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Mostrando las entradas etiquetadas como JULIO ORTEGA

Adiós a la España recto de Europa

OPINIÓN de Julio Ortega.-  La España con la que juramos acabar Por el recto de Europa van entrando supositorios, capsulita tras capsulita, procedentes en apariencia de diferentes laboratorios pero con una Junta de accionistas común para todos ellos. Son las franquicias del Estado. Y ese esfínter peninsular llamado España que, cual agujero negro, todo lo admite, sufre en silencio las hemorroides de su ignorancia y su mansedumbre. O puede que no tanta mansedumbre, ni tanta ignorancia ni silencio ya. Y puede que algunos que no fueron capaces de ver agitarse las antorchas al otro lado de las ventanas pronto perciban el olor y griten el dolor de su piel quemada. En aquellos países que se dicen avanzados el pasado se exhala y el futuro se inhala para llenar el pulmón social de un aire cada vez menos viciado. Aquí el ciclo de la respiración funciona al revés porque hasta para eso dispone de poder un Consejo de Ministros del PP. No tiene suerte la Ilustración en España y cada vez que

Un oso polar en Buenos Aires

OPINIÓN de Julio Ortega.-  La estupidez humana resulta letal Que un niño muera de calor en un parque es noticia de alcance en los medios y es dolor en propios y extraños. Que lo haga un perro dentro de un vehículo aparcado al sol puede que merezca una reseña en ciertos periódicos y que provoque un gesto de contrariedad en bastantes personas. Que le ocurra a un oso polar en un zoológico sólo es relevante para el oso y para los animalistas. Winner, en el Zoológico de Buenos Aires Winner era un oso polar que vivía (moría) en el Zoológico de Buenos Aires y que según nos explican el pasado martes murió (del todo) por culpa de una hipertemia. Ese día se dieron en la Capital argentina36,7 ºC con una sensación térmica de 45,5 ºC. Este animal, en su hábitat, soporta temperaturas de hasta50 ºC bajo cero. Echen cuentas y verán que la diferencia de grados entre ambos valores es un rango que no se alcanza en ningún lugar de la Tierra. Por cierto, que leyendo el término “hipertermia” u

Tal vez, la última barbacoa

OPINIÓN de Julio Ortega .- Cine valiente y necesario Lo sencillo es masticar con los dientes. El reto, lo heroico, es hacerlo con la conciencia. Pero somos cobardes, o tal vez sólo necios, quizás únicamente ignorantes, el caso es que a la vez que portadores de un aparato digestivo de gran longitud, como corresponde a los herbívoros, pero reos de un sectarismo conceptual (y por lo tanto analfabetismo) propio de los humanos, preferimos una alimentación carnívora con sus consecuencias nocivas a tener que metabolizar con nuestros recursos cognitivos y morales las de una decisión difícil, por eso valiente, por lo mismo decisiva, y por lo tanto imprescindible, una decisión que implica romper en ciertos aspectos con el sistema, con la comodidad, con seres queridos y hasta, no hasta, ¡sobre todo!, que implica romper con nosotros mismos. La necesaria catarsis que tiene lugar en un proceso de ruptura como el mencionado requiere al menos de tres condiciones me atrevo a decir que indispensab

El Juli y su solidaridad selectiva

OPINIÓN de Julio Ortega .-   Cuando el altruismo huele a márketing    La noticia dice que el torero “El Juli” muestra su lado más altruista con niños discapacitados en una acción para recaudar fondos. ¡Ufff…! un “encomiable” y sospechoso yin para quien su yang es torturar y matar a toros en la arena de una plaza.  Este hombre, para la foto de esta campaña de marketing, ¡perdón!, para la foto de esta, ¡ejem!, iniciativa solidaria, no posa como suele hacerlo con el rostro desfigurado de sadismo y desencajado de orgullo, embadurnado con sangre ajena y enseñando la oreja y el rabo amputados al cadáver caído a sus pies, sino que lo hace muy pulcro y sonriente, cual inmaculado querubín, con críos afectados por deficiencia mental, porque sabe lo sencillo que resulta conmover utilizando a niños, y no digamos ya si esos niños están enfermos. Y también saben él y su apoderado que esa estrategia puede dar momentáneamente resultado en una época en la que la tauromaquia no cuela como arte dig

