Otra información es posible

Un mapa de la basura

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot.- Trate el lector de imaginar Cataluña como si fuese una finca agraria. La primera conclusión es que vivimos en una tierra que por su gran variedad de climas, ecosistemas, ríos, bosques y salidas al mar nos permite producir y consumir una gran diversidad de alimentos durante los 365 días del año. Porque, como los buenos campesinos saben, unas hectáreas con estas características pueden funcionar perfectamente, en un círculo virtuoso e infinito, con una correcta combinación de diferentes cultivos –tanto en el tiempo como en el espacio– y la necesaria integración de la ganadería, que aprovecha las tierras de difícil gestión agraria y es básica para el mantenimiento de la fertilidad del suelo. Hoy en día, esto se llama economía circular; yo prefiero pensar que la muerte siempre vuelve a ser vida.

Vuelo sobre tierra

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot.- Entre marzo de 1956 y septiembre de 1957, seis aviones Beechcraft RC-45 sobrevolaron todo el territorio del estado español. Iban equipados con cámaras fotográficas Fairch Fairchild T-11 de gran formato y lentes Metrogon de 6 pulgadas y unos negativos de 70 mm. Un equipo de gran calidad para la fotografía aérea. Los aviones, que salían de Getafe, León o Barcelona, eran parte del llamado Proyecto Español, llevado a cabo por el servicio cartográfico del ejército de los EE.UU. con finalidades militares que, como ya habían hecho en Italia, formaba parte de su estrategia contra el comunismo. Estos 60.000 fotogramas tomados a unos 5.000 metros de altitud han sido poco conocidos hasta el 2011 cuando fueron digitalizados y son la base ortofotogràfica de muchos análisis. Como el estudio que Annalisa Giocoli está haciendo, en el marco del Postgrado en Dinamización Local Agroecológica de la Universitat Autònoma de Barcelona, para responder a una pregunta que desde hace años nos estamos planteando. ¿Ciudades como Barcelona pueden alimentarse con agricultura de proximidad?

MonBayer, la debilidad del dinosaurio

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot.- Si los tribunales de la competencia no lo echan para atrás, el próximo año asistiremos al estreno de una nueva supermultinacional, MonBayer, o como decidan llamar a la fusión, entre Bayer y Monsanto después de que la primera haya comprado a la segunda. Y bien, ¿qué puede suponer esto?

¿Una renta básica agraria?

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot.- Tengo muy presente uno de los lemas de La Vía Campesina. Para este movimiento de más de 200 millones de campesinas y campesinos que defienden sus agriculturas a pequeña escala, un argumento central para reorganizar los sistemas agroalimentarios es recordar que «los alimentos no son una mercancía».

La Ley del Silencio

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot.- Por alguna razón desconocida nada cambia en los próximos meses, al contrario, todo se acentúa y las crisis, perezosas, siguen sus itinerarios. Como la crisis en los medios de comunicación donde algunos caminan a base de fórmulas de alquimista y otros andan vendidos a la publicidad.

Abecedario de los invisibles

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot.- El acceso a los huertos de ciudad es un acceso inventado y que se camina a pie, sin urgencias. Superando cual telón, autopistas, vías de tren, rejas y rotondas, habitan Invisibles tras los Bastidores de la ciudad desafiando la propiedad privada, la especulación y tantas normativas castradoras. Por eso, con cañas, buganvilias y parras trepando por los Somieres, que como muros de piedra seca los delimitan, procuran camuflarse. Son altiva y honradamente Clandestinos.

No son personas campesinas quienes los cultivan y los cuidan, más bien son lingüistas o filólogas que abuenando y abonando con su Experiencia de emigradas de pueblo o con la voluntad de jóvenes sin techo y sin contrato “en su puta vida” – dicen, hacen de antiguos Descampados su antónimo.

Con los huertos colindantes en Zurcidos que son abrazos y con roces no previstos, estas islas de fertilidad -rodeadas de cascotes y cemento por todas partes- conforman nuevas formas de Familia y parentescos no convencionales. Levantados sin asistencia, ni seguridad, ni asepsia, se postulan como el mejor de los Geriátricos inventados hasta la fecha. Ahí, los domingos, la radio encendida con el carrusel deportivo baila salsa y pasodobles con el trino de los mirlos. Las conversaciones que parecen repetidas, con los codos sobre la mesa de camping reciclada donde esperan las fichas de dominó, son proyectos incipientes. Las semillas y cosechas se intercambian y nadie pregunta cuánto ni por qué.

Porque en estos Hospedaje informales de Jubilaciones, porque en estas Okupaciones y sus anonimatos, se producen Kilos de comida y muchas más toneladas de Autonomía y dignidad. Bien alejados de cualquier economía formalmente perversa, en ellos la vida queda infaliblemente preñada al ritmo de las estaciones. Y cuando la crisis es una plaga, la biodiversidad de los huertos de frontera es el pulgón de la esperanza.

Quienes los visitamos, descubrimos en estos Yacimientos prodigiosos Vacíos del ruido urbano y una Quietud que, mecida en la higuera que en la esquina da frescor y sombra, nos sorprende en contraste a cualquier calle o centro comercial. No es de extrañar observar a sus inquilinos con una mano en la encañada de las tomateras observando el infinito cual capitán en la proa, aunque en realidad dirigen un Mirador invertido, pues es hacia adentro donde les lleva.

¿Es aquí que Repropiándose de residuos y Vegetación nace una nueva Naturaleza? ¿Es el huerto de las Periferias -donde todo es posible- un no lugar, un pasatiempo que inofensivamente puede pasar la página de estos tiempos capitalistas? ¿Son los solares entregados a su dios Luz un nuevo Urbanismo para sociedades diferentes?

Aunque quizás los huertos de ciudad no se ven ni se miran, son claramente parte de un Trayecto por hacer.


Gustavo Duch en La Fertilidad de la Tierra. Inspirado en el Libro LA CIUDAD JUBILADA de Pau Faus

*Gustavo Duch Guillot es autor de Alimentos bajo sospecha y coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas.
http://gustavoduch.wordpress.com/

Hambre que huele a colapso

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot.- Las hazañas de nuestra civilización te acosan, están por todas partes. Al entrar a la ciudad ves todas esas hectáreas de coches fabricados en los últimos meses, perfectamente alineados, listos para vender, y piensas ¿se venderán todos? En un documental ves que en un espacio dónde cabrían once estadios de fútbol, cerca de Accra, la capital de Ghana, se almacenan millones de toneladas de desechos electrónicos y piensas ¿se vendieron todos? O como en aquella ocasión en que visité una planta para elaborar tomate frito. Era como una pequeña central nuclear por donde millones de tomates circulaban en un circuito de tuberías que permitían la asombrosa producción de miles de barriles.

Hazañas que son metáforas del hambre. Pues aunque al hablar del hambre identificamos una grave situación de déficits, en realidad su origen no es más que la cara B de la sobreproducción, algo santificado por el capitalismo, que ha encontrado, en estos tiempos de la globalización neoliberal, el mejor de los escenarios: un mercado global y unas políticas diseñadas para mercadear.

