Otra información es posible

Tom Regan no verá más jaulas.

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- El 17 de febrero de 2017 murió Tom Regan, filósofo norteamericano autor de dos textos clave en la historia del movimiento de los derechos de los animales: The Case for Animal Rights y Empty Cages.

El historial “asesino” de las orcas que asesinamos

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- La orca Tilikum sobre la que giró el polémico documental Blackfish, murió a principios de enero de 2017 a los 36 años a consecuencia probablemente de una infección respiratoria que había minado su salud. Tilikum, responsable de otras dos muertes y quien fuera cazada en las costas de Islandia en 1983 a los dos años de edad, atacó a su entrenadora hasta matarla en las piscinas de Sea World en Orlando, empresa líder mundial en cetáceos en cautiverio. Lo que pocos saben es que vivió 34 años cautiva y fue continuamente utilizada para la reproducción, teniendo al menos 21 descendientes (11 de sus crías fallecieron antes que él) y murió sin poderse reencontrar con su familia ni volver a nadar en el mar.

Yo, árbol

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- Si los infantes vienen de París transportados por una cigüeña, a mí me trajo un gorrión a la colonia del Valle. Crecí como Dios me dio a entender hasta que alguien descubrió que era demasiado grande para estar en un recipiente. Entonces me pusieron en la tierra firme y agradezco a quien vio mi potencial para convertirme en lo que soy, o fui, o siempre he sido.

Gracias por abrir las jaulas

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- En el último viaje a México de Francisco Vásquez, actual presidente y fundador junto conmigo de AnimaNaturalis Internacional, tuvimos la oportunidad de dar una conferencia en la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, mi alma mater, y de presentar mi libro en el Centro Cultural y Social Veracruzano.

Árbol, yo sí te voy a extrañar

Por Leonora Esquivel.A todos los árboles que sigo extrañando

Oso Arturo: La muerte te liberó, nosotros no

OPINIÓN de Leonora Esquivel, México.- La muerte de Arturo, el último oso polar en cautiverio en Mendoza, Argentina desata tristeza y vuelve a cuestionar la existencia de los zoológicos.

El viaje de Rin y Len

OPINIÓN de Leonora Esquivel.Para Beto Navaja, quien corta el pelo y hace crecer la esperanza 

Beto Navaja es un amigo que me corta el pelo desde hace años, además es vegano y ha participado en acciones a favor de los derechos de los animales. Junto con otros activistas posó para el calendario de AnimaNaturalis 2014. Lo considero un chico sensible, amable, alegre y sobretodo decente.

La decencia puede ser un adjetivo que algunos consideren barroco o pasado de moda. Sin embargo, para mí es una forma muy sintética de expresar el correcto compartamiento de alguien y por correcto simplemente quiero decir, que intenta no hacer daño a los demás y tener una conducta que pueda ser ejemplo para otros.

Alguien así no tendría que pasar por la terrible experiencia de que asaltaran su casa y no conformes con llevarse todo lo material que pudieron, robaron también a sus compañeros caninos: Rin y Len, unos pequineses adoptados y esterilizados a quienes Beto consideraba su familia.

Por si este dolor fuera poco, Beto tuvo que pasar por la burla e ineficiencia del Ministerio Público que lo miró con sorna cuando reportó el robo de sus perros. De acuerdo, en la ciudad ocurren muchas tragedias, pero los impartidores de justicia no deberían discriminar este tipo de delitos, que lo son y restregarle a la víctima que “antes que su caso hay un herido, un atropellado, y un robo de auto”.

Lo que sigue doliendo de esta historia es que los vecinos vieron a unos tipos sacando cosas del departamento y no hicieron nada. Los perros fueron sustraídos en una maleta que no causó sospecha, pero subían y bajaban cargando pantallas, computadora, ropa. Beto era un vecino amable que se presentó al llegar al edificio ubicado en la colonia Cuahutémoc y lo mínimo que esperaba, como cualquiera de nostros, era un poco de solidaridad del vecindario.

En la desesperación por recuperar a Rin y Len, Beto ofreció recompensa y los pillos no se dejaron esperar. Uno fue tan cínico para mandarle una foto de internet de dos pequineses, para ver si pegaba. Y al ser descubierto dijo estar indignado porque él necesitaba el dinero y era una tontería que alguien ofreciera rescate por unos perros.

Una estafadora profesional dijo ser de Promascota y activista animalista que había encontrado a los perros y junto con un supuesto veterinario tenían en su poder a los canes y no cobrarían la recompensa pero si los gastos de compar un transportín y el envío desde Monterrey, pues ahí habían aparecido. No vamos a juzgar si fue precipitado hacer el depósito antes de corroborar que efectivamente eran Rin y Len, pero si alguien dice ser activista y citar organizaciones defensoras de los animales y actuar con aparente honestidad, la gente decente tiende a creer que los demás son de su condición.

Me duele ver a mi amigo esperanzado en recuperar a sus compañeros, me duele que lo hayan timado haciendose pasar por protectores de animales. Me duele la indiferencia de los vecinos y la insensibilidad de las autoridades. Me duele que haya gente que no conforme con quitarte los objetos que te compras con el producto de tu trabajo honrado, se lleven, como si fueran mercancías, a tus compañeros de vida, a seres que muchos consideramos familia.

Cuando veo a Beto, con kilos de menos y sin la alegría que lo caracteriza, me siento herida en mi decencia, en mi sensibilidad y me avergüenzo de algunos humanos. Pero a pesar de todo, sigo creyendo que aún hay gente buena, como él, que elige seguir confiando, seguir siendo honesto y en su gran corazón pedir que Rin y Len estén ahora con alguien que los quiera y los cuide, si no como él, al menos con el amor que no conocen quienes se los arrebataron.

Yo también elijo creer que somos más los que intentamos no dañar.

Para conocer el trabajo de Beto Navaja: https://www.facebook.com/Treschic-Sal%C3%B3n-Alta-Peluquer%C3%ADa-160473564018414/?pnref=lhc

En la Piel del Toro 2016

OPINIÓN de Leonora Esquivel, México.- En febrero se llevó a cabo la edición de En la Piel del Toro 2016, realizándose por vez primera en Mérida, Yucatán y Morelia, Michoacán.

En Morelia y Mérida fueron unas decenas de activistas, logrando en esta última ciudad, salir en la primera plana de un importante diario local. En la Ciudad de México casi 300 jóvenes decidieron participar como “abanderillados” o sostener carteles en torno al acto.

