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La Teta Pública

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.-  El dinero explica el poder, es fuente de engaño, de rebatiñas, guarida de hampones. Algún Papa lo llamó el estiércol del demonio. Para el escritor Fernando Vallejo es la causa de causas que explica la larga historia colombiana, una lucha de unas cuantas familias de la clase dirigente por apropiarse del presupuesto público, para algunos de una quinientas familias, para otros de unas cinco mil personas. Es indiscutible que el principal cáncer que amenaza de muerte a este país como a muchos del hemisferio es la mayúscula corrupción en su compleja variedad: puestos públicos con altos salarios y escandalosas y oscuras prebendas, contratos para hacer puentes donde no hay ríos y así con los demás renglones fundamentales de la economía como son la salud, educación, vivienda, alimentos, pensiones… grandes flujos de dinero son captados y simulan ejecutarse o simplemente cumplen con engordar los negocios de las familias políticas. Es la manera de hacer dinero de nuestros empresarios.

Ejemplos los hay en miles, la irracionalidad por el tener como sucede con los magistrados que devenga alrededor de 25 millones de pesos, más de cuarenta veces de lo que gana un obrero con su sueldo básico. Pero esta cifra es baja, es representativa para un hombre ambicioso. El país conoce que esa alta dignidad así como la de otros muchos de altos cargos tan solo son posiciones estratégicas sobre el tablero del mundo de los negocios. Aquí le llaman la puerta giratoria, en un cargo público se preparan las condiciones para el mundo privado de los grandes negocios, de las grandes empresas, de los grandes empresarios del país, así la riqueza circula entre ellos.

Ilustra el escándalo del magistrado Pretelt, su alta salario no es lo importante, claves son las funciones de su empleo: definir fallos que favorezcan en dividendos económicos a sus amigos empresarios y las comisiones que ganan bajo la mesa, incluso participar de la repartición de la torta del mundo criminal. Sucedió con la apropiación ilegal de las tierras de campesinos, en alianza con los la delincuencia paramilitar se robaron más de cinco fincas, este magistrado acumuló tierras violando el tope de hectáreas que un ciudadano puede permitirse. En este tema de los altos funcionarios de la justicia que concentran mucho poder, se ha criticado las alianzas abiertas con el mundo del litigio, empresarial y político. Cuando terminan su período, los espera asegurar fallos millonarios, ocupar altos cargos políticos. Tienen mucha capacidad de influir, es la concentración del poder.

La vida se impone. El río del tiempo nos lleva y nos trae. A cada quien le llega su hora, pero la sociedad sigue su marcha. Los hombres son finitos, a cada quien le va llegando su turno, pero la sociedad se mantiene, a menos que a algún loco de atar oprima tan sólo un botón y haga estallar alguna bomba atómica. Mientras tanto se procura vivir en el mejor de los mundos posibles. Colombia tiene esa dura realidad de los chorros de sangre, de los hombres de poder y fortuna inmisericordes, ajenos a la solidaridad y al sufrimiento de sus congéneres pobres. En el presente se busca la paz con los insurgentes, no debemos olvidar que el perdón nos es menos vanidoso que la venganza.

En la mítica sociedad existen metodologías para aliviar la maldad, para cerrar el círculo de la violencia, los chivos expiatorios son vehículos que catalizan las venganzas y traen la paz. Se me ocurre que una forma de dar sanación, de dar vida es con la donación de órganos. Qué tal si los hombres que antes fueron fuente de maldad y muerte, en un gesto de generosidad donaran sus órganos a sus víctimas o a sus conciudadanos que los necesitaran. Con ello se restablecería la vida a quien la peligra con apagarse. La donación de órganos es una forma de prolongar la vida de quien ha muerto en su posible receptor, se extiende el espíritu de comunidad, nos enlazamos unos a otros cuando antes nos definía el distanciamiento.

Compleja es la sociedad y más aún con los grupos de poder que todo lo envenenan. El poder debe desconcentrarse. Y los daños causados a los hombres deben repararse, deben procesarse con rituales o metodologías que alivien el dolor para que cese el veloz círculo de la violencia. La ambición rompe el saco, la pleonexia llamaron los griegos a esos deseos ilimitados por el tener. En la necesaria organización social a los ratones no se les puede poner a cuidar el queso, pues sabido es que hacen fiesta cuando el gato no está. En las democracias de verdad es fundamental la separación de poderes para sus controles efectivos y evitar que un país se convierta en tan solo una guarida de hampones que rapiñan por la teta pública.

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Ciudad

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia- La casa no es una suma de ladrillos ni de travesaños. La casa es abrigo, es segunda piel, es nuestro micro universo que nos devela en lo que somos, en nuestros gustos, en nuestra psiquis. La ciudad es nuestro yo exteriorizado, familia extendida que nos identifica en la cultura que nos atrapa, a donde fueres, haz lo que vieres. Cuando se camina por las principales calles de Medellín, queda al descubierto el configurado mundo social. Por el centro confluye la vida del rebusque, atrás quedó el orgulloso vividero de mostrar espaciosos apartamentos de los que las familias adineradas hicieron gala.

Entonces, ¿qué sucedió? Retomando la descripción de León de Greiff: Nada... Cosas de todo día. Sucesos banales. Gente necia, local y chata y roma. Gran tráfico en el marco de la plaza. Chismes, catolicismo. Y una total inopia en los cerebros... Cual si todo se fincara en la riqueza, en menjurjes bursátiles y en un mayor volumen de la panza. Estamos de acuerdo, al cuerpo entero lo ha sabido coronar la desnuda ambición por el Tener, pasar todo la vida atesorando, viviendo en la tacañería, descuidando las estéticas de la vida, de la ciudad. Sino cómo explicar que lo impersonal del espacio, el descuido de lo bello, le sobreviene su abandono, ventanas rotas, lugares que no provocan por su solo utilitarismo raso de lo mercantil.

Recuérdese el absurdo tiempo aquel en el que la clase dirigente acabó con el Centro de la ciudad, momento en el cual convirtió la avenida Oriental en principal arteria vial, todo el transporte liviano y pesado fue embutido allí, los veloces vehículos desplazaron al peatón y su lento caminar, las calles se volvieron amenaza para las vidas. Además de aquel agitado hollín, sobre vinieron la apertura de locales aquí y allá, carpas improvisadas que se extienden desde sus techumbres, derivando todo lo que atrae al comercio, un local aquí, otro allí, estos a la vez desencadenan en cascada una variedad de ofertas formales e informales ocupando calles y andenes, para caminar, el peatón tiene que saltar de un lado a otro, esquivando obstáculos y ladrones. Discotecas y cantinas ponen otro tanto a lo caótico y ruidoso. Los funcionarios de la planeación llaman a esto zona mixta, la palabreja suaviza esto de lo mercantil y de mal gusto.

Otras dos avenidas, la famosa 33 y sus alrededores, antes bellas casas, de una o máximo dos plantas, con amplios andenes y tranquilas calles, el sólo flujo vehicular principal era el de sus residentes. Pero la dicha duró hasta que vino la llamada zona mixta, poco a poco abrieron un local de repuestos, otro de vanidad, más luego y más acá una pequeña taberna, luego una discoteca, a sus alrededores prostíbulos, y por supuesto todo lo demás que atrae el comercio: venta de drogas ilícitas, las calles, aceras fueron ocupadas por el comercio y automotores, el caminar imposible y vivir muy peligroso.

La otra gran avenida es la llamada El Poblado, le da su nombre la también así llamada comuna, hasta hace muy poco residencia de los ricos de la provinciana Medellín, antes, recuérdese, lo fue Prado centro, luego Boston, y después, se fueron de la ciudad para Llano Grande, en el municipio de Rionegro, muy cerca del aeropuerto internacional, muy propio para estos globalizados empresarios. Está avenida ha sido famosa no sólo porque fue residencia de los ricos (en el imaginario aún se sigue creyendo) ahora lo es de la clase media, allí se lucen los mejores edificios de la banca y de las empresas con sus sedes administrativas, se encuentran lujosos hoteles y buena parte de la oferta gastronómica, los constructores llaman a esta avenida la Milla de Oro, significan con ello lo exclusivo del sector para atraer inversionistas.

Pero en medio y alrededor de todos estos edificios, hoy se encuentra la misma lógica descrita. Para vergüenza de la entonces estilizada clase rica, por sus aceras desfilaban los sucios y malolientes pobres en busca de sobras de pan, indígenas sentados en las esquinas estirando sus manos para alcanzar algunas monedas de algún transeúnte que quiere cosechar méritos celestes. Allí también se encuentran chazas, alternativas de los pobres desempleados, ofrecen cigarrillos, dulces, frutas, empanadas... en las peores condiciones higiénicas, con la mano que pelan las frutas, con esa misma reciben las monedas, de vez en cuando lavan las manos en una caneca con el mismo caldo biótico conservado durante todo el día. Los transeúntes ya se acostumbraron a los lixiviados y orinas de taxistas, ya hacen parte su degustación.

Y otros iconos tanto el Parque llamado El poblado como el Lleras, tienen sus dificultades. En aquel es plaza de vicio, allí se hacen drogadictos y expendedores, en éste los altos decibeles deleitan a extranjeros y hacen entrar en calor a las mujeres del comercio sexual. Lo llamado de zona mixta vuelve con sus estragos. Cómo no mencionar lo denunciado por los habitantes residentes, el injusto y excesivo cobro de valorización realizado este año por su alcalde, denuncian en ello la conocida metodología de expulsión para favorecer a los constructores. 

Esta lógica arrasa a lo largo y ancho con los espacios públicos, desatenta del buen vivir. Del hábitat humano se pasó a zona de comercio. Motos y carros parquean en calles y andenes, y de transeúntes, invidentes, ninguna consideración, eso de ciudad incluyente es pendejada de humanistas, la regla vigente es sálvese quien pueda, que venza el más fuerte, buenos aprendices del errático darwinismo social.