Cuando leemos que se produce casi el doble de lo que se requiere para alimentar a toda la población mundial, lo que hemos de interpretar no es sólo que el problema del hambre no es la falta de alimentos, sino que el problema es precisamente el exceso de materias primas, porque en el mundo actual nos encontramos que más del 20% de las tierras cultivadas están produciendo materias primas como la palma africana, colza, caña de azúcar, soja y plantaciones de árboles que no es que no se coman directamente, que lo es, sino que esas áreas agrícolas se han conseguido a base de expulsar a millones de personas que ahí tenían su sustento. Y ahora no.

Pero además, buena parte del resto de cultivos tampoco están respondiendo a su objetivo alimentario sino que sirven al juego de los intereses económicos. Por un lado, de quienes en las bolsas de valores, cual malabaristas con sus bolas, hacen subir y bajar su precio en función de sus inversiones. Por otro, vemos como los alimentos -imantados por donde está el poder adquisitivo- viajan del sur al norte, de los lugares del hambre a los lugares de la abundancia. Hay un ejemplo que me martillea. ¿Saben ustedes que alrededor del lago Victoria dos millones de personas pasan hambre cuando, cada día, desde ahí viajan dos millones de raciones de perca del Nilo hacia los mercados internacionales?

Ninguna de las soluciones al hambre pasa por producir en cada territorio, con el esfuerzo de sus gentes, la parte sustancial para una alimentación suficiente y sana. Al contrario, se insiste en la necesidad de incrementar las producciones en base a un sistema productivo que depende del uso y abuso de un recurso finito, el petróleo; que castiga a la tierra hasta llevarla al agotamiento; y que acaba con la biodiversidad, vital para adaptarse a los cambios climáticos. No sólo es responsable del hambre actual, será responsable de un hambre que huele a colapso.


*Gustavo Duch Guillot es autor de Alimentos bajo sospecha y coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas.

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Gates, ayudas que le ayudan

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot.- Pensemos que usted o yo somos multimillonarios y desde los mejores sentimientos constituimos una fundación solidaria. Por ejemplo, para apoyar la investigación del cáncer de pulmón. Y que mientras entregamos fondos para dicha causa pensamos a la vez en cómo aumentar el patrimonio económico de la fundación. Es entonces cuando, escuchando a asesores de inversión económica, colocamos el dinero en acciones de empresas tabacaleras. Y ya hemos caído en la viciosa situación de que cuanto mejor funcione el negocio tabacalero, más bondadosos podremos ser.

Bien, pues más o menos así son las prácticas de la mayor fundación filantrópica del mundo, la Fundación Bill y Melinda Gates, con un fondo de donaciones de 40.000 millones de dólares. Así lo denunciaron ya en el 2007 Piller, Sanders y Dixon en Los Angeles Times con el ejemplo de una niña de Nigeria que gracias a la fundación de Gatesera vacunada contra la poliomielitis, aunque lo que preocupaba a su madre era una tos que no remitía a causa de los humos de las petroleras que hurgaban muy cerca. Entre ellas, la italiana ENI, que contaba entre sus inversores con el dinero de la Fundación Gates. Hasta esa fecha, la fundación había donado 218 millones de dólares contra la poliomielitis y el sarampión, e invertido 423 en corporaciones petroleras.

Si afinamos en las actividades de la fundación podemos ver en el ámbito agrario y alimentario escenarios parecidos. En concreto, observamos que el incremento de fondos dedicados a apoyar programas en África, supuestamente para luchar contra la malnutrición, ha sido paralelo a la inversión en empresas del sector agrario como Cargill (la mayor comercializadora mundial de granos) o Monsanto (líder en el negocio de semillas y pesticidas), responsables, por su comportamiento acaparador, de muchas pobrezas en el ámbito rural.

Pero sobre las ayudas de la Fundación Gates a la agricultura empobrecida de África podemos defender una tesis más atrevida aún: con los supuestos fondos solidarios, lo que busca la fundación no es frenar el hambre o la malnutrición en África, sino permitir el avance de los negocios agrícolas en los que ha depositado su dinero. Me remito a los datos de la organización GRAIN tras analizar detalladamente el conjunto de las donaciones (3.000 millones de dólares) de la Fundación Gates a la agricultura entre el 2003 y septiembre del 2014.

En este análisis se llega objetivamente a cuatro conclusiones. La primera se basa en contabilizar el lugar al que van estas contribuciones: aproximadamente el 50% a organismos internacionales y regionales (que luego comentaremos), mientras que el 80% de la otra mitad acaba en organizaciones de investigación y desarrollo de Europa y Estados Unidos. En concreto, el 79% de las donaciones de la fundación a universidades y centros de investigación fueron a EEUU y Europa, y un escaso 12% para beneficiarios de África. Y si revisamos el apoyo a las oenegés vemos como tres cuartas partes de los 669 millones de dólares que la Fundación Gates ha entregado han ido a parar a organizaciones con sede en EEUU, mientras que las oenegés con base en África reciben un escaso 4%. Es decir, la Fundación Gates lucha contra el hambre en el Sur entregando dinero al Norte.

La segunda conclusión se basa en quién y a qué dedican los fondos los receptores de las ayudas de Gates. Y ahí es donde vemos el predominio de tres organizaciones internacionales y regionales -la AGRA (Alianza para la Revolución Verde en África), la AATF (Fundación Africana de Tecnología Agrícola) y el CGIAR, un consorcio de 15 centros internacionales de investigación agrícola- cuyas misiones son la expansión de una agricultura industrializada en África en base a semillas patentadas y un alto uso de fertilizantes y pesticidas. Es decir, la Fundación Gates facilita recursos económicos a la agricultura de las multinacionales y no a la agricultura campesina. Pero es que, además, estas organizaciones son tan influyentes en las políticas agrarias de muchos países africanos que la tercera conclusión es que las donaciones otorgan a Gates la capacidad de influir directamente en las decisiones que en materia agrícola se toman en África.

Por último, el análisis de GRAIN no ha encontrado que ninguna de las ayudas de la fundación se dedique a apoyar las iniciativas del propio campesinado africano y su manera de entender la agricultura. Al contrario, ayudan a su propio negocio agrícola, y valga un ejemplo: 4,3 millones de dólares que Gates entregó a la AGRA se han convertido en un apoyo a los distribuidores de productos agrícolas en Malaui, que compran el 67% de sus productos a Monsanto, donde Gates invirtió. Así, el dinero circula pero el hambre no se detiene.

*Gustavo Duch Guillot es autor de Alimentos bajo sospecha y coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas.
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Publicado en El Periódico de Catalunya, 9 de enero de 2015

 

La peligrosa digestión del acuerdo con los EEUU


OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot .- Quiero hablarles de unas importantes negociaciones que, en la medida en que se concreten, pueden afectar de forma muy significativa a la alimentación de todas las personas que compartimos el Planeta Tierra como morada.