En la Piel del Toro es la protesta internacional más grande que se hace contra la tauromaquia y tiene por objeto sensibilizar a la población sobre lo indeseable de los espectáculos taurinos, al ser crueles y no reflejar la mentalidad de la mayoría.

Según la última encuesta realizada por Dinamia en 2013, el 86% de los mexicanos estamos en contra de las corridas de toros. De aquí se desprende que esto sólo se mantiene por los intereses políticos y económicos de una minoría poderosa, que defienden su afición aunque ni la razón ni la sensibilidad los asistan.

México es uno de los pocos países donde aún hay este tipo de espectáculos con toros y la capital cuenta con el coso más grande del mundo, que rarísima vez alcanza su plena capacidad en eventos taurinos y reportaría mayores beneficios monetarios convertido en centro de espectáculos, eso sin contar que generaría más empleos permanentes.

Más allá de las múltiples argumentaciones que podemos usar en contra de la tauromaquia, me basta decir que sin duda el mundo está cambiando y se le están cerrando puertas y fuentes de ingreso. En España, 71 ciudades y municipios se han declarado antitaurinos y además de Canarias y Cataluña este año esperamos contar con Baleares como otra comunidad autonóma que los prohíba. La Unión Europea retiró millones de euros en subvenciones a esta tradición y en nuestro país al menos tres Estados ya no realizan corridas: Sonora, Guerrero y Coahuila; el tema comienza a discutirse en ayuntamientos y sobre todo, la afición merma.

Lamento que aún exista una masa indiferente que no participa activamente en el trabajo por la abolición de la tauromaquia, pero creo que inevitablemente se verán atraídos hacia una toma de posición a favor de la sensibilidad. Porque finalmente esa es la apuesta de un acto como En la Piel del Toro: generar empatía hacia los animales no humanos y que seamos capaces de considerar tan aberrante la tortura hacia nuestros congéneres como la que perpetramos hacia otras especies en nombre de la cultura y el arte.

Al participar en est tipo de protestas tengo sentimientos encontrados: por una parte no desearía que tuviéramos que continuar exigiendo la abolición de una práctica sangrienta y violenta, pero por otro lado me conmueve ver rostros nuevos y gente cada vez más joven que da su tiempo y se entrega para defender un ideal que considera valioso.

Me atrevo a afirmar que los años de la tauromaquia están contados y voy a ser testigo de su desaparición en nuestros países. Agradezco profundamente presenciar como cada día más personas reconocen a los animales como seres con capacidad de sentir placer y dolor, y transformando sus hábitos construyen un mundo donde recordaremos las protestas contra las corridas de toros como el medio para deshacernos del goce patológico que alguna vez nos generó la tortura y muerte del prójimo en una plaza.

Gracias a todos los que participaron En la Piel del Toro.











Fotografía: Erik Murillo. Gracias porque tu imagen captó en el cielo los aires de cambio.

Animales fuera de las ciudades

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- La gente suele salir de la ciudad para relajarse ante la vista del campo o la naturaleza. A los activistas por los derechos de los animales puede tensarnos un poco enfrentarnos a ambientes no tan controlados como la ciudad. Aquí ya sabemos dónde comer y que no veremos una infinidad de animales en situación de calle en pésimas condiciones. No quiero decir que no existan, pero no son tan visibles como en las zonas conurbadas o municipios de mi país, México.

Como amante que soy de la naturaleza me aventuré a Tlaxcala para visitar el Parque Nacional La Malinche, donde está el volcán del mismo nombre. Sobra decir que es un Estado taurino, tanto que a la entrada de uno de sus “pueblos mágicos” cuyo único atractivo difundido es la primitiva “huamantlada”, hay una escultura de un toro “bravo”.

Por toda la ciudad había carteles anunciando las corridas del mes y en el módulo de información se ofrecían recorridos a la plaza de toros, la escuela de tauromaquia, conferencias sobre el orígen de la “fiesta”, visitas a las ganaderías, etc. En algunas cantinas, restaurantes y hoteles había viejos carteles taurinos e incluso cabezas de toros lidiados decorando el comedor; con un pelaje tieso y polvoso y esa mirada fija que tiene una víctima, donde podemos intuir que lo último que vio no fue agradable.

La cantidad de perros deambulando pondría nerviosa a cualquier rescatista, desde cachorros hasta hembras preñadas, pasando por perros sarnosos, con lanas apelmasadas, heridos… Imposible ayudar a todos, y menos si estás de paso un domingo que todo cierra.

Aún así, debo reconocer que hay una realidad paralela donde se ven ciertos avances en la cultura de respeto hacia los animales. Hoteles pet friendly,opciones vegetarianas en los restaurantes, leche de soya en supermercados y misceláneas, carteles de perros en adopción. Y sí, nos puede sonar nimio en comparación de todo lo que falta por hacer o todo lo que ya debería haberse hecho, pero prefiero centrarme en lo que hay que en la carencia y usar estas visiones como motor para inspirarnos a seguir trabajando por la defensa de los animales.

Conozco a muchos activistas del interior de la república y ellos me comentan lo complicado que es lograr que la idea penetre en la mentalidad de los habitantes locales. En el caso de la gente de escasos recursos, los animales son en ocasiones un símbolo de poder económico: los tienen porque los pueden mantener, aunque para nuestros estándares sea en unas condiciones deplorables donde sería mejor no tenerlos. En el tema de la alimentación eso del veganismo se les hace una moda capitalina y las opciones aún son limitadas a menos que uno cocine o haga sus propias recetas. Sin embargo, estos activistas hacen una gran labor por ser pioneros en lugares donde lo que promueven todavía no ha permeado a la sociedad local.

Yo disfruto salir al campo, viajar al interior de México y aún con todo lo que veo que me duele y me gustaría eliminar de tajo, soy capaz de ver que estamos cambiando, que cada vez más gente joven tiene una postura hacia los animales y que ésta puede ser muy distinta de las tradiciones bajo las que creció.

Estamos haciendo un recambio generacional e incidir en niños y adolescentes ha de ser tarea prioritaria si queremos sembrar y ver los frutos en décadas.

Los invito a transformar de raíz nuestra educación, mentalidad y sensibilidad para que un día recordemos como anécdota que solíamos considerar espectáculo torturar y matar animales e incluso les dedicábamos estatuas en homenaje a nuestra crueldad.