La cultura mercantil toma forma ilegal. Con el episodio del paramilitarismo se acuñó el término Estado Mafioso, expresión luego develada con la toma de peligrosos asesinos en todas las ramas del poder, pasar revista a la prensa para evidenciarse, lo más reciente corre por cuenta de un magistrado corrupto y despojador de tierras a los campesinos.

En la pantalla chica se reproduce y exhibe el crimen y la muerte, enseñan a gozar con la desgracia para ganar rating. Niñas de dos años violadas por sus padres o familiar cercano; hijos y nietos que extorsionan a sus padres y abuelos so pena de muerte; madres hábiles en entrenar a su prole para robos en almacenes; mujeres bellas que usan sus atributos como carnadas para atracar a los viriles y adinerados ejecutivos. Madres que venden a su hija y fingen secuestro para cobrar recompensa. Es mi país con su loco apellido de la inequidad.

Abel fue agricultor, plantaba la vida. Caín fue ganadero, el sacrificio era lo suyo. Diestro en armas, luego mató a su hermano. Los paisas tuvieron por herramientas el hacha y el machete, con aquella hicieron tala, con este el despeje de la maleza y de vez en vez zanjar diferencias por linderos que no cuadraban. Como en el tiempo bíblico, el ganadero familiarizado con la muerte animal pasó al asesinato. Nuestra cultura es mafiosa, la pobreza aviva el fuego violento en un espacio, en una ciudad no apta para la convivencia. Lo mercantil es primacía.

Redes de poder

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- Si el poder quieres buscar, el dinero debes encontrar. Tras de cada hombre de poder se encuentra el dueño de un gran capital. Evidente que en el mundo político, la verdadera influencia la ejercen los ricos adinerados. Los políticos son tan sólo extensiones que gesticulan y se mueven según los gustos de sus patrones. Es ya común decir que los empresarios son gobiernistas y no partidistas, esto es, con cualquiera que suba ganan, los gobiernos siempre dependen del poder del dinero, los políticos son solo funcionarios habilidosos en la demagogia para manipular a la mayoría pobre. Aunque existen casos en que no se delega el poder político y son los mismos empresarios quienes toman las propias riendas, caso Silvio Berlusconi en Italia, ejemplos pueden encontrarse en criollos latinoamericanos y quedan a la imaginación de cada quien.

Gianni Versace, en el programa redes de poder de Discovery Civilization, al ser preguntado si en caso de pedir audiencia al Papa, al primer ministro, y a cual político que quisiera, le sería concedida, respondía que sí, la clave se encuentra en que es el hombre más adinerado de Milán, de Italia. Vuestra Majestad es el dinero. La fortuna provee el poder, el mundo de la fortuna supedita al poder político, el poder empresarial es más perdurable, una empresa familiar puede durar décadas incluso siglos, mientras que un gobierno es cambiante en los períodos cortos establecidos, pero el empresario siempre está ahí, siempre gana sin importar el vigente político.

En la ciudad de los Ángeles, en ese programa de redes de poder, muestran las alfombras rojas de Hollywood y sobre ellas los pasos estilizados de la farándula con sus trajes costosos quieren atraer algún buen contrato pero allá, detrás de los telones no se ocultan sus angustiosos rostros que develan vidas ruinosas gracias al mundo digital y la piratería que parece estarle cavando la tumba a Hollywood. En otro punto de la ciudad se encuentra el alcalde, quien concede unos minutos de su apretada agenda al periodista. Su gran preocupación es mediática, está en que su asesor de imagen seleccione el mejor ángulo de su rostro, la mejor sonrisa simpática, por lo demás todo aburrido, los mismos lugares comunes del demagogo: la ciudad mejorará en vías, seguridad, oportunidades de empleo, y bla, bla, bla.

La expresión redes de poder es común escucharla también en la clase media cuando refiere a contactos que ocupan posiciones privilegiadas en cargos públicos y privados desde los cuales pueden influir y tender la mano a sus amigos y allegados necesitados. Para hacerse a un lugar de poder siendo un ciudadano de a pie o que no tiene influencia, basta con hacerse a un amigo, caerle en gracia a un hombre que tenga alguna porción de poder, entonces tranzan relación haciendo una donación considerable a la campaña de algún político, o con aportarle alguna votación, favores estos que serán regresados.

En los orígenes de la democracia griega estaba el ágora y los civitas, la plaza pública y los ciudadanos, reunidos en sinceridad para buscar soluciones racionales y argumentadas a sus problemas, la actitud parresiastés o decir la verdad a toda costa de cualquier riesgo. Hoy la diferencia es el aparecimiento del demagogo, quien engaña la voluntad general para beneficiar a unos pocos. En la historia cristiana el ángel se cae, se vuelve maldito porque se guarda la información, la retiene para sí, para su provecho; y eso es el poder en la actualidad.

En el mundo futurista Borges se pregunta ¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen.

Colombia. Rituales de Sanción

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- La subversión colombiana alega raíces históricas del conflicto armado para esquivar encarcelamientos, mientras que la dirigencia colombiana ve inamovible los castigos para los considerados crímenes de lesa humanidad. La cuerda se tensa con los bandos opuestos, en la mitad la población, la sociedad que ha padecido los efectos de la guerra, y más aún la cultura que como cuerpo vivo reclama para sí dinámicas culturales, sus rituales que suelen darse en donde haya asentamiento humano. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

Las faltas por justificables que sean requieren de procesos de sanción, son maneras en que se dinamizan los procesos de cultura y educación para todos los miembros de una sociedad. Ejemplos son los mitos con su función equilibrio para los grupos humanos en sus particularidades. Nuestra sociedad no escapa de los imaginarios, por tiempos se nos ha enseñado que los males son causa de las guerrillas, es el demonio construido al cual teme la sociedad entera, las encuestas hablan de más del ochenta por ciento del rechazo social hacia la subversión. El sueño de la mayoría pobre es tener un empleo, para el rico bañarse en oro de plusvalía, enseñan a los pobres desde la más temprana edad a soñar con la casa, carro y empleos de subsistencia, quien dispensa es el capitalismo, quien los frena y amenaza son las izquierdas, castro - chavismo es el término acuñado.

Imaginarios los mundos de cada quien, moldeados en el laboratorio del mundo real, de ese que resulta de las interacciones sociales, de sus inercias y de sus innovaciones. Los sueños humanitarios contrastan con el capitalismo neoliberal que esclaviza a sus gentes en el consumo de chucherías, el mismo que fragiliza los lazos comunitarios, el sálvese quien pueda.

Se vive tanto de realidades como de imaginarios, la comunidad es un cuerpo vivo que aprende y desaprende. Las élites en Colombia manejan a su amaño la justicia, con sus crímenes y estafas han estilado que huyen del país, se refugian en otra nación para esquivar los castigos hasta que lleguen sus amigos al poder y los exoneren de culpas. Estos hechos envían mensajes erráticos para el conjunto de la sociedad como que el crimen sí paga. La ley es traje hecho a medida de quien mejor pueda pagárselo, a los demás conformarse con los demasiado ancho o demasiado estrecho. 

Las reinserciones del pasado han aportado poco, el capitalismo sigue arrasando con lo poco que queda del Estado de Bienestar, a la mayoría de los ex combatientes se los ha tragado la miseria, a su élite los ha seducido la vida burgués, el trago y los placeres desmedidos son su trofeo a mostrar, muy pocos se merecen el título de luchadores demócratas como lo son Antonio Navarro y Gustavo Petro, persistentes en sus batallas desde lo legislativo y del ejecutivo. La vida en sociedad se teje día a día, paso a paso, las grandes revoluciones empiezan con pequeñas cosas.

Los retos son grandes, la sociedad entera le espera proveerse de sus mecanismos que la recompongan, arregle sus desajustes tanto de la clase rebelde como de la que ha estado en el poder, todos tienen que aprender con los rituales necesarios de sanción.

Estado Incompleto

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- Sí queremos paz, pero no la que quieren los fachos, los godos y terratenientes. Estamos alegres y festivos, celebramos el diálogo y sus avances entre las guerrillas de izquierda y el gobierno colombiano, no hay excusa para no hacerlo, no hay razones para seguir insistiendo en la muerte, más de cincuenta años guerreando sin otra victoria que la de un río de sangre, cientos de asesinatos, millones de víctimas. Razón tienen quienes afirman una y otra vez que los muertos caídos pertenecen del bando de los más débiles, de los que nada tienen. He allí una diferencia que parte en dos la historia: mientras que en los inicios de la república por los años de 1829, las llamadas guerras civiles eran encabezadas por representantes de la alta aristocracia o por ellos mismos; las del siglo XX, son por las gentes del pueblo.

Anacronismo llaman a los hechos atemporales. Las sociedades viven sus propias contradicciones, la nuestra la de un Estado incompleto, tiene muchos postulados de la llamada modernidad pero inoperantes cuando se trata de materializar un bienestar general. Por el contrario, los privilegios son para unos pocos y para la mayoría privaciones y escasez. Se postula el derecho a la paz, y a diario la guerra nos amenaza con llevarnos la vida, otro tanto se dice de la salud, educación y demás de los Estados Modernos. Pero no se puede pretender obtener resultados distintos haciendo lo mismo. Lo que hoy llamamos Estado responde a las características propias de un sistema feudal. No olvidemos que al invento de los Estados está anexo la democracia, garantizar una buena administración de la cosa pública, evitar la concentración de poder que se aleja de lo real y sus pobladores, procurar el bienestar general.

Se nos impone un reto, romper el círculo de la violencia. No será la primera vez, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Somos depredadores y la cultura encausa a tomar atajos para sacar ventajas a nuestros contendores. Nuestro Estado Feudal con máscara de moderno mantiene y perpetúa la violencia. Se guerrea por mantener privilegios, quienes denuncian y proclaman igualdad y libertad son tachados de terroristas. El derecho natural a impugnar es un crimen. Políticos, Empresarios, industriales, académicos, militares, todos ellos a firmar la paz. 