Desde julio del año pasado se están reuniendo representantes de la Unión Europea y de los Estados Unidos para firmar un tratado de libre comercio entre Bruselas y Washington. Según ambas partes, cerrar un gran acuerdo que genere más comercio entre ambas orillas será una oportunidad para el empleo y el crecimiento económico de dos economías en crisis. Aunque seguir insistiendo en el crecimiento como medida para superar la situación actual me parece un camino ya recorrido y erróneo, son los análisis que están haciendo organizaciones como Amigos de la Tierra, el Institute for Agriculture and Trade Policy y la fundación GRAIN lo que debe hacernos estar bien atentos al desarrollo de estas conversaciones. Las tres instituciones coinciden en destacar que, más allá de que se incrementen o no las relaciones comerciales, el verdadero problema nacerá de la necesidad de armonizar las normativas sanitarias de los alimentos. Y sabiendo el peso que ambas potencias tienen en la materia, es sencillo entender que en estas mesas de negociación, expertos que saben más de comercio que de agricultura y alimentación están cimentando las bases de los estándares internacionales sobre lo qué comeremos.

Armonizar las normativas no es modificar aspectos puntuales del procesamiento de un alimento o aceptar un aditivo más o menos, sino que conlleva cambios de gran magnitud pues, como explica GRAIN, los enfoques de la UE y de los EEUU «son diametralmente opuestos. Mientras la Unión Europea practica la filosofía de ‘de la granja al tenedor’, donde cada etapa del proceso es monitoreada y trazabilizada, el sistema estadounidense sólo verifica la sanidad del producto final. Mientras la Unión Europea suscribe plenamente ‘el principio de precaución’, el cual es parte de su constitución política, en Estados Unidos este principio no se tiene en cuenta y exige una ‘evidencia científica’ que justifique cualquier restricción. En el área de los productos químicos que se incorporan a los alimentos procesados y a los envases, la brecha es aún mayor. La legislación de la UE pone el peso de la prueba en las empresas para demostrar que los productos químicos que usan son seguros. La estadounidense, en cambio, requiere que el gobierno pruebe que un producto químico es inseguro.»

Si la firma del acuerdo se hace ‘rebajando seguridad’ -sobre modelos que ya ahora generan recurrentemente alarmas alimentarias- en favor de objetivos comerciales dejemos sitio para más pesticidas en el campo, para pollos lavados con cloro en nuestros platos, para carnes de vacuno estimuladas con hormonas de crecimiento y para más cantidad de alimentos de origen transgénico aprobados con pruebas menos exigentes que las actuales. Además, solo sabremos con exactitud lo que comeremos cuando las empresas voluntariamente quieran identificarlo en su etiquetaje pues todos los avances conseguidos por la presión ciudadana para contar con información detallada desaparecerían al considerarse una ‘barrera comercial’.

Sin embargo, la preocupación mayor es otra. Si en la unificación de dos mercados que representan el 50% de la economía mundial se impone una normativa más laxa, ganará terreno una alimentación industrial y aquellas corporaciones que las practican, mientras que las agriculturas campesinas tendrán serias dificultades para resistir una competencia tan brutal. Así se ha demostrado en acuerdos comerciales similares en otros lugares. Entonces, una pregunta debemos hacernos, ¿queremos que nuestra alimentación dependa de una única opción?

Es poco inteligente pues la agricultura industrial en su corto recorrido de 50 años, además participar en acabar con la forma de vida de millones de personas dedicadas a la agricultura a pequeña escala, pueblos indígenas y campesinos que, aún en estos momentos y a pesar de haber sido desplazados, contaminados o privados de sus recursos productivos, son los responsables de la producción del 70% de los alimentos a nivel mundial, es responsable de minar a velocidad de vértigo la fertilidad de los suelos y de reducir a muy escaso número las miles de variedades vegetales y animales que aseguran nuestra capacidad de adaptación al cambio climático. Sin perder de vista, finalmente, su absoluta dependencia de fertilizantes minerales, petróleo y regadíos intensivos que son bienes finitos, agotables, escasos.

La preocupación es clara: No a una negociación en favor de quienes negocian con la alimentación de la gente.

*Gustavo Duch Guillot es autor de Alimentos bajo sospecha y coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas.
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Declaramos el estado de huelga general permanente

OPINIÓN de Gustavo Duch.-   

De hoy en adelante – manifestamos – no trabajaremos nunca más para financiar Estados déspotas que nos roban la vivienda o el sustento, ni para estados depresivos que nos roban la felicidad. El trabajo esclavo ha llegado a su fin.

Interrumpimos inmediatamente y para siempre el consumo consumista que nos consume la sonrisa y devora mares, tierras, aires y aguas. Las gentes no son el Mercado ―afirmamos ― el mercado es sólo un lugar de encuentro.

Se proclaman inactivas a perpetuidad las jornadas machistas que insultan al amor, al cuidado, al abrazo.

Terminantemente lo decimos, ¡nos plantamos! Nos plantamos, cual semillas rebeldes en la Tierra, ante los abusos prepotentes que sobre ella cometemos.

Declaramos en huelga general y permanente al hambre y al dolor; al mal amor y al mal humor.

Mantendremos en paro indefinido a las guerras. A sus hacedores les suspenderemos de todos sus cargos, por los siglos de los siglos, así sea.

Y, huelga decir, que declaramos indefinidamente interrumpida la búsqueda y acumulación de la riqueza materialista responsable de todas las pobrezas.

Entre camaradas, con almas cómplices, juramos ocupar todos los segundos, minutos y horas que hoy desocupamos, en la construcción colectiva de un estado de felicidad permanente.


DECLARAMOS EL ESTADO DE HUELGA GENERAL PERMANENTE.

El poder de la carne

OPINIÓN de Gustavo Duch   

La trama nos sitúa a mediados de 1901 en las calles de Creve Coeur en Saint Louis, Missouri (Estados Unidos), donde Mr. John Francis Queeny funda una pequeña empresa a la que bautiza con el apellido de su esposa, Monsanto, dedicada a comercializar sacarina. En seguida cosecha éxitos, el primero la venta de dicho edulcorante a la empresa Coca Cola, y luego van llegando otros como la fabricación del plaguicida DDT -ya retirado de los mercados- o el Agente Naranja, un herbicida utilizado en la guerra del Vietnam. En este capítulo bélico participa también en el desarrollo de las primeras bombas atómicas; sintetiza la hormona de crecimiento bovina y, en 1982 sobresale de nuevo como pionera de la tecnología de las semillas transgénicas de las que hoy controla el 80% del mercado. Entre ellas destaca la soja transgénica, en realidad, una apropiación indebida de la semilla natural de la soja, que la patenta agregándole un gen procedente de una batería que hace a la planta resistente a un herbicida, del que Monsanto, era lógicamente también el propietario: el glifosato.