Navidad con mirada compasiva

OPINIÓN de Leonora Esquivel, México.- Algo está sucediendo últimamente que me sorprendo de la cantidad de opciones vegetarianas y veganas disponibles. He asistido a unas cuantas posadas y todo el alimento que se ofrecía era de orige vegetal. En un par de restaurantes al ver el menú con suspicacia me preguntaban si era vegetariana para ofrecerme opciones, y hasta un par de meseros me entendió al decirle que era vegana.

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Amigos con los que he comido piden la opción sin carne e incluso en el mercado de Tepoztlán hay dos puestos de alta cocina mexicana vegetariana. Si no hablamos de comida, me he topado con gente que opta por productos no probados en animales y que en sus compras navideñas evita lanas y cueros. Incluso un amigo optó por la chamarra que no tenía relleno de pluma de ganso, aún cuando era más cara porque está más sensibilizado ante el tema.

Sé que la oferta de productos animales está más a la mano y es mayoritaria. Sin embargo, creo que a veces nos cuesta poner la mirada en lo que sí hay, en los cambios, en los avances y nos regodeamos en el sufrimiento y la crueldad que implica la expolotacion animal.

Esa realidad está ahí y tenemos que aceptarla, lo cual no implica que nos crucemos de brazos y no trabajemos para transformar lo que no nos gusta, lo que conlleva un tipo de injusticia, sea hacia la especie que sea. Pero quisiera invitarlos a que repasáramos los éxitos que ha tenido nuestro movimiento y que seamos capaces de reconocer que nos estamos moviendo hacia una mayor cultura en el trato que damos a los otros animales.

Hemos prohibido circos con animales, declarado municipios y ciudades antitaurinas, escuchado propuestas legislativas para penalizar el maltrato animal, visto sanciones a quienes lo practican. Abierto tiendas y restaurantes veganos. Todos conocemos alguien que ha adoptado un perro o un gato, gente que practica el Lunes Sin Carne, sea por las razones que sean, omnívoros simpatizantes con el veganismo, comensales dispuestos a probar y que disfrutan otro tipo de platillos a los que usualmente consumen.

Siempre he considerado que Navidad es una época que resalta las carencias, lo que no hay. Y en esta ocación me propuse hacer el ejercicio opuesto y agradecer por los cambios que he atestiguado o de los que he sido parte. Todos podemos ser una inspiración para los demás, y hemos de ser cuidadosos de cómo invitamos a los demás a dar el paso. Sé que nos gustaría que fuera más rápido o contundente como tal vez lo fuimos nosotros, pero cada quien tiene su momento y para algunos ese momento de cambio no llega nunca. Aún así, la imagen que tienen de nosotros es de alguien que es coherente con lo que cree, que se preocupa por el sufrimiento ajeno e intenta minimizarlo.

Nuestra meta es ambiciosa y algunos la considerarán útopica, pero si tomamos distancia respecto al objetivo final y nos enfocamos en los aparentes pequeños logros que hemos alcanzado, estamos caminando por buena senda y podemos estar orgullosos.

Nuestro afán de sumar más adeptos a la causa no reporta beneficio alguno a nuestra persona, o quizá indirectamente yo me siento más tranquila de rodearme de vegetarianos a la hora de comer, pero lo que quiero decir es que cada vez que recomendamos opciones respetuosas para los animales estamos inspirando a un cambio. Así como alguien alguna vez nos motivó a hacer algo, así debemos nosotros invitar a que los demás lo hagan, con la misma empatía que pedimos para los animales.

No niego que hay frustración y decepción, pero también mucha esperanza e ilusión en que este mundo se convierta en lo que queremos que sea, o mejor dicho, no es el mundo quien ha de cambiar, sino los individuos que lo conformamos.

Todos y cada uno podemos mirar compasivamente a los animales, al prójimo humano, a nosotros mismos y agradecer que somos más quienes estamos labrando una amplia y larga senda de justicia, respeto, amor y paz.

¡Felices fiestas para todos!

'Cowspiracy': El documental para los ecologistas

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- Cowspiracy: The Sustainability Secret es un documental realizado por Kip Andersen y Keegan Kuhn que cuestiona lo sustentable de la producción de animales como comida.

Inspirado por Al Gore y su Inconvenient Truth, Kip se consideraba un ciudadano comprometido con el medio ambiente; ahorraba agua en las duchas, reciclaba todo lo que generaba, andaba en bicicleta, donaba a ONGs a favor de la naturaleza. Sin embargo, al leer una nota que señalaba a la industria cárnica como la causa número uno de la degradación del planeta, decidió hacer una investigación al respecto.

Cowspiracy narra la inquietud de un ciudadano respetuoso con el medio ambiente por averiguar por qué las principales organizaciones dedicadas a la protección de ecosistemas, agua, recursos naturales, vida silvestre, no muestran una postura definida y abierta en relación con los datos de la FAO respecto a lo insustentable y nocivo de la crianza de animales como alimento.

El documental es ágil y ameno y a través de entrevistas a funcionarios y representantes de organizaciones deja ver como hay una especie de “secretismo” que impide a los primeros tener una postura de ataque hacia las prácticas de la ganadería industrial.

Presenta de manera muy didáctica en gráficas e infografías la devastación de la que es responsable esta industria y es claro al señalar que no hay forma de justificar la crianza de animales, ni en términos de ecología, ni de sustentabilidad, ni de ética.

Es satisfactorio ver que los datos que presenta el documental coinciden con los que los activistas pro derechos animales repetimos en nuestras conferencias, charlas y conversaciones coloquiales cuando surge el debate del vegetarianismo.

Cowspiracy es una buen ejemplo de información que educa e inspira. La objetividad de quienes abogan por una dieta basada en vegetales basándose en los hechos comprobables puede quitarle el tinte “sentimental” que a muchos ambientalistas les molesta de quienes defendemos el veganismo por razones éticas.

Es sin lugar a dudas un documental obligatorio para quienes se dicen ecologistas y comen carne, y no tiene el afán de señalar o juzgar, sino simplemente de acompañar al espectador en la transición a la coherencia -como lo hace el mismo autor. Porque creo, como Kip, que muchos tenemos la inquietud de hacer algo por el planeta, y nuestra ignorancia nos limita a reciclar, usar la bici y ahorrar agua; pero hay mucho más que hacer: un cambio radical -en el sentido de irnos a la raiz- que nos orilla a tomar decisiones sobre la forma de alimentarnos.

Kip lo pone claramente cuando dice: “Me di cuenta que yo creía que al tomar duchas cortas estaba ahorrando miles de litros de agua y al saber que la producción de una sóla hamburguesa de res equivale a ducharse sin parar durante dos meses, sentí que no estaba abordando la totalidad del problema”.

