaraña de corrupción tampoco se han librado quienes deberían ser ejemplo de honestidad y rectitud, como son muchos cuadros sindicales y dirigentes políticos de organizaciones de la izquierda. Es incalculable el daño, en imagen y credibilidad, que estas prácticas han generado en estas organizaciones y en el trabajo de la mayoría de sus militantes que luchan día a día de forma generosa y ejemplar.

Hasta la fecha todos estos delitos han quedado impunes; las condenas, cuando las ha habido, han sido testimoniales, demostrando con hechos que la justicia no es igual para todos. Ahora, ante el estallido de la indignación social, la corrupción parece estar por primera vez perseguida, aunque quienes se han servido de los recursos públicos para su enriquecimiento personal permanecen en libertad y con sus cuentas blindadas en paraísos fiscales. Y sin propósito de enmienda.

Las instituciones y sus representantes, para una buena parte de la población, carecen de credibilidad y legitimidad democrática. Se podría decir que se lo han ganado a pulso. Quiénes han ostentado las principales responsabilidades políticas y económicas han demostrado en primer lugar, una gran incapacidad para resolver los problemas de la ciudadanía y en segundo lugar, una falta de escrúpulos y principios para gestionar con honradez los recursos públicos.

Muchos de los que así han actuado, es sí, con el dinero público en cuentas privadas, nos dicen que no hay recursos para financiar políticas sociales, ni pensiones justas, ni prestaciones por desempleo a las personas que pierden su trabajo y no encuentran otro. Tampoco hay fondos para garantizar la educación y la sanidad. Seguro que si devolvieran todo lo que se han llevado la situación sería otra. Nos encontramos en los estertores de la etapa que se inició en la transición del 78. Es urgente una regeneración de la Política y de los dirigentes políticos. De quienes han hecho de la política una profesión. Resulta imprescindible la incorporación de la primarias abiertas a la ciudadanía para elección de los candidatos y candidatas; la posibilidad de la revocación; la limitación de mandatos y de salarios…En definitiva es urgente dar el poder al pueblo y quitárselo a las cúpulas y “aparatos”. En nuestras manos está hacer efectiva la indignación social. Las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo son una buena ocasión para ello. No la desaprovechemos.

Recuperar la política

OPINIÓN de Javier Madrazo Lavín.- Comenzamos un nuevo curso político lleno de retos e incertidumbres, pero también de oportunidades. Un curso que estará marcado por dos acontecimientos principales: la convocatoria de la consulta en Cataluña y las elecciones municipales y autonómicas( excepto las llamadas históricas).

En relación a la consulta todo apunta a que será suspendida por el Tribunal Constitucional y que dicha suspensión dará lugar a la convocatoria de elecciones anticipadas de carácter plebiscitario.

Resulta necesario aprobar una ley que regule la convocatoria de consultas y referéndum como sucede en países avanzados de Europa. En una democracia participativa debe ser normal contar con la opinión de las personas para tomar decisiones sobre cuestiones especialmente relevantes que afecten directamente a sus intereses. Lamentablemente el debate abierto en Cataluña se ha convertido más en una dinámica de confrontación partidista y electoralista entre nacionalismos excluyentes (de uno y otro signo) que en un debate sensato que busque dar cauce democrático a las aspiraciones legítimas de autogobierno. Como se suele decir “de aquellos polvos vienen estos lodos”, por lo que dar portazos de forma intransigente y autoritaria a los problemas políticos no ayuda a la resolución de los mismos. Eso ocurrió con la reforma del Estatuto de Cataluña o con el de Euskadi (el llamado plan Ibarretxe). El portazo dado en el Congreso de los diputados,por parte de los dos partidos mayoritarios(PP y PSOE), a abordar unas reformas estatutarias aprobadas democráticamente y siguiendo los procedimientos legales ha contribuido a agudizar y enquistar el problema. Si se quiere evitar el choque de trenes es imprescindible apostar por el diálogo y el consenso buscando puntos de aproximación, lo cuál significa realizar cesiones por todas las partes , A ello no ayuda nada la actitud inmovilista del gobierno central, que es quién tiene la responsabilidad de tomar la iniciativa moviendo “ficha” y planteando una oferta de diálogo para abordar la necesaria revisión del modelo de Estado y de financiación, que dote de estabilidad a un Estado como el español que tiene carácter plurinacional.

Por otro lado, este curso político tendrá un marcado carácter electoral .Las elecciones europeas pusieron de manifiesto que nos encontramos ante un cambio de ciclo y de paradigma en las formas de representación política. Seguramente , tal como apuntan las encuestas y los estudios que vamos conociendo, este cambio se irá consolidando el las próximas e inminentes citas con las urnas. Día a día se van consolidando y extendiendo las candidaturas ciudadanas tipo GANEMOS en línea con la iniciativa puesta en marcha en Barcelona por Ada Colau. Estas plataformas pueden ser un buen lugar de encuentro para que se dé la imprescindible unidad de las fuerzas políticas progresistas (Podemos,IU,Equo,Compromís,Anova,Chunta,CUP…) y de los movimientos sociales junto con tantos ciudadan@s que han dicho basta ya y que quieren una modificación de las prioridades de la política, para poner esta al servicio de la gente y de los que peor lo está pasando. La prioridad principal debe ser la de garantizar trabajo y vida digna para todo@s mediante la transformación de un modelo económico y productivo que ,hoy por hoy, beneficia a las grandes empresas y entidades financieras. Ninguna familia trabajadora debe quedar desamparada( renta mínima suficiente, alimentación adecuada , suministro suficiente de agua, luz y gas…).

Afortunadamente cada vez crece la conciencia de que la política no puede ser monopolío de una minoría que se perpetúa en el poder y que opera al servicio de los poderosos(Troika,banca…) en vez de hacerlo al servicio del pueblo.Hemos visto que lo que sucedió en las movilizaciones del 15M,mareas,22M…no fué “flor de un día” si no que refleja la toma de conciencia y de decisión de muchísima gente que quiere ser protagonista de su presente y de su futuro, y que no está dispuesta a seguir delegando su destino y el de la sociedad en manos de políticos profesionales . Ello no debe llevarnos a pensar que la gran mayoría de los cargos públicos son “casta”; de hecho realizan una labor desinteresada y con gran entrega personal.

Este empoderamiento de la ciudadanía está poniendo extremadamente nerviosa a la derecha que está pensando en cambiar la ley electoral, reduciendo el número de diputad@s como han hecho en Castilla La Mancha o bien otorgando la alcaldía a la lista más votada, para mantener en sus manos el poder institucional. De todos modos, ninguna maniobra que quiera alterar las reglas de juego servirá para frenar la ola de indignación popular ante tanta corrupción o ante tanto empobrecimiento de las clases populares.