Alexandra Vega-Rivera Durante las tareas de búsqueda de personas vivas bajo los escombros que dejó el terremoto en Colombia, los rescatistas pedían una sola cosa: silencio. El silencio como una herramienta para la confirmación de la existencia, tendiendo un puente entre la vida y la muerte. El silencio como lo que es, un mitigador de angustias. Necesitar y pedir silencio en medio de la angustia que produce una catástrofe natural y en un país desesperantemente ruidoso como Colombia es una tarea más que titánica. “Qué difícil”, me repetía cada vez que veía esas imágenes. Sin embargo, fue posible. Hace años en un viaje de trabajo a Colombia iba caminando por las calles de Medellín con la que era mi jefa de entonces, recuerdo su rostro exhausto y abrumado cuando me preguntó cómo había sido posible crecer e ir a la escuela en un lugar tan ruidoso. Durante el último estallido social en Colombia el comandante de una estación de policía de Bogotá admitió haber sometido a varios jóvenes dete...