Con algunas triquiñuelas de política comercial en el guión y con los despachos donde se tiene que velar por la salud de las personas y del Planeta mirando a otro lado, Monsanto consigue hacer de la soja transgénica el producto estrella de finales del siglo XX, incorporada a los piensos que alimentan la ganadería estabulada del mundo. Es un negocio de dimensiones formidables para quienes venden la soja como grano, y para quienes como Monsanto ganan en la venta de la semilla y de su herbicida asociado.

Desde su aparición en escena, la soja transgénica provoca el robo de tierras agrícolas más suculento de la historia que se explicará en los libros de historia y en los manuales de criminología. Con guante blanco usando recursos administrativos de titulación de propiedades o con violencia pura y dura -son muchos los casos de desalojo violento, con muertes de campesinas y campesinos-, millones de pequeñas fincas campesinas han sido suprimidas del mapa a favor de la soja que consume la ganadería europea o china (y poco a poco también los automóviles que caminan con biodiesel). Tenemos aquí una explicación a la actual subida de precios de los cereales, alimentos básicos para el mundo.

Hasta la fecha el saqueo ha afectado a países de la América del Sur; África está en el punto de mira. Sólo en Argentina más de la mitad de su tierra fértil se dedica a la soja. Y en Paraguay, país de pequeñas dimensiones, de momento el 10% es soja, pero supone, sólo en concepto de royalties, 30 millones de dólares anuales, libres de impuestos, para Monsanto.

Pero claro, no todo puede resultar tan fácil. Las gentes afectadas se organizan y levantan la voz ante tamaña injusticia: ―¡la soja es responsable de la pobreza campesina!; no hay evidencias que aseguren que consumir grano transgénico no es perjudicial para la salud; el uso masivo del glifosato rociando los campos está provocando muchas enfermedades en la población local; la biodiversidad cultivada y la salvaje desaparece rápidamente; y por último, explotar así a los suelos agrícolas les genera a estos una perdida de nutrientes, de fertilidad, que nadie repone. Y el drama llega a momentos álgidos.

Algunos gobiernos cercanos a las realidades sociales ponen pequeñas y tímidas trabas a la expansión de estos agronegocios, como fue el caso de la presidencia de Fernando Lugo en Paraguay hasta hace apenas un mes. La empresa multinacional, desde EEUU, no acepta intromisiones en sus negocios y enterada de las limitaciones que allí se establecen, dicta algunas instrucciones que la prensa y las organizaciones de empresarios agrícolas locales llevan a la perfección y sin discreción, no es necesario. Mientras se lanza una campaña desmedida contra la institución gubernamental que decidió bloquear la introducción de nuevos transgénicos en Paraguay, tiene lugar una masacre en tierras en litigio por la soja con 17 personas muertas, que acaba de desestabilizar a un gobierno frágil.

Así son ahora los golpes de estado, Paraguay y Honduras, elegantemente disfrazados de democracia. Dos pequeños países señalados como una advertencia para quienes no estén dispuesto a hacer del extractivismo y expolio del Planeta -sea soja para hacer carne, sea palma aceitera, sea minería- un torrente de beneficios para las corporaciones, que como en las películas, ya controlan el mundo.

Es curioso, mientras aquí en Europa la actividad agraria ha quedado reducida a casi nada -poco importante económicamente hablando, con muy pocas gentes practicándola de forma profesional y su recurso principal, la tierra, se regala al mejor de los bandidos (pienso en la posible instalación de Eurovegas en Barcelona)- en otros países es sin lugar a dudas el mayor de los poderes fácticos. Pero ambas realidades, el desprecio y el fervor, están tremendamente conectadas. Para que el negocio de producir y vender soja funcione -la ‘soja-connection’- se necesitan tierras arrasadas de monocultivos en los países del Sur y tierras arrasadas de hormigón en los países del Norte.

Crisis alimentaria, una fea costumbre

OPINIÓN de Jerónimo Aguado · Gustavo Duch  

Se está convirtiendo en una inaceptable rutina. Cada dos años más menos nos sacude una crisis alimentaria por la fuerte subida del precio de los cereales. Dicen los indicadores que nuevamente nos viene una encima y que promete ser tormentosa. El ojo del huracán se sitúa esta vez en las malas cosechas de los Estados Unidos, en concreto apuntan que su cosecha de maíz puede caer un 17% sobre lo previsto y un 8% la cosecha de soja.

Leyendo la información que se publica al respecto, y desde nuestra ingenuidad, pensamos que serán muchas las toneladas que se dejarán de producir para que el precio promedio de los cereales, en poco menos de un mes, haya subido más de un 25%. Que tendremos muchos mercados desabastecidos. Pero no, para nada, aún teniendo en cuenta que hablamos de previsiones, el factor que dicen provoca la subida de precios es un descenso total de 23 millones de toneladas de cereales, que situarán la cosecha final en 2.396 millones de toneladas. Es decir un 1% menos para lo que será una nueva cosecha record a escala mundial.


Pero, efectivamente, un pequeño traspiés de las previsiones -que desde un sencillo análisis de oferta y demanda no debería de ser significativo- nos lleva al vendaval de la subida del precio de los alimentos, porque su precio se decide en las bolsas de la especulación. Ahí es donde con esmero se tejen falsos argumentos para generar la escalada de precios. Es ahí donde de un pinchazo se hace un reventón.

En realidad un fracaso más a añadir a la lista de los desatinos del sistema alimentario agroindustrial en un marco de libre mercado que tenemos. Porque la agroindustria que tantos parabienes recibe, en su andadura (1) desplaza a millones de personas campesinas de sus medios de vida y así tenemos que la gran mayoría de población mundial que pasa hambre lo hace en zonas rurales; (2) en el proceso de producción, transformación y distribución de los alimentos, el modelo sin parangón, pierde la mitad de lo producido; (3) mientras que ha generado un cantidad tan enorme de gases de efecto invernadero que sumandos es responsable del 50% del total que tan preocupantemente calientan nuestro Planeta; (4) cambio climático que se convertirá, vaya por Dios, en un limitante para el propio modelo agroindustrial; e (5) igual que lo es su dependencia del petróleo, de los fertilizantes sintéticos y del agua de riego, tres elementos que por su consumo abusivo y mala gestión ya escasean, lo convertirán en un modelo inservible en pocos años después de su nacimiento.

Y su supuesta gran bondad, la gran capacidad de producción de alimentos, de nada nos sirve si, como hemos visto, de los más de dos millones de cereales que nos han dicho se producirán este año, solo la mitad se usarán directamente para el consumo humano. La otra mitad se dedica, aproximadamente en un 70% a la alimentación de la ganadería estabulada y el otro 30% a la alimentación de los motores que caminan con agrocombustibles. Sin políticas regulatorias y sin la participación de las comunidades en las decisiones agrarias, las empresas que controlan la comercialización del grano sólo miran donde encontrar más beneficios.

Tendremos los mercados con grano más que suficiente para la alimentación de la población pero a un precio tal que [mucha] población no podrá adquirir. Ese es el drama.

* Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas 

Comunitarismos

OPINIÓN de Gustavo Duch    

Las noticias ya no daban cifras del paro, daban cifras de mortalidad infantil; no se hablaba de recortes en sanidad, se huía de las epidemias y se traficaban medicamentos y vacunas; no se protestaba contra los barracones que hacían de escuelas pues mucha gente malvivían en barrancos o vertederos bajo lonas de plástico.

Será terrible, la crisis de la deuda financiera acabará con el Euro como moneda única, y con el dólar y el yen como monedas arrogantes. Volveremos a las monedas nacionales que una a una también irán pereciendo, así que no quedará más que recuperar las monedas locales sin ningún valor en bolsa, los bancos de tiempo o cualquier otra forma de trueque humanizado. Sin dinero, será terrible, y los ricos no serán ricos y los pobres no serán pobres.

Cundirá el pánico, se acabará el petróleo y sus derivados que mueven el mundo, y que por todo el mundo mueven toneladas de mercancías. Se acabarán los viajes low cost, los alimentos exóticos y lamentablemente volveremos al ritmo perezoso de los animales tirando de carros, las bicicletas a pedales o la vela al viento. Sin gasolina, qué miedo, se correrá menos y se respirará mejor.

Quebrarán muchas empresas transnacionales que han apostado fuerte a la globalización. Sin pescanovas, campofrios o monsantos nada habrá en las neveras de mercadonas o walmarts. Cerrado por caos, pondrá en los letreros. Y ¿qué comeremos sin la industria alimentaria? Suficientes, variados, frescos y sanos alimentos que las redes y cooperativas sin lucro proveerán de pequeñas campesinas y campesinos.

El sistema se derrumbará completamente arrastrando con él la sanidad y la educación pública y nos indignaremos con motivo. La vida en las ciudades será complicada. Fábricas desahuciadas, centros comerciales abandonados y los índices del paro subirán y subirán. Sin nada que hacer, se empequeñecerán las ciudades al marchar parte de sus gentes a los pueblos de antes. Con menos urbanidad y más ruralidad se harán economías productivas sencillas y sostenibles, se prestarán servicios comunitarios con las mejores vocaciones ejerciendo, y la comunidad dará respuestas, calor y alegrías.

Nos esperan muchos más sobresaltos. Los asilos no aceptarán almacenar vejez como restos de serie, y se convertirán en universidades de la recuperación del saber. En el espejo nos veremos cambiados porque nos reconoceremos mejor. Y en las calles o comedores populares encontraremos amistades, como el que no quiere la cosa, sin darnos ni cuenta.

El fin de un capitalismo insoportable nos da miedo porque no sabemos (aún) que sin él inventaremos comunitarismos que nos harán vivir mejor.
Pintura colectiva



*El Correo Vasco

Malditos sean

OPINIÓN de Gustavo Duch  

Se levantó con dolor de cabeza y es extraño no había bebido la noche anterior. ─ Maldita sea, ─ refunfuñó. La cafetera no avisó cuando salía el café y, maldita sea, se desparramó todo sobre la encimera. Tenía ganas de volverse a la cama, ni que fueran diez minutos, pero no podía ser, y con dos euros en el bolsillo salió a pasear la perra, comprar el pan y el periódico. Magdalena, la quiosquera siempre tan habladora, le gruñó algún comentario que no pudo entender, pues unas máquinas en la calle atravesaban el suelo que gimiendo fuerte no dejaba escuchar nada más. La perra le ladró varias veces, su amiga panadera no le regaló ese minicruasan que la hace tan feliz, ni las caricias posteriores. Pensó que tendría un mal día.

Camino del consultorio advirtió que le dolían los pies, como si los zapatos fueran un número menos, maldita sea, y decidió tomar el autobús. Desde la ventanilla calculó que para ser principios de verano no había casi nadie en la calle, curioso, ayer mismo se cruzó con varias pandillas de adolescentes tramando aventuras, con algunos abuelos que paseaban en cada mano una jaula para que sus pájaros tomaran el Sol, y un salto tuvo que dar para que aquella joven de cuerpo fibroso , distraída y silbando, no se le echará encima con su bicicleta.

La sala de espera, en cambio, para ser jueves estaba ya colmadita, y la enfermera le miró como diciendo, ─maldita sea, hoy tendremos un día terrible. Los dos primeros pacientes mostraron síntomas similares que su experiencia le ayudó a diagnosticar. Y ya no hizo pasar al tercero, sino que se subió a una de las sillas de la sala y explicó:

─ Quienes de ustedes escucharon ayer las noticias de los recortes, vieron en televisión a la policía apalear a las gentes de la marcha minera o se enteraron que en Cuenca se cierran más de cuarenta escuelas rurales, sufren una depresión aguda y yo, malditos sean, no sé curarla.

Ejercicios de libertad

OPINIÓN de Gustavo Duch  

Se ha demostrado, todos los cultivos sin son bien tratados, nacen, crecen y se reproducen sin pesticidas, que son venenos nada saludables. Frente a las monolíticas corporaciones energéticas y dominantes, pequeñas cooperativas hacen, distribuyen y venden energía local y verde. Un político es una persona como las demás, ni más ni menos y ni más ni menos tiene que ser su salario. Para evitar la pobreza se crea una Renta Ciudadana Mínima…


Las bolsas de plásticos se eliminan, las bolsas de valores se prohíben y las agencias de bolsa y rating se extinguen, como los mamuts. A las transacciones económicas especulativas se aplicará la Tasa Tobin o el impuesto Robín Hood. Las monedas ahorradas se depositarán en Cooperativas de Crédito o en Bancas Éticas. Los paraísos fiscales quedan excomulgados y se proclama la Economía del Bien Común. Sin soberanías monárquicas ni dictatoriales del mercado se recupera la Soberanía Alimentaria, Energética, Sexual y la que, soberanamente Usted tenga a bien proponer. Los mercados del libre comercio se sustituyen por mercados con comercios de alcachofas, pollos camperos y truchas salvajes. El déficit de los estados se resuelve con la defunción del aparato militar. Y con las armas sin uso se fabrican arados y arpas…

Para evitar el hambre se prohíbe el acaparamiento de tierras y especular con los alimentos. La tierra no se vende, se defiende, porque no es de nadie y así es de todos. Las deudas hay que auditarlas. Las injustas tienen un tratamiento justo, no pagarlas y las deudas justas y no pagadas, como la deuda ecológica, tienen un tratamiento que pasa por reconocerlas. Los estados que se llaman laicos que dejen de financiar a las iglesias apostólicas, romanas o católicas y se promueve contra toda corriente, pero sin cuentas corrientes, la meditación y la reflexión, gratis y sostenible…

Explican que se puede vivir sin dinero, y nos presentan las redes de intercambio. O se puede vivir dando valor a los bienes con monedas locales, haciendo imposible la especulación globalizada y el poder bancario. Estas monedas locales, sin reyes en el dorso, se pueden prestar desinteresadamente, porque se devuelven sin intereses…