El perdón se hace necesario, pero que haya lecciones de aprendizaje, bien lo ha dicho el primer mandatario que las penas alternativas deben ser efectivas, auténticas, y no simples simulacros. El hombre es un animal de costumbres, en su vivir cultural demanda aprender, representar, rememorar, aplicar. Y si algo no funciona, cambiarlo. No temer a la rebeldía, no olvidar que sólo basta que tan sólo un hombre impugne para percatarse de que algo anda mal en toda la sociedad. La tolerancia es condición para la convivencia.

Comprenden bien quienes insisten en sacar al patán que llevamos dentro, las intervenciones de cultura ciudadana, la pedagogía de la paz se impone para desaprender la guerra y posibilitar el espíritu de paz. Eso está bien que suceda. Pero tenemos un reparo, la paz que se discute es feudal, es de la de los campos colombianos, no vemos plantearse las grandes problemáticas que acechan a más de la mitad de la población que viven en las ciudades. Allí el crimen retumba: desplazados intraurbanos, microtráfico, extorsiones a granel, trata de personas, corrupción de la feudal clase dirigente, los mismos con las mismas, sistemas políticos clientelares, mandatarios demagógicos, robos, obras inconclusas, vías atolladas, creciente contaminación ambiental, asesinatos por cualquier paga, pobreza, delincuencia. Las sujeciones al neoliberalismo fragilizan los lazos entre individuos, impiden y destruyen el tejido social, las relaciones de hermandad. Las ciudades enferman, claman modernidad al Estado aún incompleto.
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Construir Estado

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- Batirse es tradición colombiana, buenos aprendices de la cultura occidental, esa que enseña de las lógicas duales amigos versus enemigos, y asumen que gobernar es obligar obediencia incuestionada. Los hombres se pelean entre sí, el Estado, signado por el mercado, ejerce la violencia contra los disidentes para imponer sus razones, para defender sus intereses, el poder financiero somete a la administración pública. Sabido es que el dinero como fin, todo lo envenena, los deseos ilimitados, sin freno, producen lo peor de la condición humana. Sale a la luz pública el informe de la Comisión Histórica del conflicto, resaltamos puntos matrices a nuestro modo de ver.

El precario Estado, aún sin consolidarse, atiza la intolerancia para que se maten unos a otros, el ejercicio de la violencia se vuelve legítimo, cosa de todo día, los gobernantes sirven al crudo mercado de los negocios de la tierra, luego a su mutación del narcotráfico que produce muchas ganancias, pero al mismo tiempo mucha degradación del conflicto por su aspecto de ilegalidad.

El negocio de fácil riqueza seduce mucho, absorbe muchos renglones de la economía para el lavado de sus activos, siendo su punto culmen la llamada apertura económica en la década del noventa, se relega la producción interna, pequeños propietarios caen en la ruina, el desempleo galopa, la nuevas formas de empleo son mezquinas, acaban con las prestaciones sociales, deterioran los servicios públicos y de salud privatizándolos. El Estado se reduce a su mínima expresión, la empresa privado lo sustituye y todo lo vuelve negocio.

El narcotráfico articula zonas grises de la economía. Por su fácil enriquecimiento pero con mucha sangre, reemplaza la economía agraria, minera y cafetera, incluso la industrial a través de la apertura económica, que privilegió el lavado de activos y el estímulo del parasitismo comercial, el fácil enriquecimiento sedujo al país capitalista, aparece la burbuja inmobiliaria. La inequidad es campeona, la población en desespero busca como salir de la ruina, en las esquinas los matones de barrio ofrecen pagas para el crimen. De otro lado se acorrala a los inconformes, a los disidentes políticos, en los montes surgen las guerrillas izquierdistas.

El Estado responde con la fuerza a las disidencias, a las protestas, teme que la insurgencia se tome las ciudades y con ellas el poder. A la población civil, a las organizaciones sociales, estudiantes son asimilados como auxiliadores de las guerrillas. La respuesta es el llamado Estatuto de Seguridad Nacional, pariente de la denominada Guerra Frías, y no es más que penalizar cualquier tipo de protesta, incluso ejercer la violencia, la muerte con grupos de ultraderecha.

El experimento es bien conocido, ésta metodología del miedo y de la muerte tuvo y sigue dando dolorosos resultados para la vergüenza humana. Por su violencia que correaba sangre por todos los poros, el narcotráfico debilitó la escasa institucionalidad existente. El partido político de la Unión Patriótica fue exterminado con sus más de seis mil militantes, líderes sociales, políticos y candidatos presidenciales asesinados. Los grupos de paramilitares estaban a la orden del día, y muchos etc. Se evidencia la estrategia o alianza del Estado con los grupos de ultraderecha

La democracia enseña en su naturaleza el ejercicio de las decisiones para procurar el bienestar colectivo, a ello se le llama descentralización, pero desvirtuada con controles severos desde el poder central, así garantizan que las inversiones beneficien a sus amigos empresarios. Así los entes territoriales tan sólo son extensiones que hacen gracia a la tercerización de los servicios básicos.

Más allá de la reparación o demás caminos de la paz, importa mucho más el horizonte de construir Estado Democrático, poderes descentralizados con el gobierno de la gente en vez de sistemas degradados como el parlamentarismo, de construir una nación para el bienestar social.

Espíritu Político

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- La victoria en la guerra es la paz, nadie es tan tonto como para preferir el sufrimiento y la desgracia en su vida y la de los suyos. La vida son las fuerzas que contrarrestan la muerte, es una constante lucha por preservarla, por reafirmarla. Se deriva entonces que la naturaleza humana es un permanente rehacerse, una sociedad madura vibra en las contradicciones, el conflicto resulta ser una oportunidad para crecer. Basta con que un solo individuo de la sociedad esté en desacuerdo para inmediatamente percatarse de que algo anda mal.



Una regla es regla cuando arregla, cuando corrige, y las normas sociales están en permanente construcción, en permanente negociación, no las hay perennes, perfectas, creadas de una vez para siempre. Por el contrario, son provisionales, por eso la impugnación recrea y rehace la norma, por ello se dice que la paz es de naturaleza política, en las naturales inconformidades humanas se construyen acuerdos y se evita el pobre recurso de la fuerza bruta, de disparar una arma para asesinar a sus contradictores.

Colombia tiene uno de los mejores avances en el mundo en lo que respecta a las negociaciones adelantadas con las guerrillas, en el conflicto interno que frena la vida y de la cuál algunos pocos disienten porque hacen parte del rentable negocio de la muerte: industria armamentista, señores terratenientes que se quedan con las mejores tierras para su explotación bien sea legal o ilegal, etc.

Este sector denominado ultraderecha ponen como correa de transmisión a personas como Álvaro Uribe del partido Centro Democrático, rechazan cualquier propuesta de paz en disonancia con el clamor nacional, de buscar fin a un conflicto que destruye miles de vidas diarias, las estadísticas hablan de más de seis millones de víctimas, y desde los años cincuenta del siglo pasado de más de ocho cientos mil muertos.

El acontecer político en Colombia se la juega en reversar la cultura de la muerte por la del entendimiento que procura la vida. El gobierno nacional tuvo el mandato de la paz, es su obligación irradiar ese espíritu para que en todo el territorio se hable el mismo lenguaje, por eso los partidos políticos hacen sus cálculos para poner a sus mejores cuadros, las casas políticas regionales se la juegan por detener la insistente muerte. La paz es política y no jurídica.

El espíritu político no es más que reconocer que las leyes, las normas sociales están en permanente construcción a través de la discrepancia, de la impugnación sin que haya necesidad de eliminar a los contradictores. El espíritu político es entender esta dinámica de confianza que se construyen y reconstruyen en un grupo, en una sociedad determinada, sin necesidad de caer en el dogma de la norma por la norma, como cuando se dice del santanderismo, una vocación a la proliferación de leyes y leyes en ausencia de la confianza que debe construirse entre los seres humanos sin la necesidad de estar garantizando o verificando de que todo quede por escrito. No todo está dicho, una norma, una ley es provisional hasta que se constata su utilidad, hasta que un alguien la impugne para saberse que algo anda mal. Es el espíritu de la política, el arte de lo posible por inverosímil que parezca.

El Espíritu Público

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia- En los mensajes vale la sentencia: lo bueno, si breve, dos veces bueno. El dueño de Facebook Mark Zuckerberg, afirma que la contundencia de los mensajes se encuentra en su autenticidad, en lo original que son. Su efecto inmediato es hacer sentir cercana a la persona sin importar las lejanías en los que se encuentran sus destinatarios. Su resultado es la conmoción, la afectiva recepción, el hecho de la sinceridad lleva la magia de hacer próximo a quien se encuentra lejos, convierte en cercanía lo virtual lejano. Tanto la forma como el contenido si son auténticos gustan a la gente, como cuando leemos a un buen novelista, por ejemplo, Saramago, todo parece que nos hablaran al oído.

Recordemos a la abuela Mercedes, señora humilde que en medio de su sencillez logró un mensaje efectivo al asociar al entonces candidato presidencial Juan Manuel Santos con la gente pobre. Su mensaje se centró en dar las razones por las cuales era su preferencia política, pues éste estaba a favor de los pobres en tanto les iba a dar vivienda, contrario a su contendor que era más bien una amenaza: no va a votar por ‘Zurriaga’, refiriéndose a Óscar Iván Zuluaga. Porque él dice que a los viejitos y a los pobres arruinados como yo, si no tienen plata no tienen casa. Y el otro man dice que sí, que nos dan a los pobres arruinados casita baratica. Y por eso voy a votar por ‘JuanPa’, ¿por ‘JuanPa’ es? Bueno, ¡por ese otro!”… Voy a votar por ‘JuanPa’ aún cuando mi sobrina está retratada con ‘Zurriaga’. Y mi hija puso una vaina en…en…¡la maricada esa que le hacen con el dedo pa’ allá y pa’ acá! (se refiere al celular). Y mi sobrina se puso muy brava porque ella va a votar por ‘Zurriaga’. Pero ‘Zurriaga’ tiene unas cosas que no nos van a ayudar a los viejitos como yo, que tengo 85 años. Lo genuino de este mensaje hizo grandes favores a la campaña de santos pues no se había podido conectar con los sectores populares.