Cowspiracy indigna al descubrir que las grandes y famosas organizaciones ambientalistas como Greenpeace, entre otras no tienen una postura definida respecto al tema a pesar de conocer la información existente, pero también inspira a tomar la decisión de ser ecologistas comprometidos y no sólo de manera cosmética o superficial. Si bien es de agradecerse que cada quien haga lo que pueda, el documental nos deja la esperanza de que hacer lo correcto -en términos de congruencia con nuestros valores- es sencillo y satisfactorio.

Recomiedo ampliamente este documental, no sólo para quienes ya tienen una inquietud hacia el cuidado del medio ambiente, sino para cualquiera que sienta que tiene la responsabilidad de hacer algo más que consumir y disfrutar de la Tierra sin darle un mínimo a cambio.

Para más información visite: http://www.cowspiracy.com

Liverpool tala árboles para expandirse

OPINIÓN de Leonora Esquivel, México- El predio de 5. 500 metros cuadrados ubicado entre las calles de Recreo, Tigre y Oso con números oficiales Oso #51, Col. Actipan, Delegación Benito Juárez, adjudicado a la empresa Galerías Insurgentes, Liverpool y la inmobiliaria Floreal S.A. de C.V. (cuyo representante legal es el sr. Jacobo Apichoto Palermo), realizará la construcción de cuatro sótanos para estacionamiento (calculado para cerca de 2500 cajones) , con 25 metros de profundidad y 5 pisos de altura para albergar dos torres de ocho pisos de cines y la extensión del centro comercial, se calculan alrededor de 30000 metros cuadrados de construcción.

Las empresas en cuestión van a derribar más de 60 árboles con cerca de un siglo de antigüedad, sanos pertenecientes a 57 especies; fresnos, cedros, palmas datileras, jacarandas, yucas, tepozanes, entre otras. Al momento, igual que en el punto anterior, no han exhibido los permisos correspondientes.

Esta tala se suma a la que se prevee para la construcción del Deprimido Río Mixcoac, que implica el derribo de más de 750 árboles.

La obra se realiza con recursos públicos para ganancias privadas y está en relación directa a la construcción de la torre Manacar, de cerca de cincuenta pisos proyectada en la esquina de Río Mixcoac e Insurgentes, la cual contempla 6 mil cajones de estacionamiento que sumados a los cerca de Oso #51, más los cuatro pisos en una manzana y seis en otra, que ya operan en Oso y Recreo, entre Félix Cuevas y Parroquia por Liverpool, van a convertir a esta zona en un espacio intransitable para peatones, ciclistas y autos.

Los vecinos de Actipan donde se encuentra el predio de Galerías Insurgentes hemos protestado ante las empresas ya señaladas buscando una salida coherente para este espacio, tratando de salvar los árboles y evitar que nos desplacen y despojen de nuestras viviendas. Este punto de la delegación Benito Juárez tiene un trazo de barrio que data del siglo XIX y es, la invasión inmobiliaria de vivienda y centros comerciales se ha disparado sin control, pues en menos de un kilometro a la redonda existen cerca de cincuenta cines (plaza Universidad, WTC, City Shops, Patio Universidad, incluida la Cineteca) y todo ello mostrando una altísima corrupción y la ausencia total de un programa de desarrollo urbano y de mitigación del impacto ambiental.

Por otro lado, las obras que se pretenden por parte de los “desarrolladores” se producen sin una modernización del equipamiento urbano; agua potable, drenaje y servicios en general.

Por lo anterior solicitamos se sumen al boicot y protesta contra Liverpool colocando la imagen que tenemos en https://www.facebook.com/vivarbol?fref=ts en sus redes sociales

Porque los árboles son de todos.

Más informacióna en: Vive Actipan https://www.facebook.com/profile.php?id=100009710897798&fref=ts

Cecil: la cabeza que valió 55 mil dólares

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- El estadounidense Walter Palmer, dentista de Minnesota pagó $55 mil dólares por matar en una cacería en Zimbawe al conocido león Cecil, quien por más de una década fue la atracción central del Parque Nacional de Hwange.

De acuerdo con la portavoz de la policía zimbabuense Charity Charamba, el estadounidense enfrenta cargos de caza furtiva. “Hemos arrestado dos personas y ahora estamos buscando a Palmer en conexión con el mismo caso”, dijo Charamba. De ser hallados culpables enfrentaría una sentencia de 15 años de prisión. En estos momentos se cree que Palmer está en Estados Unidos, aunque se desconoce su paradero exacto.

El animal, de 13 años, fue herido con una flecha tras atraerlo fuera de la zona de protección del parque con una carnada, y huyó. Luego de 40 horas de búsqueda Cecil fue encontrado por los cazadores, quienes le dispararon. Posteriormente le quitaron la piel y le cortaron la cabeza como trofeo de caza.

Palmer era un cazador polémico por haber sido acusado en 2006 de matar un oso negro en zona de protección de animales y se disculpó diciendo que lamenta “profundamente que la práctica de una actividad que amo y que practico responsablemente y de forma legal haya acabado con la muerte de este león”.

Creo que Palmer no comprende que la indignación mundial no es por matar a Cecil en particular, sino por haber pagado 55 mil dólares por matar a un animal y usar su cabeza como trofeo. Y Cecil es sólo una de tantas víctimas de los cazadores, furtivos o legales.

La muerte de Cecil afecta a su manada pues sus tres hembras e hijos no podrán sobrevivir a la llegada de un nuevo macho.

Comprendo el enojo de la sociedad ante este homicidio doloso, pues fue practicado con premeditación, alevosía y ventaja. Una práctica equivalente con seres humanos es penada con cárcel, pero volvemos a la excusa especista de “sólo son animales”. ¿No tenía Cecil una familia? ¿No quería vivir en paz como queremos todos? ¿qué hace la diferencia entre este crimen y cualquier otro, sea la víctima de la especie que sea?

Y tal vez de la misma forma que Walter no comprende por qué protestamos ante la muerte de Cecil pero no por la del alce que mató con arco y flecha y le valió un reportaje en New York Times, tampoco entiendo por qué no protestamos enérgica y masivamente por las muertes de miles de millones de animales que mueren en manos humanas para ser convertidos en comida, vestimenta, material de laboratorio o en espectáculos. Ninguno de nosotros es responsable de la muerte de Cecil, pero sí de las vacas, los pollos, los cerdos, los peces, etc. que consideramos alimento y pagamos, como Walter, para que alguien los lleve a su muerte.