Los mandamases mandan como quieren y no cuentan con la gente, pero la gente cuenta que hay Democracias Cooperativistas o Inclusivas donde las decisiones son bien aceptadas. Por ejemplo, se decide que las consultas o referéndums sean populares y que los plenarios de las instituciones públicas no exijan etiqueta. Por ejemplo, que las leyes electorales no privilegien a los siempre favoritos y que los favoritos dejen de tener privilegios, palcos y perdones…

Todas las escuelas del mundo enseñarán un idioma común: el lenguaje no sexista y no violento. En las universidades no se sentará cátedra, en las academias no se instruirán doctrinas, los planes formativos serán la Educación Liberadora para hacernos a todas y todos diferentes. Contra el paro, contra la explotación laboral y contra las prisas, la misma receta: reducción de la jornada…

Estas, y algunas más, son propuestas que se presentaron el pasado día 9 en la Plaza Catalunya, en el marco del Fòrum Social Català 2012, para la construcción –como dice el lema- de OTRO MUNDO ES POSIBLE. Desde el año 2001 con la celebración en Porto Alegre del primer Foro Social Mundial, estos han sido siempre espacios donde los movimientos sociales se encuentran para defender una globalización diferente.

Si un país diminuto como Catalunya, presenta un centenar de propuestas, sumen ustedes las que nacen del resto del Planeta, y respondamos a la cansina cantinela de los que no quieren cambiar nada: ― ¡Pero si no tienen propuestas¡ ― dicen con el dedo índice señalando las plazas y acampadas.

*La Jornada

Cubos y cubos de dinero

OPINIÓN de Gustavo Duch    

Detrás de estas nuevas conquistas de tierras hay un factor estratégico que pudiera pasar desapercibido: el agua dulce,

Hace cuatro años, la organización Grain tuvo que inventar una expresión para describir una práctica nueva de ganar «cubos y cubos de dinero» que hoy ya es ampliamente conocida, a la vez que denunciada: el acaparamiento de tierras. El capital financiero de los bancos y fondos de inversión, los petrodólares de algunos estados y las arcas de algunas grandes corporaciones agroalimentarias están invirtiendo sumas muy significativas en la adquisición de las mejores tierras fértiles en los países empobrecidos del Sur. Una jugada con beneficios a corto plazo (hacen de esas tierras cultivos intensivos de alimentos para la exportación o cultivos energéticos para la producción de agrocombustibles) y a largo plazo, pues después de ver cómo reventaban burbujas como la hipotecaria optan por un valor que especulativamente hablando siempre valdrá más, la tierra fértil. Como decía Mark Twain, «no se puede fabricar más», y con el aumento de la población cada vez será más necesaria.

El acaparamiento de estas tierras está alcanzando proporciones aterradoras, pues cada nueva hectárea adquirida -robada, en realidad- es el despojo del medio de vida de la población local que se alimenta en gran medida de su agricultura de subsistencia. Los 60 u 80 millones de hectáreas de tierras cultivables en países pobres que ya han pasado a manos extranjeras en los últimos años (una superficie que no cabría en todo el Estado español) apuntan a ser la causa estrella de las hambrunas y la pobreza del siglo XXI.

Algunos casos documentados son especulativos cien por cien y van ligados a los llamados mercados de futuros. Otros, como decía, se centran en ampliar grandes negocios agrarios, como la empresa Al Dahra de los Emiratos Árabes, que ha adquirido tierras en Namibia, Sudán, Egipto y ¡Lleida! para dedicarlas a su especialidad, el cultivo de heno y forrajes para la ganadería intensiva de su país. En los países africanos citados este acaparamiento de tierras fértiles es el desencadenante de más pobreza en las zonas rurales donde se da. En Catalunya, donde la crisis del sector agrícola es un hecho, ¿qué puede suponer este tipo de fenómeno si se extiende?

Detrás de estas nuevas conquistas de tierras hay un factor estratégico que pudiera pasar desapercibido: el agua dulce, que para los fondos de inversión que la persiguen puede también ser doblemente interesante. Se prevé, por un lado, que en un futuro el agua pueda ser, igual que el petróleo, los cereales o la tierra fértil, una inversión especulativa en los mercados; y por el otro y ligada a las adquisiciones de tierras, es el activo clave para sacarles el máximo rendimiento. Judson Hill, responsable de un fondo de capital involucrado, dijo que invertir en agua ligada a la agricultura representa ya «cubos y cubos de dinero». En el punto de mira está de nuevo el continente africano, que con sus grandes ríos tiene -dicen- una abundancia de agua dulce que ahora no se explota comercialmente. Si uno mira dónde se están adquiriendo tierras en África, observa que la práctica totalidad están junto a las cuencas de grandes ríos como el Nilo, el Níger, el Senegal, con acceso directo a agua para irrigar las nuevas megaplantaciones. Y esto ocurre en un territorio donde al menos una tercera parte de la población vive en áreas con escasez de agua.

Apropiarse de tierra y agua para exportar alimentos o combustibles en manos de capital extranjero no solo no beneficia a la población local sino que compromete un recurso que ella tanto necesita. La India y China son dos ejemplos muy claros en los que en el pasado se ha promocionado el uso masivo del agua para irrigación minando sus recursos hídricos actuales a niveles alarmantes. El abuso del agua hace de este recurso renovable un recurso agotable. Se calcula que 200 millones de personas en la India y 100 millones en China se alimentan de cultivos regados con el agua de las futuras generaciones.

Francina Cortés

Las inversiones que miran a África reproducirán los mismos errores. Según los cálculos de la FAO, toda la cuenca del Nilo, que abarca unos 10 países, puede permitir el riego como máximo de unos ocho millones de hectáreas. Solo en cuatro de estos países se riegan ya cinco millones de hectáreas con agua del Nilo. Según un reciente estudio de Grain, en estos mismos países ya se han traspasado más de ocho millones de hectáreas a los susodichos inversores para sus cultivos intensivos de… cubos de dinero. Lo mismo pasa en otras partes del continente. El Gobierno de Malí ya ha malvendido medio millón de hectáreas a inversores extranjeros, cuando los expertos calculan que el uso sostenible del agua solo alcanza para 250.000 hectáreas.

Los números no cuadran y la lógica no encaja. Si no se para este expolio, el futuro del mismo Nilo y otros ríos está en juego, y con ello el futuro de los millones de personas en el continente más afectado por la crisis climática. Grain (Nobel de Ecología), una vez más, ya ha bautizado esta realidad y habla de un suicidio hídrico a no ser que se impida que con la tierra y el agua se acaparen cubos y cubos de dinero.


*El Periódico de Catalunya. 

Soja, vuelta y vuelta

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot    

Capítulo uno: el engaño

Para la charla en la clase de sexto de primaria de mi sobrina Núria compré –por sólo un euro- la novedad ‘VUELTA Y VUELTA’ que según sus fabricantes, los señores de Campofrío, es, «por fin, algo sano que gusta a toda la familia». Los hay de pollo, pavo y jamón, que yo sepa.