Pero existe el peligro de que prevalezca la forma sobre el contenido, muy frecuente en el mundo de la política, basta una cara simpática y dos o tres ideas que la gente quiera escuchar para que se dispare el renting de algún personaje. Es lo propio del demagogo, con mentiras encanta, su figura es tan solo un producto de la farándula. En la lógica de la política sucede cada vez más que tan sólo importa la imagen que se proyecta.

En una ciudad como Medellín, por ejemplo, al igual que en otras, las lógicas políticas además de responder al dinero y a la cantidad de votos, comprende la imagen que se construye alrededor de un personaje de capilla. Se estila que cada partido baraja sus posibilidades, luego postula y entonces viene la competencia por atraer votantes. Algunas leves impresiones del mundillo político.

Sobresalen candidatos polémicos gracias a su agresividad en el lenguaje capaz de pulverizar a sus rivales, esta actitud es leída por la ciudadanía como un hombre con carácter aunque en la actualidad favorece el lenguaje de paz, la conciliación y no beligerancia, la referencia es Bernardo Alejandro Guerra afiliado a las toldas del liberalismo, su figura reposa en el común como el espadachín contra la corrupción. En su sombra está ex senador Eugenio Prieto que tiró su curul por competir en estas elecciones, asociado a políticos tradicionales, su figura no es refrescante para los ciudadanos. Igual sucede con figuras ambiguas como el Federico Gutiérrez o un tal Juan Carlos Vélez, opacos y como dirían los humoristas de Tola y Maruja, duermen una ninfómana.

Un hombre que la ciudadanía ve como pulcro en sus acciones es Gabriel Jaime Rico, su carácter amable hace que muchos quieran acercarse a él. Se le abona que ha estudiado y conoce la ciudad. Es un candidato de contenido, lanza propuestas como sucede con el otro candidato Guerra. Aunque no todo está dicho, como lo hemos anotado, falta por verse cómo se alinean los astros con respecto al dinero y a las fuerzas de electores que crean o potencian una imagen a la medida del marketing político, sin contar si la reelección de los actuales mandatarios locales se aprueba, la cual es probable que suceda a decir de ciertos expertos, esto echaría picante al mundillo político. Para la simbólica la política es una acción fallida en tanto prevalece más lo emocional que lo operativo, que lo programático, pues la pasión inútil obnubila el espíritu público.


Trasmitir y Comunicar

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- Una diferenciación necesaria entre transmitir y comunicar. La transmisión se refiere a la memoria colectiva construida de época en época y que hace que una comunidad perdure en el tiempo, son procesos de larga duración. En cambio la comunicación es circulación de mensajes en un momento dado y preciso, en el aquí y en el ahora. Se comunica información de actualidad, esa misma que no perdura como cuando se dice que las palabras se la lleva el viento o el periódico de ayer que al día hoy no vale nada. Comunicar es transportar información dentro del espacio; la transmisión es en el tiempo. La transmisión es un proceso, procesión, en griego paradosis significa tradición. La transmisión empieza de padre a hijo, profesor alumno, maestro aprendiz.

Si Jesús de Nazaret no se hubiera comunicado con su entorno, conversado con sus discípulos y apostrofado a multitudes, la iglesia cristiana no hubiera podido garantizar el mensaje evangélico a través de épocas y traspasando continentes. La pastoral reduce la proporción lógica del mensaje para extender sus zonas de recepción a capas sociales dominadas o periféricas. La cruz, el crisma, los monogramas, el JHS Jesús hominum salvador, el pez, el cordero, aseguran como un esperanto óptimo, una dinámica maximal en la expedición translinguistica y transnacional del mensaje y su divulgación de fácil memorización incluso mediante parábolas, sus frases breves, contundentes y viajeras. Una dinámica reduccionista. La transustanciacion permite miniaturizar el cuerpo entero de dios en una minúscula circuferencia de pan, la hostia, este es el cuerpo de Cristo.

Es instrumento, es soporte para la transmisión, por ejemplo, la biblioteca, con su armario de libros es genealogía institucional del instrumento signo, es prolongación o complemento de una comunidad organizada. Es un soporte que opera la trasmisión. Así tenemos que Biblioteca es medium pero no motor. La comunidad transforma el depósito en vector, perpetúa como lo hace la escuela, la iglesia, nación, etc.

El libro no hace al lector como tampoco los zapatos no son los que hacen caminar a los hombres, es más bien lo contrario. No se puede fetichizar el instrumento. No porque hay libros hay lectores. El libro es monumento que guarda la memoria para ser transmitida de generación en generación. El libro perdura, el periódico de ayer es materia olvidada que pierde vigencia el día de hoy. Por eso el libro es irremplazable por la prensa. No se puede tomar el vehículo por el mensaje. El mensaje cristiano ha sido transmitido, fijado a través de los tiempos gracias a cánticos, oraciones, fiestas pastorales, vitrales, procesiones, la hostia, los sacramentos, el incienso. Así mismo la referencia nacional se transmite por la bandera, el himno, conmemoración de muertos y héroes.

Dice el poeta Paul Valery: Un poema bello, una idea, un descubrimiento, no tiene un valor seguro. Si se destruyen antes de que se den a conocer, no ha ocurrido nada. Si actúan, si se aferran a un hombre, y luego a otro, su alcance se hace incalculable; participa de aquello en lo que se va a convertir el hombre. Si el hombre perece sin otro efecto, ellos perecerán también del mismo modo.

Transmitir es organizar, y organizar es jerarquizar, mientras que para comunicar basta con interesar. Para transmitir correctamente hay que transformar cuando no convertir, Jesús incitaba a la conversión, los apóstoles lo siguieron en su ejemplo, la mujer adúltera se convirtió de pecadora a santa. Desde nuestros orígenes homo nos distinguimos porque almacenamos, interiorizamos comportamientos, normas y experiencias que no hemos vivido. Se transmite lo que hay en el depósito, en el almacenamiento, lo que se ha logrado conservar. No hay agricultura sin graneros. Sin reservar no se puede poner a circular.

Símbolo deriva del griego sema, signo, semáforo, semiología, polisemia, etc. Tumba, la columna que señala al muerto. Aunque hoy la muerte se desmaterializa con la incineración, los deudos entre más rápido se deshagan del cadáver, retirada inmediata de lo biodegradable, sin exposición, valorada por las prácticas culturales que precisan descontaminación ambiental. desritualización del evento funerario. Nuestros cementerios son menos visitados, las concesiones están abandonadas, los epitafios merman, el ornato funerario se trivializa.

La confusión entre la trasmisión y comunicación lleva a lo apocalíptico, satanizar por ejemplo a los medios de comunicación que amenazan con acabar con la educación, con la inutilidad de los libros o mejor aún de la memoria colectiva que transmite valores que preservan la comunidad. Cuando apareció el automóvil no se hicieron esperar las voces apocalípticas que pronosticaban el deterioro de la salud por el no caminar por las calles. No fue así, con el uso automovilístico los hombres ya no caminan, corren en parques, sobre una cinta rodante.

Hoy nuestra sociedad se define más por lo inmaterial como las autopistas de internet que por las moles de cemento prometidas por los demagógicos políticos. Nos dice Regis Debray en su libro Introducción a la mediología, el cual nos inspira en este escrito: Ya no es momento de ferrocarriles, de cables telefónicos y de entrañables emisores de rayos hercianos. Las nuevas comunicaciones se surten de lo desmaterializado y lo invisible. Los discos duros, la microelectrónica, la optrónica, escapan tanto al ojo humano como a los satélites geoestacionarios y a los chips de silicio. Todo cuanto permite escuchar, ver, hacerme escuchar, hacerme ver, desplazarme, informarme, intercambiar, alimentarme, y que no se ve. Los nuevos flujos de transmisión se surten de lo desmaterializado y lo invisible.

Cháchara

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- A dios rogando y con el mazo dando. Los hacedores raras veces hablan, están ocupados con todas sus fuerzas en sus labores, piensan con todo el cuerpo, siempre atentos escuchan mucho a quienes hablan siempre y cuando sean palabras dirigidas a sus labores y resulten útiles para mejorar su quehacer.

No caen bien los hablantinosos, los embriagados con la sola palabrería y desentendidos de lo real como en los Diálogos de Platón: invitan al banquete y todo el tiempo discurre la verborrea, olvidan el comer, la lengua anestesiada priva de los sentidos de la degustación, olor, color, todo aquello que despierta una buena experiencia culinaria. El que habla mucho no dice nada, carece de la experiencia que da el hacer, el trabajo, quien se adentra en los solos discursos está atrapado en lo profundo de las oscuridades en donde todo es confuso. El demagogo es el título dado a quien con palabras maliciosamente encantadoras enreda a sus escuchas para sacar beneficios personales, el político es campeón en la mentira.

Colombia es un país de inmensa mayoría pobres, campesinos muy laboriosos y humildes que por alguna razón les tocó vivir en este tercer mundo y en este conflicto degradante. Sus tierras han estado en función del capital inescrupuloso de la ilegalidad, de las rentas criminales llámese minería, cultivos ilícitos o grandes proyectos productivos nacionales o internacionales, que pasan por encima de los campesinos, de los ciudadanos de a pié. El capital va por el mundo chorreando sangre, los hombres están dispuestos a matar, a quitar del paso a quienes se les interponga con tal de alcanzar su botín codiciado. Los deseos ilimitados son voraces, pleonexia llaman desde los griegos.