Cecil es uno de esos animales que se convierten en emblemáticos porque ponen sobre la mesa la forma en que seguimos considerando a otras especies. Hemos hecho divisiones arbitrarias donde unos “son para comer”, otros “para divertirnos”, otros “para proteger”, otros para “ser compañeros”, otros “para trabajar”, y así los hemos acomodado a nuestra conveniencia para poder disponer con mayor o menor culpa de sus vidas.

Si la muerte de Cecil sirve de algo, ojalá fuera para abordar con seriedad el tema de la cacería deportiva o de trofeo, actividad por demás violenta, abusiva, retrógrada e innecesaria. Pero más allá de eso, que son decisiones que tal vez no esté en nuestras manos regular legalmente, que nos ayude a reflexionar sobre lo preciado de la vida animal, esté en peligro de extinción o no.

Cada animal no humano, como nosotros quiere sobrevivir y no debería ser un capricho del paladar ni el poder del dinero lo que cercene una vida.

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Derriban árboles pero levantan conciencias

OPINIÓN de Leonora Esquivel, México.- A raíz del derribo de los 155 árboles, los vecinos de las colonias aledañas a la zona donde se hará el deprimido Río Mixcoac-Insurgentes, nos hemos organizado para manifestar nuestro rechazo a esa obra tal como está planteada, intentando mantener la vida del camellón.

Con reuniones semanales y actividades dominicales estamos expresando que defenderemos ese espacio porque lo sentimos nuestro y es parte importante de la delegación Benito Juárez y la ciudad. Arriesgándonos a que arranquen nuevamente los árboles, hemos plantado más de 100 pinos ahuehuete, arrayanes, ficus; todos conseguidos vía donaciones o solicitándolos directamente en viveros.

Ha sido conmovedor ver a familias enteras en las reforestaciones, acarreando agua en garrafones y cavando el hoyo donde pondrán un nuevo árbol, símbolo de esperanza y de defensa de la vida natural. Durante el último paseo ciclista se juntaron centenares de firmas pues quienes por ahí circulaban no podían imaginar que tal vez era la última vez que harían ese circuito acompañados de la vista de los árboles. En la petición en línea tenemos también una gran cantidad de firmas que en conjunto suman más de 1000. La hija de un amigo me escuchó decir por el megáfono que todos esos árboles que hoy vemos están amenazados de derribo y se echó a llorar.

El rostro de la gente que informamos se desencaja al oir la cifra de “855 árboles”. Y no es para menos. En una ciudad como la nuestra perder un área verde tiene graves consecuencias tanto para nuestra salud física como para la emocional. ¿Qué le estamos enseñando a las nuevas generaciones al privilegiar el uso del automóvil frente a un espacio de convivencia donde se puede caminar, andar en bicicleta, pasear a los perros o conversar en una banca bajo una sombra?

No estamos peleados con los desarrollos urbanísticos, somos concientes de que vivir en una megalópolis tiene sus implicaciones, pero este proyecto en concreto nos parece oscuro y con muchas irregularidades. ¿por qué no se hicieron los túneles bajo los carrilles actuales respetando el camellón, por ejemplo? ¿dónde está el estudio de aquitectura de paisaje que comprenda la restitución de los árboles? ¿por qué no se intentará trasplantar la mayoría cuando el 80% están sanos?

En nuestro gobierno todo se hace al “ahí se va”, casi por imposición, sin consultar ni involucrar a los ciudadanos en las consecuencias. Estamos desinformados y nos sentimos agredidos por no ser tomados en cuenta y el hecho de haber talado 155 árboles en la madrugada con violencia física de por medio nos indigna y por qué no decirlo, lastima.

Quienes participamos activamente en la defensa del camellón Río Mixcoac sólo queremos defender la calidad de vida de nuestra colonia, de la delegación, de la ciudad. Nos motiva el deseo de vivir en un lugar bonito, tranquilo, arbolado. Estamos dispuestos a escuchar y a negociar, pero no queremos imposiciones que suenan más a negocios inmobiliarios que a “beneficio común”.

Cada vez que paso en mi bicicleta por esa zona veo los listones blancos colocados en casi todos los árboles que talarán, cada uno con la leyenda “No me mates”, “cuídame”, “sálvame”. Y pienso en esas familias, en los niños con tierra en las manos y reforestando. Tengo claro que estamos haciendo lo correcto, más allá de plantar árboles que luego nos quiten estamos sembrando semillas para un futuro más sensible, más empático con otras formas de vida. Estamos ayudando a que germine la conciencia para un mejor mañana.

¡Gracias a todos por defender los 855 árboles de Río Mixcoac!

Los árboles de mi infancia no deben morir. Río Mixcoac

OPINIÓN de Leonora Esquivel, México.- Pasó lo que temía: el tsunami me arrastró y al despertar el camellón de Río Mixcoac amaneció con al menos 400 árboles menos. Varias decenas de vecinos de las colonias aledañas a la obra del deprimido se dieron cita a las 11 de la mañana para mostrar su inconformidad ante medios de comunicación.

Hubo quienes se despertaron por el ruido de las motosierras y salieron a ver lo que sucedía: los empleados del Gobierno del Distrito Federal talaron desde las 12 hasta las 4 de la mañana buena parte de los árboles del camellón central. Los vecinos grabaron, tomaron fotografías, hablaron con los supuestos encargados y no se evitó el ecocidio. Incluso comentan que no estaba presente ningún biólogo en el momento y que los taladores no acreditaron su cargo con ninguna identificación.

Nunca he sido partidaria de cerrar las calles para protestar, pero esta vez lo justifico y me sumo. Después de meses de supestas mesas de trabajo para conocer el proyecto, de solicitar tanto al Jefe de Gobierno como al Delegado que escuchara a los vecinos que están en contra de la obra, es natural que la gente se harte y tome las calles para llamar la atención de lo que sucedió y lo que va a pasar una vez comience la obra.

Por si fuera poco, llegaron cerca de 80 granaderos para encapsular la protesta y evitar que los vecinos fueran vistos por los automovilistas y peatones. Hubo empujones y gritos, pero también apoyo de algunos paseantes a quienes les explicábamos por qué protestábamos.

Los ciudadanos nos sentimos completamente indefensos y desoídos, y mis logros en materia de activismo nunca han dependido enteramente del gobierno, sino de la transformación individual. Sin embargo, es lamentable que quienes deben dar la cara no lo hagan y que su única vía de diálogo sea enviar a los granaderos para “mantener el orden”.