Dos piezas redondas perfectas envasadas en plástico por los cuatro costados, listos para viajar a la Luna en el Apolo 11, con sus rayitas como de estar hechas en una barbacoa. En la información de la etiqueta a esos dibujos le llaman ‘recubrimiento decorativo’. Eso les hizo reir a mis pequeños oyentes. Les pareció más normal muchos de los otros ingredientes: agua, sal, azúcar, estabilizadores, antioxidantes, conservadores y dextrosa, pero ‘fliparon’ al descubrir que también incorpora algo que sirve como ‘potenciador de sabor’ y otra cosa que es ‘aroma de humo’. Que cara ponían imaginándose a deshollinadores trabajando para Campofrío.

Pero faltaban los ingredientes estrella: la carne. El de pavo lleva aproximadamente un 60% de pavo, el de pollo lleva un 50% de pollo y el de jamón un 70% de jamón. El resto de los ingredientes se completan con patata y soja.

Una niña lo comentó. -Entonces nos engañan porque pagamos pavo pero nos dan mitad pavo, mitad patata más soja.

Exacto, comenté yo. ¿Y sabéis como se alimentan los pollos, cerdos o pavos de Campofrío, BurgerKing o McDonalds? -por citar marcas que seguro conocen-.

-Con piensos –comentó un chavalín del fondo

-¿Y sabéis algún ingrediente del pienso para engordar animales?

-¡Soja! – chilló otro chaval, del que luego supe era hijo de pageses.

Y tan formalitos que se habían portado hasta entonces, se armó una buena. Habíamos descubierto que pagando un vuelta y vuelta de jamón, nos vendían un vuelta y vuelta de soja con patata.

La profesora de la clase echó cuentas y pidió la palabra:-Sabiendo esto, con un euro mejor compremos dos o tres kilos de patata.

Capítulo dos: la respuesta

-Y esto, Gustavo -preguntó mi sobrina- que tiene que ver con el hambre en el mundo de la que nos querías hablar.

Les puse algunas fotografías del monocultivo de soja en tierras sudamericanas y lo entendieron de nuevo muy fácilmente: ahí, hasta no hace tanto, millones de familias campesinas tenían su medio de vida y sustento.

Pero son niñas y niños, de once y doce años, y ya sabemos que cuando piensan algo, lo dicen sin detenerse a medir sus palabras. -¿No deberían estar los presidentes de estas compañías en la prisión?, preguntó una rubita de ojos saltones.

Capítulo tres: la indignación

Volviendo a casa recordé un dato fresquito. El tratamiento que reciben estas empresas de nuestra administración, no es precisamente el que comentaba la niña rubita. A Campofrío, de las ayudas de la Política Agraria Común (supuestamente para el campesinado) del pasado 2011, le han correspondido un total de 2’5 millones de euros. Les hemos comprado, entre toda la ciudadanía europea, dos millones y medio de provechosos Vuelta y Vuelta.


*Gustavo Duch Guillot es autor de Alimentos bajo sospecha y coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas. http://gustavoduch.wordpress.com/

El acaparamiento total

OPINIÓN de Gustavo Duch   

Primero fue el control de las semillas. Las grandes corporaciones sabiendo que son ‘el principio de la vida’ y ávidas por dominar la vida de todas y todos se lanzaron al control de un bien común que las haría poderosas. Muchas fueron las estrategias: patentaron la vida; hicieron desaparecer muchas variedades autóctonas con suposiciones productivistas; engendraron simientes estériles que se llaman híbridas o transgénicas; engullen a las pequeñas empresas locales de semillas; o financian el Arca de Noé en el Polo Norte, donde las preservan [para ellas] en un gran banco de germoplasma.

Un control que en pocos años ha alcanzado la categoría de acaparamiento. Como explican los estudios de ETC Group sólo entre tres empresas se reparten la mitad del mercado global de las semillas comerciales (Monsanto con una cuarta parte ella sola) siendo prácticamente las mismas empresas que dominan el polo opuesto: los pesticidas, herbicidas o plaguicidas, en definitiva ‘el final de la vida’.

Cifras similares de acaparamiento las encontramos si analizamos el poder corporativo en otros segmentos de la producción agroalimentaria, como los fertilizantes; la silvicultura; la comercialización de los granos básicos; la genética; la industria farmacéutica veterinaria y la producción animal; o el procesamiento y distribución de los alimentos.

Pero no es suficiente manjar para tantas tragaderas y en los últimos latidos de un capitalismo que se desmorona, buscan asegurar sus inversiones en nichos ‘a prueba de bombas’. Así hemos visto, y ha sido ampliamente denunciado por GRAIN, como en la última década ha brotado un impulso irrefrenable por el acaparamiento global de tierras. Disponer el capital como dispone actualmente (y sigue creciendo) entre unos 60 y 80 millones de hectáreas de tierra fértil significa administrar para su beneficio millones de toneladas de biomasa vegetal, convertida en alimentos, agrocombustibles o madera, así como otros recursos minerales ciertamente estratégicos.

El acaparamiento de tierras se extiende fundamentalmente por África pero también por otros lugares generando violentos conflictos como en Honduras o Colombia con decenas de personas campesinas muertas en la defensa de sus tierras; o en Andalucía (España), donde recientemente campesinos y campesinas sin tierra han sido desalojados de una finca pública que ocuparon para evitar su venta especulativa.

Pero no hemos acabado aquí. Un elemento estratégico falta para quien quiera ‘controlar’ el mundo, el agua dulce, pues sin ella es imposible la producción de alimentos, y la producción de negocios. La conquista por el agua camina de la mano del acaparamiento de tierras recién explicado. De hecho leyendo en un nuevo informe de GRAIN al respecto las declaraciones de Peter Brabeck-Letmathe, presidente y ex director general de Nestlé, las compras en realidad no son de tierra, sino «del libre acceso al agua que con ellas se consigue». Ciertamente, en dicho informe se analiza muy bien como la mayoría de las adquisiciones de tierras que se están dando en estos últimos años se corresponden con tierras que pueden acceder a buenos acuíferos y sobretodo a cuencas de importantes ríos como el Níger, el Senegal o el Nilo.

Los discursos en defensa de esta apropiación ya los conocemos,-utilizamos tierras y aguas que la gente no aprovecha para grandes plantaciones o cultivos que generarán desarrollo. Pero la historia de estos megaproyectos, la realidad de estas superplantaciones ligadas a la exportación, sabemos que no reporta beneficios a la población local. Hay demasiados ejemplos para ilustrarlo.

El acaparamiento de agua, además de ser un expolio que debe denunciarse y detenerse, acrecienta el problema de acceso directo al agua de muchos miles de familias campesinas, mermando sus posibilidades de vida pues estos proyectos se localizan en cabeceras o puntos estratégicos de los cauces. Pero surge un nuevo problema, el modelo intensivo de agricultura que se desarrollan para estos cultivos comerciales, así como los propios cultivos seleccionados para esas zonas, y el exigir a la tierra que esté en cosecha permanente (independientemente de lo que dicte el cielo y las lluvias) significa que todas esas nuevas zonas de cultivo ‘conquistadas’ a la población local van a poner en grave riesgo un sistema hídrico delicado que sólo con la sabiduría comunitaria se ha podido mantener. Es como dice GRAIN, un suicidio hídrico.