Cualquier esfuerzo por remediar la situación calamitosa de la inmensa población pobre y miserable es bienvenido. Yerra Amnistía Internacional al desconocer los esfuerzos sobre Restitución de Tierras. Hablar es fácil. Conocer es complejo. El entramado de la realidad colombiana no es fácil de desenmarañar. Colombia tiene una larga duración de usurpación, la cultura, la identidad que caracteriza a un pueblo fue trastornada con la arremetida de los colonizadores españoles, se impusieron con violencia en sus formas de gobierno y en sus prácticas culturales, somos una sociedad muy occidentalizada, el mestizaje es reducido, el ser indígena estigmatizado de vergonzoso es escaso cuando no inexistente en nuestra sociedad. La fuerza de la violencia se impuso, perpetuada por los ostentadores del poder político y económico, ejercen discriminación con sustentos racistas, el blanco es superior a cualquier raza, el indígena y negro es inferior y peor a las demás etnias humanas.

La realidad es variopinta, gamada como en el traje de Arlequín. Decir sociedad colombiana es decir complejo entramado jurídico, político, económico y de violencia, todo ello a tener en cuenta. A donde fueres, haz la que vieres. Cada país tiene realidades distintas, cada quien vive su propio infierno y su propio paraíso. Las soluciones no vienen después de un frotamiento de dedos. Previo de una Restitución se pasa por entramados de protocolos de alta cartografía, conceptos del Ejército para entrar a un territorio, coordinación con las fuerzas de policía, escuchar a los despojadores, dictámenes de jueces y tribunales. Como se ve es un proceso que puede llevar meses, incluso años, pues estamos en una democracia, en un Estado garantista, no una dictadura, ni en el mundo imaginario de lenguaraces. Mi abuela me decía que las cosas se hacían poco a poco, nada era de golpe y porrazo. Nuestra cultura, nuestra política, nuestra economía, nuestras vidas son multiformes como lo son en toda parte. Ahí vamos pedaleando nuestro mundo. Al menos, cuando se trata de vivir nuestras vidas, que nos dejen en paz. No hay tiempo para escuchar cháchara.


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Reino Individual

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- Dime con quién andas y te diré quién eres. Entre la multitud vamos solos, esquivando el ladronzuelo, al drogo en desespero en cómo hacerse a su dosis, estamos alerta con el ladrón de cuello blanco que prepara la próxima estafa y quedarse con nuestros ahorros de toda la vida. En la selva de cemento el pez gordo se come al pez chico. Somos hijos del sálvese quien pueda, vamos en carrera loca buscando consumir la última novedad o basura tecnológica, la última moda nos tiene atrapados, hoy nuestro templo sagrado son los centros comerciales, vamos de un lado para otro, dando vueltas y más vueltas, escudriñando con la mirada donde develar el último producto anunciado en la pantalla chica. ¿Para dónde va Vicente? Para donde va la gente.

La calle, la acera, expresan la sociedad en su conjunto. Todos van y vienen, van de afán, sólo una vitrina llamativa roba la mirada ansiosa y contemplativa. Caminamos la ciudad de Medellín, sus parques son estacionamientos de toda una masa que buscan consumir el veneno de las drogas ilícitas, un mercado bien posicionado en un país que le tiene como su primer motor de la economía. El negocio de las rentas criminales produce mucho dinero y mucha muerte, esa es la ilicitud, todo se paga con plata, cárcel o muerte. El oro seduce y corrompe, todos le rinden el culto, se peca y se reza, la madre, la esposa bendice a cada quien para que tenga suerte en los negocios, el cura extiende la mano al pillo y recibe con agrado los billetes.

En las calles se va y se viene en el peligro, en nuestras cajas verticales de apartamentos nos sentimos seguros y olvidamos el mundo, ya no me importa lo que pase allí afuera. Es la magia negra del capitalismo, produce individuos desarticulados, sociedades de seres aislados, huyendo unos de otros, pues mi vecino puede resultar el peor enemigo, un verdugo en solapa. Esta ciudad que los políticos venden como de la eterna primavera, es esa extensión del mundo del capital. Sí, la calle, el espacio público, los parques son alojamiento de esas gentes que están ansiosas, que buscan calma en la marihuana, en la coca. Los parques son obras de cemento abandonadas por la desidia estatal. En ellos se consumen drogas, se atraca, se mata, copulan, el hijo del emergente pone su radio pasa cintas a todo volumen, la vecindad sólo se incomoda, cada quien padece su propia desgracia del reino individual. Eso de parques ambientales, de ciudades verdes son tan sólo discursos demagogos de estricto marketing político.

Los gobernantes también están en la lógica de sacar el mayor provecho, sus esbirros, sus funcionarios, sus empleados se pulen hasta creerse sus propias mentiras. Las gentes van y vienen, corren, sólo los detiene una atractiva vitrina. Los más ansiosos caen en las garras de las rentas criminales, bien sea para consumir o bien sea para servir de peones en la distribución, micro y macro tráfico que llaman a esto. Los cuerpos de policía juegan al gato y al ratón, apenas medio controlan para mostrar resultados que aprovecha el demagogo. De tal palo, tal astilla, cada cual tratando de salvar su propio pellejo, la comunidad se reduce a la alcoba familiar. Hasta el momento el capitalismo es triunfante, el demagogo político es su agente del reino individual.



Justicia Indígena

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- Los indígenas enseñaron al país la eficiencia de la justicia. El pueblo Nasa capturó a unos indígenas guerrilleros que cometieron crimen a miembros de su comunidad, en tiempo exprés de tan sólo cuatro días dictaminaron condenas de cuarenta y sesenta años. Este mismo hecho hubiera tardado años a la justicia ordinaria, la cual cuenta con una estadística de más del noventa por ciento de impunidad, además de su horrenda corrupción que la carcome; por mes gastan mil quinientos millones de pesos para eventos de unas tales capacitaciones. Hace poco el país se escandalizó porque los togados programaron en las playas de Cartagena un seminario por valor de 450 millones, injustificado porque pudo evitarse y hacerse en espacios propios.

En las comunidades concretas como las indígenas, por ejemplo, se evidencia la vitalidad, las costumbres, la memoria, las enseñanzas y su aplicación se ejecutan sin mayores ambigüedades y sin abstracciones que alejan de las realidades de la vida misma. Lo contrario sucede en las sociedades abstractas donde la diversidad confunde y en río revuelto todo el mundo pesca, como en el caso de la justicia colombiana y sus togados embriagados por el poder burocrático, perdidos en una sociedad multiforme pareciera que no tienen objeto real, divagan hasta la saciedad, recordemos que Colombia es el país llamado de las leyes, existen más de ciento cincuenta instituciones que producen jurisprudencia, una torre de babel legislativa, una dicta qué hacer y pasada la hora otra institución ordena lo contrario. Es el peligro de lo demasiado general abstracto que raya con lo ideal inexistente.

Manifestación de este envenenamiento social, de este caos social, es el operador político. Manifestó William Rodríguez Abadía, ex miembro del cartel de Cali, la corrupción en la política, se mueven al ritmo del soborno, todo se compra y todo se vende, compraban congresistas según su capacidad de influencia. La política al servicio del mundo criminal del narcotráfico, con Belisario, afirmaba, se negoció impunidad con los guerrilleros del M – 19, con el gobierno de Ernesto Samper se tranzó con el cartel del narcotráfico de la ciudad de Cali, y con de Álvaro Uribe Vélez con el paramilitarismo. La norma permanente de los gobiernos con la criminalidad vuelta gran negocio y gran amenaza que desestabiliza el poco poder institucional. Asumen la irregularidad como norma social, política, jurídica y económica.

La confusión viene de las complejidades inaprensibles. Cuando se quiere evadir controles se acude a los sistemas complejos, los que desechan la capacidad de comprensión humana o al menos la enredan, la hacen fatigosa hasta abandonarla y quedarse con la sola conformidad. Divide y reinarás. Se ha advertido que la corrupción es el substrato que navega en la mar de complejidad. Los mundos reales vienen más de las minorías, por ejemplo, los negros, las luchas obreras, las mujeres, los jóvenes, los gitanos, o como referenciamos, los indígenas. Las abstracciones son irreales, confunden, útiles para los inescrupulosos políticos y mafiosos. La pragmática moderna refiere el federalismo, reivindicando con ello la concreción de unas comunidades más autónomas y que comparten una vida más similar en sus costumbres, en sus identidades. Las abstracciones cultivan la divagación y en la burocracia el parasitismo y mejor aún la corrupción, y el pasaporte de la inescrupuloso crimen, de la inescrupulosa injusticia, sálvese quien pueda, los demás no importan.

Rugir de la Bestia

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- Lo peor de la condición humana emerge en los momentos en los que el odio hierve, entonces, aquel hombre que creíamos mansa paloma, se convierte en la bestia más temible capaz de matar y comer del mismo muerto. La bestia ruge el lenguaje de la guerra. Nos invade la dualidad entre el escaso amor y el abundante odio. Desde niños, desde hace mucho tiempo, la cultura occidental nos enseña las luchas binarias entre el bien y el mal, bonito y feo, arriba y bajo, negro y blanco, simplificando y acabando con la vida multiforme. De allí se desprende el desprecio por el mundo terrenal y el anhelo de mundos de ultratumba.