Caminar por un camellón que ayer era sombreado y verlo devastado e invadido por máquinas, escuchar las casi súplicas de “¡no al ecocidio!”, ser empujada por hombres con escudo y macana, recibir los insultos de automovilistas furiosos, son actos violentos física y psicológica para quienes simplemente queremos tener una vida de calidad y armónica con la naturaleza. Una autoridad ciega y sorda está generando ciudadanos enojados y violentos ante la impotencia y al frustración de no poder hacer mucho a pesar de estar organizados.

Pareciera que el homo sapiens no pudiera convivir con otros seres vivos. Nuestra relación con ellos es de dominio o devastación sin tomar en cuenta que al hacerlo sólo logramos destruirnos a nosotros mismos.

Mientras caminaba bajo el rayo del sol que ayer se dispersaba entre las ramas de los árboles, trataba de consolarme pensando en la filosofía de la no dualidad. Si en realidad nada de lo que vemos existe y todos somos uno y el mismo ser, la energía de esos árboles sólo se transformó en algo que nuestros ojos físicos no pueden ver. Aún así extraño su presencia y a los pájaros que ahí cantaban.

Hay demasiada violencia en nuestro entorno y ésta sólo puede ser combatida con acciones positivas y proactivas. Por cada árbol talado, animal maltratado, por cada víctima de una injusticia, hagamos un acto solidario, compasivo y amoroso. Seamos jedis para evitar que el imperio de la oscuridad reine en nuestra ciudad y en nuestros corazones.

El mío hoy está triste pero siempre luchará por mantener la belleza interior y exterior en este mundo.

Herman Nitsch: fuimos los primeros

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- Ahora resulta que no somos una ciudad cosmopolita por presionar la cancelación de la obra de Herman Nitsch en el Museo Jumex. La embajadora austriaca en México, Eva Hager, lamentó se haya suspendido la muestra del exponente del accionismo vienés. Tras abrirse una petición en el sitio change.org y la recolecta de 5 364 firmas, la Fundación Jumex Arte Contemporáneo decidió no presentar la exposición que presenta la mutilación, degüelle y exhibición de cadáveres de animales no humanos.

Hager defiende a Nitsch diciendo que su obra “critica precisamente la utilización industrializada de animales para consumo, así como la actitud de una sociedad que considera los productos de animales como productos desechables” y afirma con cierto cinismo: “Matar animales ha sido y sigue siendo una parte integral de nuestras vidas humanas.” Sin embargo, dice, debe realizarse con el “riguroso” apoyo de las leyes de protección en vigor.

La embajadora afirma que el artista jamás ha ordenado el sacrificio de animales para sus acciones, y que el útlimo fue en 1998 “realizado por un carnicero profesional y bajo supervisión de un veterinario licenciado”. Me pregunto si esto no quiere decir exactamente “ordenar el sacrificio para sus acciones”, por más que estas hayan sido hechas en el ámbito de la legalidad y profesionalismo.

Nitsch dice estar sorprendido pues México es el primer país en cancelar su exposición y argumenta que los animales fueron “sacrificados para el suministro de alimentos para nuestra sociedad”.

Seguramente hay quien dice que los activistas por los derechos de los animales somos unos retógrados incultos que no sabemos lo que dictan las vanguardias, pero en realidad es que estamos hartos de tomaduras de pelo en nombre del arte. Y parece que lo que nos molesta más es esta clara discriminación especista de mostrar la crueldad que perpetramos en los animales no humanos como expresión artística, pero no los que hacemos con nuestros congéneres.

¿Por qué estos artistas no hacen videos de lapidaciones en vivo, de ablaciones de clítoris, de linchamientos, de violaciones -¿o debemos llamarlos “rituales de iniciación”-?? Al fin y al cabo también son parte integral de algunas sociedades. ¿Será porque no son legales, o porqué las víctimas son humanas y eso puede herir susceptibilidades? Pues sépanse que exhibir las prácticas legales más no legitimas de cómo son asesinados los animales que una parte de la sociedad consume, también lastima algunas sensibilidades y no estamos dispuestos a que nos disfracen esas atrocidades bajo el nombre de “arte”, cuando lo que queremos es que no sigan ocurriendo.

Si lo que intentan hacer este tipo de artistas es crear una conciencia, lo cual dudo, que hagan documentales y lancen un mensaje claro y directo de por qué deberíamos rechazar la cosificación de los animales, no que lo dejen abierto a los ojos de cualquier espectador morboso que no se va a llevar ninguna reflexión profunda a su casa y simplemente seguirá pensando que hacer eso con los animales es normal porque es legal, lo hace un profesional, y es para darnos de comer.

Y uso las palabras de la embajadora Eva Hage para cerrar este texto. Efectivamente, mi ciudad capitalina “se merece algo mejor”, que la exhibición de cadáveres de animales y un vertedero de sangre que reflejan el horror de una sociedad que es capaz de llevar eso a un museo y al salir de ahí pedir una hamburguesa con patatas.

Imágenes cruentas en redes sociales. ¿ver o no ver?

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- Las redes sociales pueden tener efectos positivos o negativos en nuestro sentir hacia la defensa de los animales. Al ver un video o una foto de un rescate de animales, o cuando están en libertad o simplemente expresan una sensación de bienestar y diversión, nuestro ánimo se alegra y lo compartimos o le damos “me gusta” como si todos pudiéramos reconocer que ese su estado natural, o que al menos podemos influir tanto para que lo sea como para que deje de serlo.

¿Pero qué sucede cuando también se hace viral una foto o un video que muestra la tortura y muerte de un animal? A veces desplazmos el cursor hacia abajo para fingir que no vimos nada, otras leemos la nota y vemos el video como si tuviéramos la esperanza de que habrá un final “feliz” o para intentar tranquilizarnos de que la víctima no sufrió tanto.

Tanto al observar la imagen como al ignorarla necesitamos echar mano de una especie de coraza emocional y reaccionr con mucha frialdad ante lo que ahi se muestra. Es como si por salud mental tomaramos un distanciamiento y nos dijéramos “esto no está sucedidendo. Nunca sucedió”.

La respuesta inmediata es derramar unas lágrimas o enojarnos al punto de desear la muerte de esos sujetos o de que alguien les haga lo mismo que ellos a su víctima. Nos invade una sensación de que la batalla por la defensa de los animales es una causa perdida y los casos de maltrato son mucho más que los de protección o cuidado. Nos sentimos impotentes ante algo que nos rebasa y no siempre podemos cambiar.