Para algunos Navidad significa muerte

OPINIÓN de Julio Ortega .- Carta a los Reyes Magos que no viajan en camello Queridos Reyes Magos, Este año no os escribo para pediros que me traigáis sino para que os llevéis. No, no me he vuelto loco, ocurre que me he dado cuenta de que lo que sobra en mi vida está ocupando el espacio de aquello que me falta y que soy un niño más pobre por lo que tengo que por lo que ya no quiero tener. Por favor, llevaos los animales de la mesa de Navidad de mi casa. No me importa lo tiernas que estén las chuletas de corderito lechal. No deseo masticar su cadáver y necesito que mis padres no me miren por eso como si estuviera loco o me fuese a poner enfermo, así que me temo que tendréis que echar en vuestros sacos también sus prejuicios. Llevaos las armas de la casa de mi tío el cazador. No quiero que me vuelva a decir: “¡Muchacho, pronto vendrás a cazar conmigo y ya verás qué bien lo pasaremos juntos!”. No, mí tío me da miedo porque a mi tío le gusta matar y sonríe cuando lo hace. Lleva

Sin toros crimen, con toros arte

OPINIÓN de Julio Ortega .-  Cuando aplaudimos lo mismo que condenamos Querido ciudadano, le ruego que piense en estas tres posibilidades: Transmitir a la infancia que la violencia con seres vivos es un recurso legítimo y digno de ser preservado. Convertir en espectáculo y negocio el sufrimiento psíquico y físico de una criatura con plena capacidad para sentir miedo y dolor. Utilizar dinero de los presupuestos para subvencionar actividades generosas en agresividad, sangre y padecimiento. ¿Qué le suscita cualquiera de ellas? Estoy casi convencido que rechazo. ¿Y si las combinamos entre sí? Por ejemplo: Permitir y hasta fomentar que los niños acudan a actos en los que alguien sufre y muere como consecuencia de la violencia desatada contra él. Destinar fondos públicos para dar a conocer ese tipo de acciones en los colegios inculcando a los escolares que son beneficiosas y tratando de despertar su interés para participar en ellas. Premiar con cargo a las arcas de la administración y

El animalismo, lágrimas y compromiso

OPINIÓN de Julio Ortega .-    Una lucha imprescindible que no cesará Olvidados por la mayoría de los políticos, ignorados por casi todos los medios de comunicación, despreciados por buena parte de la sociedad, insultados y amenazados por los que han hecho del maltrato de seres vivos su código moral y su fuente de ingresos… ¿De verdad que tal y como algunos insinúan todavía hay quien cree que ser animalista es un dulce caramelito? Por dinero no es, aquellos que quieren llenarse los bolsillos o al menos subsistir gracias a los animales se dedican a explotarlos sin miramientos y nunca a defenderlos. Por prestigio social tampoco, no en un País donde los toreros son héroes, los cortesanos con ganas de medrar se van de caza con el Rey, banqueros, grandes empresarios o ministros, y en el que un abrigo de pieles es sinónimo de glamour. Ni por moda, no es una apuesta por la mejor imagen social que te acusen de sectario, lunático o perroflauta cuando no de antisistema, o que tus actividades d

Torear es una droga

OPINIÓN de Julio Ortega .- ¡Que mata al toro! Declaraciones del matarife (léase torero) conocido como El Cid:  "... No puedo estar más tiempo sin torear, es como una droga que la necesitas para vivir, así que ya estamos de nuevo aquí metidos. Entrenando, matando toros, haciendo tentaderos y poniendo la vista en la próxima temporada".  Matar toros es para él una droga sin que la que no puede vivir -así lo reconoce-, y habría que añadir que su drogadicción, que no es una enfermedad sino una perversión, responde al nombre de asesinato (legal, como los de los circos romanos), el drogadicto al de asesino (legal, como los verdugos de la Inquisición) y que en vez de meterse sustancias en sus venas lo que hace es derramar la sangre que circula por las de aquellos con cuya vida acaba después de un rato de tortura (legalmente, como lo hicieron los fascistas en las ejecuciones junto a las tapias de los cementerios).  Se droga en público y se droga a puerta cerrada. Todos podemos