Nuestros sistemas pedagógicos, ingenuos, se vuelcan con abrojo hacia la batalla campal de la exclusión, son felices yendo y viniendo a las olimpiadas, enseñadas desde la más temprana edad a sus escolares. Ganar es la consigna. Sólo premio para un primer, segundo y tercer puesto, los demás se van con la frustración de perdedores. He ahí una máquina productora de Exclusión. Muchos son los llamados, pocos los escogidos, vanaglorian las voces que conceden los galardones. Distantes de metodologías de la cooperación que enlazan en la hermandad, en la solidaridad. Los trofeos resultan más atractivos para quienes buscan el champú de la fama, el poder y el dinero, las tres peores drogas existentes.

La palabra amor apenas es reservada para ser pronunciada en la alcoba familiar para buscar cariño de la esposa cornuda. Los demás seres son lobos de los cuales debo defenderme, hacemos honor a la engañifa que declara guerra a todos, luchar contra todos los lobos que somos, ojalá entreguemos los infantes a Herodes, así se evita futuros monstruos. Así las cosas, torna el perdón más estúpido que el arrepentimiento. La bondad escasea, la maldad abunda, vencer o morir, las olimpiadas irrigadas en todo el sistema pedagógico nos han ganado. Desde la cuna succionamos la rebatiña, la escuela pura competencia de garaje mercantil, los políticos hacen propaganda barata con la vivienda, los privados estafan y se enriquecen. Estamos envenenados con las fuentes esenciales de y desde la comida, techo y educación.

Este proyecto bélico, arraigado en el sentimiento popular, todo lo hace más difícil. Encender los telediarios y presenciamos la guerra hecha folclor familiar: mujeres agarradas de las greñas riñendo por tripa, el esposo que moretea a su mujer porque sospecha se tira al cura de la parroquia, el alto jerarca abusador de infantes, el gobernante derrochón, el político demagógico que engordó sus negocios familiares con auxilios parlamentarios. Guerra contra todos, el hombre es un lobo para el hombre, lección aprendida y reproducida en los sistemas pedagógicos. La guerra ha triunfado.

Por fortuna la vida en su naturaleza biológica se impone, de no ser así, la voluntad del bípedo humano ya hubiera matado el último ratón para ser cocinado con el último puñado de hierba con la última gota de petróleo extraída. La vida persiste. Cuando nos amenaza un virus, por ejemplo, el mismo organismo en su sabiduría segrega antivirus con esas temperaturas altas, el escalofrío hace frotar los músculos para, en su frotamiento, producir mayor calentamiento, la fiebre, y así quemarlos, luego vendrá el sudor para enfriar cuerpo.

Estos sistemas biológicos de autorregulación se asimilan a las técnicas sociales que frenan esa bestia asesina que tenemos dentro y cierra el círculo de la violencia, referenciamos de nuevo el ejemplo de la prostituta perdonada en la tradición cristiana, una inteligente y valiosa técnica que habilita el perdón, restaura la sociedad del amor, aviva la llama de la fraternidad dentro de la comunidad, tan propicia en los momentos de guerra y de odio. Este es el gran activo, la gran ganancia, más que buscar cualquier indemnización material. Es el perdón, y más que éste, el horizonte de reconciliación que todo ciudadano debe habilitar en la cuna, en la escuela y en el trabajo, ninguna destrucción, ningún daño material es posible de restaurarse en plenitud ni por la justicia, ni por la sociedad, ni el sistema económico. Pedagogía de paz suena bien.

Gangster Togado

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- En Colombia la justicia además de cojear parece fungida por gangsters. Es ya costumbre que altos dignatarios como el comisionado de paz, antes llamado el siquiatra de la ternura Luis Carlos Restrepo, el ex ministro de agricultura Andrés Felipe Arias, la ex directora del entonces departamento administrativo de seguridad (Das) María del Pilar Hurtado, terminaran huyendo del país evadiendo la justicia, no quisieron pagar por asesinatos, ni corrupción, ni por proteger a delincuentes narcotraficantes y paramilitares. Arguyen no confiar en la justicia que imparten, según ellos, sus adversarios políticos. Pasan por alto las instituciones, ayer aquellos, hoy estos.

Ahora se edita un nuevo episodio propio del mundo gangsteriano. El hijo de un togado, el presidente de la alta corte de justicia en Colombia Luis Gabriel Miranda, presta su camioneta oficial blindada para que su hijo vaya de farra con su novia, en vía oscura aparcan, la policía se percata, inspecciona, testimonian los agentes, el joven está haciendo actos obscenos dentro del vehículo, además está alicorado, al aplicársele el protocolo de rigor, el joven al parecer alicorado hijo del togado se torna agresivo, agrede a los agentes, hay forcejeos, llega la familia, madre, y padre magistrado entra en abuso de autoridad por su tal embestidura y su cierta inmunidad, tampoco respeta a la policía y arbitrariamente toma a su hijo y lo libera. El gangsterismo revive en versión estilo magistrado y politiquero de altos funcionarios que se aprovechan de la investidura para abusar del poder, sucede con senadores, concejales, etc, etc, etc.

La frágil institucionalidad constantemente es saboteada, tomada por la mafia. El poder político, judicial, militar se le verá ligado con los negocios sucios de la mafia, del dinero fácil, son esos estilos ordinarios y de abuso de poder como los protagonizados por el togado que refleja nuestra criminalidad que nos respira en las narices. El narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, uno de los criminales más sonados de Colombia, en la década del ochenta logró ser congresista; la ultraderecha representados en el paramilitarismo logró una representación del 40% de los representantes del Congreso. Eso es el poder. Gira en torno a los grandes negocios rentables, no bastan los grandes salarios del Estado, cada vez quieren más y más, entonces aprovechan sus influencias para beneficio propio y de sus socios, ahí tienen la máquina de Justicia, Militar y de Poder que cercan a sus oponentes. Rara vez se encontrará a un hombre de poder que sea bueno, el estar allí ya es mala seña.

Mal ejemplo del togado arremeter contra un cuerpo policial que preserva la convivencia y regula las contravenciones e indisciplinas sociales. A la frágil institucionalidad le viene a bien un poder de justicia que tenga control externo, que no sea un ultra poder sin control alguno, con excesiva inmunidad. Si algo queda de credibilidad en esa institución por el pueblo colombiano con estos eventos desmedidos, automáticamente se desmorona. Da miedo esa figura criminal de un gángster togado.

Pasar

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- No hemos visto noticias durante todo el día, ni al desayuno, ni al almuerzo ni en la cena, estamos descansados del menú de asesinatos. No nos perdemos de nada de la repetición de todo día: robos, crímenes, enfermos desatendidos y fallecidos en las puertas de los hospitales; prostitución infantil, venta de niñas vírgenes; apuñalados por hurto de celular, políticos corruptos, parrandas mafiosas en cárceles, rama judicial en huelga porque no hay dinero para su funcionamiento; magistrados derrochones que van a gastar 500 millones de pesos a las playas de Cartagena con el pretexto de hacer convenciones como si en Bogotá o en la misma sede de los togados no existieran tales espacios. La pantalla chica nacional que muele chismes de modelos ligeras de ropa y tetonas. Mafiosos que compran reinas de belleza. Bufones en contra de la paz y a favor de atizar el negocio de la guerra.

Nada se ha perdido. Más bien hemos ganado calma interior, alejados de esos ruidos que reproducen banalidades y rutinas, conciencias embotadas por tanto muerto que ver, tanta violencia exhibida nos vuelve indiferentes. Todo pasa y nada pasa. Trancones en las vías por las obras interminables, retrasos y corrupción, caos vehicular. Hampones de aquí y de allá, políticos y pillos tienen sitiada a Colombia. Bogotá y Medellín hierven en su miseria, la delincuencia manda en la ciudad, regulan los comportamientos ciudadanos en las calles. La vida va mal; la empresa, la televisión van bien, todos van a venerar la pantalla chica, la miseria convertida en rentable y divertido negocio.

La miseria es manifestación de la inequidad, unos pocos tienen mucho, y muchos tienen muy poco, y la violencia, el reglón de la guerra es un negocio para los empresarios. Las tierras despojadas a campesinos y ganadas para la siembra de coca o tan sólo para hacer de ella corredores geoestratégicos por donde traficarla. Esta ultraderecha manda en el país, dicta lo que debe o no hacerse. Todos nos hemos acostumbrado a la violencia que a diario me enseña la televisión suavizada por sus bellas mujeres estilizadas y tetudas, todos esperamos con diversión el próximo asesinato, el próximo corrupto.

La costumbre todo lo hace normal, lo ruin nos parece hermoso, el asesinato justificado, la violencia merecida. Somos el camello conforme con su joroba alta de tanto cargar el peso de los demás, su carácter dócil de borrego que nada cuestiona, inclinado, carga lo que le echan, todo es tradición, se ha vuelto costumbre llevar el peso de los demás. Lo insoportable, la rebelión adviene del fiero León. Indomable fiera, no acepta cargas ajenas, su agresividad lo hace un ser temible, indomesticable, imposible para adoptar costumbres ajenas, que otros quieren imponer. El león es anárquico, dispuesto a clavar garras y colmillos ante desafío. El león, rey de las selvas, es temido, rebelde, sus fuerzas inquebrantables parecen nutrirse de una especie de insubordinación que colma todo su ser, tan necesaria para el cambio. Hará falta la inocencia de un niño y de su capacidad imaginativa, inventiva y de olvido para allegar a un espíritu libertario y ligero. Sin odios.

Tres personajes, tres espíritus que representan la metamorfosis de los cambios culturales, de las revoluciones sociales, de los cambios interiores de las personas, de los relevos de las costumbres que amenazan con petrificarnos o peor aún, doblegarnos. Primero el dócil que todo lo carga y ante todo cabizbajo dice sí; luego el espíritu fiero y guerrero, rebelde desafía a quienes quieren someter; por último sin odios, imaginativo es el niño, ante todo espíritu creador, en movimiento, todo en nosotros es pasar.