Cerrarnos ante el sufrimiento ajeno nos hace mucho daño, pero abrirnos completamente, también. ¿qué hacemos entonces? Algunos activistas emplean la táctica de compartir en sus redes sociales únicamente imágenes positivas y propositivas, otros se centran más en mostrar el horror para intentar abrir los ojos al consumidor irresponsable o desinformado.

Mucha gente no verá fotos cuyo pie de página sea “¡maltidos, ojalá a ellos les hagan lo mismo!”, pero sí algo como “Tú puedes ser la diferencia para los animales”. Lo que quiero decir es que ver algún tipo de imágenes es necesario para nuestro trabajo de activistas, para conocer lo que sucede y transmitirlo con veracidad. Sin embargo, quien no esté tan involucrado en esta causa no querrá ver videos cruentos y seremos nosotros los únicos que al hacerlo acrecentemos nuestra rabia y frustración.

Recordemos que tenemos que ser efectivos y eficaces para los animales, más allá de lo que podamos sentir en un momento de apasionamiento. En mi opinión compartir este tipo de imágenes sirve sólo si vienen acompañadas de una campaña o una carta protesta o una petición, de lo contrario es la mera exhibición de la crueldad o la popularidad de un acto que quedará impune.

Mostrar tanto animales sufrientes como gozosos puede ayudar a descongelar la indiferencia de la sociedad, y esto debe hacerse en perfecto balance y con la intención de informar e inspirar al cambio, no de propagar el odio o la rabia, con la que muchas veces sólo nos hacemos daño y no ayudamos a nadie.

En ocasiones nuestra reacción de odio va en paralelo con esas acciones que tanto repudiamos y es lo que a menudo se le critica a los defensores de animales. El dolor y la rabia que podemos llegar a sentir ante casos de injusticia han de ser un motor y transformarse en acciones concretas a favor de los animales, pero no ser el medio por el cual intentemos minimizar la violencia hacia otras especies.

Me duele como a ustedes, lectores, ver lo insensibles que podemos ser, pero también me sorprende lo que hemos logrado y el poder infinito de la compasión. Que esta sea siempre nuestra bandera.

Propósitos de año nuevo

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- Entre nuestros propósitos de año nuevo siempre hablamos de bajar de peso, dejar de fumar, ser más tolerante, menos agresivo, celoso, comprar un auto, cambiar de trabajo, terminar la tesis. Sin embargo, casi nunca tenemos el propósito de ser más compasivos y respetuosos con los animales.

Muchos podrán decir que ya son compasivos con los niños pobres o que ayudan a una ONG que se dedica a resolver problemas del hambre en el mundo. La palabracompasión significa “padecer con el otro” y ese otro no se limita a los seres humanos, sino que puede extenderse hacia todos los seres capaces de padecer dolor y placer, como los animales no humanos.

Al año mueren aproximadamente 60 mil millones de animales terrestres sólo para consumo humano, si a eso le agregamos los aproximadamente 100 millones que mueren en laboratorios de experimentación, los que mueren en espectáculos como peleas de gallos, de perros, tauromaquia, fiestas populares, los que son víctimas de la caza, del abandono, de la moda, la cifra resulta aterradora: alcanza hasta 20 veces la población humana mundial.

Muchos de nosotros deseamos paz, menos violencia, pobreza, injusticias, y a veces nos sentimos impotentes de no poder conseguir todo eso. Tal vez no podemos frenar las guerras o evitar la crisis económica y algunas de sus consecuencias, pero cada una de nuestras pequeñas acciones hace la diferencia en la construcción del mundo que queremos habitar. Podemos lanzar un mensaje de paz si dejamos de contribuir a la explotación de miles de millones de animales simplemente modificando nuestros hábitos de consumo.

Si se me permitiera pedir un deseo, pediría que quienes leen este texto tuvieran una lista de propósitos más o menos así:

-Reducir mi consumo de carne y probar recetas y platillos vegetarianos

-Comprar productos no probados en animales: shampoo, desodorante, jabón, cremas, maquillaje, limpiadores, detergentes, lava trastes, etc.

-Renovar mi guardarropa. Si necesito una cartera, bolsa, cinturón, chamarra o pienso regalar alguno de estos artículos, preferiré materiales naturales o sintéticos que no fueron hechos con pieles o pelo de animales.

-Leer las etiquetas de la ropa que compro y evitar las que están hechas de pelo de animales.

-Asistir sólo a espectáculos que no utilicen animales.

-Probar las leches vegetales para sustituir la leche de vaca.

-Adoptar un perro o un gato en vez de comprarlo. Otras especies prefieren vivir en su habitat y no en mi casa

-El huevo tiene mucho colesterol, sacarlo de mi dieta, y si alguna vez compro, que sea de gallina criada al aire libre.

-Conocer más acerca de los animales.

-Acercarme a una organización defensora de los animales y apoyar su trabajo.

Algunos dirán que estoy siendo flexible en la lista, que lo ideal es no consumir ningún producto animal y ser vegano, y sí, claro que me gustaría, pero prefiero invitar a la gente a modificar sus hábitos paulatina pero definitivamente, que al estar motivados por un inicio de año se propongan algo que luego no cumplan.

Cuando suenen las doce campanadas, y hagamos los propósitos de este año, pensemos por un momento incluir la compasión y el respeto por los animales no humanos a lo largo de este y todos los años que nos queden por vivir. Nuestras buenas intenciones pueden salvar la vida a miles de seres que como nosotros, también quieren una vida sin sufrimiento.

¡Feliz año nuevo para todos!

Navidad sin fronteras

OPINIÓN de Leonora Esquivel.- Navidad es época de paz, compasión, amor, eso se nos dice y eso queremos creer e intentamos practicar. Sin embargo, la época navideña lanza mensajes contradictorios: nos incita a la paz y a la espiritualidad, y al mismo tiempo inculca consumismo y egoísmo. La mayoría no quiere saber los métodos de producción de los regalos que da o recibe, ni del menú que alegremente degustará en familia. Tampoco se preocupa por el destino final del árbol que fue talado para decorar temporalmente sus hogares y que luego de un par de meses terminará en la basura, ni por los plásticos, envolturas y desechos no siempre amistosos con el planeta. No queremos saber cosas que nos incomoden, que puedan hacernos sentir responsables de nuestras, aparentemente, superficiales decisiones.