¿Multa por llamar crimen al crimen? Y un galardón por cometerlo. Hay que... jorobarse

OPINIÓN de Julio Ortega .- Yo que hoy quería dedicarme a otros menesteres pero nada, estos del Patronato del Toro de la Vega de Tordesillas son un filón de inmundicia inagotable. Atentos a su última idea para la nueva ordenanza que se encuentra en periodo de alegaciones (falta saber si habilitarán instancias para interponer risotadas y arcadas): “todo aquel que por palabra o escrito difame el Torneo será penado con multa entre los 1001 y los 3000 euros”. De hacerse firmes las sentencias estos energúmenos van a entrar en la lista Forbes de los más forrados. La de mastuerzos hace tiempo que la lideran.  A partir de ahora mucho se va a pasear por las salas de los tribunales el espíritu de María Moliner. “Señoría –dirá el fiscal de la acusación- ese perroflauta ha desacreditado públicamente nuestra inmemorial tradición”, “No es cierto Señoría –responderá el abogado de la defensa- mi cliente se ha limitado a describirla”. Desde el Patronato afirman que su costumbre “resume el modo de pen

Cada piel es de su carne y no de quien la compra

OPINIÓN de Julio Ortega .- Decía Rousseau que el progreso parecía generar seres materialmente ricos y técnicamente poderosos pero moralmente deleznables. Y no debía de estar equivocado cuando la capacidad para crear y el afán por destruir no siempre son vasos comunicantes en la conciencia humana.  En sus laboratorios los científicos han descubierto cómo elaborar tejidos sintéticos con los que abrigarse del frío imitando cualquier textura, pero nadie ha encontrado el modo de deshelar la empatía en los seres humanos que para combatirlo siguen anclados en el desollado.  Llegan las bajas temperaturas y numerosas tiendas, por mucho ambientador con aroma de glamour, rostros perfectos y cuerpos esculturales con el que rocíen sus colecciones de pieles no pueden disimular el hedor a sala de disección, aunque los cuerpos excoriados a los que se las arrancaron formen una pila de carne desnuda y ensangrentada oculta en los patios de sus proveedores. El “sobrante” de esas criaturas despellejad

Pájaros enjaulados: crimen, cobardía y negocio

OPINIÓN de Julio Ortega.-    Tener alas sin espacio para volar “Alas y libertad”. Dos palabras que con las que el ser humano juega a la metonimia sobre el papel y a la mutilación en sus actos. ¿A quién, sino a un desequilibrado, le puede causar placer encerrar de por vida a una criatura que nada hizo para merecer ese destino? ¿Quién, que no sea un depravado, disfrutaría observándola cada día disputarse con el dolor su diminuto universo de metal mientras se marchitan sus instintos, su conducta se degenera y se atrofia su cuerpecito?  ¿Para qué quiere alas un pájaro si ya nunca le dejarán volar? ¿Para qué necesita un hombre a ese frágil reo de plumas, piel y huesecillos agostándose entre unos barrotes? Poco importa que tormento y aberración sean las respuestas a esas dos preguntas, porque la captura, cría y venta de pequeñas aves para condenarlas a una existencia inmisericorde y espantosa constituye un boyante negocio dentro y fuera de la ley. Lo es porque la administración lo autori

Lágrimas de un toro por su asesino

OPINIÓN de Julio Ortega .-   No sufren pero lloran por su verdugo El Libro de los Muertos del Antiguo Egipto consistía en una recopilación de sortilegios escritos sobre paredes de tumbas, sarcófagos o papiros. Su función era ayudar a los difuntos en su viaje final. Burladero, tres milenios y medio después y en versión digital, es el Libro de los Criminales destinado no sólo a ensalzar a los que matan, sino también a demostrar que si la superstición del pasado podía servir para creer en que era posible proteger a aquellos cuya muerte fue imposible de evitar, la miseria moral del presente es susceptible de utilizarse para escupir salivazos de grana y oro sobre el cadáver de los que fueron torturados y asesinados.    Son varios los escribas que dejan su impronta sangrienta en Burladero, entre ellos Paco March, José Luis López Marín, Pedro Javier Cáceres, Cristina Padín o Javier García Baquero. Este último, con apellido de industria quesera (pobres toros de lidia, pobres vacas de lech