Semillas para producir intensivamente,
tierra para producir intensivamente,
agua para regar intensivamente
en manos de unos pocos fondos de inversión para acumular capital intensivamente,
es la peor de las pesadillas

*Gustavo Duch Guillot. Coordinador revista SOBERANÍA ALIMENTARI, BIODIVERSIDAD Y CULTURAS


El asesor

OPINIÓN de Gustavo Duch  


Como asesor de un alto cargo de la administración catalana la propuesta que tenía en la mesa era ciertamente atractiva. Una importante empresa invitaba a su superior a estrenar la temporada del Tuna Tour, «un viaje por el paisaje litoral de la Costa Daurada, de una belleza única, hasta las piscinas de atún rojo, situadas a 2,5 millas náuticas de la costa»

¿Le aconsejaba que se embarcara en el catamarán de la empresa Balfegó? –cavilaba-. Por un lado, un paseo por alta mar con gorra y náuticas puede ser una portada brillante: ‘un hombre de estado oteando el horizonte’. Y al llegar a las redes donde enjaulan y engordan a los atunes rojos, el chapuzón con estos portentosos animales que propone el circuito, sería visto como símbolo de arrojo, nunca mejor dicho.

Ahora bien, si hablamos de atunes enjaulados, ¿no habrá gato encerrado? La información que le facilitó Ecologistas en Acción no dejaba lugar a dudas. Estamos frente a una promoción turística de una actividad económica que no debería llevarse a cabo. No es aceptable la captura de individuos –salvajes y jóvenes- de una especie como el atún rojo en peligro de extinción para posteriormente engordarlos y servirlos a los hambrientos mercados internacionales. Con menos individuos libremente aleteando, claramente se incrementan los peligros de supervivencia de la especie. Además, para que los ejemplares capturados engorden 1 kg se les ofrecen 20kg de otras especies poniendo entonces en peligro futuros recursos alimenticios y todo el ecosistema marino así como otro tipo de actividades pesqueras.

Tomó uno de esos papelitos de notas amarillas que se enganchan, lo pego sobre la carta de propuesta y anotó, «no, ni elefantes al servicio de la Corona, ni atunes al servicio de los Mercados»

Madrid vs Barcelona, un nuevo reto

OPINIÓN de Gustavo Duch  

¿Saben aquí, en su América Indígena y Latina, que en España asistimos a una nueva competencia Madrid vs Barcelona? No es la liga de futbol ni la del baloncesto, ni la distinción por ser Capital Verde Europea. Las dos ciudades compiten estos días por recibir entusiasmadísimas e impacientes la edificación de un complejo turístico y de juego que quiere ser réplica de Las Vegas. A falta de ubicación el bautizo ya se ha oficiado: EUROVEGAS.

Un nuevo duelo de nuestra clase política que, envidiosa de ronaldos y messis, se imaginan en las telenoticias con tijeras doradas cortando cintas inaugurales (costumbre también de viejos dictadores que nunca pasan de moda), pronunciando discursos grandilocuentes con fuegos artificiales de fondo mientras el público aplaudimos sus genialidades. Igual en Madrid que en Barcelona, pues de partidos políticos diferentes, sueñan sueños iguales

¿Los motivos de tal proyecto? En un admirable ejercicio de imaginación el Mausoleo Las Vegas vendrá a rescatarnos de la crisis, a inyectar fondos a las arcas públicas y generar empleo directo para 200.000 personas y 100.000 más en indirectos. Una lluvia de dólares, que llegaría como un regalo envuelto en progreso que sólo los falsos progresistas ―dicen― se atreven a cuestionar.

Pues sí, cuestionemos ¿falsos progresistas o falso progreso? Porque más y más rascacielos para jugar a tocar el cielo es progresar a peor. Lo sabemos, científicamente está probado que el crecimiento perpetuo sólo lleva al abismo. Cuando las visiones más visionarias (y el sentido común con más sentido) nos presenta alternativas al crecimiento sin ton ni son, Madrid y Barcelona se ciegan por una inversión al estilo del Viejo Oeste. Cuando el ciclo capitalista está acabando, Madrid y Barcelona quieren ser su capital, sin entender que la agraciada será un simple cementerio.

También la Historia con su particular mano dura desmonta estos mitos y ensoñaciones. Setenta años después de la construcción de Las Vegas, el estado que la resguarda, Nevada, ocupa las últimas posiciones en calidad escolar, en salud de su ciudadanía y en proporción de jóvenes con título universitario de la Unión. En cambio, es abochornada medalla de oro en desocupación y paro, medalla de plata en ejecuciones hipotecarias y medalla de bronce en crímenes.

El Capital inversor ya ha exigido modificaciones en las leyes laborales y de fiscalidad. Como buenos tahúres en la primera mano han empezado muy fuerte, con un gran farol: ¡centenares de miles de puestos de trabajo!, cuando en realidad serán pocos, precarios y sin futuro. Y como los libros de cuentas los llevará el contable de Al Capone, tienen que hacerse algunos retoques jurídicos para facilitar su trabajo. Efectivamente, como en el Viejo y lejano Oeste, la ciudad elegida deberá de ser ciudad sin Ley.

¿Y por qué España? Dicen que por el buen clima y el buen trato, y es cierto. Aquí y ahora con las arcas del Estado en subasta especulativa, el clima para estos negocios de casino es el mejorcito. Y el buen trato deparado a timadores y tramposos se cuenta en las guías turísticas como algo digno de conocer.

La candidatura de Barcelona, además y loquita por agradar, ha ofrecido en la permuta 250 hectáreas de sus mejores terrenos agrícolas periurbanos en el Delta del Llobregat. Lo vocean nuestros representantes políticos ―”se cambia paraíso agrario con sus payeses y payesas, por un paraíso fiscal de evasores de impuestos y las cartas marcadas”. Una mala jugada, porque sustituir alcachofas, zanahorias o puerros por campos de golf, ruletas y macrosalas de eventos puede parecer adelanto, pero es sólo un comic de ciencia ficción.

Pero Sr. Sheldon Adelson, propietario de estos negocios, ―inversiones, dice la clase política española que le está cortejando, -sepa que le esconden una información clave a la hora de tomar su decisión. La población de Madrid y Barcelona no son títeres de sus administraciones y su iniciativa desafía a un invencible ejército de cucarachas que de un proyecto de precariedad laboral, injusticia fiscal, destrucción ambiental y desigualdad social, hará un sueño imposible.


Los diccionarios de una nueva humanidad ya tienen las primeras galeradas. «Casino: dícese del hábitat natural del Capitalismo, donde anidaban especuladores, derrochadores, estafadores y otros pájaros extintos».