Ethos Mafioso

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- La ciudad va mal, el país, la economía, el clima. El crimen se toma las calles, los dirigentes están entretenidos en sus negocios, la guerra da buenos dividendos. La gente está enferma, no reacciona, nadie promete alivio. Por más que huya siempre termino aprisionado por un médico incompetente que me receta baratijas cuidando las ganancias del patrón; por un banco que amenaza arruinarme, por el mandatario que me asfixia con una nueva tributación para pagar favores a sus amigos constructores. Político, empresario y gobernante, tres seres distintos unidos en el agiotista. Por fortuna, cada vez estoy más cerca de la muerte. Pronto estaré lejos.

Medellín tiene un sector llamado el Poblado, otrora, después de los barrios Prado y Boston, fue elegido como sitio privilegiado para la vivienda de las gentes adineradas, las haciendas hermosas escoltadas por largos rieles, poco a poco terminaron hechas polvo para dar paso a los altos y caprichosos edificios. Huyeron de un lado hacia otro por la inconformidad, por lo feos y sucios lugares, vueltos así por una improvisada y mala planeación. Derriban obras para justificar nuevas, y las ya hechas descuidadas están, parques abandonados y malolientes son morada de la delincuencia. El desorden y la inseguridad amenazan las sosegadas vidas. El territorio sufre deterioro, robos, crímenes, venteros informales que subsisten asaltando las estéticas establecidas, en fin, todo un conjunto de vectores influyen para la huida, para ir en busca de otro mejor vividero, lejos del hampa y del bullicio.

El poblado es el territorio de la ciudad con los mejores servicios de accesibilidad, banca, recreación, diversión, hotelería, centros comerciales, en una palabra mejor equipamiento urbano y exclusividad para quienes tienen buena capacidad adquisitiva. Pero esto es cierto en el criterio de ciudad que se tenía hasta hace algunos años, pues sus muchos y crecientes problemas han hecho que estas gentes adinerados se alejen cada vez más de sus cuadrículas, de una ciudad mal planificada y migren a municipios cercanos con amplios terrenos, en donde se pueda construir amplias viviendas en extensos lotes que guarden privacidad con sus pares colindantes. Llano Grande en Rionegro fue el sitio escogido. ¿Quiénes quedaron? La llamada clase media, los emergentes son los nuevos habitantes del Poblado.

Se fueron pero sus negocios prosperan. El sector de la construcción en asocio con la dirigencia, emprenden nueva empresa, escogen territorios que hacen vender barato y luego venden seis veces más costoso. Sucedió con el barrio el Naranjal, expulsaron mediante decreto a sus habitantes, familias honradas y trabajadoras, les compraron sus viviendas por una sexta parte de lo que luego valdrán las futuras viviendas proyectadas. El metro cuadrado fue comprado a seiscientos mil pesos para luego ofrecerse a tres millones doscientos o más, el eufemenismo justificador fue Plan Parcial del ordenamiento territorial que avizora un lugar bonito a la vista para una zona que se configura en negocios y convenciones internacionales.

Ahora lo repiten con la clase media de El Poblado, cobran altos impuestos o valorización para financiar a empresarios del cemento, pero se devela la intención de expulsar a la gente acosándolos con tributos, asfixiándolos hasta tener que vender barato. El país tiene experiencia en expulsar, en desplazar, en el campo con armas gatilladas con ejércitos privados; en la ciudad con el arma de los impuestos y decretos, con devaluar territorios para luego tomarlos. Business are business. Negocio es negocio. Los empresarios, dirigentes de gobierno y políticos encarnan lo bursátil, el alma humana se les extravió en el momento mismo en que en la cuna y en la escuela, les enseñaron de las solas ganancias maliciosas, su mundo es una gran bolsa de transacciones, y aprendieron que la exclusión produce buenos dividendos en corto tiempo. Es un Ethos mafioso.

Contra Natura

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.-  El árbol talaron, los obreros celebran, desaparece el bosque, los constructores aplauden, jugosas ganancias los esperan. La vegetación está inerme, los funcionarios ambientalistas obedecen órdenes de sus jefes empresarios, ellos declaran la guerra contra la naturaleza. La empresa colonizadora arrasa lo verde para verter cemento, están decididos arrancar el último puñado de hierba, extraer la última gota de petróleo para cocinar el último ratón cazado. El progreso ensaña a destruir, carrera loca para matar la pacha mama.

Juzgan de freno naturalista otras formas de vida, no quieren saber nada de ecosistemas. La filosofía no enseña que nuestro reino animal es móvil, vamos de un lugar a otro en busca de alimento, más que sedentarios somos viajeros de equipaje liviano, contrario a las plantas, que permanecen fijas en la tierra, en sus profundidades explayan sus raíces para succionar nutrientes y sus ramas se abren, se explayan en dirección al sol para tomar su energía. La vida se conjuga en solidaridad entre lo móviles que somos, y lo sedente de aquellos.

Los humanos hemos perdido aquel paraíso, aquel paisaje de movimiento y de vida, vamos en desespero de un lugar hacia otro, añoramos una casa de campo que nos conecte con su verdor y su espacio por donde correr, por donde alargar la mirada. En las ciudades vamos por las calles extraviados, huyendo del calentamiento, añoramos la sombra del árbol, esquivamos los veloces automóviles, medio sentimos un descanso en los apiñados apartamentos, sin ningún paisaje que ver, nuestra mirada se choca con más moles de cemento, sufrimos encerramiento, vivimos exiliados y claustrofóbicos.

Los funcionarios de gobierno apellidados naturalistas son un brazo para poner en marcha la empresa que asesina la naturaleza, sus discursos demagógicos así lo validan. Dicen este pírrico parque ambiental es la naturaleza, lo demás es civilización, la mano destructora podrá hacer lo que quiera, guerra a la naturaleza, así engañan a la población. Así, árbol tras árbol, arrasaron la otrora Medellín campestre, la Medellín primaveral para convertirla en una loza de cemento. Por donde vayas, por donde caminas, encuentras imponentes edificios, uno tras otro corta cualquier posibilidad de panorámica al caminante, encuentras megas obras de puentes, parques, avenidas malolientes de heces y orina, de habitantes excluidos, privados de pan y líquido.

Selva de cemento, calles estrechas, oscuras, avenidas rápidas para el carro, cada quien debe salvarse del cuchillo asesino, del borracho al volante. Esta guerra parece de nunca acabar, en nombre del progreso construyen, destruyen y vuelven a construir, mucho cemento para vender, son insaciables, mientras tanto el habitante está sitiado, apunto de enloquecer por el ruido y el polvo, por el acoso de los cobros de valorización que alimentará a unos fulanos políticos, empresarios inescrupulosos e ignorantes. Destruyen el hábitat y cobran por ello, y el ciudadano confundido paga por ello.

Que no se nos tilde de ilusos por manifestar la posibilidad de intervenir el espacio de una manera respetuosa y racional, si bien la lógica del arrasamiento es planetaria, existen sociedades que se han percatado del mal camino transitado. Amsterdam es la capital mundial del uso de la bicicleta, desestimula el contaminador uso del vehículo, Barcelona, París, Madrid, Berlín conservan y promueven paisajes de campiña que convocan al caminar, conversar y ofrecen a la vista espacios armónicos integrados a la naturaleza. Incluso algunas de estas promueven el concepto de ciudades verdes, sinónimo de calidad de vida para sus moradores: aire puro o más limpio, menos ruido para dormir en paz, paisaje para el solaz del espíritu que busca calma después de un día agitado. Mientras tanto la arrogancia y ambición siguen, la pleonexia, los deseos ilimitados por tener y tener más, lo insaciable que es el capitalista por atiborrarse de fortuna, seres que no saben amar, enceguecidos están y enseñan la guerra contra natura.

Primera Piedra

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia- Ocurrió el debate esperado en el recinto del Congreso colombiano. El tema fue la relación del narcotráfico y el paramilitarismo encarnado en el polémico personaje de la vida política el ex presidente y el hoy senador Álvaro Uribe Vélez. Las pruebas aportadas dicen de aquella relación macabra y expresión de la violencia en Colombia que en el reciente episodio ha dejado más de cuatro millones de víctimas, la mayoría campesinos, líderes populares y de izquierda. Sus pecados fueron pensar distinto a un pensamiento de ultraderecha que condena de izquierdista, de terrorista a estas personas que se atreven a disputar concepciones de poder, por soñar con sociedades más justas, con la distribución del ingreso de una manera tal que se comparta las riquezas del país, garantizar los derechos económicos, sociales, políticos y existenciales de todo viviente humano.

Estos lados opuestos expresan fieras y extremas ideologías dispuestas a batirse a muerte. Los derechistas e izquierdistas han librado sus batallas, sus soportes ideológicos fundan o fundamentan doctrinas o dogmas que validan el asesinato de su contrincante, facilita la muerte quitándole la condición de humano y rebajándolo a insignificante animal, en fin cualquier cosa que puede eliminarse sin remordimientos y resulta más provechoso para que no estorbe ni se interponga en las que se creen son verdaderas vidas humanas. Los bandos rebajan la condición humana para habilitar la muerte, el asesinato. Es su fundamento, han sido las famosas doctrinas de seguridad nacional o códigos de guerra que han cimentado los Estados o grupos para ejercer la violencia, para provocar la muerte o dejar vivir.

Cuando se mata, el asesino celebra un triunfo, a la vez que le ganó una partida a la muerte, también libró a sus semejantes de una persona considerada bestia o animal que tenía mucha capacidad de hacer daño. Póngasele atención a cualquier asesino y tendrá razones de sobra que justifican sus crímenes. A los seres humanos los mueven las convicciones cualquiera que ellas sean, y son precisamente estas las llamadas razones de Estado o como quieran llamarse, a las que en un momento determinado se acuden para hacer borrón y cuenta nueva, detener los baños de sangre, desactivar el odio que colman a esos seres dogmáticos. Se habla en la sociedad y en las víctimas, después de cesar un conflicto, en primer lugar de conocer la verdad, los detalles en que murieron los seres, porqué los mataron, dónde fueron a parar o dónde fueron enterrados, después de esta develación dolorosa, la víctima pide reparación, algo de justicia para que sobrevenga el perdón, después vienen técnicas sociales de cómo cerrar el círculo de la violencia, los términos usuales son hacer memoria, hacer recordación de la crueldad para que la sociedad aprenda y tenga presente que no puede volver a pasar la mortandad, la crueldad humana, finalmente garantías de no repetición.