España, una "hunidad" de destino en lo demencial

OPINIÓN de Julio Ortega.-    Como las hordas de Atila, las tribus populares -que no vienen de la zona euroasiática sino de la Calle Génova en Madrid- han cambiado con respecto a aquellos más la estética que las actitudes, aunque sin dejar de mantener también ciertas coincidencias en la indumentaria, sólo que los hunos del Siglo IV tiraban de pieles de gato salvaje y de cabra, mientras que las hunas del Siglo XXI prefieren las de zorro o visón. La criatura despellejada les importaba lo mismo a aquellos que a estas, con la diferencia de que estas disponen de una alternativa de que ellos carecían: las prendas sintéticas. Siempre cabalgaban a lomos de sus caballos los jinetes del "azote de dios". Los chicos de la gaviota (pobre animal) tiran de coche oficial, desde el que lo mismo saludan sonrientes a los ciudadanos en campaña electoral, que les dedican una peineta quince días después de las votaciones. Los denominados bárbaros por los romanos eran diestros en el uso de la espad

A Fernando Conde, de un "terrorista" antitaurino

OPINIÓN de Julio Ortega .-   De los que matan con la palabra Abolición Escribir es lo que tiene: en la libertad para hilvanar palabras radica el derecho de construir frases dotándolas del sentido que se quiera, aunque sirvan para decir falacias o memeces. Si además se cuenta con un medio de comunicación cuya línea editorial no se traza sobre la deontología de la ética, sino encima de la moral panfletaria al servicio del conservadurismo, se cierra el círculo de tinta contra los heréticos que aseguraban que la Tierra no era plana y que el sol no giraba a su alrededor.    Fernando Conde, Inquisidor Mayor en el ABC, titula “Terrorismo Antitaurino” un pliego de cargo contra el movimiento abolicionista de la tauromaquia. Y aprovechando que en la Plaza de la Cebada había más de una horca, cuelga del gaznate también a quienes critican la caza e incluso a las protectoras. Sí, a esos refugios a los que van a parar los perros que tampoco tienen cabida en el peculiar universo de compasión d

La carta, envenenada, del Rey

OPINIÓN de Julio Ortega .-    No dejas de asombrarme, y de revolverme, Juan Carlos de Borbón. Para algunos Rey y para otros, entre los que me encuentro, testaferro del mismo imperativo legal que, ayer encarnado en dictadura y hoy disfrazado de democracia, sigue obligando al vasallaje, pero a diferencia del feudal y en detrimento nuestro, en este sistema no ha lugar para la felonía, pues la obligación contractual contigo está refrendada por una firma que no estampamos y cuyos términos si estamos forzados a acatar, aunque te colasen de matute en una Constitución, más ficticia que real, como adenda de aquel Caudillo cuyas risas todavía se escuchan. Y en esta época más nítidas y estruendosas que nunca.  Qué facilidad para apretar el gatillo. Lo mismo disparas contra un oso o un elefante, que le metes un tiro entre ceja y ceja a la dignidad y la libertad de unos ciudadanos a los que nunca has dejado de considerar súbditos al estilo del Antiguo Régimen, por más que adaptes tu imagen a un

Ser niño en Tordesillas

OPINIÓN de Julio Ortega · Lucía Arana Igarza    Un niño frente a estímulos de violencia Si los animalistas tuviésemos que enumerar las veces que nos han dicho que no nos importan los seres humanos, e incluso que los odiamos, nos faltarían ganas, memoria y dígitos. Así que hoy no vamos a hablar de Volante, el toro alanceado hasta la muerte en Tordesillas el 11 de septiembre, vulnerando la ordenanza según la cual debería haber sido indultado, sino de cuáles son algunos de los efectos que sobre las personas, las que sí cuentan para los gurús de la ética especista, tienen estas acciones.  La niñez, desde el punto de vista legal y según la Convención de los Derechos del Niño, se extiende hasta los dieciocho años. En el plano psicoafectivo, dura hasta que no se alcanza un grado de madurez suficiente para tener autonomía, y, en el físico, hasta la pubertad. Sea como sea, una persona de trece años es un niño. Uno de esos seres a los que juramos otorgar protección especial en función