Si nos apegamos estrictamente a la tradición, Navidad es una fecha para celebrar el nacimiento de Jesús, quien vino al mundo a lanzar un mensaje de amor a través de frases como “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, o “No matarás”. No creo que él hablara exclusivamente de un prójimo humano o de no matar únicamente a los miembros de la propia especie. El Amor verdadero no pone esos límites arbitrarios, somos nosotros quienes acomodaticiamente trazamos fronteras para designar quien sí es merecedor de nuestra consideración moral y quién no.

Para regalar “algo original”, en Navidad aumenta también la compra-venta de animales de compañía. Una vez pasada la euforia del cachorro, un 30 por ciento de los animales adquiridos -y sus crías- son abandonados por no asumir lo que implica compartir la vida con un perro o un gato. Si hemos decidido incluir a un nuevo miembro en nuestra familia, lo mejor es adoptarlo de un refugio o rescatarlo de la calle.

Este mensaje no ha de tomarse como una crítica a la celebración o al consumismo –condenable por muchas razones- sino como una invitación a asumir el gran poder que tenemos como consumidores en cada una de nuestras elecciones al optar entre la vida y la muerte de otros animales, y el cuidado o deterioro de nuestro medio ambiente.

Respetamos aquello con lo que nos vinculamos, con lo que de una u otra forma nos identificamos o percibimos cercano. Con los animales no humanos compartimos más de lo que nos permitimos ver: miedo, dolor, sed, hambre, frío, soledad, aburrimiento, tristeza, pero también alegría, placer, tranquilidad, gusto por la compañía y el juego. Intentamos, como ellos, disfrutar al máximo de la existencia.

El amor, la compasión, la solidaridad, no tienen fronteras ni se limitan a seres de nuestra propia especie. En eso radica la generosidad y el verdadero espíritu de paz que habría de permear no sólo esta temporada, sino la cotidianidad.

Nosotros tenemos muchos deseos, los animales, en cambio, sólo desean vivir, ser libres y no ser torturados. No nos cuesta mucho concederles eso ¿o sí?

Los invito a que esta navidad incluyan a los animales en su corazón y los dejen fuera de su mesa. Con empatía y respeto podemos construir el mundo que queremos.

¡Felices Fiestas para todos!

Ice bucket challenge ¿solidaridad?

OPINIÓN de Leonora Esquivel, México.- En redes sociales hemos visto imágenes de famosos y desconocidos vertiendo sobre su cabeza un cubo de agua con hielos para supuestamente ponerse en el lugar de quienes padecen esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y que tienen la sensación de que les tiran una cubeta de agua fría, ya que el organismo baja mucho su temperatura. Esta enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular se origina cuando unas células del sistema nervioso llamadas motoneuronas disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal.

El Ice Bucket Challenge es una campaña publicitaria vendida como solidaria, que da la opción de desafiar a otras tres personas para que cumplan el reto en las próximas 24 horas o deberán donar 100 dólares. El dinero se recauda a beneficio de la Asociación de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ALS) que estudia la enfermedad.

Además del rechazo que ha generado por el desperdicio de agua, comenzó a circular un documento de impuestos de donde se deducen los altos sueldos que reciben los directivos de la ALS. La presidenta y CEO de la ALS, Jane Gilbert, gana más de $189 millones de dólares al año, es decir $15 millones de dólares al mes, y los gastos de administración suman casi dos millones, según comunica la propia ELA en su sitio web. Es decir, un 7% del total de fondos que juntan. Según ellos mismos informaron en enero de este año, el 28% de los fondos va a investigación, que es el objetivo principal del desafío, 32% a la educación pública y profesional, 19% a pacientes y 14% a las colectas.

De acuerdo a cifras recientes de la Agencia de Protección Ambiental, desde el inicio de la campaña en junio de 2014 se han gastado casi 19 millones de litros de agua potable, cantidad equivalente a dar de beber agua a 27 mil personas durante un año.

Aunado a esto se presenta el cuestionable hecho de la experimentación con animales, donde en este caso a primates no humanos se les inyectan químicos en el cerebro y columna vertebral para ver los efectos de los mismos y más tarde son matados y diseccionados. A los ratones se les perfora el cráneo para infectarlos y se les obliga a correr en una banda hasta que colapsan exhaustos. En los últimos diez años sólo una decena de tratamientos probados con animales se ha aplicado en pacientes y todos salvo uno han reportado beneficios marginales en humanos con ELA. Esta cifra de fracasos es la usual en los experimentos con animales pues aunque ellos sienten como nosotros, sus cuerpos reaccionan de manera completamente distinta a las enfermedades y medicamentos. De acuerdo a la Food and Drug Administration (FDA), 92 de los 100 medicamentos químicos que se experimentan en animales, fallan al ser aplicados en humanos.

Cuando uno se atreve a expresar rechazo ante esta campaña pareciera que lo que está manifestando es repudio a encontrar una cura a la enfermedad o a ser solidario. Las respuestas a la crítica son tan elementales como “el reto no se hace en lugares donde hay sequía”, “si tu tuvieras esta enfermedad…”, “primero están las vidas humanas que las de animales”. Tendemos a simplificar todo y polarizar sin siquiera hacer un análisis o reflexionar por qué hacemos lo que hacemos. No se trata de ver quién va primero o después en nuestra lista de buenas acciones.

El rechazo no va dirigido hacia un intento de informar sobre una enfermedad sino a la forma, y a lo fácil que nos resulta imitar o dejarnos llevar por una moda sin cuestionarla. ¿Qué hace tan especial a la ELA frente a otras enfermedades? Nada. La incidencia de padecimiento es 2 de cada 100 mil personas y al año las muertes son de aproximadamente 5600 pacientes, mientras que las ocasionadas por enfermedades derivadas de la falta de agua limpia y potable suman 3 400 000, por ejemplo.

Muere mucho más gente por otras enfermedades que se pueden prevenir y curar con un diagnóstico a tiempo. ¿cuál es pues el negocio detrás del ice bucket challenge?

Tal vez no lo sepamos, ojalá y no haya ninguno. Lo que sí podemos concluir es que no hay forma de justificar ayudar a unos mientras dañamos a otros. Es tan incongruente como organizar corridas de toros para la beneficencia.

Pretendemos mostrar solidaridad lanzándonos un balde de agua fría, mientras hay comunidades enteras que recorren diariamente largas distancias para llenar ese mismo balde para beber y cocinar. ¿somos incapaces de imaginar cuán insolidario les parecería a ellos nuestro gesto de despilfarro?

Somos supuestamente inteligentes. Usemos la creatividad para desarrollar la empatía y educar respecto a distintos temas, sin que ello implique perjudicar a otras especies ni a la nuestra propia. Esa es la verdadera solidaridad.