Estos procedimientos de desactivación, de reversión del odio, han sido procesos sociales que en la historia han sido posibles mediante técnicas míticas de canalizar estas fuerzas, esta capacidad de hacer tanto daño y causar la muerte mediante sacrificios de animales, muchas veces personificados que se ofrendan a las dioses y de esta manera se canaliza y cesa el asesinato. Famosa es la expresión bíblica que dice quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, deteniendo la muchedumbre que quería linchar a un supuesto culpable. Son procesos inconscientes complejos que de cierta manera forcejean con la racionalidad moderna que el engreído hombre los desprecia creyendo sobreponerlos.

La soberbia humana es gran barrera que impide abandonar yerros, por eso se habla de dosis de humildad, en reconocer daños que amenazan la vida, que nos someten a desangres constantes. Es difícil revertir el odio en tolerancia, en aceptar la justeza humana, máxime cuando se tiene una sociedad que acepta los caminos fáciles del asesinato, su indiferencia le caracteriza, le llaman también embotamiento de la consciencia, no importa el dolor y la desgracia ajena, pasan por encima de ellas, y esto es abono para los mercenarios de la guerra que avivan la fiesta de la guerra, y creyéndose libres de pecado, tiran la primera piedra.

Tejer Verdades

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.-  La paz y la verdad ocupan a Colombia. El anhelo es poner punto final al conflicto de medio siglo con los grupos de izquierda. La temática está al orden del día y refiere la conocida ecuación verdad, justicia, reparación, memoria, garantías de no repetición y el incorporal perdón. Es un complejo cultural, una historia referida a la especie humana, que llora, ríe, odia, miente, tiene angustias; y en ese ir y venir, vive las tensiones reflejadas en lo peor de la condición humana: deseo y capacidad de hacer daño a un otro a quien considere enemigo, a quien desprecio y a quien ejerzo implacable maldad, pero en la convicción de estar haciendo justicia, actuaciones debidas avaladas, no lo olvidemos, por la cultura que promulgamos y los dioses comodines que ofrendamos.

El frenar, el parar el daño es fruto de las tensiones y la lejanía de la victoria de un grupo sobre otro, la guerra fatiga y su descanso se encuentra en la mesa de las conversaciones. Echamos mano de la razón occidental que heredamos para que haga sus buenos oficios, antes cumplida por los rituales míticos que mediantes sacrificios ofrendados a las divinidades paraban matanzas, plenas carnicerías humanas.

En la tradición cultural occidental aún predomina el culto por la búsqueda de una Verdad Absoluta, con mayúsculas iniciales, su existencia está por fuera de cualquier experiencia humana, se tiene la idea que proviene de lo exterior, atribuibles a seres especiales, a dioses. Pero si bien la búsqueda se orienta por fuera de la esencia humana (trasciende, trascendencia), los dioses a los que se acuden son comodines, se acomodan a los caprichos humanos, son deidades hechos a la medida humana.

En todo caso, ésta búsqueda desconoce la realidad que somos, nuestra cultura, nuestro piso biológico de la agresión en especial cuando nos sentimos amenazados en la integridad física o en el territorio que ocupamos. Desconocemos al ser viviente que a su paso teje su propia historia llena de alegrías y desgracias, es decir, humana, su acontecer no está afuera, está dentro de sí, es inmanente. Un ejemplo, la historia de violencia reciente en Colombia los criminales de la ultraderecha no eran y no son clandestinos en las comunidades donde patrullan, a plena luz del día, sin ninguna máscara que ocultare su barbarie, salen a la vida pública con la complacencia de las comunidades, unas porque compartían los métodos y los pensamientos fascistas de exterminio hacia los movimientos de izquierda, otros sedados, doblegados por el miedo ancestral a los que han sido sometidos por la bota militar, por el guante de hierro de la ultraderecha.

En la búsqueda humana la justicia media, balancea, sopesa y dictamina, sentencia. Un proceso de valoraciones de verdad pertenecientes a una cultura dominante. La versión de la historia suele ser la de los que se montan en el tren de la victoria, de los ganadores, los vencidos ocupan el lugar de los malos de la película. La justicia siempre se balanceará para uno de dos lados, el equilibrio no existe. Existe justicia garantista para criminales y para víctimas, en Colombia sucedió con la entrega de los grupos de ultraderecha llamados paramilitares, la doctrina jurídica se inclinaba a garantizar los derechos de los asesinos desmovilizados, mientras que al otro lado de la balanza estaban los funcionarios jurídicos que defendían a las víctimas de aquellos.

Tiene tanto derecho el victimario como la víctima, el malo se arrepiente y promete no seguir haciendo daño a cambio de unos beneficios, a cambio de que la condena no sea tan dura, a tal punto que le resulte buen negocio dejar las armas para incorporarse a la sociedad, en el caso de Colombia los paramilitares se dedicaron a incrementar fortuna por medio de los negocios ilícitos, alejando a quienes se interpusieron o estorbaran: asesinaban campesinos para usurparles sus tierras, masacraban poblaciones para doblegar a otras mediante el terror que se expandía como una gota de rojo intenso que tiñe por completo el agua cristalina.

La verdad se construye, se teje con los valores dados en una sociedad en un tiempo y en un lugar determinado. Son los pueblos quienes van construyen su propia historia por esos senderos llenos de espinas, la propia condición humana con la capacidad de aflorar lo más bello pero también lo peor. Para no olvidar el contexto económico que nos rodea, en el que impera sacar el mayor provecho sin importar a qué precio, una de sus consignas reza Sálvese quien pueda. La paz no es un evento, no es un decreto, la voluntad ayuda, pero en la cultura es donde se desteje el alojamiento criminal y se inicia un nuevo tejido de bondad, así se construyen verdades provisionales que nos fortifican.

Retornar

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.-Esta Colombia politiquera retorna cada cuatro años. El Estado hasta donde sea necesario, el mercado hasta donde sea posible, dice el presidente Santos. Con ello quiere decir, en el lenguaje popular, ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre. La sentencia está dirigida al sistema capitalista que rinde culto al solo capital, a la sólo producción y su especulación, y nada que ver con la repartición de ganancias. Es cierto, al capitalismo agradecemos la libertad de la esclavitud del mundo feudal, del trabajo bestial al que eran sometidos los hombres, se redujo la jornada laboral a ocho horas, otras tantas para el esparcimiento y el descanso. Pero el pecado no paró, la maquinización y robotización dejan miles y miles de ganancias al patrón, y al otro lado miles y miles de desempleados que se sumergen en la miseria, en el hambre. La ganancia en el capitalismo incorporada a la producción no es asunto de conquista social, sólo el patrón se beneficia.

Pero no se puede prenderle una vela a dios y otra al diablo, los puntos medios aquí no aplican, como no lo fue en el paso del mundo feudal al capitalismo, son lógicas diferentes, no conciliables de señores feudos a los burgos, a los burgueses. Ahora el remedio que nos ofrecen es la tercera vía, un medio en la contradicción del sistema capitalista que parece llegar al tope de su desarrollo, incluso del absurdo, producir y producir desde la sinrazón, para luego meternos por los cuatro ojos cachivaches que nos asfixian, peligramos con que nos aplaste tanta basura producida, incluida la electrónica, nos sumen en esa lógica perversa de la obsolescencia programada.

Existen puntos de no retorno, con las tecnologías modernas de cómputo es difícil volver al antepasado de las máquinas de escribir que ante cualquier yerro tenías que repetir la escritura completa de una determinada página. Igual suele suceder con las conquistas sociales, es difícil encontrar sociedades completas que toleran un amo de los tiempos de la esclavitud. Si el capitalismo fue llevado por la propia sociedad con sus innovaciones a la producción maquínica y robótica y así liberó a los hombres de esas tediosas rutinas, la existencia ganará otros tiempos para una altísima existencia, esto es, una vida más libre y edificante.

Uno puede comprender los apegos de ciertos señores tacaños que su vida la cifran en el atesoramiento de fortunas para morir muy adinerados, y que eso los hace engañosamente felices, pero la libertad se puede ganar para otras tareas superiores a de embodegar riquezas. Es difícil transitar otros mundos de los desapegos, y más aún cuando todo está envenenado con el negocio de las armas, de las drogas ilicititas, en suma, de la Rentas Criminales que tanto y tan rápido multiplican las fortunas, eso sí, con mucho reguero de sangre. Recordemos esa palabra venida desde el mundo de los griegos que designaban esos deseos ilimitados por el tener, sin freno: la pleonexia.

Sin estar dispuestos a aceptar los cambios con todo lo amargo que ellos pueden ser, cualquier solución no es más que una hipocresía. Los problemas se suman o cambian de nombre. En este país la violencia ha tenido varios capítulos, uno de ellos es el paramilitarismo, en el cual la sociedad aún no sabe las verdades de sus horrores, de sus arquitectos dirigentes, y mucho menos se han sanado heridas. Por eso este retornar de cada período electoral parece una refrendación cada tanto de la estupidez y barbarie humanas, sin ninguna posibilidad de cuestionamiento en esta masa colectiva que no busca razones sino chivos expiatorios pasados una y otra vez por los mass media, buscan un culpable a quien atribuir todos nuestros males, y así sanar nuestras heridas. Mientras tanto los negocios siguen en las manos de los políticos y sus socios negociantes.

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