El torero Víctor Mendes y su elogio de la bajeza

OPINIÓN de Julio Ortega    La tortura en un Curso de Verano Victor Manuel Mendes-Marinhais, matador de toros, o matarife, o torturador, que cualquiera de esos adjetivos te describe. Leo parte de las declaraciones que acabas de realizar en Logroño, durante un Curso de Verano en la Universidad de la Rioja y la verdad, compruebo que tus pensamientos son digno motor de tus acciones. Tan degenerados los primeros como ruines las segundas. Eres, emocional y físicamente, un compendio de bajeza, y me creo no sólo en mi absoluto derecho de manifestarlo, sino también en la obligación de hacerlo. Porque no te estoy insultando, a menos que consideres ofensiva la realidad Y nada invento, tus palabras son suficientemente esclarecedoras de tu verdadera naturaleza.  Dices que “la cultura no se puede prohibir”. Es verdad, pero sí el crimen. Y que lo quieras ocultar bajo el manto de la cultura no lo transforma. Porque no eliminas la violencia ni su transmisión como valor, también a los niños. No de

Los cazadores, un ejemplo de sensibilidad

OPINIÓN de Julio Ortega    Si para vosotros, acosar y acorralar a un animal es signo de ese respeto que juráis que todos ellos os merecen. Si dispararle y rematarle con un cuchillo, o provocar que huya herido, arrastrando su dolor, hasta que la hemorragia doble sus patas y detenga su aliento, es una prueba del amor que decís sentir por ellos. Si condenar a crías a la agonía del hambre tras matar a su madre, si hacer que tantas criaturas abandonen su entorno y deambulen perdidas y asustadas, si ofreceros solícitos cada vez que véis la oportunidad de hacer una "limpieza" de perros y gatos en un ayuntamiento, si exigir que se pueda cazar en zonas protegidas, es señal de unas profundas inquietudes ecológicas que no os cansáis de pregonar. Si pegar un tiro, arrojar a un pozo, ahorcar o arrancar el microchip a un perro escarbando con una navaja para abandonarlo después, es el trato que algunos le dáis a los que llamáis vuestros mejores amigos y compañeros. Si ser responsables de

No violes, no quemes, ¡tortura!

OPINIÓN de Julio Ortega    ¿Se imaginan a un grupo de activistas frente al Congreso sosteniendo una pancarta con este lema: “El sexo a la fuerza no es un acto de libertad. Condena para los violadores”?, o a unos manifestantes coreando por las calles: “La quema de montes al Código Penal”? No, ¿verdad? Esa aberración sería del género esperpéntico, pero literaria al fin, porque ninguno podemos concebir que un sistema que se dice basado en los derechos y las libertades, sin que las que segundas puedan vulnerar los primeros, entendiese que abusar sexualmente de una chica en un descampado o prender fuego a un bosque, constituya una diversión, un negocio o, simplemente, el deseo cumplido de un individuo bajo la mirada benevolente e incluso cómplice de la sociedad. Nadie admitiría que violadores o pirómanos nos dijesen: “si no te gusta forzar a una mujer o ver como arden los árboles no lo hagas, pero respétanos”. ¿Cómo es posible entonces que a estas alturas, quienes denuncian la tortura

RTVE y su desprecio a los niños

OPINIÓN de Julio Ortega    Según publicó el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, la violencia en la televisión lleva a los niños a desarrollar conductas agresivas que son aprendidas a través de la observación y retenidas durante largo tiempo. El estudio, con una duración de 40 años, determinó que cuanto más violenta sea la televisión más probabilidades existen de que muestren comportamientos antisociales. En él, el Profesor de Pediatría de la Universidad de Washington, Doctor Dimitri Christakis, aseguró que los niños no saben distinguir entre fantasía y realidad, y que la televisión les enseña que la violencia es divertida.    Si las afirmaciones anteriores reflejan un problema grave en extremo y se están refiriendo a programas de ficción, como series o dibujos animados, ¿cuál no será su alcance cuando esas criaturas tienen constancia de que las imágenes se corresponden con un hecho verdadero? Unas escenas ficticias cargadas de violencia, siendo sin duda dañinas pa

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